Colaborador eficaz confirma soborno de S/ 1.3 millones a Vizcarra en Hospital de Moquegua

Incot estaba condicionada a participar en el esquema ilícito
El colaborador describe cómo la empresa fue presionada a aceptar el pago del soborno como condición para formar parte del consorcio ganador.
Mark

¿Por qué necesitaban dos empresas diferentes para pagar un solo soborno? ¿No podría haberlo hecho una sola?

Mimi

Porque ambas querían ganar la licitación juntas, como consorcio. Si una pagaba sola, la otra quedaría fuera del acuerdo. Necesitaban que ambas asumieran el costo para que ambas tuvieran derecho a la ganancia del contrato.

Mark

¿Y por qué fue tan complicado obtener el dinero? ¿Por qué no simplemente lo sacaron de sus propias cuentas?

Mimi

Porque eso dejaría un rastro directo. Un retiro de S/ 1.3 millones sin justificación levantaría sospechas inmediatas. Necesitaban que pareciera un gasto legítimo en sus registros contables.

Mark

Entonces la clave fue ese proveedor, MZARQ.

Mimi

Exactamente. MZARQ era el intermediario. Emitía facturas falsas, recibía el dinero, y lo devolvía en efectivo. Era un conducto que convertía dinero ilícito en dinero que parecía legítimo en el papel.

Mark

¿Y Iturrizaga no sabía nada hasta que recibió ese correo?

Mimi

Aparentemente no. O al menos eso es lo que el colaborador sugiere. Cuando Yancan le escribió sobre la transferencia, Iturrizaga preguntó qué era. Solo entonces Jordán le explicó que era el pago a Vizcarra. En ese momento, Iturrizaga entendió todo el esquema.

Mark

¿Eso significa que Iturrizaga fue sorprendido?

Mimi

Posiblemente. Pero una vez que supo, autorizó el pago. Aceptó participar en algo que ya estaba en marcha. Eso es lo que el colaborador quiso dejar claro: Incot estaba condicionada, pero al final aceptó.

Mark

¿Y por qué dividieron el pago en cuatro retiros en lugar de uno solo?

Mimi

Probablemente para que no fuera tan evidente. Cuatro movimientos menores parecen menos sospechosos que un retiro masivo. Es una táctica común en lavado de dinero: fragmentar los movimientos para evadir detección.

  • Un colaborador eficaz describe con precisión quirúrgica cómo ejecutivos de ICCGSA e Incot sellaron en 2013 un pacto ilícito para repartirse el costo de un soborno millonario a Vizcarra.
  • El dinero no salió de la nada: fue extraído de la contabilidad de otro hospital —Villa El Salvador— mediante un proveedor fantasma vinculado familiarmente a uno de los ejecutivos.
  • Cuatro retiros escalonados entre marzo y mayo de 2014, cada uno respaldado por facturas de servicios inexistentes, completaron el pago de S/ 1.3 millones guardados en una caja fuerte.
  • Un correo interno de marzo de 2014 reveló el esquema completo al gerente de Incot, quien en ese momento comprendió la dimensión real del mecanismo en el que ya era cómplice.
  • Este testimonio se suma al de tres aspirantes a colaboradores previos, consolidando un cuadro probatorio que apunta a una operación coordinada, no a actos aislados de corrupción.

En el cruce entre el poder político y el dinero privado, un nuevo testimonio ilumina cómo la corrupción no es un acto impulsivo sino una arquitectura cuidadosamente construida. Un colaborador eficaz ha declarado ante la justicia peruana que ejecutivos de dos constructoras acordaron en 2013 pagar S/ 1.3 millones al entonces presidente regional Martín Vizcarra a cambio de la buena pro del Hospital Regional de Moquegua, ocultando el dinero mediante facturas ficticias y cuentas de otras obras. Lo que emerge no es solo un soborno, sino un sistema: la corrupción como ingeniería.

En noviembre de 2013, ejecutivos de ICCGSA e Incot se reunieron con funcionarios del gobierno regional de Moquegua, incluido su presidente Martín Vizcarra. Según el testimonio de un colaborador eficaz, en esa reunión se acordó pagar S/ 1.3 millones a cambio de ganar la licitación para construir el Hospital Regional. Rafael Granados y Javier Jordán, de ICCGSA, necesitaban la aprobación de Jorge Iturrizaga, de Incot, para repartir el costo del soborno. Iturrizaga aceptó: participar en el esquema era la condición para integrar el consorcio ganador.

El problema era cómo extraer ese dinero sin dejar rastros evidentes. La solución fue sofisticada: los fondos se tomaron de la contabilidad de otro proyecto compartido, el Hospital de Emergencia de Villa El Salvador. Para justificar la salida, ICCGSA utilizó a MZARQ E.I.R.L., un proveedor cuyo dueño tenía parentesco con un ejecutivo de la empresa. MZARQ emitió cuatro facturas por servicios que nunca se prestaron. El dinero salía del consorcio hospitalario, pasaba por MZARQ, y regresaba en efectivo a una caja fuerte de ICCGSA.

El 7 de marzo de 2014, un correo de la secretaria de ICCGSA a Iturrizaga informando sobre una transferencia a MZARQ lo llevó a consultar a Jordán. La respuesta fue directa: era para cumplir el compromiso con Vizcarra. En ese momento, Iturrizaga comprendió el mecanismo completo. Los pagos se ejecutaron en cuatro tramos entre marzo y mayo de 2014, sumando exactamente S/ 1.3 millones, cada uno respaldado por una factura ficticia.

Este testimonio del colaborador eficaz N° 03-2020 refuerza declaraciones previas de otros tres aspirantes a colaboradores que ya habían señalado a ambas empresas. Lo que ahora queda expuesto no es solo un acto de corrupción, sino un sistema: coordinado entre ejecutivos, sostenido por complicidad administrativa, y diseñado para parecer legítimo en los registros contables.

En noviembre de 2013, ejecutivos de dos empresas constructoras se reunieron en una sala con funcionarios del gobierno regional de Moquegua, entre ellos el presidente Martín Vizcarra. Lo que se discutió en esa reunión, según el testimonio de un nuevo colaborador eficaz, fue un acuerdo para pagar soborno: S/ 1.3 millones a cambio de que sus empresas ganaran la licitación para construir el Hospital Regional de Moquegua.

Las dos compañías involucradas eran ICCGSA (Ingenieros Civiles y Contratistas Generales S.A.) e Incot. Según el relato del colaborador, los ejecutivos de ICCGSA —Rafael Granados y Javier Jordán— necesitaban que Jorge Iturrizaga, gerente general de Incot, diera su aprobación para que ambas empresas asumieran conjuntamente el costo del soborno. Iturrizaga aceptó. El colaborador describe la situación con precisión: Incot estaba condicionada a participar en el esquema ilícito si quería ser parte del consorcio ganador.

Pero ¿de dónde salió el dinero? Las empresas no podían simplemente extraer S/ 1.3 millones de sus cuentas sin dejar un rastro. Así que recurrieron a un mecanismo sofisticado de lavado. Extrajeron el dinero de la contabilidad de otro proyecto en el que ambas empresas trabajaban juntas: la construcción del Hospital de Emergencia de Villa El Salvador. Para justificar esa salida de fondos, ICCGSA utilizó a un proveedor llamado MZARQ E.I.R.L., una empresa cuyo dueño tenía relación de parentesco con un ejecutivo de ICCGSA. Este proveedor emitió cuatro facturas por servicios que nunca fueron prestados. El dinero fluía así: salía de la cuenta del consorcio hospitalario, se transfería a MZARQ, y desde allí regresaba en efectivo a ICCGSA, donde lo guardaban en una caja fuerte para hacer los pagos al exmandatario.

El 7 de marzo de 2014, Rocío Yancan, secretaria de ICCGSA, envió un correo a Iturrizaga informándole sobre una transferencia de medio millón de soles a nombre de MZARQ E.I.R.L. y pidiendo su autorización. Iturrizaga contactó de inmediato a Javier Jordán para preguntar qué significaba ese movimiento. Jordán le respondió que era para cumplir el compromiso asumido con Vizcarra. En ese momento, Iturrizaga conoció la modalidad completa: facturas ficticias que devolvían efectivo, dinero guardado en una caja fuerte, pagos ilícitos canalizados a través de un esquema que parecía legítimo en los registros contables.

Los retiros se realizaron en cuatro tranches a lo largo de dos meses y medio. El primero, el 7 de marzo de 2014, fue por S/ 528.088. El segundo, el 3 de abril, sumó S/ 593.190. El 9 de mayo se extrajeron S/ 357.414 adicionales. Finalmente, el 22 de mayo, un último retiro de S/ 88.300 completó el pago total de S/ 1.3 millones. Cada movimiento quedó registrado, cada uno justificado por una factura de servicios que nunca existieron.

Este testimonio del colaborador eficaz N° 03-2020 se suma a las declaraciones previas de tres aspirantes a colaboradores que en octubre del año anterior ya habían señalado a ambas empresas como responsables del pago. Lo que ahora emerge es el mecanismo detallado: cómo se coordinó el acuerdo, cómo se obtuvo el dinero, cómo se ocultó en los registros, y cómo se ejecutó el pago. El esquema revela no solo un acto de corrupción, sino un sistema sofisticado de lavado de dinero tejido a través de múltiples empresas, proveedores fantasma, y cuentas de otros proyectos. Es el tipo de operación que requiere coordinación entre ejecutivos, complicidad administrativa, y acceso a sistemas contables. Y según el colaborador, todo fue autorizado, coordinado, y ejecutado con pleno conocimiento de los principales actores.

Iturrizaga, gerente de Incot, tenía que dar su visto bueno para que se reconociera que ese costo se asumía entre las dos consorciadas
— Colaborador eficaz N° 03-2020
El dinero se obtuvo a través de facturas por servicios ficticios que MZARQ devolvía en efectivo, mantenido en una caja fuerte de la empresa para realizar los pagos
— Colaborador eficaz N° 03-2020
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