En un sistema sanitario que ha perfeccionado la técnica a costa de la escucha, el psiquiatra José Luis Marín advierte que tratar el cuerpo sin conocer la historia de quien lo habita es una forma de abandono. Su crítica no apunta a los médicos, sino a la formación que los moldea: una educación que separa mente y cuerpo, y que olvida que detrás de cada paciente hay una biografía entera esperando ser reconocida. En España, dos millones de personas mayores despiertan cada día sin que nadie les pregunte quiénes son ni qué han vivido.
Marín: «Hay que cultivar aficiones desde el colegio; los mayores necesitan un motivo para levantarse»
Cuanta más vida tenemos, más necesidad hay de que nos escuchen
¿Por qué cree que el sistema sanitario ignora la biografía del paciente? Parece algo obvio.
Porque el sistema está diseñado para tratar síntomas, no personas. Un médico tiene quince minutos por paciente. No hay tiempo para preguntar por la infancia, por el contexto, por lo que significa estar vivo.
Pero ¿tiene datos sobre cuánto tiempo dedica realmente un médico de atención primaria a cada paciente? Porque eso es crucial para la crítica.
Es una observación válida. Marín habla desde su experiencia, pero no cita estudios específicos sobre tiempos de consulta.
¿Y la cifra de dos millones de mayores viviendo solos? ¿De dónde viene?
Eso aparece en el artículo como un dato sobre España, pero no se especifica la fuente ni el año. Es un número importante pero sin contexto.
Aun así, la soledad en personas mayores es un problema documentado. Lo que Marín añade es que el sistema sanitario no lo aborda.
¿Cree realmente que Facebook ha sido una catástrofe para la humanidad?
Marín lo dice así, de forma provocadora. Pero su punto es que hemos perdido conexiones físicas que estimulaban múltiples sentidos.
Eso es una generalización. Hay gente que usa redes sociales para conectar con otros mayores, para combatir la soledad. No es todo blanco o negro.
¿Entonces qué es lo que realmente propone?
Que empecemos desde la infancia. Que enseñemos a los niños a tener aficiones, a cultivar intereses que los sostengan en la vejez.
Eso suena bien, pero ¿quién lo enseña? ¿Las escuelas? ¿Los padres? ¿Cómo se implementa?
Marín no lo especifica. Es una visión, no un plan.
Le Pouls
- El sistema sanitario español trata al paciente como un conjunto de síntomas, ignorando su historia personal, su contexto social y sus emociones, lo que resulta especialmente dañino para los mayores.
- Cerca de dos millones de personas mayores de 64 años viven solas en España, y la soledad no deseada deteriora su salud física y mental con la misma fuerza que una enfermedad grave.
- Las redes sociales digitales han reemplazado el contacto humano real desde 2008, privando a generaciones enteras de vínculos que estimulaban múltiples sentidos y sostenían la salud emocional.
- Marín propone cultivar aficiones desde la infancia para construir una 'reserva vital' que dé propósito en la vejez, inspirándose en el concepto japonés del ikigai como antídoto al vacío existencial.
- La medicina ha avanzado en fármacos y tecnología, pero ha retrocedido en humanidad: los médicos ya no tienen tiempo para escuchar, y eso es precisamente lo que muchos mayores más necesitan.
En un sistema sanitario que ha perfeccionado la técnica a costa de la escucha, el psiquiatra José Luis Marín advierte que tratar el cuerpo sin conocer la historia de quien lo habita es una forma de abandono. Su crítica no apunta a los médicos, sino a la formación que los moldea: una educación que separa mente y cuerpo, y que olvida que detrás de cada paciente hay una biografía entera esperando ser reconocida. En España, dos millones de personas mayores despiertan cada día sin que nadie les pregunte quiénes son ni qué han vivido.
José Luis Marín acaba de publicar un libro con un título que suena a provocación: «La salud mental no existe. La salud, sí». El psiquiatra, presidente de honor de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, no duda al describir el sistema sanitario español: heroico en su esfuerzo, pero roto en lo fundamental.
El problema, según Marín, no está en los médicos sino en la universidad que los forma. El sistema trata cuerpo y mente como piezas separadas, sin preguntar quién es el paciente, dónde vive ni qué ha vivido. Esta fragmentación resulta especialmente destructiva para los mayores, que son quienes más necesitan que alguien escuche su historia completa. Hace cincuenta años, los médicos tenían más interés en escuchar. Hoy se enseña farmacología y tecnología, pero se ha perdido la humanidad.
Las experiencias de la infancia marcan el cuerpo para siempre. Las adversidades tempranas se despliegan a lo largo de los años e influyen en cómo envejecemos. Pero las buenas experiencias crean lo que Marín llama una «reserva vital», un depósito de recursos que podemos usar décadas después. El sistema sanitario actual no pregunta por nada de esto, y eso, dice Marín, debería sorprender a cualquiera.
La soledad es una de las crisis silenciosas de España. Aproximadamente dos millones de personas mayores de 64 años viven solas, y la soledad no deseada daña la salud tanto como cualquier enfermedad. La sociedad moderna ha hecho algo paradójico: nos ha aislado a través de las redes sociales mientras nos convence de que estar conectados es estar bien. Desde 2008, las pantallas han reemplazado vínculos que estimulaban todos los sentidos. Las redes digitales, dice Marín, no son redes en absoluto.
La solución, para Marín, no está en medicinas ni en sistemas mejorados, sino en cultivar aficiones desde la infancia y construir ese depósito vital que nos dé razones para levantarnos cuando somos viejos. Menciona el ikigai japonés, la razón de ser. Si los jóvenes de hoy llegan a los setenta sin hobbies ni intereses reales, el sistema sanitario no podrá ayudarlos: los médicos no tienen tiempo para escuchar historias, aunque eso sea exactamente lo que muchos mayores necesitan. Cuanta más vida tenemos, más necesidad hay de ser escuchados. Y el sistema actual, de momento, no lo hace.
José Luis Marín acaba de publicar su primer libro con un título que suena a provocación: «La salud mental no existe. La salud, sí». El psiquiatra, presidente de honor de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, no anda con rodeos. Cuando se le pregunta qué piensa del sistema sanitario español, responde sin titubeos: es un sistema heroico que hace lo que puede, pero está roto en lo fundamental.
El problema, según Marín, no radica en los médicos ni en los hospitales. Está en la universidad, en el lugar donde se forma a los profesionales sanitarios. El sistema actual trata el cuerpo y la mente como piezas separadas, ignorando completamente quién es el paciente, dónde vive, qué ha vivido, qué siente. Esta fragmentación es especialmente destructiva para las personas mayores, que son precisamente quienes más necesitan que alguien escuche su historia completa. Hace cincuenta años, cuando Marín terminó la carrera de medicina, los doctores tenían más interés en escuchar. Ahora, dice, se enseña farmacología y tecnología, pero se ha perdido la humanidad.
La infancia marca el cuerpo para toda la vida. Las experiencias adversas en la niñez —lo que los especialistas llaman experiencias infantiles adversas— se despliegan a lo largo de los años, influyendo en cómo envejecemos. Pero también ocurre lo contrario: las buenas experiencias crean lo que Marín llama una «reserva vital», un depósito de recursos que podemos usar décadas después. El sistema sanitario actual no pregunta por esto. No indaga en la vida pasada del paciente. Es algo que, según Marín, debería sorprender a cualquiera, pero nadie lo cuestiona.
La soledad es una de las crisis silenciosas de España. Aproximadamente dos millones de personas mayores de 64 años viven solas, y la soledad no deseada daña la salud tanto como cualquier enfermedad. Marín lo explica con crudeza: un bebé alimentado pero nunca tocado, nunca hablado, siempre solo, muere. La soledad es incompatible con la vida humana desde el nacimiento. Sin embargo, la sociedad moderna ha hecho algo paradójico: nos ha aislado a través de las redes sociales mientras nos enseña que estar conectados es estar bien. Desde 2008, cuando Facebook apareció, hemos entregado generaciones enteras a las pantallas. Las redes digitales no son redes en absoluto, dice Marín. Las redes reales estimulaban todos los sentidos: vista, oído, tacto. Las virtuales solo estimulan la vista. En dieciséis años hemos perdido algo fundamental de la experiencia humana.
Los jóvenes y los mayores enfrentan presiones diferentes pero igualmente intensas. Un joven tiene el cuerpo de su lado: el hígado funciona bien, se recupera rápido. Pero a los sesenta años, el cuerpo está biológicamente más gastado. Las mismas exigencias que un joven soporta sin problema pueden quebrar a una persona mayor. Los jóvenes están presionados por las redes sociales; los mayores luchan contra la soledad no deseada, contra dormir mal, contra la pérdida de propósito.
Aquí está la clave: propósito. Marín cree que la solución no está en medicinas ni en sistemas sanitarios mejorados. Está en cultivar aficiones desde la infancia, en crear ese depósito vital que nos permita tener razones para levantarnos cuando somos viejos. Menciona el concepto japonés del ikigai, la razón de ser. La mayoría de los jóvenes de hoy no tienen aficiones reales. Pasan horas deslizando pantallas o mirando televisión. Si llegan a los setenta sin hobbies, sin intereses, sin algo que los mueva, el sistema sanitario no puede ayudarlos. Los médicos no tienen tiempo para escuchar historias. No pueden ser los abuelos que escuchan las anécdotas de la vida pasada, aunque eso es exactamente lo que muchos mayores necesitan: alguien que los escuche contar sus batallitas, sus experiencias, sus vidas.
Marín ve el problema con claridad: cuanta más vida tenemos, más necesidad hay de ser escuchados. Y el sistema actual no lo hace. La medicina ha avanzado en fármacos pero ha retrocedido en humanidad. Lo ideal sería encontrar equilibrio. Mientras tanto, dos millones de personas mayores en España se despiertan cada mañana sin una razón clara para hacerlo.
Citations marquantes
El sistema sanitario actual es un sistema heroico que hace lo que puede— José Luis Marín
La medicina ha avanzado mucho en recursos farmacológicos, pero ha retrocedido más en humanidad— José Luis Marín