En los primeros días de abril de 2021, Uruguay cruzó el umbral simbólico de mil muertes por COVID-19, sellado por la peor jornada de la pandemia en ese país: treinta y cinco fallecidos en un solo día. La tragedia no distinguió edades ni geografías, aunque Montevideo cargó con el peso mayor. En medio de unidades de cuidados intensivos al límite y el clamor unánime de la comunidad médica, el Gobierno eligió la libertad sobre el confinamiento, apostando a que la vacunación —ya en marcha— podría torcer el rumbo antes de que el sistema colapsara.
Uruguay supera 1.000 muertes por COVID-19 con récord de 35 fallecimientos en un día
No cree en un estado policíaco, dijo el presidente
¿Por qué Uruguay llegó a este punto? ¿Qué pasó entre marzo de 2020 y abril de 2021?
El país tuvo un manejo inicial relativamente controlado, pero la variante más contagiosa llegó y cambió todo. En pocas semanas pasaron de una situación manejable a mil muertes.
El reporte no explica realmente qué cambió. Sabemos que hubo un rebrote, pero no sabemos si fue por relajación de medidas, variantes nuevas, o qué.
¿Y por qué el presidente rechaza el confinamiento si los médicos hablan de catástrofe?
Dice que no quiere un "estado policíaco". Parece ser una cuestión de filosofía política sobre cómo responder a la crisis.
Pero eso es su posición declarada. No sabemos qué presiones políticas o económicas estaban detrás, o si había debate dentro del Gobierno.
¿Qué tan saturado estaba realmente el sistema de salud?
Al setenta por ciento de capacidad en cuidados intensivos, con casi la mitad de esas camas siendo pacientes COVID. Eso es bastante grave.
Grave, sí, pero el reporte no dice si eso significa que estaban rechazando pacientes, si había esperas, o cuál era el punto de quiebre real.
¿Las muertes en gente joven eran inusuales?
Tres personas menores de cincuenta años en un solo día es notable. Sugiere que la variante era más agresiva o que había más transmisión en grupos más jóvenes.
Tres casos no es una tendencia estadística. Necesitaríamos saber si eso era típico o una excepción en ese día en particular.
El Pulso
- Uruguay registró 35 muertes en un solo día, su peor cifra desde el inicio de la pandemia, superando la barrera de los mil fallecidos acumulados.
- Las UCI operan al 70% de capacidad y casi la mitad de esas camas están ocupadas por pacientes COVID-19, encendiendo alarmas de colapso inminente.
- El Sindicato Médico y múltiples sociedades científicas emitieron un comunicado urgente en redes sociales advirtiendo de una catástrofe sanitaria si el Gobierno no actúa para reducir la movilidad.
- El presidente Lacalle Pou rechazó el confinamiento al declarar que Uruguay 'no cree en un estado policíaco', minutos después de recibir su propia vacuna.
- Con más de 662.000 personas con al menos una dosis aplicada, la vacunación avanza, pero la ola de contagios y muertes no muestra señales de desaceleración.
En los primeros días de abril de 2021, Uruguay cruzó el umbral simbólico de mil muertes por COVID-19, sellado por la peor jornada de la pandemia en ese país: treinta y cinco fallecidos en un solo día. La tragedia no distinguió edades ni geografías, aunque Montevideo cargó con el peso mayor. En medio de unidades de cuidados intensivos al límite y el clamor unánime de la comunidad médica, el Gobierno eligió la libertad sobre el confinamiento, apostando a que la vacunación —ya en marcha— podría torcer el rumbo antes de que el sistema colapsara.
El jueves de la primera semana de abril de 2021, Uruguay cruzó un umbral que pocos querían imaginar: mil muertes acumuladas por COVID-19 desde que se declaró la emergencia sanitaria en marzo de 2020. Ese día, treinta y cinco personas fallecieron, la peor cifra registrada hasta entonces en una sola jornada. Las víctimas tenían entre veintitrés y noventa y cuatro años. Montevideo concentró dieciocho de esas muertes, incluyendo tres personas menores de cincuenta años.
Los contagios tampoco daban respiro. De más de quince mil análisis realizados ese jueves, casi dos mil setecientos casos nuevos fueron confirmados al sumar los rezagos de días anteriores. El país acumulaba más de ciento ocho mil casos desde el inicio de la pandemia, y cerca de veintidós mil personas cursaban la enfermedad activamente, trescientas sesenta de ellas en cuidados intensivos.
El sistema de salud sentía el peso. Las UCI operaban al setenta por ciento de su capacidad, con más de cuatro de cada diez camas ocupadas por pacientes COVID-19. La Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva y otras organizaciones médicas y científicas —observando que todo el territorio nacional estaba en rojo según el índice de riesgo de Harvard— exigían al Gobierno medidas concretas para frenar la movilidad, describiendo el escenario como el preludio de una catástrofe sanitaria.
Sin embargo, el presidente Luis Lacalle Pou mantuvo su postura. Días después, al vacunarse públicamente, reafirmó ante la prensa que Uruguay no creía en el confinamiento ni en un Estado policíaco. La campaña de vacunación avanzaba —más de seiscientas sesenta y dos mil personas ya tenían al menos una dosis— pero la ola de muertes y contagios seguía sin dar señales de ceder, dejando al país suspendido entre la esperanza de la vacuna y la urgencia de una crisis que no esperaba.
Uruguay cruzó el umbral de mil muertes por COVID-19 el jueves de la primera semana de abril, cuando el país registró su peor jornada hasta ese momento: treinta y cinco personas fallecieron en un solo día. Los decesos abarcaron un rango de edades que iba desde los veintitrés hasta los noventa y cuatro años, llevando el total acumulado desde que se declaró la emergencia sanitaria en marzo de 2020 a mil nueve muertes. Montevideo fue el departamento más golpeado, concentrando dieciocho de esas treinta y cinco muertes, entre ellas tres personas menores de cincuenta años.
La magnitud de la crisis se reflejaba en los números diarios de contagios. El Sistema Nacional de Emergencia reportó que de los quince mil ciento cuatro análisis realizados ese jueves, mil setecientos veintiocho resultaron positivos. A estos se sumaban novecientos trece casos de días anteriores que no habían sido reportados previamente, elevando el total de nuevos casos a dos mil seiscientos cuarenta y uno. Desde el inicio de la pandemia, Uruguay había acumulado ciento ocho mil ciento ochenta y ocho casos confirmados. En ese momento, veintiún mil novecientos setenta y nueve personas estaban cursando la enfermedad activamente, de las cuales trescientas sesenta se encontraban en cuidados intensivos.
La presión sobre el sistema de salud era evidente. Las unidades de cuidados intensivos operaban al setenta por ciento de su capacidad total: seiscientas seis camas ocupadas de las ochocientas sesenta y cinco disponibles. De esas camas ocupadas, el cuarenta y uno punto nueve por ciento estaban siendo utilizadas por pacientes con COVID-19. La Sociedad Uruguaya de Medicina Intensiva alertaba sobre esta saturación en sus reportes diarios, mientras que diferentes sociedades médicas y científicas del país, observando que todo el territorio nacional estaba clasificado en rojo según el índice de riesgo de Harvard —que marca más de veinticinco casos por cien mil habitantes—, pedían al Gobierno medidas efectivas para reducir la movilidad.
El Sindicato Médico de Uruguay, junto con sociedades científicas, gremios, organizaciones y facultades de salud, emitió un comunicado en redes sociales describiendo el escenario como crítico. Advertían que el aumento de casos estaba determinando la saturación de las áreas de cuidados intensivos y hablaban de una catástrofe sanitaria inminente. Sus llamados de alerta se hacían más urgentes conforme pasaban los días y los números no mejoraban.
Pero el Gobierno mantenía su posición. El lunes siguiente, el presidente Luis Lacalle Pou declaró a la prensa que Uruguay "no cree en un estado policíaco" y reafirmó que no confinaría a la población a pesar del rebrote de la primera ola de COVID-19, que estaba llevando el sistema de cuidados intensivos a una situación cercana al colapso. Lacalle Pou hizo esta declaración minutos después de vacunarse, sumándose a la lista de seiscientos sesenta y dos mil cuatrocientos veintiuno de personas que ya habían recibido la primera dosis de CoronaVac o Pfizer. Otros cincuenta y ocho mil novecientos cuarenta y cuatro habían completado el esquema con la segunda dosis. La vacunación avanzaba, pero la ola de contagios y muertes no daba señales de desaceleración.
Citas Notables
Uruguay no cree en un estado policíaco, por eso no confinará a la población pese al rebrote— Presidente Luis Lacalle Pou
Diferentes sociedades médicas y científicas advirtieron de una catástrofe sanitaria inminente debido a la saturación de cuidados intensivos— Sindicato Médico de Uruguay y sociedades científicas