Los precios del combustible han encarecido el transporte escolar y dificultan que gobiernos financien educación en países en desarrollo. Niños en Camboya, Vietnam y Bangladesh abandonan la escuela para trabajar, enfrentando explotación laboral y matrimonio infantil.
La guerra de Irán amenaza la educación de millones de niños en el mundo
Cuando el dinero escasea, ella falta para trabajar. Quiero terminar mis estudios, dice.
¿Por qué la guerra en Irán afecta la educación en Camboya y Vietnam? Parecen lugares muy lejanos.
El precio del combustible es global. Cuando Irán entra en conflicto, los precios del petróleo suben en todo el mundo. En países pobres que dependen de energía importada, eso significa que todo se vuelve más caro: el transporte, la electricidad, la comida. Las familias que ya vivían al límite tienen que elegir.
Pero espera. ¿Cuánto ha subido realmente el precio del combustible? El artículo dice que "se ha disparado" pero no da números específicos. ¿Es un 10 por ciento, un 50 por ciento? Eso importa para entender la magnitud.
Es verdad, no tenemos esos números precisos. Lo que sí sabemos es que en Camboya la electricidad cuesta diez veces más, y en Vietnam los dueños de barcos no pueden salir al mar porque el diésel es demasiado caro. Eso es concreto.
¿Y esos 23,4 millones de niños que podrían caer en pobreza? ¿De dónde viene ese número?
Es de un informe reciente de UNICEF. Pero es una proyección, no algo que ya haya sucedido. Depende de si la guerra continúa.
Exacto. Es un escenario "si". Y el artículo no dice cuántos niños ya han dejado la escuela por la guerra. Sabemos de Ly, Nhi y Sreynich, pero ¿cuál es la cifra real de abandono escolar atribuible a esto?
No la tenemos. Lo que vemos son historias de familias que están tomando decisiones desesperadas ahora mismo. Ly y Nhi trabajaban ilegalmente. Sreynich falta a la escuela para pescar. Eso es lo que está pasando.
¿Quién está más en riesgo?
Las familias más pobres, claramente. Pero también hay un patrón de género: en el sur de Asia, cuando hay crisis económica, las niñas tienden a ser sacadas de la escuela primero porque las familias priorizan a los varones. Y eso puede llevar a matrimonios infantiles.
Aunque el artículo dice que el sur de Asia tiene el 45 por ciento de las niñas casadas en la infancia del mundo. Pero no dice si ese número está aumentando por la guerra, o si es un problema histórico que la guerra está empeorando. Son cosas distintas.
Buen punto. Lo que sabemos es que la presión económica está empujando a familias a tomar decisiones que antes no tomaban. Eso es lo nuevo aquí.
Il Polso
- Hasta 23,4 millones de niños podrían caer en pobreza si la guerra continúa, según UNICEF
- El 80 por ciento de esos niños estarían en África y Asia
- Más de 466 millones de niños reciben al menos una comida al día en la escuela a nivel mundial
- El sur de Asia concentra el 45 por ciento de las niñas casadas en la infancia del mundo
Los precios del combustible han encarecido el transporte escolar y dificultan que gobiernos financien educación en países en desarrollo. Niños en Camboya, Vietnam y Bangladesh abandonan la escuela para trabajar, enfrentando explotación laboral y matrimonio infantil.
El conflicto en Irán ha disparado los precios del combustible, obligando a millones de familias pobres a elegir entre educación y supervivencia. UNICEF advierte que hasta 23,4 millones de niños podrían caer en pobreza si la guerra continúa.
Sou Sreynich tiene trece años y llegó a la escuela hace apenas tres. En el Tonle Sap, el mayor lago de agua dulce del Sudeste Asiático, la mayoría de los niños comienzan mucho antes, pero la madre de Sreynich esperó hasta que tuviera edad suficiente para nadar, asustada de que la embarcación que la llevaría pudiera volcarse. Ahora enfrenta un obstáculo distinto: el precio de la gasolina se ha disparado por la guerra de Irán, y eso ha hecho que viajar a la escuela sea más caro para su familia de pescadores. Cuando el dinero escasea, ella falta uno o dos días para trabajar junto a sus padres. "Quiero terminar mis estudios", dice, pero cada ausencia la asusta.
La guerra en Irán no ha cerrado las escuelas como lo hizo la pandemia de COVID-19, pero su impacto es más silencioso y, paradójicamente, más destructivo para quienes menos tienen. El combustible encarecido está elevando el costo del transporte de estudiantes y maestros. Los gobiernos de países en desarrollo, ya presionados, ven sus presupuestos nacionales reducidos mientras los costos de energía y alimentos se disparan. Las familias que vivían al borde del precipicio ahora deben elegir: pagar comida, combustible, alquiler y electricidad, o mantener a sus hijos en la escuela. Para muchas, la escuela pierde.
En Vietnam, dos hermanas llamadas Ly y Nhi, de dieciséis y trece años respectivamente, dejaron la escuela para trabajar en un restaurante de Hanói después de que su padre perdiera su empleo de pescador. El diésel estaba tan caro que los dueños de embarcaciones no podían salir al mar. La familia, ya endeudada y con nueve hijos, no tenía suficiente para alimentarlos y mantenerlos escolarizados. Las niñas trabajaban largas horas expuestas a herramientas afiladas, superficies calientes y cargas pesadas. Para Nhi, además, era ilegal según las leyes de trabajo infantil de Vietnam. La organización Blue Dragon Children's Foundation intervino en abril y ambas regresaron a la escuela, pero su historia es una entre millones.
Según un informe reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, si la guerra continúa, hasta 23,4 millones de niños más podrían caer en la pobreza para finales de año. Cerca del 80 por ciento de esos niños estarían en África y Asia. Michael Brosowski, de la fundación Blue Dragon, explica que cuando las familias llegan a una crisis financiera, actúan en emergencia: algunos niños siguen en la escuela mientras otros son sacados para trabajar. Los niños fuera de la escuela son mucho más vulnerables a la explotación, la trata y la falta de vivienda. "Es una crisis para muchas familias", dice.
El impacto se extiende más allá del transporte. Los costos más altos del combustible están elevando el precio de casi cada aspecto de la educación: llevar suministros a las aulas, abastecer laboratorios, pagar a maestros y trabajadores humanitarios para que lleguen a comunidades remotas. En Camboya, donde todo debe transportarse en barco al Tonle Sap, la electricidad para hacer funcionar un laboratorio cuesta diez veces más que antes. Los gobiernos, además, lidian con facturas crecientes de alimentos y energía, lo que deja menos dinero para educación. Sabrina Hervey, de la fundación Education Above All con sede en Qatar, advierte que la guerra "probablemente va a obligar a millones de niños a dejar la escuela y podría forzar a millones de niños a tomar la decisión de no inscribirse desde el principio".
En el sur de Asia, las niñas corren un riesgo particular. Las familias tienden a priorizar a los hijos varones, y las dificultades económicas podrían significar que más niñas abandonen la escuela y que aumenten los matrimonios infantiles. El sur de Asia concentra el 45 por ciento de las niñas casadas en la infancia en el mundo, la proporción más alta de cualquier región. Más de 466 millones de niños en todo el mundo reciben al menos una comida al día en la escuela, según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. Esas comidas los mantienen en la escuela, mejoran su capacidad para aprender y apoyan un desarrollo cerebral saludable. Pero estos programas también podrían verse bajo presión: el conflicto interrumpe los envíos de fertilizantes y eleva los costos de transporte, especialmente en países de África occidental y central que dependen en gran medida de alimentos importados. En el norte de Nigeria, trabajadores locales de salud y ayuda humanitaria reportan que es cada vez más común que los niños recaigan en la desnutrición.
En Camboya, los maestros de la escuela de Sreynich cuentan que diez estudiantes se han ahogado a lo largo de los años navegando hacia las aulas. El cambio climático está haciendo el viaje más peligroso, con inundaciones y sequías cada vez más impredecibles. Ahora, el precio del combustible ha añadido otra capa de dificultad. Sreynich sigue soñando con convertirse en maestra, pero sabe que está muy atrasada. Cada día que falta a la escuela para trabajar es un día que no puede recuperar, y cada día que pasa es un día en que la guerra de Irán sigue presionando a su familia hacia decisiones que ninguna familia debería tener que tomar.
Citazioni salienti
La guerra de Irán probablemente va a obligar a millones de niños a dejar la escuela y podría forzar a millones de niños a tomar la decisión de no inscribirse desde el principio— Sabrina Hervey, Education Above All
Cuando las familias llegan a una crisis financiera, actúan en emergencia: algunos niños siguen en la escuela mientras otros son sacados para trabajar. Los niños que no están en la escuela son mucho más vulnerables a la explotación, la trata y la falta de vivienda— Michael Brosowski, Blue Dragon Children's Foundation