Disidencias de las FARC atacan instalación militar en Cali con explosivos improvisados

Aunque no se reportaron heridos en este ataque, el incidente afectó directamente a familias civiles y menores en instalaciones educativas militares.
Un cilindro explosivo dentro de una escuela donde estudian los hijos de militares
El ataque contra el cantón militar de Cali alcanzó instalaciones educativas, subrayando el riesgo para civiles.
Mark

¿Por qué el Ejército dice que el ataque fue "demencial"? ¿Qué hace que esta acción sea diferente de otros ataques?

Mimi

Creo que la palabra refleja la frustración de los comandantes ante lo que ven como una contradicción: el grupo dice atacar objetivos militares, pero usa métodos que inevitablemente hieren civiles. Un cilindro explosivo en una escuela no es un accidente de guerra; es una realidad predecible.

Mark

¿Quién es exactamente el grupo Jaime Martínez? ¿Son los únicos disidentes de las FARC?

Mimi

Son una de varias facciones que se separaron después del acuerdo de paz. El Estado Mayor Central, que es quien negocia con el Gobierno, agrupa a varios de estos grupos. Pero la estructura es fragmentada, lo que hace difícil controlar o predecir acciones.

Mark

El Gobierno suspendió el cese al fuego hace poco. ¿Esto significa que la negociación terminó?

Mimi

No exactamente. La suspensión fue selectiva: solo en tres departamentos, después de un ataque contra indígenas. Es una pausa táctica, una forma de presión. Pero las negociaciones más amplias siguen en pie en otras regiones.

Mark

¿Qué significa que un cilindro cayera en una escuela? ¿Estaban los niños adentro?

Mimi

No sabemos si había clases en ese momento. Pero el hecho de que cayera allí muestra algo importante: estos grupos no tienen control preciso sobre sus armas. O no les importa dónde caen. Ambas cosas son igualmente preocupantes para las familias que viven allí.

Mark

¿Por qué siguen operando estos grupos si hay un acuerdo de paz?

Mimi

Porque el acuerdo nunca fue total. Algunos grupos se negaron a firmar, otros firmaron pero luego se dividieron. Las razones varían: desacuerdo político, control territorial, economía ilícita. La paz en Colombia es más un proceso que un estado final.

  • Cilindros explosivos lanzados desde un vehículo artesanal impactaron el cantón militar de Pichincha en Cali, extendiendo el daño a casas y un colegio dentro y fuera del perímetro castrense.
  • El general Erik Rodríguez calificó el ataque de 'demencial y cobarde', subrayando que fue dirigido deliberadamente contra familias de militares, incluidos menores en edad escolar.
  • Aunque no hubo heridos, la explosión en el interior de una institución educativa militar elevó la alarma sobre el carácter indiscriminado de las operaciones del grupo Jaime Martínez.
  • El ataque llega semanas después de que el Gobierno suspendiera el cese al fuego con el Estado Mayor Central en Nariño, Cauca y Valle del Cauca, precisamente por agresiones previas contra comunidades indígenas.
  • La violencia persiste en territorios donde las disidencias mantienen capacidad operativa, poniendo en evidencia la distancia entre los acuerdos de paz firmados y la realidad sobre el terreno.

En una tarde de abril, la ciudad de Cali fue sacudida por la detonación de cilindros explosivos contra el cantón militar de Pichincha, un acto atribuido a las disidencias de las FARC conocidas como el grupo Jaime Martínez. El ataque, que no dejó heridos, traspasó los límites del objetivo militar y alcanzó viviendas civiles e incluso un colegio donde estudian hijos de oficiales, recordándonos que la violencia armada rara vez respeta las fronteras entre combatientes y comunidades. Este episodio se inscribe en un ciclo de ruptura: el Gobierno colombiano ya había suspendido el cese al fuego en tres departamentos tras ataques previos contra comunidades indígenas, y la paz negociada sigue siendo un horizonte frágil.

El jueves por la tarde, una explosión rompió la calma de un sector residencial de Cali. Disidentes del grupo Jaime Martínez, facción surgida tras el acuerdo de paz de 2016, detonaron artefactos explosivos improvisados de tipo cilindro contra el cantón militar de Pichincha utilizando un vehículo con un sistema artesanal de lanzamiento. El incidente no dejó heridos, pero sus consecuencias se propagaron más allá del objetivo militar.

Al menos dos viviendas resultaron dañadas, una dentro y otra fuera del perímetro del cantón. El aspecto más perturbador fue que uno de los cilindros cayó dentro de un colegio ubicado en las instalaciones, donde estudian hijos de oficiales y suboficiales. El general Erik Rodríguez Aparicio, comandante del Comando Conjunto Número 2, denunció que el ataque estuvo dirigido deliberadamente contra las familias de los militares que residen en el cantón.

El episodio ocurre en un momento de tensión creciente en el proceso de paz colombiano. El Gobierno había suspendido recientemente el cese al fuego bilateral con el Estado Mayor Central —agrupación que reúne a varias disidencias de las FARC— después de que el mismo grupo atacara a una comunidad indígena, dejando una mujer muerta y dos heridos. Los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca quedaron expresamente excluidos de ese acuerdo.

El hecho de que un arma explosiva alcanzara una escuela subraya el carácter indiscriminado de estas acciones y la fragilidad de los territorios donde estos grupos mantienen presencia operativa, años después de que se firmara la paz.

El jueves por la tarde, una explosión sacudió un sector residencial de Cali, en el departamento del Valle del Cauca. Lo que comenzó como un ataque dirigido contra instalaciones militares terminó afectando a civiles que vivían en las proximidades. Según el relato de las autoridades militares colombianas, disidentes del antiguo grupo guerrillero de las FARC detonaron artefactos explosivos improvisados de tipo cilindro contra el cantón militar de Pichincha. El incidente no dejó heridos, pero la explosión se propagó más allá de su objetivo previsto.

El Ejército de Colombia atribuyó el ataque al grupo armado residual conocido como Jaime Martínez, una de las facciones que se desprendieron de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia tras el acuerdo de paz de 2016. Los atacantes utilizaron un vehículo equipado con un sistema artesanal de lanzamiento de cilindros explosivos, que detonaron en una zona residencial frente a la muralla del cantón militar. El general Erik Rodríguez Aparicio, comandante del Comando Conjunto Número 2 del Ejército, describió la acción con lenguaje severo, calificándola de "demencial y cobarde".

Lo que quedó claro en los reportes posteriores fue que el daño se extendió más allá de las instalaciones militares. Al menos dos viviendas particulares resultaron afectadas por la explosión. Una de ellas estaba fuera del perímetro del cantón militar; otra se encontraba dentro de las instalaciones. Pero el aspecto más preocupante del incidente fue que uno de los cilindros explosivos cayó dentro de un colegio ubicado dentro del cantón, donde estudian los hijos de oficiales y suboficiales del Ejército. El general Rodríguez enfatizó que el ataque había estado dirigido deliberadamente contra la población civil, específicamente contra las familias de militares que residen en el cantón de Pichincha.

Este ataque ocurre en un contexto de deterioro de las negociaciones de paz en Colombia. El Gobierno había suspendido hace poco el cese al fuego bilateral y temporal que mantenía con el Estado Mayor Central, la agrupación que reúne a varias disidencias de las FARC. La suspensión fue ordenada después de que el mismo grupo atacara a una comunidad indígena en la región, dejando una mujer muerta y dos personas heridas. Los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca, donde ocurrió el ataque de esta semana, fueron específicamente excluidos del acuerdo de cese al fuego.

El incidente en Cali refleja la persistencia de la violencia armada en zonas donde los grupos disidentes mantienen presencia y capacidad operativa. A pesar de los acuerdos de paz suscritos hace años, estas facciones continúan realizando operaciones que ponen en riesgo tanto a objetivos militares como a civiles. El hecho de que un arma explosiva haya alcanzado una escuela subraya el carácter indiscriminado de estas acciones y el riesgo constante que enfrentan las comunidades en territorios donde estos grupos operan.

De manera demencial y cobarde, detonaron un vehículo cargado con un sistema artesanal de lanzamiento de cilindros en una zona residencial
— General Erik Rodríguez Aparicio, comandante del Comando Conjunto Número 2 del Ejército de Colombia
Este ataque demencial iba claramente dirigido hacia la población civil inerme, a las familias de los militares que viven en el cantón militar de Pichincha
— General Erik Rodríguez Aparicio
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