En España, trece vidas se pierden cada hora por enfermedades del corazón, una cifra que el cardiólogo Borja Ibáñez considera en gran medida evitable si la medicina abandona su postura reactiva y comienza a vigilar la salud arterial desde los veinte años. La aterosclerosis avanza en silencio durante décadas, y cuando finalmente se manifiesta, la enfermedad ya ha echado raíces profundas. Prevenir no es solo un acto médico individual: es un compromiso colectivo que involucra a gobiernos, industria alimentaria y ciudadanos que aún creen que sentirse bien equivale a estar sanos.
La prevención cardiovascular debe comenzar a los 20 años, según expertos
Es peor convivir con un factor de riesgo sin tratar que tomar una pastillita
¿Por qué insiste tanto en que la prevención debe comenzar a los veinte años? ¿No es demasiado pronto?
Porque la aterosclerosis ya está en marcha a esa edad, aunque nadie lo sepa. Es como un incendio que comienza en silencio. Cuando lo ves, ya ha consumido mucho.
Pero la mayoría de los jóvenes se sienten bien. ¿Cómo convence a alguien que se siente perfectamente de que necesita medicación?
Ese es exactamente el problema. La enfermedad no avisa. Por eso necesitamos pruebas de imagen, análisis de sangre. Comprobar, no creer.
Usted mismo toma medicación desde los treinta años por colesterol alto. ¿Cómo vive con eso?
Mejor que si no la tomara. La gente cree que retrasar la medicación es ganar tiempo. Es lo opuesto. Cada año sin tratar un factor de riesgo es un año de daño acumulado.
El síndrome del corazón roto suena como algo de película. ¿Es realmente tan grave?
Puede serlo si no se diagnostica rápido. Pero lo fascinante es que demostramos que no es exclusivo de Japón. Cualquiera puede sufrirlo, especialmente mujeres después de un estrés importante.
¿Y la inteligencia artificial? ¿Realmente puede predecir un infarto antes de que ocurra?
Puede identificar patrones en poblaciones grandes que los médicos nunca veríamos solos. Eso nos permite intervenir antes, no después. Es medicina del futuro, pero el futuro es ahora.
¿Qué le preocupa más: lo que los pacientes no hacen, o lo que los gobiernos no regulan?
Ambas cosas. Pero si tuviera que elegir, diría que los gobiernos. Un individuo puede cambiar sus hábitos. Una población entera necesita que alguien cambie las reglas del juego.
Le Pouls
- Cada hora mueren trece personas en España por causas cardiovasculares, una hemorragia silenciosa que suma más de 113.000 fallecimientos al año.
- La aterosclerosis comienza a construirse en las arterias décadas antes de que el paciente sienta el primer síntoma, convirtiendo la juventud en el momento más crítico —y más desaprovechado— para intervenir.
- El cardiólogo Ibáñez rompe el mito de que retrasar la medicación es prudente: convivir con un factor de riesgo sin tratar es más peligroso que tomar un fármaco a tiempo.
- La inteligencia artificial emerge como aliada capaz de analizar poblaciones enteras, detectar patrones de riesgo y predecir infartos antes de que ocurran, redefiniendo el horizonte del diagnóstico preventivo.
- El reto no es solo clínico: sin regulación alimentaria firme y políticas públicas decididas, la prevención seguirá siendo una responsabilidad que recae desproporcionadamente sobre el individuo.
En España, trece vidas se pierden cada hora por enfermedades del corazón, una cifra que el cardiólogo Borja Ibáñez considera en gran medida evitable si la medicina abandona su postura reactiva y comienza a vigilar la salud arterial desde los veinte años. La aterosclerosis avanza en silencio durante décadas, y cuando finalmente se manifiesta, la enfermedad ya ha echado raíces profundas. Prevenir no es solo un acto médico individual: es un compromiso colectivo que involucra a gobiernos, industria alimentaria y ciudadanos que aún creen que sentirse bien equivale a estar sanos.
En España mueren trece personas por hora a causa de enfermedades cardiovasculares. Aunque los tumores desplazaron a estas dolencias del primer puesto en mortalidad en 2023, el problema sigue siendo vasto y, sobre todo, prevenible. Así lo sostiene el doctor Borja Ibáñez, cardiólogo intervencionista y director científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, quien defiende con firmeza que la prevención debe comenzar a los veinte años.
Ibáñez señala que la aterosclerosis —el endurecimiento progresivo de las arterias— se desarrolla silenciosamente durante décadas. Cuando aparece un infarto o una insuficiencia cardíaca, la enfermedad ya está avanzada y el paciente la arrastrará de por vida. Por eso propone medir la presión arterial, hacer análisis de sangre y, si es necesario, recurrir a estudios de imagen no invasivos desde edades tempranas. Reconoce que los jóvenes son el grupo más difícil de convencer, pues muchos creen que comer bien es suficiente. No lo es. El propio cardiólogo convive desde los treinta años con colesterol alto y su mensaje es claro: es peor tolerar un factor de riesgo sin tratar que tomar un medicamento.
El estrés también ocupa un lugar central en su análisis. No se trata de eliminarlo —algo prácticamente imposible—, sino de aprender a gestionarlo. Ibáñez encuentra ese equilibrio en la bicicleta de montaña y la cocina. Otro fenómeno que ha marcado su carrera es el síndrome de Tako-Tsubo, el llamado «síndrome del corazón roto», que imita los síntomas de un infarto sin obstrucción arterial. Su equipo fue el primero en publicar sobre este síndrome fuera de Japón, demostrando que puede afectar a cualquier persona, especialmente a mujeres de mediana edad tras un choque emocional intenso.
De cara al futuro, Ibáñez ve en la inteligencia artificial una herramienta transformadora: capaz de procesar enormes volúmenes de datos clínicos, identificar patrones de riesgo en poblaciones enteras y predecir eventos cardiovasculares antes de que ocurran. Pero advierte que la tecnología no basta. Reclama a los gobiernos regulaciones más estrictas sobre la industria alimentaria —menos sal, azúcar y conservantes— y políticas públicas que estén a la altura de un problema que no es individual, sino profundamente colectivo.
En España, cada sesenta minutos mueren trece personas por una enfermedad del corazón o los vasos sanguíneos. El año pasado fueron 113.130 fallecimientos. Durante décadas, estas dolencias fueron la principal causa de muerte en el país, hasta que en 2023 los tumores las desplazaron del primer lugar. Pero el cambio de ranking no significa que el problema haya desaparecido. Sigue siendo enorme, silencioso, prevenible.
El doctor Borja Ibáñez, cardiólogo intervencionista en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y director científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, tiene una convicción que repite con claridad: la medicina debe dejar de esperar a que la enfermedad llegue. "El principal reto es la prevención primaria. La prevención debe empezar a los 20 años", dice. Los jóvenes no se miden la presión arterial, no se hacen análisis de sangre, y eso es un error fundamental. La aterosclerosis —el endurecimiento de las arterias que causa infartos y accidentes cerebrovasculares— comienza décadas antes de que una persona sienta el primer síntoma. Cuando finalmente aparece un infarto, una insuficiencia cardíaca o una arritmia, la enfermedad ya está relativamente avanzada. El paciente vivirá con ella el resto de su vida, aunque existan medicamentos eficaces para frenar su progresión.
Ibáñez propone identificar los factores de riesgo desde los veinte años, incluso mediante estudios de imagen no invasivos, para detectar si ya existe evidencia de enfermedad arterial antes de que aparezcan los síntomas. Reconoce que los jóvenes son "el grupo más difícil" de convencer para adoptar medidas preventivas. Muchos creen que basta con comer bien. No es así. "No basta con saber que hay que comer bien. Hay que comprobar que todo está en orden", explica. Y desmonta un mito peligroso: retrasar la medicación no es mejor. El cardiólogo convive desde los treinta años con colesterol alto, un factor de riesgo que aumenta la probabilidad de angina de pecho, infarto o ictus. Su mensaje es directo: "Es peor convivir con un factor de riesgo sin tratar que tomar una pastillita". Los riesgos no tratados no desaparecen; se transforman en problemas mucho mayores a largo plazo.
El estrés también juega un papel crucial en la salud cardiovascular, aunque no de la manera que muchos imaginan. Un nivel moderado de estrés puede ser útil para mantenerse alerta. El problema surge cuando una persona no puede gestionarlo. Ibáñez subraya que lo importante no es solo el nivel de estrés, sino cómo cada uno lo maneja. Reducirlo a cero es prácticamente imposible, pero mantenerlo bajo control y liberar la tensión en momentos específicos es fundamental. Su propia receta incluye tiempo con la familia y hobbies: le apasiona la bicicleta de montaña y la cocina.
Uno de los fenómenos más fascinantes que ha estudiado es el síndrome de Tako-Tsubo, conocido popularmente como "síndrome del corazón roto". Se caracteriza por síntomas idénticos a los de un infarto de miocardio, pero sin obstrucción en las arterias coronarias. El daño al músculo cardíaco es transitorio. En la Fundación Jiménez Díaz fueron los primeros en publicar sobre este síndrome fuera de Japón. Ibáñez publicó su primer artículo sobre el tema durante su residencia en cardiología, y el impacto fue considerable: demostró que el síndrome no era exclusivo de la población japonesa, sino que podía afectar a cualquier persona. Suele presentarse en mujeres de mediana o avanzada edad después de un estrés o disgusto importante. La buena noticia es que, con diagnóstico y tratamiento adecuados, suele resolverse, aunque en algunos casos puede ser grave si no se atiende rápidamente.
La inteligencia artificial está transformando el diagnóstico cardiovascular. Las tecnologías de imagen ya permiten realizar análisis prácticamente automáticos en ecografías, resonancias magnéticas y otras pruebas. Pero lo más relevante es su capacidad para manejar grandes volúmenes de datos. Gracias a ello, es posible analizar poblaciones enormes, identificar patrones de riesgo, hacer seguimientos evolutivos y, lo más importante, predecir eventos antes de que ocurran.
Ibáñez dirige un mensaje a la administración pública: existen hábitos de vida claramente negativos, pero parece que no hay acuerdo para implementar medidas contundentes. "Sería fundamental centrarnos en resolver lo que sí está en nuestras manos", dice. La industria alimentaria también tiene un papel crucial. Es importante escuchar sus necesidades y establecer un diálogo continuo, pero desde los gobiernos deben aplicarse regulaciones que mejoren la producción y la calidad de los alimentos: reducción de conservantes, sal y azúcar en los productos. La prevención cardiovascular no es un asunto individual. Es un desafío colectivo que requiere cambios en la medicina, la política pública y la industria.
Citations marquantes
El principal reto es la prevención primaria. La prevención debe empezar a los 20 años— Doctor Borja Ibáñez, cardiólogo intervencionista
No basta con saber que hay que comer bien. Hay que comprobar que todo está en orden— Doctor Borja Ibáñez