En las afueras rurales de Tumaco, donde el Estado compite con sombras armadas por el control del territorio, combatientes disidentes intentaron el viernes tomar por asalto la base militar de El Gualtal. El ataque fue repelido sin víctimas reportadas, pero su significado trasciende el resultado táctico: revela que las fracturas internas del antiguo movimiento guerrillero no han apaciguado su capacidad de violencia, sino que la han multiplicado en facciones que ahora se disputan entre sí —y contra el Estado— un rincón fronterizo de Colombia donde la paz firmada aún no ha llegado.
Presuntas disidencias de las FARC atacan base militar en Nariño sin lograr ingreso
Los atacantes no lograron penetrar el perímetro de la instalación
¿Por qué atacarían una disidencia de las FARC a una base militar si saben que no pueden entrar?
Porque el territorio es lo que importa. Demostrar que pueden llegar hasta allí, que tienen presencia, que pueden movilizarse sin ser detenidos. Es una declaración de poder.
¿Y el hecho de que sea un grupo disidente atacando mientras otro grupo disidente está cerca? ¿Qué significa eso?
Significa que la paz de 2016 nunca se consolidó en lugares como Tumaco. Estos grupos no se disolvieron; se fragmentaron. Ahora compiten entre sí por las mismas rutas, los mismos cultivos, el mismo dinero del narcotráfico.
Los videos muestran soldados asustados. ¿Eso es inusual?
No. Lo inusual sería que no estuvieran asustados. Pero lo que importa es que mantuvieron la posición. Repelieron el ataque. Eso es lo que el Ejército necesitaba que sucediera.
¿Qué pasa ahora en Tumaco?
La tensión sigue. Estos grupos no desaparecen después de un ataque fallido. Buscan otra oportunidad, otro objetivo. Y la base militar sigue siendo un símbolo de presencia estatal en un lugar donde el Estado es débil.
The Pulse
- Combatientes uniformados del grupo disidente de Urías Rendón lanzaron un asalto directo contra una base militar en zona rural de Tumaco, desafiando abiertamente a las fuerzas del Estado.
- Los videos grabados desde dentro de la base muestran balas silbando y soldados refugiados bajo sus literas, capturando la crudeza de un enfrentamiento que duró lo suficiente para poner a prueba la disciplina de los defensores.
- Detrás del ataque no hay un solo enemigo: dos facciones rivales de las FARC —Iván Ríos y Urías Rendón— se disputan el territorio de Tumaco, convirtiendo la región en tablero de una guerra interna entre exguerrilleros.
- Los soldados lograron repeler el asalto sin que se reportaran heridos ni muertos, pero la base resistió más por disciplina que por sorpresa: los atacantes llegaron organizados y armados.
- La situación en Nariño permanece sin resolución: la presencia activa de grupos disidentes en zonas fronterizas de difícil acceso sigue desafiando la capacidad del Estado para garantizar seguridad fuera de los centros urbanos.
En las afueras rurales de Tumaco, donde el Estado compite con sombras armadas por el control del territorio, combatientes disidentes intentaron el viernes tomar por asalto la base militar de El Gualtal. El ataque fue repelido sin víctimas reportadas, pero su significado trasciende el resultado táctico: revela que las fracturas internas del antiguo movimiento guerrillero no han apaciguado su capacidad de violencia, sino que la han multiplicado en facciones que ahora se disputan entre sí —y contra el Estado— un rincón fronterizo de Colombia donde la paz firmada aún no ha llegado.
El viernes por la tarde, combatientes uniformados atacaron la base militar de El Gualtal, en las afueras rurales de Tumaco, Nariño. El asalto fue intenso pero breve: los atacantes no lograron penetrar el perímetro y fueron repelidos sin que se reportaran víctimas entre los defensores.
Lo que distingue este incidente es su dimensión interna. Las fuerzas militares identificaron a los atacantes como miembros del grupo disidente liderado por Urías Rendón, una de las escisiones de las FARC que nunca se acogió al acuerdo de paz. El ataque se produjo en medio de una disputa territorial con otra facción rival, la de Iván Ríos, convirtiendo a Tumaco en escenario de una guerra entre exguerrilleros que también desafía al Estado.
Los videos grabados por soldados dentro de la base revelan la tensión del momento: voces que gritan órdenes, advertencias sobre atacantes acercándose al perímetro, uniformados resguardados bajo sus literas mientras los disparos llegan desde múltiples direcciones. La disciplina sostuvo la defensa donde la sorpresa no existía.
El incidente subraya una realidad persistente en Nariño: en sus zonas rurales y fronterizas, donde el control estatal es frágil y el narcotráfico alimenta la disputa por el territorio, los grupos disidentes mantienen capacidad operativa y voluntad de enfrentar directamente a las fuerzas de seguridad. El ataque fue rechazado, pero la amenaza que lo originó no ha desaparecido.
El viernes por la tarde, combatientes uniformados lanzaron un ataque contra la base militar de El Gualtal, ubicada en las afueras rurales de Tumaco, un municipio en el departamento de Nariño, en el suroccidente de Colombia. El asalto fue breve pero intenso: los atacantes no lograron penetrar el perímetro de la instalación, según reportes de fuentes militares.
Lo que distingue este enfrentamiento es su origen interno. Las fuerzas militares identificaron a los atacantes como miembros de una de las disidencias de las FARC, específicamente del grupo liderado por Urías Rendón. El ataque ocurrió en medio de una disputa territorial entre dos facciones rivales de antiguos guerrilleros: el grupo de Iván Ríos y el de Urías Rendón, ambos escisiones de la organización original que firmó acuerdos de paz hace años. La zona de Tumaco, fronteriza y de difícil acceso, se ha convertido en un espacio de disputa entre estos grupos disidentes.
Los videos grabados por soldados dentro de la base capturan la crudeza del momento. En una grabación, se escucha a un uniformado gritando órdenes mientras las balas silban alrededor: instrucciones para que sus compañeros se agachen, advertencias sobre los atacantes acercándose al perímetro, llamados a cubrir posiciones elevadas. La voz transmite urgencia pero también disciplina, la cadencia de alguien entrenado para mantener el control bajo fuego. En otro video, soldados se resguardan debajo de sus literas mientras un compañero comenta que los atacantes están atrincherados, disparando desde múltiples direcciones.
A pesar de la intensidad del intercambio de fuego, no se reportaron heridos ni muertes en el enfrentamiento. Los defensores de la base lograron repeler el intento de entrada sin sufrir bajas, al menos según los reportes iniciales disponibles en las horas inmediatas después del ataque.
El incidente refleja una realidad persistente en Nariño: la presencia activa de grupos armados disidentes en zonas rurales y fronterizas, donde el control estatal es débil y los grupos ilegales compiten por territorio y recursos. Tumaco, en particular, ha sido escenario de violencia relacionada con el narcotráfico y la presencia de estas facciones durante años. El ataque a la base militar, aunque fue rechazado, subraya que estos grupos mantienen capacidad operativa y disposición para enfrentar directamente a las fuerzas de seguridad del Estado.
Notable Quotes
Agáchese, se nos metieron al batallón, en la juega, en la juega, cubran arriba, se nos van a meter, están cerquita al batallón— Soldado del Ejército Nacional grabado durante el enfrentamiento