En las primeras semanas de 2021, Perú atraviesa una de las crisis sanitarias más graves de su historia reciente: cada hora, tres peruanos y medio pierden la vida a causa del COVID-19, una cadencia de muerte que supera los peores momentos de la primera ola. El país, que ya ocupa el décimo lugar mundial en mortalidad por la enfermedad, enfrenta no solo el peso de los fallecidos confirmados, sino la sombra más amplia de un subregistro que sugiere que el verdadero costo humano es aún mayor. Entre la urgencia de los números y la lentitud de las instituciones, la pregunta que queda suspendida es cuá
Perú registra 3,5 muertes por COVID-19 cada hora en enero de 2021
Tres peruanos y medio mueren cada hora por COVID-19
¿Por qué enero fue tan diferente de los meses anteriores? ¿Qué cambió?
Las reuniones de fin de año. La gente se contagió en Navidad y Año Nuevo, cuando las restricciones bajaron la guardia. Tres semanas después, esos contagios se convirtieron en muertes.
Pero el Minsa reporta mil novecientos veintiocho muertes. Sinadef dice que hay cinco mil trescientos en exceso. ¿Cuál es la verdad?
Probablemente ambas. El Minsa cuenta solo lo que puede confirmar. Sinadef cuenta todos los muertos por causas no violentas. La diferencia es lo que nadie sabe explicar.
¿Entonces hay casi seis mil muertos que el Gobierno no está contando?
No exactamente. Hay muertos que Sinadef registra pero que el Minsa no atribuye oficialmente al COVID. Algunos probablemente lo son. Otros no. Es un agujero negro de datos.
¿Y por qué el Gobierno espera quince días para cambiar las medidas si la gente muere cada hora?
Esa es la pregunta que hace el Colegio Médico. Dicen que es demasiado lento. Pero el Gobierno argumenta que necesita tiempo para evaluar si las medidas funcionan.
¿Funcionaron las medidas anteriores?
No. Los números subieron. Y ahora Perú está entre los diez países más letales del mundo.
¿Qué debería haber hecho el Gobierno?
Eso es lo que nadie sabe. Pero probablemente algo más que esperar quince días mientras tres peruanos y medio mueren cada hora.
Il Polso
- En solo 23 días de enero, Perú acumula 1.928 muertes oficiales por COVID-19, superando lo registrado en los tres meses anteriores combinados.
- El sábado más reciente se registraron 181 fallecidos en un solo día, una cifra que se acerca peligrosamente a los picos más letales de agosto de 2020.
- Debajo de los datos oficiales del Minsa existe un abismo: el sistema Sinadef registra hasta 400 muertes en exceso por día respecto a lo que el Gobierno reporta, y expertos estiman 95.900 fallecidos no contabilizados desde el inicio de la pandemia.
- El Colegio Médico del Perú exige medidas de contención inmediatas, mientras el Gobierno anuncia que evaluará nuevas acciones antes del 31 de enero pero mantiene ciclos de revisión de quince días.
- Perú lidera la mortalidad en América Latina con 122,1 muertes por cada 100 mil habitantes, posicionándose entre los diez países más letales del mundo por esta enfermedad.
En las primeras semanas de 2021, Perú atraviesa una de las crisis sanitarias más graves de su historia reciente: cada hora, tres peruanos y medio pierden la vida a causa del COVID-19, una cadencia de muerte que supera los peores momentos de la primera ola. El país, que ya ocupa el décimo lugar mundial en mortalidad por la enfermedad, enfrenta no solo el peso de los fallecidos confirmados, sino la sombra más amplia de un subregistro que sugiere que el verdadero costo humano es aún mayor. Entre la urgencia de los números y la lentitud de las instituciones, la pregunta que queda suspendida es cuánto tiempo puede una sociedad sostener ese ritmo antes de que alguien, por fin, actúe a la misma velocidad que el virus.
A cada hora de enero de 2021, tres peruanos y medio mueren por COVID-19. No es una proyección: es lo que el Ministerio de Salud ha reportado oficialmente en los primeros veintitrés días del año. Mil novecientos veintiocho fallecidos acumulados, una cifra que ya supera lo registrado en octubre, noviembre y diciembre juntos.
Lo que golpea no es solo el número, sino su velocidad. En meses anteriores, el país perdía entre 55 y 65 personas diarias. En enero, ese promedio saltó a 84 muertes al día, y un sábado reciente se registraron 181 fallecidos en una sola jornada. Los números se acercan a los picos de agosto, cuando la primera ola parecía insostenible. Ahora vuelve a ocurrir, pero peor.
Perú ocupa el décimo lugar mundial en mortalidad por COVID-19, con 122 muertes por cada 100 mil habitantes, y es el primero en América Latina, por delante de México, Argentina, Brasil y Colombia. Pero debajo de estas cifras existe un problema más profundo: los datos del Minsa son los más conservadores. El sistema Sinadef, que registra todas las muertes no violentas del país, muestra hasta 400 fallecidos en exceso por día respecto a lo que el Gobierno reporta. El biólogo computacional Patrick Wieghardt, de Open Covid-Perú, estima que solo en enero hay 5.300 muertes en exceso sobre el promedio histórico, y que desde el inicio de la pandemia el subregistro acumula cerca de 95.900 fallecidos.
Los expertos señalan que las muertes de hoy son consecuencia de los contagios de hace tres semanas, cuando las restricciones se relajaron en Navidad y Año Nuevo. El Colegio Médico del Perú ha advertido que no se puede esperar quince días para evaluar datos cuando la mortalidad crece cada hora. La ministra de Salud asegura que su sector analiza la situación diariamente, mientras la ministra de Vivienda anuncia nuevas medidas antes del 31 de enero, pero el Gabinete mantiene ciclos de revisión quincenal. Es una contradicción que resume todo: la urgencia de los números contra la lentitud de la burocracia. Mientras se debate, el reloj no se detiene.
A cada hora de enero de 2021, tres peruanos y medio mueren por COVID-19. No es una proyección ni una estimación alarmista. Es lo que el Ministerio de Salud ha reportado oficialmente en los primeros veintitrés días del año: mil novecientos veintiocho fallecidos acumulados, una cifra que ya supera por completo lo registrado en octubre, noviembre y diciembre combinados.
La velocidad del aumento es lo que golpea. En los meses previos, el país perdía entre cincuenta y cinco y sesenta y cinco personas diarias por la enfermedad. En enero, ese promedio saltó a ochenta y cuatro muertes al día. El sábado pasado, en una sola jornada, registraron ciento ochenta y uno fallecidos. Los números se acercan cada semana a los picos más altos que el país vivió en agosto, cuando la primera ola parecía insostenible. Ahora vuelve a ocurrir, pero peor.
Perú ocupa el décimo lugar en el mundo en mortalidad por COVID-19, con ciento veintidós muertes por cada cien mil habitantes. Solo en Latinoamérica es el primero, por delante de México, Argentina, Brasil y Colombia. Bélgica, Reino Unido e Italia —naciones europeas en plena segunda ola— tienen tasas más altas, pero son pocas. El país está entre los diez lugares más letales del planeta para esta enfermedad.
Pero hay un problema más profundo debajo de estos números. Los datos del Minsa son los más conservadores que existen. El Sistema Informático Nacional de Defunciones, Sinadef, cuenta una historia diferente. El sábado pasado, Sinadef registró setecientos veinte fallecidos por causas no violentas en todo el país. Antes de la pandemia, morían aproximadamente trescientas veinte personas diarias por cualquier causa. En agosto, esa cifra superó los mil. Ahora está en setecientos veinte. Eso significa que hay cuatrocientos muertos en exceso respecto a lo que el Minsa reportó ese día, que fue ciento ochenta y uno. ¿Dónde están los otros doscientos diecinueve?
Patrick Wieghardt, biólogo computacional que forma parte de Open Covid-Perú, señala que solo en enero hay aproximadamente cinco mil trescientos fallecidos en exceso sobre el promedio histórico. Desde que comenzó la pandemia, ese subregistro acumula noventa y cinco mil novecientos muertos. El Minsa mismo reporta más de ochenta y seis mil defunciones por la pandemia, pero solo treinta y nueve mil están confirmadas. La metodología para contar a los muertos permanece opaca.
Los expertos coinciden en que las muertes de hoy son consecuencia de los contagios de hace tres semanas: aquellos que se infectaron en Navidad y Año Nuevo, cuando las restricciones se relajaron y la gente se reunió. El Colegio Médico del Perú ha cuestionado que el Gobierno no implemente medidas de contención más agresivas. Su decano, Miguel Palacios, advierte que no se puede esperar quince días para evaluar datos cuando la mortalidad crece cada hora.
La ministra de Salud, Pilar Mazzetti, aseguró que su sector analiza la mortalidad diariamente. La ministra de Vivienda, Solangel Fernández, anunció que el Gobierno dará a conocer nuevas medidas antes del treinta y uno de enero. Pero también reiteró que el Gabinete evalúa la efectividad de sus decisiones cada quince días. Es una contradicción que resume la tensión: la urgencia de los números contra la lentitud de la burocracia. Mientras se debate, tres peruanos y medio mueren cada hora.
Citazioni salienti
La gente que muere hoy se contagió hace tres semanas. Son aquellos que se infectaron en Navidad y Año Nuevo— Patrick Wieghardt, biólogo computacional de Open Covid-Perú
El Ejecutivo no puede esperar a evaluar los datos cada 15 días para iniciar acciones— Miguel Palacios, decano del Colegio Médico del Perú