En cada generación existe la tentación de creer que la protección conquistada en la infancia dura para siempre, pero el cuerpo humano no funciona así. Los adolescentes peruanos siguen expuestos a enfermedades prevenibles —influenza, virus del papiloma humano y hepatitis B— y el Estado ofrece gratuitamente las vacunas correspondientes en más de ocho mil centros de salud en todo el país. Mantener el esquema de inmunización actualizado más allá de la niñez es, en el fondo, un recordatorio de que cuidar la vida es una tarea continua, no un capítulo cerrado.
Las 3 vacunas esenciales que todo adolescente debe recibir
El cuerpo protegido en la infancia no permanece blindado para siempre
¿Por qué tantos padres creen que las vacunas son solo para bebés?
Porque la mayoría de nosotros recibimos la mayor parte de nuestras vacunas en los primeros años de vida. Es fácil pensar que eso es suficiente. Pero el cuerpo cambia, la inmunidad se debilita, y nuevos riesgos aparecen en la adolescencia.
¿Qué hace que el VPH sea tan importante para las adolescentes?
Es un virus sexual que causa cáncer de cuello uterino. Si se vacunan antes de estar expuestas, la protección es casi total. Después, es mucho más difícil.
¿Y la hepatitis B? ¿Por qué esperar hasta los dieciséis años?
Porque el riesgo aumenta con la edad. Los adolescentes mayores tienen más probabilidades de exposición. Pero si alguien menor de dieciséis no fue vacunado de bebé, también puede recibirla.
¿Cuál es el obstáculo principal para que los padres lleven a sus hijos a vacunarse?
Muchas veces es simplemente el olvido. No hay síntomas, no hay urgencia aparente. Pero eso es precisamente el punto: la vacuna previene lo que nunca llega a suceder.
¿Qué cambió con la pandemia de COVID?
Nos recordó que las enfermedades prevenibles son reales y pueden ser graves. Ahora los padres entienden mejor por qué mantener el calendario actualizado no es una opción, es una necesidad.
The Pulse
- Muchos padres abandonan el seguimiento vacunal cuando sus hijos salen de la infancia, dejando a los adolescentes vulnerables a enfermedades que aún pueden prevenirse.
- La influenza puede derivar en neumonía, el VPH es la principal causa de cáncer de cuello uterino, y la hepatitis B puede provocar insuficiencia hepática o cáncer de hígado si no se previene a tiempo.
- El Calendario Nacional de Inmunización incluye estas tres vacunas de forma gratuita, pero su efectividad depende de que las familias conozcan los esquemas y cumplan con las dosis correspondientes.
- Los padres pueden acudir con el DNI del adolescente al centro de salud más cercano, donde el personal programará una cita para evitar aglomeraciones, en un contexto en que la pandemia de COVID-19 refuerza la urgencia de la prevención.
En cada generación existe la tentación de creer que la protección conquistada en la infancia dura para siempre, pero el cuerpo humano no funciona así. Los adolescentes peruanos siguen expuestos a enfermedades prevenibles —influenza, virus del papiloma humano y hepatitis B— y el Estado ofrece gratuitamente las vacunas correspondientes en más de ocho mil centros de salud en todo el país. Mantener el esquema de inmunización actualizado más allá de la niñez es, en el fondo, un recordatorio de que cuidar la vida es una tarea continua, no un capítulo cerrado.
Existe entre muchos padres la creencia de que, una vez superada la infancia, las vacunas ya cumplieron su función. Sin embargo, los adolescentes y adultos jóvenes siguen siendo vulnerables a enfermedades prevenibles, y actualizar el esquema de inmunización a lo largo de la vida es tan importante como hacerlo en los primeros años. El Dr. Carlos Chávez, médico infectólogo, advierte que los padres deben conocer las tres vacunas fundamentales del Calendario Nacional de Inmunización, todas disponibles gratuitamente en más de ocho mil centros de vacunación en el país.
La primera es la vacuna contra la influenza, que ataca el tracto respiratorio y puede derivar en neumonía. Se administra una vez al año, idealmente antes de la temporada de frío. La segunda es la vacuna contra el VPH, un virus de transmisión sexual vinculado al cáncer de cuello uterino, vaginal, vulvar y anal, además de verrugas genitales; se aplica en dos dosis a niñas de entre nueve y trece años. La tercera es la vacuna contra la hepatitis B, que previene una infección capaz de causar daño hepático crónico, insuficiencia o cáncer de hígado; se administra en tres dosis a jóvenes y adultos de dieciséis a cincuenta y nueve años que no hayan completado su esquema.
Para acceder a estas vacunas, basta con acudir al centro de salud más cercano con el DNI del adolescente. El personal programará una cita posterior para evitar aglomeraciones. En tiempos en que la pandemia recuerda el valor de la prevención, mantener al día la vacunación de los adolescentes es un acto de responsabilidad individual y colectiva.
Existe una creencia común entre muchos padres: que una vez los hijos crecen más allá de la infancia, el trabajo de las vacunas está hecho. Que el cuerpo, ya protegido en esos primeros años, permanece blindado para siempre. La realidad es distinta. Los adolescentes y adultos jóvenes siguen siendo vulnerables a enfermedades que pueden prevenirse, y mantener el esquema de vacunación actualizado durante toda la vida es tan importante como hacerlo en la infancia.
Esta es la razón por la que los adolescentes deben continuar visitando regularmente a su médico para revisar su historial de inmunizaciones. El Dr. Carlos Chávez, médico infectólogo, subraya que si un adolescente aún no ha completado su esquema de vacunación, los padres deben conocer cuáles son las tres vacunas fundamentales incluidas en el Calendario Nacional de Inmunización, todas disponibles de forma gratuita en más de ocho mil centros de vacunación en el país.
La primera es la vacuna contra la influenza. Este virus ataca el tracto respiratorio—nariz, garganta, bronquios—y puede descender hasta los pulmones, provocando neumonía. Quienes la contraen experimentan fiebre, dolor muscular, dolor de garganta, tos y cansancio extremo. La vacuna se administra una sola vez al año, idealmente antes de que llegue la época de frío, y representa la medida más efectiva para prevenir la enfermedad y reducir sus consecuencias.
La segunda es la vacuna contra el virus del papiloma humano, o VPH. Se trata de un virus de transmisión sexual altamente contagioso que es la principal causa de cáncer de cuello uterino, además de estar vinculado a cánceres vaginal, vulvar y anal. También causa verrugas genitales. Esta vacuna se aplica gratuitamente a niñas entre nueve y trece años mediante dos dosis, con un intervalo de seis meses entre cada una.
La tercera es la vacuna contra la hepatitis B, una infección que daña el hígado e impide que funcione correctamente. Los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza, debilidad, vómito, ictericia—esa coloración amarilla característica en los ojos y la piel—y dolor en las articulaciones. Si no se previene, puede derivar en infección crónica del hígado, insuficiencia hepática o cáncer de hígado. Esta vacuna se administra en tres dosis a jóvenes y adultos entre dieciséis y cincuenta y nueve años que no hayan recibido o completado su esquema.
Para acceder a estas vacunas gratuitas, los padres deben acudir al centro de salud o posta más cercano al domicilio con el documento de identidad del adolescente. El personal de salud programará una cita en una fecha posterior, permitiendo así evitar aglomeraciones. Es importante ser puntual en la cita, usar mascarilla y protector facial, y mantener el distanciamiento social. En estos tiempos, cuando el brote de COVID-19 nos recuerda constantemente el valor de la prevención, mantener actualizado el esquema de vacunación de los adolescentes es un acto de responsabilidad tanto individual como colectiva.
Notable Quotes
Los adolescentes y adultos jóvenes también contraen a menudo una serie de enfermedades que se pueden prevenir si se continúa con su esquema de vacunación durante todas sus etapas de vida— Dr. Carlos Chávez, médico infectólogo