En un tiempo que premia el rendimiento y los logros medibles, el psicólogo Víctor Küppers propone una inversión de valores: la bondad, la alegría y la actitud no son adornos de la vida sino su sustancia más profunda. Desde las aulas hasta los vínculos cotidianos, sostiene que lo que multiplica el valor de una persona no es lo que sabe ni lo que tiene, sino la manera en que elige relacionarse con el mundo. Su mensaje es tanto una advertencia como una invitación: perder la esperanza es perder lo más valioso que se posee.
Víctor Küppers: ser buena persona es más importante que el talento y el dinero
La vida es estado de ánimo
¿Por qué Küppers insiste tanto en que la actitud multiplica los conocimientos y la experiencia? ¿Qué quiere decir exactamente con eso?
Creo que lo que plantea es que dos personas con el mismo nivel de conocimiento y experiencia pueden tener resultados completamente distintos dependiendo de cómo se relacionen con su trabajo y con los demás. La actitud es lo que activa o desactiva todo lo demás.
Pero eso es una afirmación bastante fuerte. ¿Hay evidencia de que la actitud realmente multiplica? Él lo dice, pero ¿cómo se mide eso?
Es verdad. Y cuando habla de que perder la esperanza significa perder lo mejor que tienes, ¿está hablando de algo psicológico o de algo más concreto?
Creo que es ambos. Dice que cuando alguien se desanima, puede pasar de ser extraordinario a ser mediocre, incluso sin perder sus habilidades. Así que hay un cambio real en cómo se desempeña.
Pero nuevamente, eso es su observación. No sabemos si eso es lo que realmente sucede o si es cómo él lo interpreta. Y cuando habla de que la alegría se aprende, ¿está diciendo que cualquiera puede aprender a ser alegre?
Eso parece ser lo que sostiene. Que no es genético, que se desarrolla viendo lo positivo antes que lo negativo.
Sí, pero también reconoce que es más difícil ser optimista que pesimista. Así que no está diciendo que sea fácil. Dice que es un esfuerzo, una lucha que vale la pena.
Entonces ¿cuál es el mecanismo? ¿Cómo exactamente alguien aprende a ver lo positivo? Él no lo explica. Solo dice que se aprende.
Y sobre la educación, ¿qué tan realista es esperar que los profesores también se encarguen de ayudar a los estudiantes a no perder el ánimo?
Creo que lo que dice es que es una responsabilidad que tienen cuando pueden. No está diciendo que sea fácil o que sea lo único que deban hacer.
Pero eso es vago. ¿Cuándo pueden? ¿Cómo se equilibra eso con enseñar la materia? Y cuando habla de que una sociedad es rica por la calidad humana de sus personas, ¿eso es verificable o es una creencia?
Parece más una creencia que una afirmación que se pueda medir.
Probablemente. Pero creo que lo que intenta es señalar que el futuro de una comunidad depende de cómo se eduque a las generaciones jóvenes, y eso sí es algo que podemos observar.
Der Puls
- Küppers desafía la jerarquía dominante que pone el talento y el dinero por encima del carácter, argumentando que ser buena persona es infinitamente más determinante para una vida plena.
- El pesimismo y el desánimo amenazan con vaciar a las personas de su bien más preciado: la actitud, ese multiplicador invisible que convierte conocimientos ordinarios en resultados extraordinarios.
- Las generaciones jóvenes navegan una sociedad compleja sin brújula vocacional clara, y la educación actual rara vez les ayuda a preguntarse qué sentido quieren darle a sus vidas.
- La amabilidad y el tiempo real dedicado a los demás emergen como las herramientas concretas para reconstruir vínculos en una cultura que confunde calidad con brevedad.
- La propuesta de Küppers está aterrizando en escuelas, familias y organizaciones como un recordatorio de que el futuro de una sociedad se juega en la calidad humana de quienes la forman.
En un tiempo que premia el rendimiento y los logros medibles, el psicólogo Víctor Küppers propone una inversión de valores: la bondad, la alegría y la actitud no son adornos de la vida sino su sustancia más profunda. Desde las aulas hasta los vínculos cotidianos, sostiene que lo que multiplica el valor de una persona no es lo que sabe ni lo que tiene, sino la manera en que elige relacionarse con el mundo. Su mensaje es tanto una advertencia como una invitación: perder la esperanza es perder lo más valioso que se posee.
Víctor Küppers, doctor en Humanidades y especialista en psicología positiva, ha construido su pensamiento alrededor de una convicción que incomoda al mundo contemporáneo: la manera en que una persona se relaciona con la vida importa más que sus talentos, su dinero o su posición. Sostiene que la bondad, la alegría y la esperanza no son virtudes secundarias sino los verdaderos pilares de la educación y la existencia cotidiana.
En el centro de su filosofía hay una idea aparentemente simple: no se puede ser un buen profesor y una mala persona al mismo tiempo, ni una buena pareja si se abandona la calidad humana. La manera de ser lo permea todo. Por eso, para Küppers, educar no es solo transmitir conocimientos, sino ayudar a las personas a construir una forma de relacionarse con los demás.
La alegría, insiste, no es un rasgo de nacimiento sino algo que se aprende. No habla de euforia permanente, sino de la capacidad de ver lo positivo antes que lo negativo, incluso cuando la vida presenta dificultades. Reconoce que el optimismo es contracorriente y exige esfuerzo, pero considera que ese esfuerzo transforma las relaciones y reduce la tendencia al enfado.
Hay, sin embargo, un límite que no debería cruzarse: perder la esperanza. Cuando eso ocurre, explica, una persona no pierde sus conocimientos ni su experiencia, sino algo más valioso: su actitud. Y es la actitud lo que multiplica todo lo demás. De ahí su definición más provocadora: la vida es estado de ánimo.
Küppers ve en los educadores una responsabilidad que va más allá de la materia que enseñan: contribuir a que los jóvenes no pierdan el ánimo y los ayuden a encontrar su vocación y el sentido de sus vidas. Entre los principios que transmite a sus propios hijos está el de hacer extraordinariamente las cosas ordinarias, sin buscar grandes hazañas, sino ejecutando con excelencia lo cotidiano.
La amabilidad ocupa un lugar central en su visión de las relaciones: escuchar, acompañar, estar presente. Estas acciones, aparentemente pequeñas, cambian el carácter de quien las practica y generan bienestar en quien las recibe. Y sobre el tiempo en los vínculos, rechaza la idea de que basta con poco tiempo si es de calidad: una planta regada con dos gotas al mes, aunque sean perfectas, termina muriendo. Los vínculos necesitan tiempo real, no solo intenciones.
Víctor Küppers, doctor en Humanidades y licenciado en Administración y Dirección de Empresas, ha construido su carrera alrededor de una convicción que desafía las prioridades convencionales: la manera en que una persona se relaciona con la vida importa más que sus talentos, su cuenta bancaria o el puesto que ocupa. Este especialista en psicología positiva, profesor universitario y formador nacido en Eindhoven, sostiene que la bondad, la alegría, la esperanza y la amabilidad son los pilares sobre los que debería construirse tanto la educación como la vida cotidiana.
En el corazón de su pensamiento está una idea simple pero radical: el talento es importante, el dinero es importante, el trabajo que tienes es importante, pero ser una buena persona lo es infinitamente más. Küppers rechaza la idea de que estas dimensiones puedan separarse. No se puede ser un buen profesor y una mala persona simultáneamente, sostiene. Tampoco se puede ser una buena pareja si se abandona la calidad humana. La manera de ser permea todo lo que hacemos, y la educación, desde su perspectiva, no consiste únicamente en transmitir conocimientos o desarrollar habilidades específicas, sino en ayudar a las personas a construir una forma de relacionarse con los demás.
La alegría, según Küppers, no es un rasgo genético sino algo que se desarrolla y se aprende. No se refiere a ser gracioso ni a mantener un estado permanente de euforia, sino a lo que él llama la alegría de vivir: la capacidad de ver lo positivo antes que lo negativo. Reconoce que esto es contracorriente. Es mucho más fácil ser pesimista que optimista, admite, pero considera que el optimismo es un esfuerzo que vale la pena. Cuando una persona logra sostener una actitud más alegre, sus relaciones funcionan mejor y disminuye la tendencia a enfadarse. Esto no significa ignorar las dificultades; significa reconocer que la vida contiene tanto situaciones que gustan como otras que no, y elegir prestar atención a aquello que funciona bien incluso cuando se atraviesan problemas.
Pero hay un límite que nunca debería cruzarse: perder la esperanza. Cuando uno pierde la esperanza, se ha acabado, afirma Küppers con contundencia. Reconoce que las generaciones jóvenes enfrentan una sociedad compleja y difícil que no siempre les ofrece las mejores condiciones, pero sostiene que las circunstancias no deberían llevar a perder el ánimo. Aquí introduce una fórmula central en su pensamiento: una persona vale por sus conocimientos, por sus habilidades y experiencia, y por su actitud o manera de ser. Pero la actitud multiplica. Cuando alguien se desanima, no pierde sus conocimientos ni su experiencia acumulada. Lo que pierde es precisamente aquello que considera más valioso: su actitud, su manera de ser. Puede pasar de ser una persona extraordinaria a ser una del montón, de ser un profesional brillante a ser mediocre. De allí surge su definición más provocadora: la vida es estado de ánimo.
Küppers ve en los profesores una responsabilidad que va más allá de enseñar una materia. Cuando un educador no atraviesa un problema grave, una de sus tareas consiste en contribuir a que los demás no pierdan el ánimo. Pero la educación también debería ayudar a los jóvenes a preguntarse cuál es su objetivo en la vida y qué los motiva. Muchos jóvenes se sienten confundidos respecto de su futuro, y la educación debería dar luz sobre cuál es el sentido que puede tener sus vidas. Küppers relaciona esa búsqueda con la vocación: la felicidad en la vida es encontrar el sentido, y cada uno tiene el suyo.
Entre los principios que dice transmitir a sus hijos está hacer extraordinariamente las cosas ordinarias. No se trata de buscar permanentemente grandes hazañas, sino de realizar las tareas cotidianas de una manera excepcional. La amabilidad ocupa un lugar central en su pensamiento sobre las relaciones humanas. Hacer algo bueno por otra persona genera bienestar en quien lo hace, observa. Pero la amabilidad tiene varios efectos simultáneamente: cambia el carácter de quien la practica, haciéndolo más alegre; genera bienestar en quien la recibe; y obliga a intentar convertirse en la mejor persona posible. Ser amable puede significar escuchar a alguien, sostener una puerta, acompañar a otra persona o simplemente estar presente, y esas acciones requieren desarrollar cualidades como la paciencia y la generosidad. Resume su idea sobre las relaciones en una regla sencilla: trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti.
Küppers cuestiona la idea habitual de que la riqueza de una sociedad depende de sus recursos naturales. Una sociedad es rica por la calidad humana de las personas que la forman, afirma. El futuro de una comunidad depende en buena medida de las generaciones que se están formando, y se cambia con educación. Esa educación también se expresa en comportamientos aparentemente pequeños: palabras como por favor y gracias, que según Küppers desaparecerían del diccionario por falta de uso. Para mantener las relaciones humanas, rechaza la idea de que poco tiempo pero de calidad sea suficiente. Compara esto con una planta: si se le ponen apenas dos gotas de agua al mes, aunque sean de máxima calidad, terminará muriendo igualmente. El tiempo dedicado, no solo su calidad, es lo que nutre los vínculos.
Bemerkenswerte Zitate
En la vida el talento es importante, el dinero es importante, el trabajo que tienes, pero es mucho más importante ser buena persona— Víctor Küppers
Cuando tú te desanimas, pierdes lo mejor que tienes que es tu actitud, es tu manera de ser— Víctor Küppers
Una sociedad es rica por la calidad humana de las personas que la forman— Víctor Küppers