Psiquiatras advierten sobre el crecimiento del autodiagnóstico entre adolescentes con IA

Están buscando el 'quién soy' en lo que padecen
Los adolescentes transforman la búsqueda de identidad en diagnósticos médicos, construyendo creencias sobre sí mismos basadas en patologías.
Mark

¿Por qué crees que los adolescentes prefieren explicarse a través de un diagnóstico en lugar de simplemente decir "me siento mal"?

Mimi

Porque un diagnóstico ordena el caos. La adolescencia es confusa, contradictoria, sin forma. Un trastorno tiene síntomas, tiene nombre, tiene explicación. De repente, tu angustia no es solo angustia: es ansiedad, es bipolaridad, es algo que otros también tienen. Eso es tranquilizador.

Mark

¿Y la inteligencia artificial qué agrega a esto?

Mimi

Velocidad y validación. Antes, si querías saber si tenías depresión, tenías que ir a una biblioteca o esperar a hablar con un adulto. Ahora escribes tres síntomas y en segundos tienes una respuesta. Y si la IA te dice que tienes algo, eso se siente como confirmación. Es como si la máquina te dijera: "Sí, lo que sentís tiene un nombre".

Mark

¿Eso es malo?

Mimi

Depende. Si un chico usa eso para llegar al psiquiatra y decir "creo que tengo esto, ayudame a confirmarlo", es útil. Pero si lo usa para construir su identidad, para decirse a sí mismo "yo soy bipolar" en lugar de "tengo momentos de mucha energía y momentos de mucha tristeza", entonces sí es un problema. La diferencia es sutil pero crucial.

Mark

¿Los padres también caen en esto?

Mimi

Constantemente. Buscan síntomas de su hijo en internet, encuentran coincidencias, y llegan convencidos. Lo que no ven es que el chico no juega porque nadie juega con él, no porque tenga autismo. A veces el diagnóstico que encuentran es real. A veces es solo la punta de un iceberg de negligencia.

Mark

¿Entonces qué deberían hacer los adolescentes?

Mimi

Usar la información como pregunta, no como respuesta. "Tengo estos síntomas, ¿qué podría ser?" es diferente a "Tengo esto, es definitivo". Y después, hablar con alguien que pueda ver el cuadro completo: el contexto, la historia, lo que no se ve en un cuestionario.

  • Adolescentes llegan a consultorios con autodiagnósticos de bipolaridad, borderline y TDAH obtenidos de internet e IA sin evaluación médica previa
  • Especialistas debaten si la tendencia patologiza procesos naturales de la adolescencia o facilita acceso inicial a información de salud mental
  • Diagnósticos como ansiedad y déficit de atención parecen estar de moda entre adolescentes, quienes los usan como etiquetas identitarias

Los adolescentes llegan a consultorios con diagnósticos autoproclamados como bipolaridad o TDAH, obtenidos de búsquedas en internet o chatbots de IA, sin evaluación médica previa. Especialistas debaten si esta tendencia patologiza procesos naturales de la adolescencia o facilita el acceso inicial a información sobre salud mental que antes requería libros médicos.

Especialistas advierten sobre la creciente tendencia de adolescentes que se autodiagnostican trastornos psiquiátricos mediante internet e IA, buscando identidad en patologías en lugar de transitar crisis propias de su edad.

Silvia Ongini, psiquiatra especializada en adolescentes, ha comenzado a notar un patrón inquietante en su consultorio del Hospital de Clínicas. Los chicos llegan con diagnósticos ya armados, pronunciados con la misma certeza con la que se lee una etiqueta. "Soy bipolar", dicen. "Tengo borderline". "Soy TDAH". Pero cuando Ongini indaga, descubre que estos diagnósticos no provienen de una evaluación médica. Vienen de internet, de búsquedas rápidas, de conversaciones con chatbots de inteligencia artificial. "Estoy cansada de escucharlo", admite. Lo que observa no es simplemente hipocondría adolescente. Es algo más profundo: chicos que buscan explicarse a sí mismos, que necesitan un marco para entender su malestar, y que encuentran en una patología psiquiátrica una respuesta que parece ordenar el caos de crecer.

Este fenómeno no es enteramente nuevo. Los especialistas reconocen que siempre existió: hace décadas, los adolescentes buscaban respuestas en libros de medicina o revistas. Lo que cambió es la velocidad y la accesibilidad. Las redes sociales primero, y luego los sistemas de inteligencia artificial interactiva, pusieron esas búsquedas al alcance de un dedo. Ahora, cuando un adolescente siente angustia, incertidumbre o simplemente los cambios normales de su edad, puede escribir sus síntomas en un chat y recibir instantáneamente una lista de posibles diagnósticos. La información que antes requería acceso a bibliotecas médicas ahora está disponible en tiempo real. Y con esa información viene algo más: la posibilidad de etiquetarse, de convertir la experiencia confusa de la adolescencia en algo que tiene nombre, causa y, aparentemente, solución.

Pedro Kestelman, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto Juvenil, cuenta una anécdota que ilustra la realidad actual. Un paciente de trece años llegó a su consultorio pidiendo un diagnóstico. Kestelman le explicó qué le pasaba y por qué. El chico escuchó, asintió, y luego sacó el teléfono. Abrió su chat con inteligencia artificial y le hizo la misma pregunta que acababa de hacerle al psiquiatra. Primero, le preguntó al chatbot si conocía al doctor Kestelman. Luego, le pidió el mismo diagnóstico. Cuando la IA respondió de manera similar a lo que Kestelman había dicho, el adolescente quedó satisfecho. La anécdota es cómica, pero también reveladora: los chicos están verificando constantemente la información médica contra múltiples fuentes, buscando confirmación, tratando de asegurarse de que lo que les dicen es verdad. Kestelman subraya que esto requiere atención cercana. "La IA hace un diagnóstico a través de un cuestionario. El cuestionario vale, pero eso siempre hay que contextualizarlo con una mirada clínica mucho más amplia", explica.

No todos los especialistas ven esta tendencia como puramente negativa. Juana Poulisis, psiquiatra con larga trayectoria tratando adolescentes, destaca un aspecto positivo. Cuando un chico llega al consultorio con una sospecha informada —"Creo que tengo depresión", "Pienso que tengo ansiedad"— está dando un primer paso hacia la búsqueda de ayuda. Poulisis recuerda a un paciente de quince años que llegó diciendo que sospechaba que su novia tenía autismo. Cuando el chico enumeró los síntomas, eran efectivamente los criterios diagnósticos del autismo. "Los chicos hoy están muy informados", dice Poulisis. "A mi edad, para saber sobre síntomas de diagnósticos tenías que ir a un libro de medicina". Pero aclara algo crucial: hay una diferencia entre usar la información como punto de partida para una consulta profesional y usar un diagnóstico como etiqueta definitiva. "Quizás el adolescente dice que tiene trastorno bipolar y en realidad tiene desregulación emocional. O tal vez tiene un trastorno de personalidad limítrofe. El médico va afinando ese diagnóstico después", explica.

Lo que preocupa a los especialistas es lo que sucede cuando el autodiagnóstico se convierte en identidad. Ongini observa que muchos adolescentes no están transitando la angustia existencial propia de su edad; la están transformando en diagnósticos médicos. "Si lo que padezco es lo que me presta identidad, entonces es un problema, porque esto construye un sistema de creencias sobre sí mismos y sobre cómo deben vincularse con los demás", advierte. Hace décadas, los adolescentes buscaban identidad en tribus urbanas, en grupos musicales, en formas de vestir. Hoy, esa búsqueda del "quién soy" se ha desplazado hacia el "qué tengo" o "qué me pasa". Están buscando quiénes son en lo que padecen. Algunos diagnósticos parecen estar de moda entre los adolescentes: la ansiedad y el déficit de atención encabezan la lista. "Hoy todos te dicen que tienen ansiedad", observa Poulisis, "pero hay que diferenciar entre la ansiedad como síntoma y un trastorno de ansiedad, que requiere abordaje terapéutico, farmacológico, conductual".

Ongini también señala que el fenómeno no se limita a los adolescentes. Los padres también llegan a su consultorio con diagnósticos autoproclamados para sus hijos más pequeños. Buscan síntomas en internet, encuentran coincidencias, y llegan convencidos de que su hijo es autista o tiene TDAH. Pero cuando Ongini indaga más profundamente, descubre que el niño no juega, que nadie le habla, que pasa todo el día pegado a una pantalla. El diagnóstico que los padres encontraron en línea puede ser correcto, pero también puede estar ocultando problemas más simples y más solucionables: falta de estimulación, aislamiento, ausencia de interacción. En paralelo, Ongini también ve el fenómeno opuesto: chicos con retrasos lingüísticos significativos cuyos padres no detectaron el problema a tiempo porque no buscaron en internet.

Lo que está en juego es el equilibrio entre dos realidades simultáneas. Por un lado, existe un aumento genuino y preocupante de trastornos psiquiátricos en menores. Por otro lado, existe también una patologización de procesos normales de la adolescencia, una pérdida de tolerancia a "no estar del todo bien". Y en el medio, existe la inteligencia artificial: una herramienta que puede facilitar el acceso a información sobre salud mental, pero que también puede reforzar autodiagnósticos incorrectos y convertir la búsqueda de identidad en la búsqueda de una etiqueta patológica. Los especialistas coinciden en que el desafío no es rechazar la tecnología, sino enseñar a los adolescentes a usarla como lo que es: un punto de partida para una conversación con un profesional, no el final de una búsqueda de verdad.

Estoy cansada de que me digan 'Soy bipolar', 'Soy borderline' o 'Tengo trastorno de hiperactividad y déficit de atención', sin tener realmente un diagnóstico médico
— Silvia Ongini, psiquiatra infantojuvenil
La IA hace un diagnóstico a través de un cuestionario. El cuestionario vale, pero eso siempre hay que contextualizarlo con una mirada clínica mucho más amplia
— Pedro Kestelman, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto Juvenil
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