En un mundo donde las cadenas de suministro globales se han tensado hasta el límite, Perú enfrenta una realidad que muchos países conocen bien: los costos del comercio marítimo se han multiplicado de forma sin precedentes, y el verdadero peso de esa transformación aún no ha llegado. El gobierno peruano, consciente de que no puede doblegar las fuerzas del mercado internacional, ha optado por hacer lo que sí está en sus manos: reducir fricciones internas, modernizar rutas logísticas y proteger a sus operadores comerciales de abusos en un momento de vulnerabilidad. Es la respuesta pragmática de u
Gobierno prepara plan para reducir costos logísticos ante alza de 725% en fletes marítimos
El verdadero golpe aún no llega, pero el gobierno ya se prepara
¿Por qué el gobierno espera hasta 2022 para sentir el impacto si los precios ya subieron en 2021?
Porque la mayoría de las empresas que importan y exportan tienen contratos de largo plazo que fijaron precios hace años. Esos contratos son como un escudo temporal. Cuando vencen en 2022, tienen que renegociar a los precios de hoy.
Entonces, ¿el problema no es el precio del flete en sí, sino cómo se transmite a la economía real?
Exactamente. El flete ya subió 725 por ciento. Eso es un hecho global que Perú no puede cambiar. Lo que el gobierno puede hacer es reducir otros costos: mejorar puertos, conectar ferrocarriles, eliminar cuellos de botella en tierra.
¿Qué tan realista es integrar el Ferrocarril Central al Callao?
Es una medida ambiciosa. Requiere coordinación entre ministerios y la autoridad portuaria. No es algo que se haga en meses. Pero si funciona, podría cambiar significativamente cómo se mueve la carga.
¿Y el cabotaje entre Callao y Chancay?
Es una idea inteligente. Evita que la carga tenga que viajar por carretera entre dos puertos que están relativamente cerca. Pero también depende de que Chancay esté operativo y de que haya demanda suficiente.
¿Qué pasa si estas medidas no son suficientes?
Entonces los precios suben de todas formas. El gobierno está tratando de minimizar el daño, no de evitarlo completamente. Es un plan defensivo, no ofensivo.
The Pulse
- Los fletes marítimos desde Asia al Callao se dispararon 725% en un solo año, alcanzando los US$ 10,280 por contenedor, una cifra que amenaza con reconfigurar los precios de casi todo lo que Perú importa y exporta.
- El golpe más duro aún no ha llegado: entre el 40 y el 50% de la carga opera bajo contratos con tarifas congeladas de años anteriores, pero esos acuerdos vencen en 2022 y entonces los costos reales golpearán de lleno a empresas y consumidores.
- El Mincetur ha coordinado con seis ministerios un plan multisectorial que no pretende bajar los fletes globales, sino reducir los costos logísticos internos donde el Estado sí tiene margen de acción.
- Entre las medidas más ambiciosas figuran integrar el Ferrocarril Central al puerto del Callao, establecer rutas de cabotaje entre puertos peruanos y coordinar con la Alianza del Pacífico para fortalecer corredores terrestres regionales.
- El Indecopi podría sumarse al esfuerzo para vigilar abusos de posición dominante en el sector logístico, evitando que los costos suban aún más por prácticas monopólicas locales en medio de la crisis global.
En un mundo donde las cadenas de suministro globales se han tensado hasta el límite, Perú enfrenta una realidad que muchos países conocen bien: los costos del comercio marítimo se han multiplicado de forma sin precedentes, y el verdadero peso de esa transformación aún no ha llegado. El gobierno peruano, consciente de que no puede doblegar las fuerzas del mercado internacional, ha optado por hacer lo que sí está en sus manos: reducir fricciones internas, modernizar rutas logísticas y proteger a sus operadores comerciales de abusos en un momento de vulnerabilidad. Es la respuesta pragmática de un Estado pequeño ante una tormenta grande.
En octubre de 2021, enviar un contenedor desde Asia hasta el Callao costaba US$ 10,280. Un año antes, esa misma ruta valía una fracción de esa cifra. El incremento acumulado fue de 725%, una cifra que deja de ser abstracta cuando se comprende que afecta prácticamente todo lo que Perú mueve por mar.
Sin embargo, Francisco Ruiz, director general de Facilitación del Comercio Exterior del Mincetur, advirtió que el impacto más severo aún está por venir. Entre el 40 y el 50% de la carga marítima del país viaja bajo contratos de largo plazo firmados cuando los precios eran mucho más bajos. Esos contratos han funcionado como amortiguadores, pero la mayoría vence en 2022. Cuando eso ocurra, las empresas deberán renegociar a precios de mercado actuales, y entonces los efectos se trasladarán con fuerza a productos importados, exportaciones y toda la cadena de suministro.
Ante esa realidad anticipada, el Mincetur coordinó con otros seis ministerios un plan que no busca lo imposible —reducir los fletes globales— sino hacer más eficiente la logística interna donde sí existe margen de maniobra. Las medidas incluyen integrar el Ferrocarril Central directamente al interior del puerto del Callao, establecer rutas de cabotaje entre Callao y Chancay, y coordinar con la Alianza del Pacífico para fortalecer corredores terrestres internacionales. El gobierno incluso evalúa con la Marina de Guerra la posibilidad de habilitar temporalmente naves militares para operaciones comerciales.
No faltan las medidas más cotidianas pero igualmente urgentes: coordinar con la municipalidad del Callao desvíos alternativos para que las obras de la Línea 2 del metro no obstaculicen el ingreso de camiones al puerto. Cada hora de espera en una cola es un costo que alguien termina pagando.
El Indecopi también podría incorporarse al esfuerzo, con un rol doble: proteger a los usuarios del comercio exterior frente a operadores logísticos y vigilar posibles abusos de posición dominante en el sector. La idea es que, si los costos deben subir por razones globales, al menos no suban más de lo necesario por razones locales. Es un plan sin glamour, pero es lo que el Estado puede ofrecer frente a una crisis que lo supera.
En octubre de este año, el costo de enviar un contenedor desde Asia hasta el puerto del Callao alcanzó los 10,280 dólares. Doce meses antes, ese mismo viaje costaba una fracción de esa cifra. El incremento acumulado: 725 por ciento. Es una cifra que suena abstracta hasta que se entiende lo que significa: casi todo lo que Perú importa o exporta por mar ha visto multiplicarse sus costos de transporte de manera dramática en menos de un año.
Pero aquí está lo que mantiene despiertos a los funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior: el verdadero golpe aún no llega. Francisco Ruiz, director general de Facilitación del Comercio Exterior, advirtió públicamente que los impactos más severos de estos aumentos se sentirán recién a partir de 2022. La razón es técnica pero importante. Aproximadamente entre el 40 y el 50 por ciento de la carga marítima que se mueve en el país viaja bajo contratos de largo plazo que fijaron sus tarifas hace uno o dos años, cuando los precios eran mucho más bajos. Esos contratos actúan como un amortiguador temporal. Pero ese amortiguador se agota. La mayoría de estos acuerdos vencen durante 2022, momento en el cual las empresas tendrán que negociar nuevos términos reflejando los costos reales del presente. Entonces sí, los precios de los productos importados subirán. Las exportaciones se encarecerán. La cadena de suministro peruana sentirá el peso completo.
Anticipándose a esa realidad, el Mincetur ha coordinado con otros seis ministerios un plan destinado a amortiguar el impacto. No es un plan para bajar los fletes marítimos, algo que está fuera del alcance del gobierno peruano. Es un plan para reducir otros costos logísticos, para hacer más eficiente el movimiento de carga dentro del país, para ganar tiempo y dinero en los puntos donde sí hay margen de maniobra.
Las medidas son variadas y algunas ambiciosas. Una de ellas busca integrar el Ferrocarril Central directamente al interior del puerto del Callao, trabajo que recaerá en la Autoridad Portuaria Nacional y el Ministerio de Transportes. Otra propone establecer rutas de cabotaje, es decir, transporte marítimo entre puertos peruanos, específicamente entre Callao y Chancay, mientras se estudia la construcción de carreteras que conecten ambos terminales. También hay planes de coordinación con otros países de la Alianza del Pacífico para fortalecer rutas terrestres internacionales y cabotaje regional. El gobierno incluso evalúa con la Marina de Guerra la posibilidad de habilitar temporalmente naves militares para operaciones comerciales.
Hay también una medida más mundana pero no menos importante: coordinar con la municipalidad del Callao para establecer desvíos alternativos que no obstaculicen el ingreso de camiones al puerto mientras se ejecutan las obras de la Línea 2 del metro. Cada minuto que un camión pasa esperando en una cola es dinero que se pierde.
El Mincetur también está por confirmar la participación del Indecopi, la autoridad de competencia del país, en este esfuerzo. El rol sería doble: fortalecer los mecanismos de defensa de los usuarios del comercio exterior frente a los operadores logísticos, y vigilar casos de abuso de posición dominante en el sector. En otras palabras, asegurar que mientras los costos suben por factores globales, no suban aún más por prácticas monopólicas locales.
Lo que emerge de todo esto es un gobierno consciente de que está enfrentando una crisis de oferta global que no puede resolver, pero decidido a hacer lo que está a su alcance. No es glamoroso. No es una solución. Pero es lo que hay.
Notable Quotes
Los mayores impactos de esas alzas en el caso de las operaciones de comercio exterior se sentirán en el país a partir del año entrante— Francisco Ruiz, director general de Facilitación del Comercio Exterior del Mincetur