Delincuentes y 'gota a gota' aprovechan terremoto en Colombia para estafar damnificados

Miles de personas damnificadas por el terremoto están siendo víctimas de extorsión, estafas y presión de delincuentes que aprovechan su vulnerabilidad económica.
Delincuentes utilizaban edificios dañados como escondites para robar de noche
La Policía descubrió que criminales aprovechaban la infraestructura destruida por el terremoto para acceder a establecimientos financieros.
Mark

¿Por qué el terremoto específicamente abrió esta oportunidad? ¿No hay estafas y extorsión en tiempos normales?

Mimi

Las hay, claro. Pero en una emergencia, la gente está desesperada y vulnerable. Además, la policía está dispersa atendiendo rescates y búsqueda de desaparecidos. Los delincuentes ven un vacío.

Mark

¿Cómo funciona exactamente el 'gota a gota' en este contexto? ¿Es diferente de lo que hacían antes?

Mimi

No es diferente en esencia, pero es más brutal. Antes cobraban dinero. Ahora, como la gente no tiene dinero, exigen bienes: la casa que quedó en pie, el carro, lo que sea. Es extorsión pura.

Mark

¿Y las estafas por WhatsApp? ¿Realmente la gente cae en eso después de un terremoto?

Mimi

Sí. Porque ven un anuncio de electrodomésticos baratos y piensan: necesito reconstruir mi casa. Necesito una lavadora. El precio es bajo. Parece legítimo. Ingresan sus datos. Desaparece el dinero.

Mark

¿Qué tan organizado es esto? ¿Son bandas diferentes o es todo coordinado?

Mimi

Parece ser una convergencia. Los 'gota a gota' de Cordillera tienen su estructura. Los estafadores digitales tienen la suya. Pero todos ven lo mismo: una ciudad en crisis, personas sin dinero, sin defensa.

Mark

¿Qué significa que usen edificios derrumbados como escondites?

Mimi

Significa que el terremoto no solo destruyó casas. Destruyó el orden. Los delincuentes pueden moverse por la ciudad de formas que antes no podían. Hay caos. Hay lugares donde nadie mira.

Mark

¿Qué pasa después? ¿Esto se detiene o continúa?

Mimi

Continúa mientras haya damnificados sin recursos y policía sin capacidad de vigilancia total. La Policía identificó a 80 integrantes de Cordillera, pero eso es solo lo que detectaron. La reconstrucción va a tomar años. El crimen también.

  • Los 'gota a gota' de Cordillera no suspendieron sus cobros tras el terremoto; los intensificaron, exigiendo a víctimas sin hogar que entregaran lotes, vehículos y bienes a cambio de una supuesta condonación de deudas.
  • Estafadores digitales inundaron WhatsApp, correos y redes sociales con ofertas de electrodomésticos a precios irresistibles, usando páginas falsas que imitaban marcas legítimas para robar datos bancarios de personas desesperadas por reequipar sus hogares.
  • Delincuentes usaron edificios dañados y zonas de escombros como refugios diurnos, y en la madrugada del 24 de agosto intentaron vulnerar una caja fuerte con 100 millones de pesos en el Banco Mundo Mujer, siendo frustrados por la Policía.
  • Trabajando con el Gaula, las autoridades identificaron más de 80 integrantes de la estructura Cordillera y rastrearon números telefónicos vinculados a estafas, mientras emitían alertas para que la ciudadanía no acceda a plataformas financieras por enlaces de desconocidos.

Cuando la tierra tembló en Colombia el 10 de agosto, no solo cayeron muros: también se abrieron grietas que el crimen organizado supo explotar con rapidez. En Pereira, mientras miles de damnificados intentaban recomponerse, prestamistas ilegales, estafadores digitales y ladrones de bancos convergieron sobre la emergencia como si la catástrofe fuera un mercado. La Policía Metropolitana, al detectar este patrón, nos recuerda que toda crisis humana tiene dos frentes: el del desastre y el de quienes se alimentan de él.

El terremoto del 10 de agosto en Colombia dejó algo más que destrucción material: abrió una ventana de oportunidad para el crimen organizado. En las semanas siguientes, la Policía Metropolitana de Pereira comenzó a documentar un patrón alarmante: distintas modalidades delictivas convergiendo sobre los mismos damnificados que ya lo habían perdido todo.

La amenaza más agresiva provino de los 'gota a gota' de Cordillera, prestamistas ilegales que no solo siguieron cobrando deudas a personas con las casas en ruinas, sino que escalaron sus exigencias. La propuesta era perversa en su lógica: entregar lotes, carros o motocicletas y, a cambio, la deuda quedaba perdonada. Era extorsión con apariencia de negociación.

En paralelo, otro frente se desplegaba en el mundo digital. A través de WhatsApp, correo electrónico y redes sociales, estafadores ofrecían electrodomésticos a precios tentadores. Los enlaces conducían a páginas que copiaban con exactitud el diseño de empresas legítimas. El objetivo era capturar datos bancarios y personales; una vez ingresados, el dinero desaparecía sin rastro.

La Policía también observó cómo los escombros del terremoto se convertían en infraestructura criminal: edificios dañados usados como escondites durante el día, y por la noche, intentos de asalto a entidades financieras. En la madrugada del 24 de agosto, dos delincuentes fueron sorprendidos tratando de abrir una caja fuerte con cerca de 100 millones de pesos en el Banco Mundo Mujer.

Con apoyo del Gaula, las autoridades identificaron más de 80 integrantes de Cordillera vinculados al 'gota a gota' y rastrearon números usados en las estafas. Su mensaje a la ciudadanía fue claro: no seguir enlaces de desconocidos, desconfiar de ofertas no solicitadas y verificar directamente con las instituciones antes de compartir cualquier dato. El terremoto había expuesto no solo la fragilidad del suelo colombiano, sino también la velocidad con que el crimen sabe adaptarse al dolor ajeno.

El terremoto que sacudió Colombia el 10 de agosto dejó más que escombros y casas destruidas. Dejó una puerta abierta. En las semanas posteriores, mientras miles de personas intentaban reconstruir lo que habían perdido, la Policía Metropolitana comenzó a detectar un patrón inquietante: delincuentes de toda clase convergiendo en Pereira, aprovechando el caos de la emergencia para ejecutar estafas, extorsiones y robos contra los mismos damnificados que ya lo habían perdido todo.

La modalidad más agresiva involucra a los llamados 'gota a gota' de Cordillera, prestamistas ilegales que operan en la ciudad. Según información que obtuvo la Policía, estos grupos no solo continuaban cobrando deudas preexistentes a personas cuyas casas estaban en ruinas, sino que escalaron sus tácticas. Comenzaron a exigir pagos bajo una propuesta que sonaba casi a negociación: entrega de lotes, automóviles, motocicletas y otros bienes de valor, y a cambio, perdonaban la deuda. Era extorsión disfrazada de solución.

Paralelamente, otro tipo de delincuentes operaba en el espacio digital. Utilizaban WhatsApp, correo electrónico y redes sociales para ofrecer paquetes de electrodomésticos a precios que parecían demasiado buenos para ser verdad: licuadoras, lavadoras, otros utensilios del hogar. Los enlaces que enviaban llevaban a páginas que copiaban con precisión los logotipos, las fotografías y los nombres de empresas legítimas. El objetivo era simple: capturar datos bancarios, números de tarjeta, información personal. Una vez que la víctima ingresaba sus datos en el formulario fraudulento, el dinero desaparecía.

La Policía también documentó un cambio en la geografía del crimen. Los delincuentes estaban utilizando las propias cicatrices del terremoto como infraestructura criminal. Edificios dañados, zonas derrumbadas, montones de escombros: todo servía como escondite durante el día. Por la noche, entraban en establecimientos financieros. El 24 de agosto, durante la madrugada, la Policía frustró un intento de robo en una sucursal del Banco Mundo Mujer. Dos delincuentes fueron sorprendidos intentando vulnerar una caja fuerte que contenía aproximadamente 100 millones de pesos. Habían aprovechado las condiciones de emergencia para acceder al edificio.

La escala de la operación criminal era más amplia de lo que sugería cualquier incidente aislado. Trabajando con el Gaula, la unidad especializada en extorsión, la Policía identificó más de 80 integrantes de la estructura Cordillera vinculados específicamente a la modalidad de 'gota a gota'. También lograron identificar números telefónicos utilizados en las estafas y los esquemas de préstamos ilegales. Las autoridades emitieron recomendaciones básicas pero críticas: no ingresar a plataformas financieras a través de enlaces enviados por desconocidos, desconfiar de cualquier comunicación que llegara sin ser solicitada, verificar directamente con las instituciones antes de proporcionar información personal.

Lo que el terremoto había revelado no era solo la fragilidad de la infraestructura física de Colombia, sino también la velocidad con la que el crimen organizado podía adaptarse a una crisis. Mientras las autoridades trabajaban para restaurar servicios básicos y contar a los damnificados, una red de delincuentes estaba contando también: contando cuánto dinero podían extraer de personas que ya no tenían nada que perder.

Los 'gota a gota' exigían el pago de deudas a cambio de entregar lotes, carros, motocicletas y otros bienes de propiedad de los damnificados, con el supuesto propósito de condonar la deuda
— Policía Metropolitana
Los delincuentes estaban utilizando edificaciones afectadas, zonas derrumbadas y lugares con escombros como escondites para posteriormente ingresar durante la noche a establecimientos financieros
— Autoridades
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