La Guaira intenta reactivarse dos meses después de los terremotos, pero sin turismo y entre ruinas

Seis vendedores del Mercado El Mosquero fallecieron en el colapso de las OPPPE; muchos comerciantes perdieron viviendas, familiares y amigos; miles de trabajadores enfrentan desempleo inevitable.
Perdió a clientes que veía todos los días
Abel Salcedo, dueño de bodega, sobre los clientes que vivían en edificios colapsados.
Mark

¿Por qué algunos comerciantes decidieron abrir tan rápido si perdieron casi todo?

Mimi

Porque la alternativa era quedarse sin nada. Alejandra abrió su carpa dos semanas después de perder su peluquería. No tenía un local reconstruido, pero tenía manos y sabía hacer manicura. Para ella, trabajar era también una forma de ayudar a la comunidad en el momento más difícil.

Mark

Pero si el turismo desapareció, ¿quién compraba en esos negocios?

Mimi

Eso es lo que cambió todo. Los clientes ya no eran turistas de Caracas. Ahora son rescatistas, policías, militares, funcionarios. Henry Jiménez en la empanadería Los Mou vende a quienes trabajan en el control del tránsito y las demoliciones. Abel Salcedo en la bodega vende a los mismos que protegen su negocio contra los saqueos.

Mark

¿Y los clientes que tenían antes?

Mimi

Muchos murieron. Vivían en las OPPPE que colapsaron. Abel dice que perdió a clientes que veía todos los días. No es solo una pérdida económica. Es perder a la gente que daba sentido a tu negocio.

Mark

¿Qué tan grave es la situación económica realmente?

Mimi

De 7.000 comercios, solo 1.752 funcionan. Los economistas proyectan una contracción de entre 55% y 70%. Una encuesta encontró una caída de 80% en los ingresos. El 84% de los negocios no puede garantizar que mantendrá sus empleados.

Mark

¿Hay esperanza de recuperación?

Mimi

El gobierno prometió 20,5 millones de dólares. Pero Carlos Franco, dueño del Café Alejandrina, dice que entre los anuncios y la reapertura existe una distancia que los comerciantes conocen bien. Los negocios operan al 40% de su capacidad. La reconstrucción tardará años.

Mark

Entonces, ¿por qué siguen abriendo las puertas?

Mimi

Porque es lo que saben hacer. Hover Cardona, que vio a su ciudad natal en Colombia sufrir un sismo devastador hace poco, lo dice bien: estés donde estés, algo puede pasar. Y estemos en la situación que estemos, es importante seguir adelante, abrir las puertas y poner tu lugar a trabajar.

  • De 7.000 comercios previos, solo 1.752 funcionan dos meses después
  • Daños directos estimados en 4.982 millones de dólares según el Banco Mundial
  • Proyección de contracción económica entre 55% y 70% para el tercer trimestre de 2026
  • Seis vendedores del Mercado El Mosquero fallecieron en el colapso de las OPPPE
  • Más de 15.000 personas trabajaban en turismo; el flujo prácticamente desapareció

De 7.000 comercios previos al desastre, apenas 1.752 sobreviven operando. Las proyecciones económicas son severas con contracciones estimadas entre 55% y 70% para el tercer trimestre. El turismo prácticamente desapareció; comerciantes ahora atienden a rescatistas y funcionarios. Muchos perdieron viviendas, familiares y clientes que vivían en edificios colapsados como las OPPPE.

Dos meses después de los terremotos en La Guaira, Venezuela, solo 1.752 de 7.000 comercios funcionan. La economía se contrajo drásticamente con pérdidas estimadas en 4.982 millones de dólares, mientras comerciantes luchan por reconstruir entre escombros y sin turismo.

Dos meses después de que dos terremotos sacudieron La Guaira en junio, Alejandra regresó al trabajo bajo una carpa de lona en Playa Verde, en Catia La Mar. Había perdido su peluquería. Ahora ofrece manicura y pedicura a sus vecinos a precios bajos, a veces gratis. Su primo, Jhonny Moisés Acosta, atiende a pacientes de fisioterapia en otra carpa cercana. Ambos montaron sus estaciones gracias a donaciones de mesas, luces y materiales. Son imágenes pequeñas de un problema enorme.

De los casi 7.000 comercios que funcionaban antes del desastre, apenas 1.752 permanecen abiertos. El gobernador Alejandro Terán informó de este censo a finales de julio. Los economistas proyectan que la actividad económica podría contraerse entre un 55% y un 70% durante el tercer trimestre de 2026 respecto del año anterior. El Banco Mundial estima los daños directos en La Guaira en 4.982 millones de dólares. Detrás de esa cifra hay personas como Alejandra, intentando volver a producir.

En el Mercado El Mosquero, en Maiquetía, el ruido de los cuchillos sobre las tablas y el agua corriendo por el piso dan una apariencia de normalidad. Pero los puestos vacíos cuentan otra historia. Seis vendedores nunca reabrieron. Según Daniel Arvel, uno de los trabajadores, quienes operaban esos puestos fallecieron en el colapso de las OPPPE, edificios residenciales que se derrumbaron. Los comerciantes que sí regresaron cargan con pérdidas profundas: viviendas destruidas, familiares muertos, amigos desaparecidos. Aun así, cada mañana vuelven a limpiar, cortar, pesar y vender. Una encuesta de la Cámara de Comercio de La Guaira encontró una caída de 80% en los ingresos del sector productivo. A esto se sumó otro golpe: rumores falsos en redes sociales afirmaban que el pescado estaba contaminado, alejando a los clientes.

Durante décadas, La Guaira vivió del turismo. Más de 15.000 personas trabajaban en actividades vinculadas a los balnearios. Después de los terremotos, ese flujo prácticamente desapareció. Con las playas más afectadas, como Macuto y Caraballeda, todavía restringidas, los negocios que sobrevivieron tuvieron que aprender a trabajar con una clientela distinta. En la empanadería Los Mou, Henry Jiménez estuvo cinco semanas sin abrir. Cuando finalmente levantó la puerta, lo hizo con una idea sencilla: que sus clientes supieran que el negocio seguía allí. Ahora su clientela son policías, rescatistas y familiares que buscan a sus seres queridos. Las ventas disminuyeron, pero hay gente que sigue necesitando sus servicios. Frente a las OPPPE de Caraballeda, Abel Salcedo abrió su bodega quince días después del terremoto. El sismo destruyó su mercancía: todas las botellas de alcohol se rompieron. Hoy, policías, militares y rescatistas forman buena parte de su clientela. Su presencia incluso ha tenido un efecto inesperado: ha ayudado a proteger los pocos comercios abiertos contra los saqueos. Pero para Salcedo, la pérdida más profunda fue otra: la mayoría de sus clientes vivían en las OPPPE que colapsaron. Perdió a clientes que veía todos los días.

En Camurí Chico, Pollos Jack abrió prácticamente de inmediato. Al día siguiente del terremoto, sus trabajadores encontraron las neveras dañadas y comida que podía perderse. Decidieron repartirla entre las personas afectadas. Desde entonces, el restaurante ha mantenido sus puertas abiertas para quienes llegan a trabajar en las labores de rescate y recuperación. En La Guaira, la economía se mueve alrededor de una realidad que nadie quisiera que durara: una ciudad donde los turistas fueron reemplazados temporalmente por quienes llegaron para enfrentar sus consecuencias.

En la avenida La Playa de Caraballeda, el Café Alejandrina se levanta literalmente entre los escombros. A su alrededor, todos los edificios colapsaron. Su estructura resistió, aunque sufrió daños moderados. Su dueño, Carlos Franco, lleva 56 años en La Guaira. Durante décadas convirtió un pequeño espacio en el Centro Comercial Costa del Sol en un negocio conocido. Años después abrió un nuevo local con terraza, música en vivo, servicio desde el desayuno hasta la madrugada. De sus 65 trabajadores, apenas unos 15 podrán regresar. Muchos perdieron sus casas, familiares o amigos. Él mismo perdió su vivienda. Aun así, está trabajando en las reparaciones y espera volver a abrir en unos 20 días. Una encuesta de la Cámara de Comercio indica que el 84% del Litoral no puede garantizar la preservación de puestos de trabajo y que más del 30% anticipa despidos inevitables.

En el Mercado Comunitario de La Guaira, la recuperación ocurre bajo retazos de carpas humanitarias. El terremoto dañó el mercado y posteriormente un incendio destruyó buena parte de los equipos. José Graterol ahora vende charcutería desde un espacio improvisado, pero calcula que reconstruir su puesto le tomará años. Una nevera de charcutería cuesta 7.500 dólares. Una rebanadora buena cuesta 2.500. Una encuesta de Ecosistema muestra que los negocios encuestados operan al 40% de su capacidad; más del 70% funciona a menos de la mitad. El gobierno prometió 20,5 millones de dólares para 2.300 comercios formales, emprendedores y pequeñas y medianas empresas como parte del Plan Venezuela Renace. Pero entre los anuncios y la reapertura existe una distancia que los comerciantes conocen bien. Frente al Café Alejandrina, en una avenida donde casi todo quedó destruido, solo otro negocio mantiene las puertas abiertas: una autocerrajería manejada por Hover Cardona, nacido en Pereira, Colombia, que lleva más de 30 años en La Guaira. En una ciudad donde tantas puertas se cerraron de golpe, mantener una abierta tiene un significado que va más allá de un negocio. Las carpas de Alejandra, los puestos abiertos de El Mosquero y los negocios que intentan levantar sus persianas no son todavía señales de una recuperación económica. Son algo más incipiente: señales de que, incluso después de perderlo casi todo, hay personas que todavía están dispuestas a apostar por el regreso de La Guaira.

Monté mi carpa para ofrecer mis servicios a la comunidad. Con trabajo nos podemos recuperar, y también podemos ayudar a la comunidad en este momento tan difícil
— Alejandra, peluquera que reabrió bajo una carpa
Estés donde estés, algo puede pasar. Y estemos en la situación que estemos, es importante seguir adelante, abrir las puertas y poner tu lugar a trabajar
— Hover Cardona, dueño de autocerrajería
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