Manzana Verde apunta a US$10M en facturación para 2027 con expansión de franquicias

Queremos generar densidad, no solo ampliar cobertura
Larissa Arias explica el cambio de estrategia: de expansión geográfica a consolidación local mediante franquicias.
Mark

¿Por qué el cambio de estrategia ahora? ¿Qué pasó para que decidieran pasar de delivery puro a franquicias físicas?

Mimi

Sus propios clientes se lo pidieron. Después de años ordenando desde la oficina, la gente comenzó a querer un lugar donde salir, caminar, sentarse. La app fue el primer paso, pero no era suficiente.

Mark

¿Y eso es rentable? ¿Un local físico no consume mucho más capital que solo la operación digital?

Mimi

Claro que consume más. Por eso necesitan la nueva ronda de inversión. Pero el punto es que ya están generando EBITDA positivo, así que no están apostando desde cero. Tienen márgenes que reinvertir.

Mark

Seis franquicias abiertas en Lima, tres en conversaciones, una en México. ¿Eso es rápido o lento para una startup que ya tiene casi diez años?

Mimi

Es rápido considerando que hace dos años ni siquiera tenían este modelo. Pero también es cauteloso: están concentrándose en zonas de alta demanda, no dispersándose. Quieren densidad, no cobertura.

Mark

¿Y Brasil? ¿Eso no es demasiado ambicioso mientras todavía están consolidando Perú?

Mimi

Probablemente. Pero es lo que hace una Serie A: te da el capital para pensar en grande. São Paulo es un mercado enorme. Si consiguen los ocho a diez millones que buscan, pueden hacer ambas cosas simultáneamente.

Mark

¿Quiénes son sus clientes realmente? ¿Qué los mantiene ordenando?

Mimi

Principalmente oficinistas. Mujeres entre veintiocho y treinta y cinco, hombres entre treinta y cinco y cuarenta y tres. Gente que valora la personalización, la salud, la conveniencia. Y ahora, además, quieren el espacio físico.

Mark

¿Qué tan diferente es el producto en México y Colombia respecto a Perú?

Mimi

Tuvieron que tropicalizarlo. Más de mil recetas, pero adaptadas a cada mercado. Lo que funciona en Lima no funciona igual en Bogotá o Ciudad de México. Eso requiere flexibilidad operativa.

  • Manzana Verde alcanzó EBITDA positivo tras casi diez años, un hito que pocas startups de alimentos logran y que abre la puerta a una expansión más agresiva.
  • La tensión estratégica es real: crecer dispersándose geográficamente ya no es suficiente, y la empresa pivota hacia ganar densidad con locales físicos en mercados donde ya opera.
  • Los clientes mismos empujaron el cambio: comenzaron a pedir un espacio donde sentarse, salir de la oficina y consumir la marca en persona, algo que ninguna app puede replicar.
  • Con seis locales ya abiertos en Lima y tres en negociaciones avanzadas, la meta de diez franquicias para 2026 avanza, aunque el ritmo dependerá del capital que logre levantar.
  • La Serie A de entre ocho y diez millones de dólares —sobre una valorización objetivo de cuarenta millones— es la pieza que podría acelerar todo, incluyendo el salto a São Paulo.

Casi una década después de su fundación, Manzana Verde —la startup peruana de alimentación saludable— ha alcanzado ese umbral que separa la promesa de la madurez: la rentabilidad. Desde Lima, y con presencia en México y Colombia, la empresa no solo sostiene sus operaciones sino que ahora proyecta multiplicar su facturación hacia los diez millones de dólares en 2027, apostando por una red de franquicias físicas que complemente su ADN digital. Es la historia de un modelo que aprendió a sobrevivir y ahora ensaya cómo crecer.

Casi diez años después de su lanzamiento, Manzana Verde ha llegado a un punto que pocas startups de alimentos alcanzan: la rentabilidad. La empresa peruana, que comenzó entregando planes de comida personalizados a domicilio, ya genera EBITDA positivo. Sus fundadores ven en esa estabilidad la base para un crecimiento más ambicioso: una red de locales físicos que lleve la facturación a diez millones de dólares en 2027.

Larissa Arias, cofundadora, describe el momento con claridad. Manzana Verde opera hoy en Perú, México y Colombia, con casi seis millones de entregas acumuladas y alrededor de ocho mil clientes activos. El giro estratégico es significativo: en lugar de seguir expandiéndose geográficamente, la empresa apuesta ahora por ganar densidad en los mercados donde ya tiene presencia, construyendo franquicias físicas que complementen su plataforma digital. La meta para 2026 es cerrar con diez locales, nueve en Perú y uno en México.

El cambio responde a una señal que llegó desde los propios clientes. Hace aproximadamente un año y medio, comenzaron a pedir algo que una app de delivery no puede ofrecer: un lugar físico donde salir, sentarse y consumir la marca. Hoy seis locales ya operan en zonas de alta demanda de Lima —Miraflores, Surco, Jesús María, entre otros— y se exploran aperturas en Cercado de Lima, Los Olivos y Barranco.

Detrás de la operación hay una infraestructura tecnológica robusta: cinco aplicaciones distintas para clientes, repartidores, cocinas, control de calidad y supervisores, con capacidad para gestionar más de cinco mil pedidos diarios. El menú supera las mil recetas adaptadas a cada mercado, y el segmento B2C —principalmente oficinistas— representa más del ochenta por ciento de los ingresos.

Para sostener esta expansión, Manzana Verde prepara una Serie A de entre ocho y diez millones de dólares sobre una valorización objetivo de cuarenta millones. Ese capital no solo aceleraría las franquicias en los mercados actuales, sino que abriría la puerta a São Paulo, el siguiente horizonte que el equipo ya explora con contactos locales. Lo que está construyendo es un modelo híbrido —eficiencia digital más experiencia presencial— que, si logra ejecutarse bien en los próximos dieciocho meses, podría redefinir lo que significa una startup de alimentación saludable en América Latina.

Casi diez años después de su lanzamiento, Manzana Verde ha llegado a un punto de inflexión que pocas startups de alimentos logran alcanzar: la rentabilidad. La empresa peruana, que comenzó entregando planes de comida personalizados a domicilio, ya no solo cubre sus costos, sino que genera EBITDA positivo. Ahora sus fundadores ven una oportunidad más ambiciosa: transformar esa estabilidad financiera en crecimiento acelerado mediante una red de locales físicos.

Larissa Arias, cofundadora, describe el momento actual con claridad: la compañía ha alcanzado el equilibrio operativo y comienza a generar márgenes. Eso le ha permitido respirar, planificar con mayor seguridad. Hoy Manzana Verde opera en Perú, México y Colombia, tres mercados que juntos han generado casi seis millones de entregas y mantienen una base de aproximadamente ocho mil clientes activos. El siguiente escalón es claro: alcanzar diez millones de dólares en facturación para 2027.

Pero el camino hacia ese objetivo marca un giro estratégico importante. Durante años, la startup creció ampliando su cobertura geográfica, llegando a nuevas ciudades y regiones. Ahora la lógica cambia. En lugar de seguir dispersándose, Manzana Verde quiere ganar densidad en los mercados donde ya tiene presencia, construyendo una red de franquicias físicas que complementen su operación digital. La meta para 2026 es cerrar con diez locales: nueve en Perú y uno en México. Seis ya están abiertos en Lima, tres más están en conversaciones avanzadas, y en México buscan el espacio indicado.

Esta transformación responde a algo que Arias observó en el comportamiento de sus propios clientes. Hace aproximadamente un año y medio, comenzaron a pedir algo que una app de delivery no puede ofrecer: un lugar físico donde salir de la oficina, caminar, sentarse y consumir los productos de la marca. Los locales se concentran en zonas de alta demanda de la capital: Miraflores, Jesús María, Surco, La Encalada, Guardia Civil, Rosa Toro, además de nuevas aperturas en Cercado de Lima, Los Olivos y Barranco. El modelo que nació digital está aprendiendo a ser también presencial.

La operación actual de Manzana Verde es sofisticada. Más del ochenta por ciento de sus ingresos provienen del segmento B2C, principalmente de oficinistas que ordenan planes personalizados. La plataforma tecnológica que sostiene esto es robusta: cinco aplicaciones distintas para clientes, repartidores, cocinas, control de calidad y supervisores, más un sistema propio capaz de gestionar más de cinco mil pedidos diarios antes de la una de la tarde. El menú ha crecido a más de mil recetas adaptadas a cada mercado, con ajustes especiales para México y Colombia. Sus clientes principales son mujeres entre veintiocho y treinta y cinco años, y hombres entre treinta y cinco y cuarenta y tres.

Este crecimiento, sin embargo, requiere capital. Desde su fundación, Manzana Verde ha levantado tres millones de dólares. Ahora se prepara para una nueva ronda de inversión más ambiciosa: una Serie A de entre ocho y diez millones de dólares, sobre una valorización objetivo de cuarenta millones. Ese capital aceleraría la expansión de franquicias y permitiría explorar un nuevo mercado que ya está en el radar: São Paulo. Brasil representa un salto geográfico significativo, pero Arias y su equipo ya tienen contactos locales explorando el terreno.

Lo que Manzana Verde está construyendo es un modelo híbrido que combina lo mejor de dos mundos: la eficiencia y el alcance de una plataforma digital con la experiencia y la comunidad que genera un local físico. No es simplemente una app que entrega comida, ni es simplemente una cadena de restaurantes. Es ambas cosas, operando en sincronía. Esa combinación, si logra ejecutarla bien en los próximos dieciocho meses, podría ser lo que la lleve de los tres millones que ha levantado hasta ahora a los diez millones de facturación que proyecta para 2027.

Hoy estamos en breakeven, ya empezamos a generar cierto EBITDA. Eso nos ha ayudado a estar estables
— Larissa Arias, cofundadora de Manzana Verde
Más que seguir ampliando la cobertura, ahora queremos generar densidad con las franquicias físicas
— Larissa Arias
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