Cada invierno, junto con el frío, regresan las dudas sobre la vacuna contra la influenza: mitos que circulan en conversaciones cotidianas y que especialistas se esfuerzan en desmontar con evidencia. La influenza no es un resfrío, sino una infección capaz de matar a cientos de miles de personas al año, y la vacuna —compuesta de virus inactivados incapaces de enfermar— representa una de las herramientas más eficaces para proteger tanto al individuo como a quienes lo rodean. Entender cómo muta el virus y cómo responde el cuerpo humano es, en el fondo, aprender a habitar con mayor sabiduría la fra
Expertos desmienten mitos sobre la vacuna de influenza: no causa enfermedad y sigue siendo eficaz
El objetivo no es evitar todos los contagios, sino prevenir que la enfermedad se vuelva grave.
¿Por qué la gente sigue creyendo que la vacuna causa influenza si la ciencia lo desmiente tan claramente?
Porque la experiencia personal a veces engaña. Alguien se vacuna, luego se resfría o se enferma, y conecta los dos eventos. Pero el virus ya estaba circulando; la vacuna simplemente no lo previno en ese caso particular. Es una coincidencia temporal que se interpreta como causa.
Entonces la vacuna no es perfecta.
No. Pero perfección no es el estándar. El estándar es: ¿reduce el daño grave? ¿Salva vidas? La respuesta a ambas es sí. Una persona vacunada que se contagia probablemente tendrá síntomas leves. Sin vacuna, podría terminar en una cama de hospital.
¿Y por qué cada año? ¿No debería funcionar para siempre?
El virus muta. Es como si el enemigo cambiara de uniforme cada temporada. Tu cuerpo aprendió a reconocer el uniforme del año pasado, pero este año usa uno nuevo. Además, tu memoria inmunológica se desvanece con el tiempo. Necesitas un recordatorio.
¿Quién se beneficia más de la vacuna?
Todos, pero especialmente los vulnerables: los ancianos, las embarazadas, los niños pequeños, los enfermos crónicos. Para ellos, la influenza no es una molestia; es una amenaza real. Pero también se benefician los que los rodean, porque una comunidad vacunada es una comunidad donde el virus circula menos.
¿Hay algo que la gente debería saber y no sabe?
Que esos síntomas leves después de la vacuna—la fiebre, el cansancio—no son fracaso. Son evidencia de que tu sistema inmunológico está despierto y construyendo defensas. Es incómodo por 48 horas. La influenza sin vacuna puede ser incómoda por semanas, o peor.
O Pulso
- La influenza mata cerca de 650 mil personas al año y genera hasta cinco millones de hospitalizaciones, pero persiste la creencia de que la vacuna es innecesaria o peligrosa.
- El mito más extendido —que la vacuna provoca la enfermedad— carece de cualquier base biológica: los virus inactivados que contiene son incapaces de multiplicarse en el organismo.
- Las reacciones leves como fiebre baja o cansancio tras la vacunación no son síntomas de influenza, sino señales de que el sistema inmunológico está construyendo defensas activas.
- El virus muta constantemente mediante deriva antigénica, lo que obliga a reformular la vacuna cada año y a renovar la dosis, especialmente en adultos mayores cuya inmunidad decrece más rápido.
- La vacuna no elimina todo riesgo de contagio, pero reduce de forma significativa las hospitalizaciones, los ingresos a UCI y las muertes, protegiendo además a las poblaciones más vulnerables a través de la inmunidad colectiva.
Cada invierno, junto con el frío, regresan las dudas sobre la vacuna contra la influenza: mitos que circulan en conversaciones cotidianas y que especialistas se esfuerzan en desmontar con evidencia. La influenza no es un resfrío, sino una infección capaz de matar a cientos de miles de personas al año, y la vacuna —compuesta de virus inactivados incapaces de enfermar— representa una de las herramientas más eficaces para proteger tanto al individuo como a quienes lo rodean. Entender cómo muta el virus y cómo responde el cuerpo humano es, en el fondo, aprender a habitar con mayor sabiduría la fragilidad compartida de la vida.
Cuando llega el invierno, las dudas sobre la vacuna contra la influenza vuelven con la misma regularidad que el frío. ¿Puede enfermar? ¿Por qué hay que repetirla cada año? Paulina Rojas, académica de la Universidad Andrés Bello, advierte desde el principio que la influenza no es un simple resfrío: es una infección respiratoria aguda capaz de derivar en neumonía, insuficiencia respiratoria y muerte. La OMS estima cerca de mil millones de contagios anuales en el mundo, hasta cinco millones de hospitalizaciones y 650 mil muertes por complicaciones respiratorias.
El mito más persistente —que la vacuna causa influenza— no tiene sustento biológico alguno. Las dosis aplicadas en Chile contienen virus inactivados o fragmentos proteicos incapaces de multiplicarse. Las reacciones que algunas personas experimentan en las primeras 48 horas, como fiebre leve o cansancio, son simplemente el sistema inmunológico en acción, construyendo las defensas que actuarán frente al virus real.
La necesidad de vacunarse cada año responde a la naturaleza del propio virus: el influenza muta continuamente mediante deriva antigénica, lo que obliga a la OMS a actualizar la composición de la vacuna en cada temporada. A esto se suma que la protección inmunológica disminuye con el tiempo, sobre todo en adultos mayores.
Aunque ninguna vacuna garantiza protección absoluta contra el contagio, la evidencia es contundente: reduce de forma significativa las hospitalizaciones, los ingresos a UCI y las muertes. Rojas subraya que vacunarse no es solo un acto individual, sino una forma de proteger a quienes son más vulnerables, reduciendo la circulación del virus en la comunidad. En invierno, esa protección colectiva puede ser la diferencia entre una temporada manejable y una crisis de salud pública.
Cuando llega el invierno, junto con el frío y las lluvias vuelven también las dudas sobre la vacuna contra la influenza. ¿Realmente protege? ¿Puede enfermar? ¿Por qué hay que ponérsela cada año? Estas preguntas circulan en conversaciones de almuerzo, en redes sociales, en consultorios. Y aunque parecen simples, la respuesta requiere entender qué es realmente la influenza y cómo funciona el cuerpo humano frente a ella.
Paulina Rojas, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, comienza por aclarar una confusión fundamental: la influenza no es un resfrío común. Es una infección respiratoria aguda causada principalmente por los virus influenza A y B, capaz de derivar en neumonía, insuficiencia respiratoria y, en casos graves, la muerte. Las personas mayores, las embarazadas, los niños pequeños y quienes padecen enfermedades crónicas corren riesgo particular. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año esta enfermedad genera cerca de mil millones de contagios en el mundo, entre tres y cinco millones de casos que requieren hospitalización, y hasta 650 mil muertes por complicaciones respiratorias.
El mito más persistente es que la vacuna causa influenza. Rojas es categórica al responder: no existe mecanismo biológico alguno por el cual esto sea posible. Las dosis que se aplican en Chile contienen virus inactivados o fragmentos de proteínas incapaces de multiplicarse dentro del organismo. Lo que sí ocurre es que algunas personas experimentan dolor en el brazo, fiebre baja o cansancio durante las primeras 48 horas después de la vacunación. Estas reacciones no son la enfermedad: son señales de que el sistema inmunológico está trabajando, generando las defensas que protegerán al cuerpo cuando se encuentre con el virus real.
La pregunta sobre por qué la vacuna debe aplicarse cada año tiene una respuesta que toca el corazón de cómo evolucionan los virus. El influenza cambia constantemente mediante pequeñas mutaciones conocidas como deriva antigénica. La Organización Mundial de la Salud monitorea permanentemente las cepas que circulan globalmente para actualizar la composición de la vacuna en cada temporada, asegurando que siga siendo relevante. Además, la protección inmunológica que genera la vacuna disminuye con el tiempo, especialmente en los adultos mayores, razón por la cual una nueva dosis anual es necesaria.
Ninguna vacuna ofrece protección absoluta contra el contagio, y la del influenza no es excepción. Pero la evidencia científica es clara: reduce significativamente el riesgo de hospitalización, de ingreso a unidades de cuidados intensivos y de muerte. El objetivo no es evitar todos los contagios, sino prevenir que la enfermedad se vuelva grave. Rojas subraya algo que va más allá del beneficio individual: vacunarse protege también a las personas más vulnerables, disminuyendo la circulación del virus en la comunidad y fortaleciendo lo que se conoce como protección colectiva. Durante el invierno, cuando el virus circula con mayor intensidad, esa protección compartida es lo que marca la diferencia entre una temporada manejable y una crisis de salud pública.
Citações Notáveis
No existe ningún mecanismo biológico por el cual estas vacunas puedan causar la enfermedad— Paulina Rojas, académica de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello
El objetivo principal de la vacuna no es evitar todos los contagios, sino prevenir las consecuencias más graves de la enfermedad— Paulina Rojas