La reunión del Ramón y Cajal desmonta la acusación de Ayuso contra el cirujano Martos

57 pacientes fueron rebajados de categoría prioritaria a normal, ampliando sus tiempos de espera quirúrgica de 90 a 180 días.
Hay que matar al mensajero
Martos denuncia que lo culpan por revelar la manipulación de listas que los directivos habían hecho.
Mark

¿Por qué es importante que tengamos el audio de esa reunión y no solo la palabra de los directivos?

Mimi

Porque el audio es la prueba de que los directivos admitieron públicamente, ante sus colegas, que ellos hicieron los cambios. No es una acusación de Martos o un documento que pueda interpretarse de varias formas. Es su propia voz explicando cómo y por qué lo hicieron.

Luke

Pero hay que ser precisos: ¿el audio muestra que reconocen haber hecho los cambios, o muestra que explican su razonamiento para haberlos hecho? Porque una cosa es admitir que lo hicieron, y otra es justificarlo.

Mimi

Tienes razón. Lo que dice Aracil es "acordamos que las prioridades preferentes pasarían a normales". Eso es una admisión clara de la acción. Pero sí, lo que hacen es justificarlo argumentando que algunos cirujanos abusaban de la clasificación.

Mark

¿Y por qué Ayuso acusó a Martos si los documentos hospitalarios ya existían?

Mimi

Porque probablemente no vio los documentos, o porque le informaron mal, o porque necesitaba una narrativa simple: un culpable individual en lugar de un problema sistémico. Es más fácil atacar a una persona que reconocer que tu sistema de salud está fallando.

Luke

Pero no sabemos realmente por qué Ayuso hizo esa acusación. El artículo no incluye su versión de cómo llegó a esa conclusión. Solo sabemos que la hizo y que luego fue desmentida por el audio.

Mimi

Es verdad. Lo que sí sabemos es que la consejera Matute hizo un ataque similar el día anterior, así que al menos dos autoridades estaban diciendo lo mismo sobre Martos.

Mark

¿Qué pasa ahora con Martos? ¿Está protegido porque el audio lo exonera?

Mimi

Formalmente, sí. El audio desmonta la acusación. Pero en la reunión vemos que los directivos lo culpan de haber dañado la reputación del hospital al denunciar en la prensa. Así que aunque sea exonerado de manipular las listas, podría enfrentar represalias por haber sacado el tema a la luz.

Luke

Y eso es especulación. El artículo no dice que haya represalias, solo que los directivos lo criticaron en esa reunión. No sabemos qué pasará después.

Mimi

Correcto. Pero la dinámica está clara: el que denuncia es castigado, el que comete la falta es protegido por la institución.

Mark

¿Qué nos dice esto sobre la sanidad pública en Madrid?

Mimi

Que está bajo una presión tal que los directivos están dispuestos a alterar datos para parecer que cumplen objetivos. Y que hay incentivos económicos que hacen que eso sea tentador. Cincuenta y siete pacientes tuvieron que esperar el doble porque los números no cuadraban.

  • 57 pacientes fueron rebajados de prioritarios a normales, ampliando espera de 90 a 180 días
  • Tres directivos del Hospital Ramón y Cajal admitieron en audio grabado haber hecho los cambios
  • Ayuso acusó a Martos de manipular listas, pero documentos hospitalarios la desmienten
  • Reunión de crisis ocurrió el jueves, 48 horas después de que El País publicara la noticia

Los directivos del hospital reconocieron en audio grabado que cambiaron las prioridades de pacientes sin contar con los cirujanos que los habían clasificado. La presidenta Ayuso acusó a Martos de manipular las citas, pero los correos y documentos hospitalarios demuestran que fueron los jefes quienes hicieron los cambios.

Los responsables del Hospital Ramón y Cajal admitieron en una reunión de crisis que ellos modificaron la lista de espera, rebajando 57 pacientes de prioritarios a normales, desmentiendo la acusación de Ayuso contra el cirujano Luis Martos.

El jueves por la mañana, mientras la presidenta Isabel Díaz Ayuso se dirigía a la Asamblea de Madrid para descartar como un bulo las acusaciones de manipulación en las listas de espera del Hospital Ramón y Cajal, en ese mismo hospital se celebraba una reunión de crisis que desmontaba punto por punto su versión de los hechos. En esa sesión, grabada y obtenida por El País, los tres máximos responsables del servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología admitieron sin ambigüedad que ellos, no el cirujano Luis Alberto Martos como sostenía Ayuso, habían alterado la clasificación de 57 pacientes, rebajándolos de la categoría de prioritarios a normales. Con esa decisión, ampliaban sus tiempos de espera quirúrgica de 90 a 180 días.

La polémica había estallado dos días antes cuando El País reveló esa modificación de las listas. Ayuso respondió con dureza, reduciendo el asunto a lo que llamó la manipulación de un individuo y tachando la noticia de bulo. La consejera de Sanidad, Fátima Matute, había hecho un ataque similar contra Martos el día anterior. Ambas aprovecharon para recordar que el cirujano había sido acusado años atrás de haber rajado las ruedas del coche de su jefe, de la Torre, aunque Martos fue absuelto judicialmente de esa acusación. La estrategia parecía clara: desacreditar al mensajero para enterrar el mensaje.

Pero el audio de la reunión de crisis reveló otra realidad. El director médico Rafael Martínez, el jefe de servicio Basilio de la Torre y el subdirector quirúrgico Enrique Aracil hablaron ante unos cincuenta colegas de Martos y explicaron cómo habían tomado esa decisión. Aracil fue el más explícito: "Acordamos que las prioridades preferentes pasarían a normales", dijo, justificando que algunos cirujanos abusaban de la clasificación de pacientes como prioritarios. Los tres reconocieron que no habían consultado con todos los médicos afectados, solo con algunos, y que los cambios se hicieron sin el consentimiento de quienes originalmente habían clasificado a esos pacientes.

La doctora Susana Alonso, colega y pareja de Martos, protestó en la reunión: "No pueden cambiar el criterio del cirujano sin contar con él". De la Torre respondió que era un asunto legal, que no podían mantener enfermos clasificados como prioritarios con diagnósticos que consideraban convencionales esperando 200 días. Cuando Alonso insistió en si habían comunicado los cambios a los pacientes y a los cirujanos, de la Torre admitió que solo había hablado con algunos, argumentando que los recursos eran limitados y la demanda muy grande. El equipo, dijo, estaba "fallando estrepitosamente" porque no lograba operar a los pacientes prioritarios en menos de 90 días, el objetivo que les marcaba la Consejería de Sanidad.

Lo que emergía de esa conversación era un cuadro de sanidad pública bajo presión extrema. Los directivos negaron que el motivo de los cambios fuera económico, pero la lógica subyacente era evidente: si no podían cumplir con los objetivos de operaciones a tiempo, al menos podían cambiar la clasificación de los pacientes para que pareciera que sí los cumplían. Los incentivos salariales que percibían por alcanzar esas metas de productividad añadían una dimensión incómoda al asunto.

Martos, presente en la reunión, se defendió con dureza. Acusó a los directivos de ser los culpables y denunció que lo estaban machacando porque "hay que matar al mensajero". Un compañero suyo pidió que la dirección emitiera un desmentido público de las acusaciones de Matute, pero Martínez rechazó la propuesta, argumentando que el asunto había trascendido al hospital y se había convertido en una cuestión de enfrentamiento político y mediático. Luego acusó a Martos de haber cruzado una línea roja al denunciar la situación en la prensa, diciendo que había puesto en entredicho el nombre del hospital.

De la Torre, por su parte, reconoció que Martos había sido absuelto de las acusaciones sobre las ruedas pinchadas, pero añadió que esa absolución se debía a que él no acudió al juzgado para ratificar su denuncia. Luego asumió responsabilidad sobre lo ocurrido con la lista de espera: "El mayor responsable de lo que aquí pueda ocurrir soy yo", dijo. Cuando Martos preguntó qué investigarían si ya tenían un culpable, la pregunta quedó sin respuesta clara.

La reunión dejaba al descubierto no solo quién había hecho realmente los cambios en las listas, sino también las fracturas profundas en la sanidad pública madrileña: recursos insuficientes, objetivos imposibles de cumplir, y un sistema de incentivos que podía crear perversos estímulos para alterar datos. La acusación de Ayuso contra Martos se desmoronaba en el audio, pero la pregunta más incómoda permanecía: cuántas veces había ocurrido algo similar en otros hospitales, sin que nadie lo denunciara.

Acordamos que las prioridades preferentes pasarían a normales
— Enrique Aracil, subdirector quirúrgico del Hospital Ramón y Cajal
El mayor responsable de lo que aquí pueda ocurrir soy yo
— Basilio de la Torre, jefe de servicio
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