Al menos 47 muertos en un asalto de pandillas en Haití cerca de Puerto Príncipe

Al menos 47 personas asesinadas y 22 heridas en el asalto; miles de residentes desplazados de sus hogares tras una docena de ataques en 2025-2026.
Kenscoff no será abandonado, pero miles ya lo han sido
El gobierno promete restablecer autoridad mientras miles de residentes huyen de la comunidad tras una docena de ataques.
Mark

¿Por qué Kenscoff es tan importante para las pandillas? ¿Qué la hace diferente de otros barrios?

Mimi

Está en las alturas, con vista a todas las rutas que entran y salen de Puerto Príncipe. Controlar Kenscoff significa controlar quién entra y quién sale de la capital. Es territorio estratégico.

Mark

Dicen que ha habido una docena de ataques desde 2025. ¿Cómo sigue viviendo gente allí?

Mimi

Muchos ya no viven allí. Miles han huido. Los que quedan están atrapados entre la necesidad de sobrevivir y la realidad de que cada noche podría ser la última.

Mark

El gobierno promete reforzar la seguridad. ¿Creen los residentes que eso sucederá?

Mimi

No. Cuando la policía está a minutos de distancia y aun así 47 personas mueren, las promesas suenan vacías. La gente exige la dimisión del jefe de policía porque sienten que fueron abandonados.

Mark

¿Qué significa que ningún miembro de pandillas fue identificado entre los muertos?

Mimi

Significa que los atacantes escaparon. No hubo represalias reales, no hubo justicia. Solo víctimas civiles y un Estado que no pudo o no quiso detenerlos.

Mark

¿Esto es parte de algo más grande en Haití?

Mimi

Sí. Dos mil trescientas diez muertes en cinco meses. Kenscoff es solo el episodio más reciente de una crisis que consume al país entero.

  • Pandillas armadas atacaron Kenscoff de madrugada, dejando 47 muertos y 22 heridos, con cadáveres en las calles y casas en llamas.
  • La comunidad lleva más de un año soportando una docena de incursiones similares, y miles de residentes han tenido que abandonar sus hogares para sobrevivir.
  • Decenas de policías intentaron repeler el ataque durante la noche, pero ningún agresor fue abatido, y la comisaría local quedó a minutos de la masacre sin poder evitarla.
  • Los vecinos exigen la dimisión del jefe de policía y rechazan los comunicados oficiales que prometen seguridad mientras entierran a sus muertos.
  • En los primeros cinco meses de 2026, la violencia en Haití ya ha matado a más de 2.310 personas, convirtiendo cada nueva masacre en un eslabón más de una crisis sin freno visible.

En las alturas que rodean Puerto Príncipe, donde las rutas hacia la capital se vuelven vulnerables, la comunidad de Kenscoff amaneció el lunes contando a sus muertos: al menos 47 vecinos asesinados en un asalto nocturno de pandillas armadas. No es un hecho aislado, sino el capítulo más sangriento de una docena de ataques sufridos desde 2025, que han vaciado el barrio y puesto en evidencia la distancia entre las promesas del Estado y la realidad de quienes viven bajo el dominio de la violencia. Haití acumula ya más de 2.300 muertos en lo que va de 2026, y Kenscoff se convierte en símbolo de una crisis que no encuentra respuesta a la altura de su urgencia.

En la madrugada del lunes, pandillas armadas descendieron sobre Kenscoff, una comunidad enclavada en las alturas que rodean Puerto Príncipe y que controla rutas estratégicas hacia la capital. Al amanecer, al menos 47 personas yacían muertas en las calles y 22 más habían resultado heridas. La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití confirmó el balance mientras las familias lloraban sobre los cuerpos de sus vecinos.

No era la primera vez. Desde 2025, Kenscoff ha soportado una docena de ataques de grupos criminales, cada uno dejando casas quemadas y miles de personas huyendo. El de esta madrugada no fue una excepción, sino la culminación de un patrón que ha ido vaciando el barrio de vida. Decenas de policías intentaron repeler a los atacantes durante la noche y algunos resultaron heridos, pero ningún miembro de las pandillas apareció entre los fallecidos. Los residentes, con la comisaría a minutos del lugar de la masacre, exigieron la dimisión del jefe de policía local.

El gobierno respondió con un comunicado del primer ministro que condenó el 'ataque atroz' y prometió restablecer la autoridad estatal 'sin debilidad ni demora'. En Kenscoff, sin embargo, las palabras resonaban vacías frente a la indignación de quienes enterraban a sus muertos. Lo que necesitaban no eran declaraciones, sino presencia real del Estado. Según datos de la ONU, la violencia en Haití ya había causado al menos 2.310 muertes y más de 1.100 heridos en los primeros cinco meses de 2026. Kenscoff era un episodio más en una crisis que se extiende por todo el país, donde las pandillas armadas siguen imponiendo sus propias reglas.

En la madrugada del lunes, pandillas armadas asaltaron la comunidad de Kenscoff, ubicada en las alturas que rodean Puerto Príncipe, dejando un saldo de al menos 47 muertos y 22 heridos. La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití confirmó los números mientras las familias lloraban sobre los cadáveres tendidos en las calles del barrio.

Kenscoff ocupa una posición estratégica en el mapa de Haití: desde allí se divisan las rutas de acceso a la capital, lo que la convierte en un punto de disputa constante entre grupos criminales. Desde 2025, la comunidad ha soportado una docena de ataques de pandillas armadas. Cada incursión ha dejado su marca: casas incendiadas, vidas destrozadas, miles de personas huyendo hacia cualquier lugar que les ofreciera seguridad. El ataque de esta madrugada no fue una excepción, sino la culminación de un patrón de violencia que ha vaciado el barrio de sus habitantes.

La respuesta oficial llegó rápido pero insuficiente. Decenas de policías intentaron repeler a los atacantes durante la noche, y algunos resultaron heridos en el enfrentamiento. Sin embargo, ningún miembro de las pandillas fue identificado entre los fallecidos. Los residentes, viendo a sus vecinos muertos a apenas minutos de la comisaría local, exigieron la dimisión del jefe de policía. La pregunta que flotaba en el aire era clara: ¿dónde estaba la protección que el Estado debía garantizar?

El gobierno de Haití condenó el "ataque atroz" a través de un comunicado de la oficina del primer ministro publicado en redes sociales. Prometió reforzar la seguridad y restablecer la autoridad estatal "sin debilidad ni demora". Las palabras sonaban firmes, pero en Kenscoff, donde las familias enterraban a sus muertos, la indignación ciudadana era palpable. No eran promesas lo que necesitaban, sino protección real, presencia del Estado, una razón para creer que sus hijos podrían dormir sin miedo.

Los números nacionales pintaban un cuadro aún más desolador. Según datos de la ONU, en los primeros cinco meses de 2026, la violencia en Haití había causado al menos 2.310 muertes y 1.106 heridos. Kenscoff era solo un episodio en una crisis que se extendía por todo el país, un recordatorio de que la seguridad en Haití seguía siendo un lujo que la mayoría no podía permitirse. Mientras el gobierno hablaba de restablecer autoridad, la realidad en las calles era que las pandillas armadas seguían escribiendo las reglas del juego.

Kenscoff no será abandonado. La autoridad del gobierno será restablecida, sin debilidad ni demora.
— Oficina del primer ministro de Haití
Residentes exigieron la dimisión del jefe de policía, alegando que los agentes no protegieron a las personas que murieron a pocos minutos de la comisaría.
— Comunidad de Kenscoff
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