Estudio: la pandemia de COVID-19 evitó brote de rara enfermedad neurológica paralizante

La mielitis flácida aguda afecta principalmente a niños, causando parálisis y debilitamiento muscular en más del 90% de los casos reportados.
Menos personas expuestas significa menos personas protegidas
Los investigadores advierten que la baja circulación del virus en 2020 dejó a la población más vulnerable a futuros brotes.
Mark

¿Por qué un virus que causa parálisis en niños desapareció casi por completo en 2020 si el covid-19 fue lo que dominó los titulares?

Mimi

Porque las medidas para frenar el covid-19 —mascarillas, distancia, quedarse en casa— no discriminan entre virus. El enterovirus D68 necesita contacto cercano para propagarse, y ese contacto simplemente no ocurrió en 2020 como lo hacía antes.

Mark

Entonces, ¿esto es bueno o malo? Parece que evitamos una enfermedad.

Mimi

Es complicado. Sí, evitamos un brote en 2020. Pero el virus no desapareció; solo circuló menos. Eso significa que menos niños fueron expuestos y menos desarrollaron inmunidad natural.

Mark

¿Y eso importa ahora que las restricciones se han levantado?

Mimi

Importa mucho. Si el virus vuelve a circular libremente, encontrará una población más vulnerable de lo que habría sido si hubiera circulado normalmente durante estos años.

Mark

¿Cuál es el patrón que los científicos notaron antes de 2020?

Mimi

El enterovirus D68 mostraba brotes cada dos años: 2014, 2016 con 153 casos, 2018 con 238. Todo apuntaba a que 2020 traería otro brote similar. Pero solo hubo 31 casos.

Mark

¿Los investigadores creen que el enterovirus D68 definitivamente causa la mielitis flácida aguda?

Mimi

No con certeza absoluta. Sospechan que es el culpable, pero la causa exacta sigue siendo un misterio. Lo que sí saben es que cuando el EV-D68 circula, la MFA aparece; cuando no circula, tampoco.

Mark

¿Qué debería hacer la salud pública ahora?

Mimi

Vigilar. Estar atento a cualquier resurgimiento del enterovirus D68 y prepararse para posibles brotes de MFA. No es un pánico, pero sí una necesidad de mantener los ojos abiertos.

  • La mielitis flácida aguda seguía un patrón alarmante de brotes en años pares —2014, 2016, 2018— golpeando principalmente a niños con parálisis y debilitamiento muscular irreversible.
  • Los modelos predictivos anticipaban para 2020 un nuevo brote de magnitud similar o mayor al de 2018, que registró 238 casos de enterovirus D68.
  • Las restricciones masivas impuestas por la pandemia de covid-19 colapsaron la transmisión del enterovirus D68, reduciendo los casos en casi un 87 por ciento respecto a lo esperado.
  • El brote evitado no equivale a una amenaza eliminada: la baja circulación del virus dejó a más personas sin inmunidad natural, aumentando la susceptibilidad colectiva.
  • Los científicos advierten que, al relajarse las medidas de contención, el enterovirus D68 podría resurgir con mayor fuerza ante una población menos protegida que en ciclos anteriores.

En el año en que el mundo volcó sus esfuerzos en contener una pandemia, una enfermedad neurológica rara que paraliza principalmente a niños simplemente no llegó. Investigadores de la Universidad de Princeton publicaron en Science Translational Medicine que las medidas anticovid de 2020 —distanciamiento, cuarentenas, uso de mascarillas— redujeron los casos del enterovirus D68 de los 238 esperados a apenas 31, interrumpiendo el ciclo bienal de brotes de mielitis flácida aguda. La paradoja es que esta victoria silenciosa podría haber dejado a la población con menos inmunidad natural, sembrando las condiciones para un brote mayor cuando la vida regrese a la normalidad.

A mediados de 2020, mientras el mundo combatía el coronavirus, una enfermedad neurológica rara y paralizante simplemente no apareció. Un equipo liderado por Sang Woo Park, modelador de enfermedades infecciosas de la Universidad de Princeton, publicó en Science Translational Medicine un hallazgo casi paradójico: las mismas medidas que frenaron el covid-19 también interrumpieron el ciclo de la mielitis flácida aguda, una dolencia que durante años había golpeado a comunidades estadounidenses con regularidad inquietante.

La mielitis flácida aguda ataca directamente la médula espinal, debilitando músculos y reflejos, y más del 90 por ciento de sus víctimas son niños. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades habían documentado brotes significativos en 2014, 2016 y 2018, con números que crecían en los años pares. Los científicos apuntan al enterovirus D68 como probable responsable: en 2016 se registraron 153 casos; en 2018, 238. Todo indicaba que 2020 traería otro brote importante.

No sucedió. En 2020 solo se contabilizaron 31 casos de enterovirus D68 en todo el país, una caída del 87 por ciento respecto a lo esperado. El distanciamiento social, el uso de mascarillas y las restricciones de movimiento alteraron fundamentalmente la dinámica de transmisión del virus, según concluyó el equipo de Park.

Pero esta aparente victoria carga una inquietud silenciosa. Con tan pocos contagios, la población tuvo menos oportunidades de desarrollar inmunidad natural, lo que aumenta el número de personas susceptibles. Los autores advierten que, cuando las medidas de contención se relajen y la vida regrese a la normalidad, las condiciones estarán dadas para un brote potencialmente mayor. Las intervenciones de salud pública salvaron vidas del covid-19, pero sus consecuencias se extienden más allá de su objetivo inmediato, recordándonos que en epidemiología, las amenazas pospuestas no siempre son amenazas eliminadas.

A mediados de 2020, mientras el mundo se enfocaba en contener la propagación del coronavirus, algo inesperado sucedía en las sombras: una enfermedad neurológica rara y paralizante simplemente no aparecía. Un equipo de investigadores publicó esta semana en Science Translational Medicine un hallazgo que suena casi paradójico: las mismas medidas que frenaron el covid-19 —distanciamiento, cuarentenas, restricciones de movimiento— también interrumpieron el ciclo de una dolencia que durante años había golpeado a comunidades estadounidenses con regularidad inquietante.

La mielitis flácida aguda, conocida por sus siglas MFA o AFM en inglés, es una enfermedad que ataca directamente la médula espinal, específicamente la zona de materia gris donde residen los nervios que controlan el movimiento. Debilita los músculos del cuerpo y afecta los reflejos, dejando a sus víctimas con capacidades motoras reducidas. Lo más preocupante es que más del 90 por ciento de los casos ocurren en niños. Durante años, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses habían documentado un patrón inquietante: brotes significativos en 2014, 2016 y 2018, con números que crecían en los años pares.

La causa exacta de la MFA sigue siendo un misterio médico, pero los científicos han convergido en una teoría: el enterovirus D68, un patógeno que circula silenciosamente en las poblaciones humanas, podría ser el responsable. Cuando los investigadores liderados por Sang Woo Park, un modelador de enfermedades infecciosas de la Universidad de Princeton, analizaron los datos de infecciones por EV-D68 entre 2014 y 2019, el patrón fue claro. En 2016 se registraron 153 casos. En 2018, ese número saltó a 238. Los científicos atribuyeron estos picos a factores climáticos y patrones estacionales que favorecían la propagación del virus.

Siguiendo esa tendencia, 2020 debería haber traído otro brote importante. Los modelos predictivos sugerían que el número de casos podría haber alcanzado cifras similares a las de años anteriores. Pero no sucedió. En 2020, solo se registraron 31 casos de EV-D68 en toda la nación. La caída fue dramática, casi del 87 por ciento respecto a lo que habría sido esperable. Park y su equipo concluyeron que la respuesta masiva a la pandemia de covid-19 —el distanciamiento social, el uso de mascarillas, las restricciones de viajes, el aislamiento de personas enfermas— había alterado fundamentalmente la dinámica de transmisión del enterovirus.

Pero esta aparente victoria trae consigo una inquietud silenciosa que los investigadores no pueden ignorar. Un brote evitado no es necesariamente una amenaza eliminada; en algunos casos, es simplemente una amenaza pospuesta. Con solo 31 casos en 2020, la población estadounidense tuvo menos oportunidades de desarrollar inmunidad natural contra el EV-D68. Menos personas expuestas significa menos personas protegidas. Los autores del estudio advierten que el bajo número de contagios en 2020 probablemente aumentó el número de individuos susceptibles a la enfermedad, lo que crea las condiciones perfectas para un brote potencialmente mayor cuando las medidas de contención se relajen y la vida regrese a la normalidad.

Este hallazgo presenta un dilema incómodo para la salud pública: las medidas que salvaron vidas del covid-19 pueden haber dejado a una población más vulnerable a otra enfermedad. No es una razón para arrepentirse de las restricciones implementadas, pero sí un recordatorio de que las intervenciones de salud pública tienen consecuencias que se extienden más allá de su objetivo inmediato. A medida que el mundo se recupera de la pandemia de coronavirus y las restricciones se disuelven, los científicos estarán atentos a cualquier señal de resurgimiento del enterovirus D68 y la mielitis flácida aguda que puede acompañarlo.

Nuestro análisis preliminar indica que la respuesta a la pandemia del covid-19 probablemente afectó la dinámica del brote del EV-D68 en el 2020
— Sang Woo Park y equipo de investigadores
Sobre la base del bajo número de casos de EV-D68 en 2019, esperaríamos que el número de individuos susceptibles hubiera crecido, aumentando la probabilidad de que un gran brote ocurriera
— Autores del estudio
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