En un momento en que Brasil acumulaba casi medio millón de muertes por COVID-19, su Tribunal Supremo se reunió en sesión extraordinaria para decidir si el fútbol podía coexistir con la tragedia. La pregunta no era solo jurídica: era un reflejo de la tensión universal entre la continuidad de la vida colectiva y la responsabilidad ante el sufrimiento humano. Con el torneo a menos de tres días de comenzar, once magistrados tenían hasta la medianoche para pronunciarse sobre una decisión que Argentina y Colombia ya habían evitado tomar.
Tribunal Supremo de Brasil decide hoy si autoriza la Copa América en medio de la pandemia
Una absoluta temeridad y negligencia de las autoridades federales
¿Por qué Brasil aceptó organizar la Copa América tan de repente, si el país estaba en la peor fase de la pandemia?
Argentina y Colombia se retiraron como sedes originales. La Conmebol necesitaba un anfitrión, y Bolsonaro vio una oportunidad para demostrar que Brasil podía seguir funcionando normalmente a pesar del COVID-19.
Pero ¿cuál era la presión real sobre Bolsonaro? ¿Fue una decisión suya o de la Conmebol?
La fuente dice que Bolsonaro dio su "beneplácito", lo que sugiere que estuvo de acuerdo, pero no queda claro quién propuso qué primero.
¿Y los jueces? ¿Cómo votaron realmente?
Tres de los once votaron a favor. Dos rechazaron directamente los recursos de suspensión. Uno, Lewandowski, permitió el torneo pero con la condición de un plan de seguridad urgente.
Entonces no fue unánime. ¿Qué pasó con los otros ocho votos? La fuente dice que tenían hasta la medianoche, pero no dice cuál fue el resultado final.
Tienes razón. El artículo cubre el inicio del juicio y los primeros votos, pero no el resultado definitivo.
¿Qué tan grave era la situación sanitaria realmente?
17,1 millones de casos, casi 480.000 muertes, y un promedio de 60.000 contagios y 1.700 muertes diarias en esa última semana.
Esos números son del país en general, no específicamente del torneo. No sabemos cuántos contagios se atribuyeron después al evento.
¿Y los patrocinadores que se retiraron? ¿Eso fue antes o después de la decisión del tribunal?
Ambev y Mastercard anunciaron su retiro antes del fallo, como una forma de distanciarse del evento.
Il Polso
- Brasil asumió la organización de la Copa América en cuestión de días, heredando una crisis que sus predecesores rechazaron, mientras el país registraba 60.000 contagios y 1.700 muertes diarias.
- El Partido Socialista Brasileño llevó el caso al Tribunal Supremo, denunciando que celebrar el torneo en plena pandemia era una negligencia sanitaria de proporciones históricas.
- Tres magistrados votaron a favor del torneo, aunque uno condicionó su aprobación a la presentación urgente de un plan gubernamental de contención del virus, fracturando la unanimidad que Bolsonaro esperaba.
- Mastercard y Ambev retiraron su respaldo publicitario al evento, y los propios jugadores brasileños estuvieron al borde del boicot, convirtiendo la Copa América en un torneo que sus protagonistas y patrocinadores querían evitar.
- Con el fallo pendiente hasta la medianoche y el pitido inicial previsto para el domingo, el destino del torneo quedó suspendido entre la ley, la política y la epidemiología.
En un momento en que Brasil acumulaba casi medio millón de muertes por COVID-19, su Tribunal Supremo se reunió en sesión extraordinaria para decidir si el fútbol podía coexistir con la tragedia. La pregunta no era solo jurídica: era un reflejo de la tensión universal entre la continuidad de la vida colectiva y la responsabilidad ante el sufrimiento humano. Con el torneo a menos de tres días de comenzar, once magistrados tenían hasta la medianoche para pronunciarse sobre una decisión que Argentina y Colombia ya habían evitado tomar.
Apenas días después de que Brasil aceptara ser sede de la Copa América 2021 —tras la renuncia de Argentina y Colombia—, el Tribunal Supremo del país convocó una sesión virtual extraordinaria para votar sobre recursos que pedían suspender el torneo por razones sanitarias. Los once magistrados tenían hasta la medianoche del jueves para decidir, con el inicio del campeonato previsto para el domingo.
El contexto era devastador: más de 17,1 millones de casos confirmados de COVID-19, casi 480.000 muertes y un promedio semanal de 60.000 nuevos contagios y 1.700 decesos diarios. El Partido Socialista Brasileño argumentó ante la corte que el país atravesaba "la fase más aguda de la pandemia" y que albergar el torneo constituía una negligencia inaceptable de las autoridades federales.
El presidente Bolsonaro defendió la decisión apelando a que Brasil ya albergaba otras competiciones internacionales, desde las Copas Libertadores y Sudamericana hasta las eliminatorias mundialistas. Para él, la Copa América era simplemente una continuación de la actividad deportiva en curso.
Sin embargo, el tribunal no respondió con unanimidad. Dos magistradas votaron sin condiciones a favor del torneo, mientras que un tercer juez, Ricardo Lewandowski, aprobó su realización pero exigió al Gobierno un plan de seguridad urgente para contener la propagación del virus durante el evento.
La resistencia no vino solo del poder judicial. Mastercard y Ambev anunciaron que no asociarían sus marcas a esta edición, y los propios futbolistas brasileños estuvieron al borde del boicot antes de decidir participar. Un torneo que debía celebrar el fútbol sudamericano se había convertido, en cambio, en el escenario de una disputa más profunda: la que enfrenta la continuidad económica y deportiva con la responsabilidad colectiva ante una crisis sanitaria sin precedentes.
A las pocas horas de que Brasil aceptara ser anfitrión de la Copa América 2021, el Tribunal Supremo del país se vio obligado a resolver una pregunta que dividía al país: ¿podía celebrarse un torneo de fútbol continental en medio de la peor ola de contagios que había experimentado la nación? El jueves, los once magistrados de la corte iniciaron una sesión virtual extraordinaria para votar sobre varios recursos que pedían la suspensión del evento por razones sanitarias. Tenían hasta la medianoche para emitir sus votos, y el torneo estaba programado para comenzar el domingo.
Brasil había asumido la responsabilidad de organizar la Copa América apenas días antes, después de que Argentina y Colombia, las sedes originales, se retiraran. La decisión enfrentó una tormenta de críticas desde sectores políticos y de salud pública. El Partido Socialista Brasileño argumentaba que el país atravesaba "la fase más aguda de la pandemia" y que albergar el torneo representaba "una absoluta temeridad y negligencia de las autoridades federales para con la salud pública". Los números respaldaban la preocupación: Brasil acumulaba más de 17,1 millones de casos confirmados de COVID-19 y casi 480.000 muertes. En la última semana antes del juicio, el país registraba un promedio de cerca de 60.000 nuevos contagios y 1.700 decesos diarios.
El presidente Jair Bolsonaro había respaldado la decisión de organizar el torneo, minimizando la gravedad de la pandemia y cuestionando incluso la efectividad de las mascarillas y las vacunas. Su argumento era que Brasil ya estaba albergando otros eventos deportivos internacionales, como las Copas Libertadores y Sudamericana, así como las eliminatorias para el Mundial de Catar 2022, además del campeonato doméstico. Para Bolsonaro, la Copa América era simplemente una continuación de la actividad deportiva que ya se desarrollaba en el país.
Pero cuando los jueces comenzaron a votar, la posición del tribunal no fue unánime. Dos magistrados, Carmen Lucia Antunes y Marco Aurelio Mello, rechazaron los recursos que pedían la suspensión, votando a favor de que el torneo se realizara. Un tercer juez, Ricardo Lewandowski, también permitió la celebración del evento, pero impuso una condición importante: exigió que el Gobierno presentara de manera urgente un plan de seguridad integral para evitar la propagación del coronavirus durante el torneo. Su voto fue condicional, no incondicional.
La decisión del tribunal no fue la única señal de que la Copa América enfrentaba resistencia. Dos de los principales patrocinadores del evento, Mastercard y la cervecera Ambev, anunciaron que no expondrían sus marcas ni realizarían acciones publicitarias en esta edición del torneo. Era un gesto simbólico pero significativo: incluso los socios comerciales del evento querían distanciarse de él.
Los jugadores también habían considerado un boicot. Los futbolistas brasileños, en particular, estuvieron a punto de negarse a participar, criticando duramente la forma en que se había organizado el torneo. Al final decidieron jugar, pero su resistencia inicial reflejaba la tensión que atravesaba el evento. Aquí estaba un torneo que debería celebrar el fútbol sudamericano, pero que en cambio se había convertido en un símbolo de la disputa entre la continuidad de la actividad económica y deportiva, por un lado, y las preocupaciones legítimas sobre la salud pública, por el otro.
Mientras los once jueces completaban sus votos antes de la medianoche, el futuro de la Copa América pendía de su decisión. El torneo estaba programado para comenzar en menos de setenta y dos horas. Brasil, que había asumido la responsabilidad de ser anfitrión en las últimas horas, ahora esperaba que el máximo tribunal del país decidiera si esa responsabilidad podía cumplirse sin poner en riesgo aún más la salud de su población.
Citazioni salienti
Brasil atraviesa la fase más aguda de la pandemia y albergar la Copa América representa una absoluta temeridad y negligencia de las autoridades federales para con la salud pública— Partido Socialista Brasileño, en su recurso ante el Tribunal Supremo
Ricardo Lewandowski permitió la celebración del evento con la condición de que el Gobierno presente de manera urgente un plan de seguridad para evitar la propagación del coronavirus— Decisión del juez Ricardo Lewandowski