Sir Adrian Hill, el científico de Oxford que dedicó más de treinta años a vencer a la malaria, advierte que otra pandemia global no es una posibilidad remota sino una certeza diferida. Tras recibir el Premio Europeo de Inventor por una vacuna con 80% de eficacia contra un parásito que resistió más de cien intentos previos, Hill sostiene que el mundo salió del Covid-19 con capacidades científicas sin precedentes, pero también con heridas de desconfianza que aún no han cerrado. Su mensaje es tan urgente como universal: en un planeta interconectado, la salud de los más vulnerables es la primera l
Sir Adrian Hill: "No es si habrá otra pandemia, sino cuándo llegará"
La educación es el antídoto contra la desinformación
¿Por qué insiste tanto en que otra pandemia es inevitable?
Porque la historia nos lo muestra. Las enfermedades infecciosas no desaparecen. Surgen nuevas, saltan de animales a humanos, encuentran nuevas formas de propagarse. No es pesimismo, es realismo basado en lo que hemos visto una y otra vez.
Pero dice que estamos mejor preparados. ¿En qué sentido?
Ahora sabemos que podemos hacer una vacuna en un año. Eso cambió todo. Tenemos infraestructuras de vigilancia, laboratorios listos, ensayos clínicos que pueden comenzar rápidamente. Antes del Covid, nadie creía que fuera posible.
¿Y la desinformación? Parece que eso no se puede resolver tan rápido como una vacuna.
No, es más lento. Pero la educación funciona. La gente ve que las vacunas salvaron vidas durante la pandemia. Entienden. La confianza vuelve, aunque no tan rápido como nos gustaría.
Su trabajo en la malaria tomó treinta años. ¿Cómo se mantiene motivado cuando fracasa cien veces?
Porque sabes que el problema existe. Hay 282 millones de casos cada año. Hay niños que mueren. Eso no te deja rendirte. Y en algún momento, después de tanto intentar, entiendes mejor lo que estás buscando.
¿Por qué debería importarle a un europeo que la malaria mate a gente en África?
Porque vivimos en el mismo mundo. Las fronteras no detienen los virus. Si inviertes en salud en los países pobres, inviertes en tu propia seguridad. Es tan simple como eso.
El Pulso
- Hill declara con calma científica lo que muchos prefieren no escuchar: la próxima pandemia no es una amenaza hipotética, sino una cuestión de tiempo.
- La desinformación que creció durante el Covid-19 dejó una desconfianza social que podría convertirse en el talón de Aquiles de cualquier respuesta futura a una emergencia sanitaria.
- La comunidad científica demostró que puede crear una vacuna completamente nueva en un año, rompiendo un límite que hasta hace poco se consideraba imposible.
- En 2024, la malaria mató a 610.000 personas, tres cuartas partes de ellas niños menores de cinco años, una tragedia que la vacuna R21/Matrix-M está comenzando a revertir en África.
- Hill argumenta que Europa debe invertir en la salud de los países más pobres no por altruismo, sino por autoprotección: las epidemias no respetan fronteras ni pasaportes.
Sir Adrian Hill, el científico de Oxford que dedicó más de treinta años a vencer a la malaria, advierte que otra pandemia global no es una posibilidad remota sino una certeza diferida. Tras recibir el Premio Europeo de Inventor por una vacuna con 80% de eficacia contra un parásito que resistió más de cien intentos previos, Hill sostiene que el mundo salió del Covid-19 con capacidades científicas sin precedentes, pero también con heridas de desconfianza que aún no han cerrado. Su mensaje es tan urgente como universal: en un planeta interconectado, la salud de los más vulnerables es la primera línea de defensa de todos.
Sir Adrian Hill no habla de la próxima pandemia como una posibilidad, sino como una fecha sin confirmar en el calendario de la humanidad. El profesor de Oxford, cofundador del Instituto Jenner y ganador este año del Premio Europeo de Inventor, conversó con Euronews sobre lo que el Covid-19 enseñó al mundo y sobre lo que aún falta aprender.
La pandemia de coronavirus dejó una lección inesperada: la ciencia puede desarrollar una vacuna completamente nueva en un año. Hasta hace poco, incluso los expertos más reconocidos consideraban eso imposible. Hill subraya que esta velocidad no fue un golpe de suerte, sino el fruto de décadas de investigación e inversión en infraestructura. Los sistemas de detección de patógenos y los ensayos clínicos son hoy más ágiles que nunca. Pero la preparación técnica, advierte, no basta si la sociedad no confía en las herramientas que la ciencia ofrece. La desinformación creció durante la pandemia y dejó cicatrices. Su antídoto, dice Hill, es la educación, y la confianza se está recuperando, aunque lentamente.
Su trabajo en la malaria es una lección de paciencia y precisión. Durante más de treinta años, Hill persiguió una vacuna contra un parásito con cerca de cinco mil genes que había derrotado más de cien intentos anteriores. Su equipo identificó el objetivo correcto, diseñó una vacuna con múltiples regiones proteicas y eliminó los componentes que interferían con la respuesta inmune. El resultado fue una eficacia cercana al 80%, y la OMS la recomendó para uso generalizado en octubre de 2023.
Los números que rodean esa victoria son difíciles de sostener sin peso moral: en 2024 hubo 282 millones de casos de malaria y 610.000 muertes, con tres de cada cuatro fallecidos siendo niños menores de cinco años en África. Hill rechaza la idea de que esto sea un problema ajeno a Europa. En un mundo globalizado, una enfermedad que hoy mata en África puede cruzar fronteras mañana. Invertir en la salud de los países más pobres, insiste, no es generosidad: es inteligencia estratégica. La próxima pandemia llegará. La pregunta, dice, es si el mundo habrá decidido estar listo.
Sir Adrian Hill no cree que sea cuestión de si llegará otra pandemia, sino de cuándo. El profesor de Oxford, cofundador del Instituto Jenner y uno de los científicos más influyentes en el desarrollo de vacunas, ha ganado este año el Premio Europeo de Inventor por su trabajo en la vacuna contra la malaria. En una conversación con Euronews, Hill sostiene que aunque el mundo está mejor preparado hoy que antes del Covid-19, los desafíos que enfrenta la salud pública global siguen siendo enormes.
La pandemia de coronavirus dejó una lección inesperada pero profunda: la comunidad científica puede desarrollar una vacuna completamente nueva en el plazo de un año. Hasta hace poco, incluso los especialistas más reconocidos creían que esto requeriría varios años. Hill subraya que esta capacidad demostrada no es un accidente, sino el resultado de décadas de investigación fundamental y de inversiones en infraestructura. Los países ahora cuentan con sistemas más rápidos para detectar nuevos patógenos, desarrollar vacunas y poner en marcha ensayos clínicos. Esta velocidad de respuesta, dice, refuerza significativamente la capacidad global para enfrentar futuras crisis sanitarias.
Pero la preparación técnica no es suficiente. Hill reconoce que la desinformación sobre vacunas creció durante la pandemia y dejó cicatrices de desconfianza en la sociedad. Su respuesta es directa: la educación es el antídoto. Observa que la mayoría de las personas entiende ya que las vacunas jugaron un papel decisivo en el manejo de la crisis, y que la confianza se está recuperando gradualmente. Sin embargo, la batalla contra la información falsa seguirá siendo central en cualquier respuesta futura a una emergencia sanitaria.
El trabajo de Hill en la malaria ilustra tanto la promesa como la paciencia que requiere la innovación científica. Pasó más de treinta años investigando una vacuna contra un parásito que había resistido más de cien intentos anteriores de los investigadores. Cuando comenzó, todos esos esfuerzos habían fracasado. El parásito de la malaria tiene aproximadamente cinco mil genes, y el equipo de Hill tuvo que identificar cuál era el objetivo correcto. Desarrollaron una vacuna con múltiples regiones proteicas que el sistema inmunitario pudiera reconocer efectivamente, mientras eliminaban componentes innecesarios que podrían interferir con la respuesta inmune. El resultado fue una vacuna con una eficacia cercana al 80 por ciento.
Los números detrás de esta victoria son sobrecedores. En 2024, hubo aproximadamente 282 millones de casos de malaria en el mundo y 610 mil muertes. En la región africana de la Organización Mundial de la Salud, tres de cada cuatro muertes por malaria fueron de niños menores de cinco años. Las vacunas tradicionales contra la malaria no funcionaban bien en estos niños, en parte porque la diversidad genética del parásito hacía que una sola solución fuera insuficiente. La vacuna de Hill cambió eso. Tras décadas como un proyecto de laboratorio, se convirtió en una intervención de salud pública que ahora se despliega en un número creciente de países africanos. La OMS la recomendó oficialmente para uso generalizado en octubre de 2023.
Hill insiste en que los europeos no pueden ver la malaria como un problema lejano o ajeno. En un mundo globalizado, las epidemias cruzan fronteras con facilidad. La inversión en la salud de los países más pobres no es caridad: es seguridad propia. Una enfermedad que mata a cientos de miles de personas en África hoy puede llegar a Europa mañana. Esta perspectiva global es lo que distingue su pensamiento. No habla de preparación como defensa nacional, sino como responsabilidad compartida. La próxima pandemia llegará, dice. La pregunta es si el mundo estará listo.
Citas Notables
Hoy estamos mejor preparados para desarrollar vacunas frente a cualquier nuevo virus que aparezca. Podemos desarrollar una vacuna en el plazo de un año.— Sir Adrian Hill
El remedio contra la desinformación, en una palabra, es la educación. La mayoría de la gente entiende ya que las vacunas desempeñaron un papel decisivo en la gestión de la pandemia.— Sir Adrian Hill