Garland defiende el registro de Mar-a-Lago y pide al juez publicar la orden

No me quedaré callado cuando se ataca injustamente su integridad
Garland defiende a los agentes del FBI y fiscales contra críticas sobre la operación en Mar-a-Lago.
Mark

¿Por qué Garland esperó tres días para hablar? Parece una eternidad en política.

Mimi

Probablemente porque necesitaba asegurar que la orden estuviera en manos de Trump y que sus abogados tuvieran tiempo de procesarla. Hablar antes habría sido imprudente legalmente.

Luke

Pero eso dejó un vacío de tres días lleno de especulación, amenazas contra el FBI, y narrativas de persecución política que se enraizaron sin respuesta. ¿Valió la pena la cautela legal?

Mark

Garland dice que aprobó personalmente la decisión. ¿Eso es inusual?

Mimi

Sí. Normalmente esas decisiones se toman en niveles más bajos del departamento. Que el fiscal general mismo la apruebe señala que sabía que esto sería explosivo y quería asegurar que se hiciera correctamente.

Luke

O que quería poder decir después que él era responsable. No sabemos si fue una decisión compartida o si otros en el departamento tenían dudas.

Mark

¿Qué tan sólida es la base legal para el registro?

Mimi

Necesitaban causa probable ante un juez federal, y el juez la autorizó. Eso es el estándar legal. Pero la causa probable se basó en información de una fuente confidencial cercana a Trump.

Luke

Una fuente que aún no ha sido identificada públicamente. Sabemos que existía, que era confiable, que sabía dónde estaban los documentos. Pero no sabemos quién es ni qué motivaba su cooperación.

Mark

Trump dice que el FBI le pidió que pusiera una cerradura, y luego la arrancó. ¿Es eso relevante?

Mimi

Sugiere que Trump sabía que los documentos estaban allí y que cooperó inicialmente. Pero luego no entregó todo lo que debería haber entregado, así que el FBI volvió.

Luke

Trump describe eso como una trampa. El Departamento de Justicia lo describe como un paso en un proceso de cumplimiento que fracasó. Ambas versiones pueden ser ciertas simultáneamente, y no sabemos cuál fue la intención real.

Mark

¿Qué pasa ahora con la orden de registro?

Mimi

Garland pidió al juez que la publique. Trump puede oponerse, pero si lo hace, parece que está ocultando algo.

Luke

O está protegiendo información sobre sus abogados, sus comunicaciones, detalles que podrían usarse contra él después. La publicación no es automática solo porque Garland la pidió.

  • Merrick Garland aprobó personalmente la decisión de solicitar la orden de registro
  • El registro se basó en información de una fuente confidencial cercana a Trump
  • Trump entregó 15 cajas de documentos en enero de 2022, algunas con clasificación de secretas
  • Agentes federales visitaron Mar-a-Lago en primavera de 2022 y verificaron que Trump aún tenía documentos presidenciales
  • El Departamento de Justicia solicitó al juez publicar la orden de cinco páginas

Garland afirma haber aprobado personalmente la decisión de solicitar la orden de registro y defiende la actuación del FBI contra críticas y amenazas. El registro se basó en información de una fuente cercana a Trump sobre documentos clasificados incumpliendo un requerimiento previo de devolución.

El fiscal general Merrick Garland rompe su silencio tres días después del registro del FBI en Mar-a-Lago y pide al juez que publique la orden, asegurando que tomó la decisión personalmente y que no se toma a la ligera.

Tres días después de que agentes federales irrumpieran en Mar-a-Lago, el fiscal general Merrick Garland compareció ante los medios en Washington para romper su silencio sobre la operación más controvertida de su mandato. No ofreció detalles —la ley se lo impedía, argumentó— pero sí hizo algo que Trump aún no había hecho: defender públicamente lo que había sucedido. Garland anunció que solicitaría al juez que permitiera publicar la orden de registro, alegando que el interés público justificaba levantar el secreto sobre un documento que normalmente permanecería bajo sello.

La decisión de registrar la residencia de un expresidente estadounidense no era menor. Garland subrayó que la había aprobado personalmente y que en el Departamento de Justicia tales decisiones "no se toman a la ligera". Explicó que la práctica habitual era buscar alternativas menos invasivas antes de recurrir a un registro, y que cuando se procedía a uno, se limitaba cuidadosamente su alcance. Luego defendió la integridad de los agentes del FBI y los fiscales que habían ejecutado la orden, rechazando lo que llamó "ataques infundados" contra su profesionalismo. No respondió preguntas.

La orden de registro, un documento de cinco páginas, había sido entregada a los representantes de Trump cuando se ejecutó. Pero fue el propio expresidente quien la hizo pública al emitir una declaración reconociendo que el FBI había actuado. Eso cambió el cálculo legal. El Departamento de Justicia argumentó en su moción ante el tribunal del sur de Florida que, una vez Trump había confirmado públicamente el registro y sus abogados habían hecho declaraciones sobre lo que se buscaba, el secreto ya no servía a su propósito original. El interés público en entender qué había ocurrido pesaba más que mantener la orden bajo sello. La pelota estaba ahora en la cancha de Trump: podía oponerse a su publicación, pero hacerlo debilitaría su narrativa de persecución política.

Lo que había llevado a los agentes hasta Mar-a-Lago era una cadena de incumplimientos. La ley federal exige que los presidentes entreguen todos los documentos presidenciales a los Archivos Nacionales al dejar el cargo. Trump no lo hizo. En mayo de 2021, personal de los Archivos se dirigió a él para interesarse por documentación faltante. En enero de 2022, ante la amenaza de acciones más drásticas, Trump entregó quince cajas. Entre ellas había cartas del líder norcoreano Kim Jong-un, una nota que Barack Obama le había dejado en su último día en el Despacho Oval, y documentos clasificados como secretos. En febrero, los Archivos pidieron al Departamento de Justicia que abriera una investigación.

La primavera anterior al registro, agentes federales habían visitado Mar-a-Lago. Se reunieron con abogados de Trump, le pidieron que mostrara dónde guardaba los documentos presidenciales, y comprobaron que aún los tenía. Trump reconoció después esa visita, pero la describió de manera muy distinta: dijo que el FBI le había pedido que instalara una cerradura adicional en la puerta del almacén, que luego el FBI había arrancado sin previo aviso. Lo que los agentes encontraron en el registro fue suficiente para justificar la operación: aproximadamente una decena de cajas con documentos, localizadas gracias a información confidencial de una fuente lo bastante cercana a Trump como para saber qué documentos clasificados estaban en la propiedad y dónde encontrarlos.

Trump intentó enmarcar el registro como persecución política. Escribió en su red social que había sido "un ataque sorpresa, POLÍTICO" y comparó su situación con la de Obama, preguntando por qué el FBI no había registrado la casa de su predecesor en Martha's Vineyard. Pero no consta que Obama se hubiera llevado documentos clasificados de la Casa Blanca, ni que hubiera incumplido ningún requerimiento de devolución. Obama sí se llevó documentos, pero con el propósito declarado de digitalizarlos, algo que tampoco consta que finalmente hiciera.

La ley penal estadounidense castiga a quien oculta, elimina, mutila, borra, falsifica o destruye voluntaria e ilegalmente documentos federales bajo su custodia con penas que van desde multa hasta tres años de prisión e inhabilitación para desempeñar cargos públicos. Otra norma impone penas de uno a cinco años a quienes se apoderan o destruyen documentos clasificados. El registro había elevado la tensión política en un país ya profundamente dividido. Dos días antes de la operación del FBI, Biden se había reunido durante dos horas con historiadores para hablar sobre los riesgos que enfrentaba la democracia estadounidense, una conversación que The Washington Post revelaría después, en la que se comparó la situación actual incluso con la previa a la Guerra Civil. La Casa Blanca se mantuvo al margen, insistiendo en que nadie había sido advertido previamente de lo que iba a suceder.

Aprobé personalmente la decisión de solicitar una orden de registro en este asunto. En el Departamento no se toma esa decisión a la ligera.
— Merrick Garland, fiscal general de Estados Unidos
Un ataque sorpresa, POLÍTICO, y todo mientras nuestro país se va al INFIERNO
— Donald Trump, describiendo el registro en su red social
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