Madrid manipuló listas de espera quirúrgica: 57 pacientes rebajados de prioridad

Una niña de tres años con patología compleja que podía perder una pierna fue afectada por el cambio de prioridad en su cirugía.
Los cambios permitían que salieran de las estadísticas de demora, aunque en realidad su espera se alargaba.
Cómo la administración usaba reclasificaciones para mejorar indicadores de desempeño sin cambiar la realidad médica.
Mark

¿Cómo es posible que cambien la prioridad de un paciente sin que lo sepa su médico?

Mimi

Porque el sistema informático del hospital permite esos cambios a nivel administrativo. Los cirujanos ven a sus pacientes, hacen su evaluación clínica, pero la categorización en la lista de espera es controlada por otra área. Eso es lo que permitió que pasara sin que se dieran cuenta.

Luke

Pero espera. ¿Los correos dicen explícitamente que lo hicieron para cumplir objetivos de plazo, o es una interpretación de lo que los médicos creen que pasó?

Mimi

Los correos reconocen los cambios y los vinculan al objetivo de noventa días. Eso está documentado.

Mark

¿Y por qué importa tanto ese plazo de noventa días?

Mimi

Porque es la métrica con la que se mide el desempeño del hospital. Si logras operar a la gente en noventa días, los números se ven bien. Si no, parece que el hospital está fallando.

Luke

Pero cambiar la categoría no cambia cuándo se opera realmente a la gente, ¿verdad? Solo cambia cuándo aparecen en las estadísticas.

Mimi

Exacto. La niña de tres años seguía esperando lo mismo, pero ahora contaba como una espera normal, no como un caso urgente.

Mark

¿Hay evidencia de que esto pasó en otros hospitales de Madrid?

Luke

Eso es lo que no sabemos todavía. El caso está documentado en Ramón y Cajal, pero no hay confirmación de si es sistemático.

Mimi

Y eso es lo que hace que sea tan importante. Si es solo aquí, es un problema grave. Si es en toda la red, es un escándalo de salud pública.

Mark

¿Qué pasa ahora con esos cincuenta y siete pacientes?

Mimi

Siguen esperando. Algunos ya habrán sido operados, pero otros siguen en la lista. La pregunta es si alguien va a revisar sus casos y darles la prioridad que debieron haber tenido desde el principio.

  • 57 pacientes fueron reclasificados de preferentes a normales sin que sus cirujanos lo supieran, alargando su espera de 90 a 180 días en plena saturación del sistema.
  • Entre los afectados, una niña de tres años con riesgo de perder una pierna convierte lo burocrático en urgencia vital y da rostro humano a la magnitud del daño.
  • Correos electrónicos y capturas del sistema hospitalario muestran que mandos intermedios reconocían los cambios y los vinculaban explícitamente a cumplir plazos estadísticos.
  • La Consejería de Sanidad y la dirección del Ramón y Cajal niegan cualquier manipulación, pero la evidencia digital contradice directamente su versión oficial.
  • Con 120.168 pacientes en lista de espera quirúrgica en Madrid, la investigación ahora debe determinar si esto fue un caso aislado o una práctica sistemática en toda la red sanitaria.

En los primeros meses de 2025, cincuenta y siete pacientes del hospital Ramón y Cajal de Madrid vieron alterada su prioridad quirúrgica sin saberlo, duplicando el tiempo que habrían de esperar para ser operados. Lo que la administración presenta como gestión legítima, los médicos lo documentan como una manipulación deliberada al servicio de métricas de desempeño. El caso, que incluye a una niña de tres años en riesgo de perder una pierna, plantea una pregunta que trasciende lo administrativo: ¿a quién sirven realmente las listas de espera, a los enfermos o a los indicadores?

Entre febrero y marzo de 2025, cincuenta y siete pacientes del hospital Ramón y Cajal de Madrid fueron reclasificados administrativamente de categoría preferente a normal, un cambio que duplicaba su tiempo de espera quirúrgica: de noventa a ciento ochenta días. Los cirujanos responsables de su seguimiento no fueron informados. Entre los afectados se encontraba una niña de tres años con una patología compleja que corría el riesgo de perder una pierna si la intervención se retrasaba.

Los médicos del hospital documentaron lo ocurrido y compartieron con los investigadores correos electrónicos en los que sus superiores reconocían haber realizado los cambios, vinculándolos a un objetivo concreto: que los pacientes figurasen como operados dentro del plazo de noventa días, la métrica con la que la administración madrileña evalúa la eficiencia de sus centros. En la práctica, los pacientes salían de las estadísticas de demora mientras su espera real se alargaba.

La Consejería de Sanidad de Madrid y la dirección del hospital han negado categóricamente cualquier manipulación, argumentando que los cambios obedecen a criterios clínicos legítimos. Sin embargo, las capturas del sistema informático y los correos aportados por los médicos contradicen esa versión de manera directa.

El caso emerge cuando la lista de espera quirúrgica de la Comunidad de Madrid supera ya los ciento veinte mil pacientes. La investigación en curso deberá determinar si lo sucedido en el Ramón y Cajal fue un episodio puntual o el reflejo de una práctica más extendida, y si las instrucciones llegaron desde la administración central o fueron una iniciativa de la dirección local. Lo que ya no admite duda es que pacientes reales esperaron más de lo que debían, y que alguien en la cadena de mando lo sabía.

En febrero y marzo de 2025, cincuenta y siete pacientes del hospital Ramón y Cajal vieron cómo sus expedientes quirúrgicos fueron rebajados de categoría preferente a normal, un cambio administrativo que duplicaba el tiempo que tendrían que esperar para entrar en quirófano: de noventa a ciento ochenta días. Los documentos a los que accedió EL PAÍS —correos electrónicos y capturas del sistema informático del hospital— muestran que estas modificaciones se realizaron sin que los cirujanos responsables del seguimiento de esos pacientes tuvieran conocimiento de ellas.

Entre los afectados estaba una niña de tres años con una patología compleja que corría el riesgo de perder una pierna si la intervención se demoraba. Su caso ilustra el peso real de lo que ocurrió en esos dos meses: no se trataba de ajustes administrativos menores, sino de decisiones que alteraban el orden clínico de urgencia y que podían tener consecuencias médicas graves.

Los médicos del hospital documentaron lo que consideraban una manipulación sistemática. En los correos que compartieron con los investigadores, sus superiores reconocían explícitamente que habían hecho los cambios y los vinculaban directamente a un objetivo administrativo: lograr que los pacientes fueran operados dentro del plazo de noventa días, una métrica de desempeño que la administración sanitaria madrileña utiliza para evaluar la eficiencia de sus centros. Los cambios de categoría permitían que esos pacientes salieran de las estadísticas de demora, aunque en realidad su espera se alargaba.

La Consejería de Sanidad de Madrid y la dirección del hospital Ramón y Cajal han negado categóricamente que haya habido manipulación. Sostienen que los cambios de prioridad responden a criterios clínicos legítimos y que su gestión de las listas de espera sigue protocolos establecidos. Sin embargo, la evidencia digital que los médicos aportaron —correos con reconocimientos explícitos y capturas del sistema que muestran cuándo y cómo se hicieron los cambios— contradice directamente esa versión.

El caso emerge en un momento en el que la presión sobre el sistema sanitario madrileño es extrema. La lista de espera quirúrgica de la Comunidad de Madrid ha alcanzado ya los ciento veinte mil ciento sesenta y ocho pacientes. En ese contexto de saturación, la tentación de manipular números para mostrar mejores indicadores de desempeño es comprensible, aunque no justificable. Lo que está en juego es la integridad del sistema: si los criterios clínicos pueden ser alterados por objetivos administrativos, entonces las listas de espera dejan de reflejar la realidad médica y se convierten en un instrumento de gestión política.

La investigación que se abre ahora tendrá que determinar si lo que ocurrió en el Ramón y Cajal fue un episodio aislado o parte de una práctica más extendida. También tendrá que establecer si hubo instrucciones explícitas desde la administración o si fue una iniciativa local de la dirección del hospital. Lo que ya está claro es que cincuenta y siete pacientes, incluida una niña de tres años, esperaron más tiempo del que debieron haber esperado, y que alguien en la cadena de mando sabía exactamente lo que estaba pasando.

Los cambios se hicieron sin conocimiento de los cirujanos que seguían a esos pacientes
— Documentos del hospital Ramón y Cajal
La Consejería de Sanidad y el hospital niegan que se manipularan las listas y defienden que su gestión responde a criterios clínicos
— Posición oficial de la administración madrileña
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