Dos potentes sismos dejan 164 muertos y 971 heridos en Venezuela

Al menos 164 personas fallecidas y 971 heridas; cientos desaparecidas bajo escombros; familias desplazadas durmiendo a la intemperie sin acceso a refugios adecuados.
Ahora todo es más difícil
Una jubilada de 78 años compara el terremoto de 1967 con el actual, reflexionando sobre cómo ha cambiado Venezuela.
Mark

¿Por qué estos terremotos son tan significativos en la historia de Venezuela?

Mimi

No es solo la magnitud. Sí, 7.2 y 7.5 grados son los más fuertes en más de cien años. Pero lo que los hace devastadores es que caen sobre un país que ya estaba quebrado. La infraestructura de respuesta no existe. Los vecinos excavan con las manos porque no hay maquinaria. Eso es lo que Carmen Cecilia quiso decir: en 1967, Venezuela era distinto.

Mark

¿Qué rol juega la desconexión de redes sociales en todo esto?

Mimi

Es una capa más de crisis. Cuando la gente está atrapada bajo escombros, sus familias necesitan saber dónde están. Las redes sociales son cómo se coordinan los rescates informales, cómo se comparten ubicaciones de refugios. El gobierno bloqueó X hace meses por razones políticas. Ahora, en plena emergencia, esa desconexión mata.

Mark

¿Cómo explicas que tantos países ofrezcan ayuda tan rápidamente?

Mimi

Porque un terremoto no tiene ideología. El Salvador, Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Estados Unidos—países que normalmente no se hablan—todos enviaron equipos. Es lo que pasa cuando la naturaleza te golpea: la política se pausa. Pero también es un recordatorio de cuán frágil es Venezuela ahora, cuán poco puede hacer por sí sola.

Mark

¿Qué significa pasar la noche a la intemperie después de perder todo?

Mimi

Significa que no hay plan B. María Cristina Díaz no podía dormir en su casa porque podría derrumbarse. No había refugios organizados. Así que ella, su madre y su hija se sentaron en una plaza toda la noche, temblando de frío. Eso es lo que la crisis económica hace: te quita incluso la capacidad de responder a un desastre natural.

Mark

¿Cuál es la pregunta que nadie está haciendo?

Mimi

Dónde van a vivir estas personas mañana, la próxima semana, el próximo mes. Los edificios colapsaron. Las escuelas se convirtieron en refugios. Pero Venezuela no tiene recursos para reconstruir. Eso es lo que viene después del terremoto.

  • Terremotos de 7.2 y 7.5 grados, los más fuertes en más de 100 años
  • 164 muertos y 971 heridos reportados inicialmente
  • La Guaira fue uno de los estados más afectados
  • Sismo de 1967 causó 283 muertes con magnitud de 6.5 grados
  • Múltiples países ofrecieron asistencia humanitaria

Los terremotos fueron los más intensos registrados en Venezuela en más de 100 años, superando el sismo de 1967 que causó 283 muertes. Equipos de rescate trabajan en zonas afectadas como La Guaira mientras ciudadanos excavan entre escombros; múltiples países ofrecen asistencia humanitaria.

Dos potentes sismos de 7.2 y 7.5 grados sacudieron Venezuela dejando al menos 164 muertos y 971 heridos, los más fuertes en más de un siglo, causando colapso de edificios y daños en infraestructura crítica.

Venezuela despertó el miércoles a un país transformado. Dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudieron la nación sudamericana con una violencia que no se había registrado en más de cien años, dejando un saldo inicial de 164 muertos y 971 heridos según la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Los sismos no solo cobraron vidas: derrumbaron decenas de edificios, dañaron el principal aeropuerto del país y abrieron grietas profundas en las calles de ciudades enteras. Los equipos de rescate se desplegaron inmediatamente en las zonas más golpeadas, excavando entre los escombros en busca de sobrevivientes atrapados.

La Guaira, uno de los estados más castigados, se convirtió en el epicentro de la tragedia humana. En sus calles polvorientas, los supervivientes se abrazaban mientras contemplaban edificios reducidos a ruinas. Dayana Delgado, madre de tres hijos, buscaba desesperadamente a su hijo de ocho años, desaparecido entre los escombros. "Quiero saber dónde está, si está atrapado o en un refugio", suplicaba. Cristian Carreño, por su parte, había perdido su casa, su coche, su moto. "Lo he perdido todo, todo", repetía, aunque añadía con una mezcla de alivio y gratitud: "Al menos estamos vivos, gracias a Dios". Cientos de personas pasaron la noche a la intemperie, sin refugios adecuados, durmiendo en plazas despejadas o dentro de vehículos estacionados en las calles. María Cristina Díaz, trabajadora de limpieza de 41 años, no cerró los ojos en toda la noche, acurrucada con su madre e hija en la Plaza Candelaria. "Teníamos miedo que los edificios se nos vinieran encima. Pasamos frío", contó.

La magnitud de estos sismos solo se entiende en perspectiva histórica. El terremoto más cercano en potencia y consecuencias ocurrió el 29 de julio de 1967, cuando un sismo de 6.5 grados mató a 283 personas e hirió a unos 2,000. Carmen Cecilia, una jubilada de 78 años, vivió ambas tragedias. Recordaba estar viendo la serie del Zorro cuando el terremoto de 1967 la sacudió. "Pensé que no viviría para ver otro como ese", dijo a The Associated Press. "Salimos corriendo, no regresamos a casa hasta el día siguiente; pero no me asusté tanto como ahora". Para ella, la diferencia no era solo la magnitud del sismo, sino el estado del país. "En 1967 Venezuela era muy distinta. Ahora todo es más difícil".

Esa dificultad es el telón de fondo de la catástrofe. Venezuela, poseedora de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, atraviesa una crisis social, política y económica que ha empujado a millones a abandonar el país. Cuando los edificios se derrumbaron, no había maquinaria pesada lista en las calles. Los vecinos fueron quienes excavaron entre los escombros. Dayana Delgado se preguntaba dónde estaba la maquinaria que los funcionarios del gobierno habían prometido. La infraestructura de respuesta a desastres, como los puntos de reunión demarcados donde las personas pueden concentrarse después de un sismo, simplemente no existía en las ciudades venezolanas.

La comunidad internacional respondió rápidamente. Cuba, aliado histórico de Venezuela durante más de dos décadas hasta los recientes cambios políticos, envió personal de salud para atender a los damnificados. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció que "el personal cubano de la Salud coopera activamente en la atención a los damnificados". Desde El Salvador, el presidente Nayib Bukele movilizó 300 miembros de equipos de rescate y paramédicos, junto con 50 toneladas de equipamiento, medicamentos y suministros. Los presidentes de Argentina, Chile, República Dominicana, Bolivia, Panamá y Ecuador también ofrecieron asistencia. Estados Unidos, a través del subsecretario de Estado Christopher Landau, expresó solidaridad y se puso en contacto con las autoridades venezolanas para movilizar ayuda. Colombia, país limítrofe, reportó no tener ciudadanos afectados pero puso equipos especializados de búsqueda y rescate listos para desplegar si era necesario.

Mientras tanto, una batalla paralela se desarrollaba en el terreno de la información. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela solicitó al gobierno que levantara las restricciones sobre redes sociales, argumentando que el acceso a estas plataformas era fundamental "para la protección de la vida" y la seguridad de la población. Desde agosto de 2024, cuando el entonces presidente Nicolás Maduro ordenó el bloqueo de X y otros medios en un intento por suprimir la disidencia, Venezuela había estado desconectada de canales cruciales de comunicación de emergencia. En una crisis de esta magnitud, esa desconexión podría costar vidas.

El gobierno respondió con medidas prácticas. El Ministerio de Educación suspendió todas las actividades escolares en el país y ordenó que las escuelas se convirtieran en centros de acopio y refugios para las familias afectadas. Pero mientras las autoridades pedían que nadie regresara a casas con daños estructurales, cientos de personas no tenían otro lugar adonde ir. En las primeras horas después de los sismos, José Vitriago contó cómo sus vecinos y los equipos de rescate habían sido fundamentales para salvar vidas. Recordó con la voz entrecortada cómo más de una decena de personas que veían un partido del Mundial lograron escapar de un edificio en su vecindario justo antes de que se derrumbara. "Fue horrible, horrible", dijo. Los sismos se sintieron también en el Caribe, el noreste de Colombia y ciudades de la Amazonía brasileña, pero fue Venezuela la que quedó marcada por la devastación.

Lo he perdido todo, todo. El piso, el coche, la moto, todo. Al menos estamos vivos, gracias a Dios.
— Cristian Carreño, superviviente en La Guaira
Pensé que no viviría para ver otro como ese. Recuerdo que estábamos viendo el Zorro. Salimos corriendo, no regresamos hasta el día siguiente; pero no me asusté tanto como ahora.
— Carmen Cecilia, jubilada de 78 años que vivió el terremoto de 1967
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