En enero de 2021, una familia limeña se reunió para un desayuno de despedida y, a pesar de sus precauciones, todos sus diecisiete miembros contrajeron COVID-19. Lo que comenzó como un gesto de afecto terminó en una sucesión de duelos: cuatro personas —un padre de 97 años, una hermana de 72 y dos hermanos de 60 y 65— fallecieron en el transcurso de pocas semanas. Su historia recuerda que la pandemia no negocia con las buenas intenciones, y que los momentos de unión familiar pueden convertirse, sin quererlo, en los más costosos.
Familia pierde a cuatro miembros tras contagio de COVID-19 en desayuno en Lima
Se reunieron para despedirse, pero terminaron despidiéndose de cuatro
¿Cómo es posible que se contagiaran todos si tomaron precauciones?
Eso es lo que hace tan perturbador este caso. Hicieron lo que se suponía que debían hacer: distancia, higiene. Pero el virus ya circulaba sin control en Lima en enero. Una reunión cerrada, por breve que sea, fue suficiente.
¿Quién fue el primero en mostrar síntomas?
El padre, cuando llegaron a Huancayo. A los 97 años, su cuerpo no pudo contener la infección. Fue como si el viaje mismo activara lo que ya llevaba dentro.
¿Por qué algunos murieron y otros se recuperaron?
La edad fue un factor. El padre de 97, la hermana de 72. Pero también la capacidad del cuerpo para luchar. Algunos usaron suplementos, buscaron tratamiento a tiempo. Otros llegaron demasiado tarde al hospital.
¿Cuánto tiempo pasó entre el primer fallecimiento y el último?
Veinticinco días. Del 17 de enero al 11 de febrero. Una familia viendo morir a sus miembros, uno tras otro, sin poder hacer nada.
¿Qué pasó con los que se recuperaron?
Trece de diecisiete. Algunos todavía se estaban recuperando cuando se reportó la historia. Vivieron, pero con el peso de haber perdido a cuatro.
El Pulso
- Diecisiete personas se contagiaron de COVID-19 en un solo desayuno familiar celebrado el 7 de enero en Lima, a pesar de mantener distancia y protocolos de higiene.
- El virus se propagó silenciosamente entre dos ciudades: los síntomas aparecieron primero en Huancayo, donde había regresado el padre de 97 años, y luego en Lima, donde enfermaron otros dos hermanos.
- En menos de un mes, la familia vivió cuatro muertes consecutivas: la primera el 17 de enero y la última el 11 de febrero, una cadena de pérdidas que no dio tiempo al duelo.
- Algunos sobrevivientes recurrieron a suplementos de omegas para mejorar su saturación de oxígeno, una estrategia que, junto con atención oportuna, permitió que 13 de los 17 contagiados se recuperaran.
- La reunión organizada para despedir a quienes partían terminó siendo el escenario en que la familia tuvo que despedirse para siempre de cuatro de los suyos.
En enero de 2021, una familia limeña se reunió para un desayuno de despedida y, a pesar de sus precauciones, todos sus diecisiete miembros contrajeron COVID-19. Lo que comenzó como un gesto de afecto terminó en una sucesión de duelos: cuatro personas —un padre de 97 años, una hermana de 72 y dos hermanos de 60 y 65— fallecieron en el transcurso de pocas semanas. Su historia recuerda que la pandemia no negocia con las buenas intenciones, y que los momentos de unión familiar pueden convertirse, sin quererlo, en los más costosos.
El 7 de enero de 2021, seis hermanos se reunieron en Lima con sus familias para despedir a parientes que regresaban a Huancayo. Tomaron precauciones: distancia, higiene, protocolos. No fue suficiente. Los diecisiete miembros presentes se contagiaron de COVID-19.
Al llegar a Huancayo, el padre de 97 años fue el primero en mostrar síntomas. Su prueba resultó positiva. Su hermana mayor, de 72 años, también enfermó, aunque su primer test dio negativo. Ambos fueron hospitalizados. En Lima, dos hermanos de 60 y 65 años, junto con sus esposas e hijos, también comenzaron a deteriorarse.
Lo que siguió fue una sucesión de pérdidas extendida durante casi un mes. La hermana de 72 años murió el 17 de enero. Cuatro días después falleció otro familiar. El padre resistió hasta el 24 de enero. El último de los cuatro murió el 11 de febrero.
Uno de los sobrevivientes contó cómo su estado se volvió grave y cómo recurrió a suplementos de omegas para mejorar su respiración y saturación de oxígeno. La estrategia le funcionó. En total, 13 de los 17 contagiados lograron recuperarse.
La ironía no pasó desapercibida: se habían reunido para despedir a quienes se marchaban, y terminaron despidiéndose de cuatro de los suyos. La pandemia no distinguió entre precauciones tomadas ni edades vulnerables. Solo dejó a una familia aprendiendo, en cuestión de semanas, que ningún cuidado garantiza estar a salvo.
El 7 de enero de 2021, nueve hermanos se reunieron en Lima para un desayuno de despedida. Seis de ellos asistieron con sus esposas e hijos para despedir a los familiares que regresaban a Huancayo. Tomaron precauciones: mantuvieron distancia, respetaron protocolos de higiene. Nada de eso fue suficiente. Todos se contagiaron de COVID-19.
La familia tenía 17 miembros en total. Cuando regresaron a Huancayo después del desayuno, el padre, un hombre de 97 años, comenzó a mostrar síntomas. La prueba confirmó lo que temían: era positivo. Su hermana mayor, de 72 años, también enfermó, aunque su prueba inicial salió negativa. Ambos fueron hospitalizados. Mientras tanto, en Lima, otros dos hermanos de 60 y 65 años, junto con sus esposas e hijos, también presentaban síntomas.
Lo que siguió fue una sucesión de pérdidas que se extendió durante casi un mes. La hermana de 72 años falleció el 17 de enero. Cuatro días después, el 21 de enero, otro miembro de la familia murió. El padre, con sus 97 años, resistió tres días más antes de fallecer el 24 de enero. El último de los cuatro fue uno de los hermanos, quien murió el 11 de febrero.
Uno de los sobrevivientes relató después cómo la enfermedad lo golpeó con dureza. Él también dio positivo y su estado se volvió grave. Recurrió a suplementos de omegas para elevar su saturación de oxígeno y mejorar su respiración. La estrategia funcionó. Logró recuperarse, como lo hicieron 13 de los 17 familiares que se contagiaron ese día.
La ironía de la reunión no pasó desapercibida: se habían juntado para despedirse de quienes se iban, pero terminaron despidiéndose de cuatro de los suyos. El virus no distinguió entre precauciones tomadas o edades vulnerables. Una familia de 17 personas aprendió, en el transcurso de semanas, que la pandemia no respeta las intenciones ni los cuidados que creemos suficientes.
Citas Notables
Tomaron distanciamiento e higiene necesaria para evitar contagiarse; sin embargo, no fue suficiente— Miembro de la familia afectada
Usó omegas para subir su saturación y mejorar su respiración. Dio resultados positivos— Familiar que se recuperó