Estudio de cinco años en 730 adultos identificó solo 22 nuevos casos de demencia, con prevalencia bajo 2%, pero incidencia similar a Estados Unidos y Europa. Los tsimane pierden volumen cerebral 70% más lentamente con la edad, vinculado a baja obesidad, hipertensión, diabetes y vida físicamente activa sin ultraprocesados.
Tsimane y mosetén: el enigma de la baja demencia en la Amazonía boliviana
Algo en el estilo de vida tsimane produce tasas de demencia menores
¿Por qué es importante que la incidencia sea similar a la de Estados Unidos si la prevalencia es tan baja?
Porque revela que el misterio no es que los tsimane desarrollen demencia más lentamente. Es que quienes la padecen no viven tanto tiempo con ella. La supervivencia es mucho más corta.
Pero eso plantea una pregunta incómoda: ¿estamos celebrando una baja prevalencia que en parte se explica por una mortalidad más alta? ¿Eso es realmente un modelo de envejecimiento saludable?
No es celebración. Es observación. Y sí, la mortalidad más alta explica parte de la baja prevalencia, pero no toda. Incluso ajustando por eso, la incidencia es baja en menores de 80 años.
¿Entonces qué está protegiendo a los tsimane de desarrollar demencia en primer lugar?
Probablemente una combinación: salud cardiovascular excepcional, actividad física constante, dieta sin ultraprocesados, y posiblemente genética. El cerebro envejece más lentamente.
Pero tienen inflamación elevada por infecciones. ¿Cómo es posible que sus cerebros se atrofien menos si están inflamados?
Esa es la pregunta que aún no tiene respuesta. La inflamación no parece dañar sus cerebros de la misma manera que daña los nuestros.
¿Y si intentamos replicar su estilo de vida en otras poblaciones? ¿Funcionaría?
Ese es el objetivo de la investigación. Pero es complicado. No se trata solo de hacer ejercicio y comer bien. Hay factores genéticos, ambientales, sociales que no se pueden aislar fácilmente.
Y además, el patrón de demencia que ven en los tsimane no es Alzheimer típico. Es principalmente vascular. ¿Eso significa que los hallazgos no aplican a poblaciones donde el Alzheimer es predominante?
Es una limitación importante. Pero sugiere que al menos para demencia vascular, hay factores modificables que funcionan.
Le Pouls
- Estudio de cinco años en 730 adultos identificó 22 nuevos casos de demencia con incidencia de 7,40 por mil personas-año
- Los tsimane pierden volumen cerebral 70% más lentamente con la edad que poblaciones industrializadas
- Prevalencia de demencia se mantuvo por debajo del 2%, pero supervivencia después del diagnóstico es 2-3 veces menor que en Estados Unidos
- Durante COVID-19, 71% de tsimane se infectaron pero solo murieron 3 personas con tasa de letalidad de 0,009%
Estudio de cinco años en 730 adultos identificó solo 22 nuevos casos de demencia, con prevalencia bajo 2%, pero incidencia similar a Estados Unidos y Europa. Los tsimane pierden volumen cerebral 70% más lentamente con la edad, vinculado a baja obesidad, hipertensión, diabetes y vida físicamente activa sin ultraprocesados.
Los tsimane y mosetén de Bolivia presentan baja prevalencia de demencia pese a incidencia comparable a países industrializados, revelando que factores como salud cardiovascular, estilo de vida y genética protegen sus cerebros del envejecimiento acelerado.
En la Amazonía boliviana, dos comunidades indígenas están revelando algo que los científicos apenas comienzan a entender: cómo envejecer sin perder la mente. Los tsimane y los mosetén presentan una prevalencia de demencia inusualmente baja, pero un estudio de casi cinco años publicado en Alzheimer's & Dementia sugiere que la respuesta no es simple. Durante ese período, investigadores siguieron a 730 adultos sin demencia y encontraron solo 22 diagnósticos nuevos, una tasa de 7,40 casos por cada mil personas-año. La prevalencia se mantuvo por debajo del 2%. Esos números parecen extraordinarios hasta que se examina más de cerca: la incidencia de nuevos casos es comparable a la documentada en Estados Unidos y el norte de Europa, especialmente entre personas menores de 80 años. Lo que diferencia a estas comunidades no es que desarrollen demencia más lentamente, sino que quienes la padecen enfrentan un riesgo de muerte más de seis veces mayor que quienes mantienen función cognitiva normal. La supervivencia media después del diagnóstico es entre dos y tres veces menor que la observada en estudios estadounidenses.
Esta distinción entre incidencia y prevalencia es crucial para entender qué está sucediendo. Benjamin Trumble, coautor del estudio y profesor de la Universidad Estatal de Arizona, lo expresó con precisión: no solo hay muy pocas personas viviendo con demencia en esta población, sino que también es bajo el número de personas que llega a desarrollarla. Algo en el estilo de vida tsimane produce tasas de demencia menores que las observadas en Estados Unidos. Los tsimane y mosetén viven en localidades de difícil acceso donde la economía cotidiana se basa en la caza, la pesca, la recolección y el cultivo. Para estas comunidades, la pérdida de capacidades cognitivas tiene consecuencias inmediatas: no poder organizar tareas, conseguir alimentos o desplazarse significa una amenaza directa a la supervivencia del hogar. Veintidós casos nuevos no bastan para determinar cuánto aporta cada variable individual, pero el estudio entrega información escasa en investigaciones sobre pueblos indígenas: un registro longitudinal que permite distinguir entre el riesgo de desarrollar demencia y el tiempo que se vive con ella.
La clave parece estar en cómo envejece el cerebro. En 2021, un equipo internacional analizó tomografías de 746 adultos tsimane de entre 40 y 94 años y las comparó con datos de tres poblaciones industrializadas de Estados Unidos y Europa. La diferencia de volumen cerebral entre la mediana edad y la vejez fue 70% menor entre los tsimane. La atrofia cerebral vinculada con la edad se asocia con deterioro cognitivo, pérdida de autonomía y demencia. Andrei Irimia, investigador de gerontología de la Universidad del Sur de California, sugirió que los tsimane ofrecen un experimento natural sobre los posibles efectos perjudiciales de los estilos de vida modernos. Los resultados sugieren que los factores asociados con un riesgo muy bajo de enfermedad cardíaca también podrían frenar de manera importante la atrofia cerebral. Esto es particularmente intrigante porque los tsimane están expuestos a una alta carga de infecciones respiratorias, gastrointestinales y parasitarias, registrando niveles elevados de inflamación. Sin embargo, sus cerebros mostraron una pérdida de volumen vinculada a la edad menor que la de las poblaciones occidentales.
Un estudio de 2017 en The Lancet ya había descrito un rasgo poco habitual: los tsimane tenían una prevalencia de aterosclerosis coronaria menor que la observada en cualquier otra población estudiada hasta entonces. Los investigadores relacionaron ese resultado con una vida físicamente activa, pocos factores de riesgo cardiovascular y una alimentación sin el peso de los ultraprocesados característicos de muchas sociedades urbanas. La baja frecuencia de obesidad, hipertensión, diabetes y tabaquismo puede reducir el daño vascular que afecta al cerebro con el paso de los años. Hillard Kaplan, profesor de economía de la salud y antropología de la Universidad Chapman, afirmó que un estilo de vida sedentario y una dieta rica en azúcares y grasas pueden acelerar la pérdida de tejido cerebral con la edad. Los tsimane pueden servir como referencia para estudiar el envejecimiento cerebral saludable. No se trata de idealizar un modo de vida que también implica enfermedades infecciosas, limitaciones de acceso a atención médica y condiciones materiales exigentes.
Lo que emerge del análisis más reciente es que la demencia en estas comunidades sigue un patrón diferente al típico. En muchos participantes con deterioro cognitivo o demencia, los problemas principales aparecieron en la atención, el razonamiento y la capacidad de administrar tareas, más que en la memoria, que suele ser el signo característico del Alzheimer. Los análisis preliminares de sangre asociaron los casos de demencia con mayores niveles de cadena ligera de neurofilamento, un marcador general de neurodegeneración. En cambio, no hallaron perfiles de amiloide o tau fosforilada típicos del Alzheimer. Las imágenes y las mediciones vasculares apuntaron a una posible contribución de lesiones en vasos sanguíneos. Margaret Gatz, profesora de psicología y gerontología de la Universidad del Sur de California y autora principal del trabajo, señaló que en la mayoría de los tsimane con deterioro cognitivo o demencia, el patrón de atrofia cerebral no es típico de la enfermedad de Alzheimer. Hay cambios que indican contribuciones vasculares al deterioro cognitivo y la demencia.
El estudio también vinculó los casos con la variante genética APOE ε4, uno de los factores de riesgo conocidos para Alzheimer. Gatz advirtió que esa asociación no prueba que los casos correspondan a Alzheimer, porque la variante interviene además en el transporte de lípidos y la respuesta inmunitaria. Se necesitan muchos más datos antes de poder determinar el peso relativo de los factores de estilo de vida y los genéticos. En general, se considera que ambos tienen funciones complementarias. Un estudio publicado este año en Social Science & Medicine añadió otra pieza al rompecabezas: durante la primera ola de COVID-19, el SARS-CoV-2 infectó al 71% de los tsimane y al 63% de los mosetén. Pese a esa alta circulación, solo murieron tres personas y las tasas de letalidad por infección fueron de 0,009% y 0,095%, respectivamente. Los autores describieron ese resultado como un caso de resiliencia epidemiológica. El trabajo no estudió demencia ni demuestra una relación entre la respuesta al coronavirus y la salud cerebral, pero incorpora al debate el papel del entorno inmunitario, junto con la actividad física, la dieta, la salud cardiovascular y la genética. Lo que está emergiendo es una imagen compleja: no un factor único, sino una constelación de condiciones que protegen el cerebro del envejecimiento acelerado.
Citations marquantes
Si logramos identificar los factores que protegen a las personas en la Amazonía boliviana y comprender los mecanismos biológicos que los sustentan, podríamos convertir esos conocimientos en nuevas formas de prevenir la demencia en otros lugares— Benjamin Trumble, coautor del estudio, Universidad Estatal de Arizona
En la mayoría de los tsimane con deterioro cognitivo o demencia, el patrón de atrofia cerebral no es típico de la enfermedad de Alzheimer. Hay cambios que indican contribuciones vasculares al deterioro cognitivo y la demencia— Margaret Gatz, autora principal del trabajo, Universidad del Sur de California