Estudio global de la OMS concluye que el Remdesivir es poco efectivo contra el COVID-19

El único fármaco probado que aumenta las tasas de supervivencia es barato y está disponible en todo el mundo
La dexametasona emerge como el tratamiento efectivo mientras Remdesivir, de 2.340 dólares, no reduce la mortalidad.
Mark

¿Por qué este estudio de la OMS es tan importante si Gilead dice que otros ensayos muestran que el Remdesivir funciona?

Mimi

Porque la escala importa. Once mil pacientes en múltiples países es difícil de ignorar. Si el medicamento realmente salvara vidas, un ensayo de ese tamaño debería verlo. Gilead está cuestionando los datos, pero no está presentando un ensayo aleatorio más grande que contradiga esto.

Mark

¿Entonces el Remdesivir nunca funcionó, o simplemente no funciona tan bien como se pensaba?

Mimi

La pregunta es más sutil. Puede acortar el tiempo de recuperación en algunos pacientes, como mostró el ensayo de abril. Pero acortar la recuperación no es lo mismo que salvar vidas. La OMS estaba buscando lo que realmente importa: ¿mueren menos personas? La respuesta fue no.

Mark

¿Qué pasa con todos los países que ya compraron dosis?

Mimi

Eso es el problema real. La UE acaba de firmar un acuerdo por medio millón de dosis. Ahora tienen que decidir si seguir usando un medicamento de 2.340 dólares que no reduce la mortalidad, o cambiar a la dexametasona, que cuesta una fracción de eso.

Mark

¿Por qué Trump recibió Remdesivir si no funciona?

Mimi

Porque en octubre, cuando Trump fue tratado, el ensayo de la OMS aún no se había publicado. Los datos de Gilead de julio sugerían beneficio. Los médicos estaban trabajando con la mejor información disponible en ese momento. Pero eso es exactamente por qué los ensayos grandes y rigurosos importan: para saber la verdad cuando la esperanza y el marketing nublan el panorama.

Mark

¿Qué significa esto para otros tratamientos que están siendo probados?

Mimi

Significa que la OMS está haciendo su trabajo. El estudio Solidarity puede agregar o quitar medicamentos. Ahora sabemos que la dexametasona funciona. Eso es un punto de referencia. Todo lo demás debe medirse contra eso, no contra la promesa o el precio.

  • Un ensayo con más de 11.000 pacientes en hospitales de todo el mundo no encontró que el Remdesivir redujera la mortalidad ni la necesidad de respiradores artificiales, sacudiendo la confianza depositada en el fármaco más visible de la pandemia.
  • Gilead Sciences, cuyo medicamento cuesta USD 2.340 por tratamiento y había sido adquirido en masa por la Unión Europea, rechazó los hallazgos argumentando que fueron divulgados sin pasar por revisión científica de pares.
  • La escala del estudio —2.750 pacientes recibieron Remdesivir— debería haber sido suficiente para detectar un beneficio real si este existiera, según expertos en farmacología independientes.
  • Mientras el antiviral de alto costo pierde terreno, la dexametasona —un esteroide barato, oral y ampliamente disponible— se consolida como el único fármaco demostrado que aumenta las tasas de supervivencia en COVID-19.
  • Los compromisos de compra ya firmados entre gobiernos y Gilead enfrentan ahora una revisión incómoda, poniendo en evidencia el riesgo de apostar recursos públicos antes de contar con evidencia sólida.

En el otoño de 2020, la Organización Mundial de la Salud publicó los resultados de su ensayo Solidarity —el mayor estudio clínico sobre tratamientos para el COVID-19— y concluyó que el Remdesivir, el antiviral que había recibido atención presidencial y millonarias apuestas institucionales, no mejora sustancialmente la supervivencia de los pacientes hospitalizados. Es una historia tan antigua como la medicina misma: la urgencia de una crisis empuja a la esperanza por delante de la evidencia, y la evidencia, tarde o temprano, exige su lugar.

El ensayo Solidarity de la OMS, que siguió a más de once mil pacientes en hospitales de todo el mundo entre marzo y principios de octubre de 2020, llegó a una conclusión que pocos querían escuchar: el Remdesivir, el antiviral desarrollado por Gilead Sciences y administrado incluso al presidente Donald Trump tras su diagnóstico de COVID-19, no mejora de forma significativa la supervivencia ni reduce la necesidad de ventilación mecánica en pacientes hospitalizados.

El estudio evaluó cuatro posibles tratamientos —Remdesivir, hidroxicloroquina, lopinavir e interferón— y ninguno demostró alterar de manera relevante el curso de la enfermedad. Esto representó un golpe directo a la narrativa que había rodeado al Remdesivir desde la primavera, cuando un ensayo del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos sugirió que podía acortar el tiempo de recuperación de quince a once días. Esos resultados, sin embargo, nunca habían sido validados mediante un ensayo controlado aleatorizado —el estándar de oro de la evidencia médica— hasta ahora.

Gilead respondió con rapidez, cuestionando que los datos fueran publicados antes de pasar por revisión científica de pares y señalando que otros estudios sí respaldan el beneficio clínico del medicamento. Pero investigadores independientes, como el farmacólogo Andrew Hill de la Universidad de Liverpool, sostienen que el tamaño del ensayo era más que suficiente para detectar un beneficio real si este existiera.

El trasfondo económico agrava la situación: la Unión Europea había firmado recientemente un acuerdo para adquirir hasta 500.000 dosis del fármaco, cuyo tratamiento completo cuesta USD 2.340. Esos compromisos enfrentan ahora un escrutinio difícil de eludir.

En contraste, la dexametasona —un esteroide de bajo costo, disponible en todo el mundo y administrable por vía oral— emerge como el único medicamento que ha demostrado aumentar las tasas de supervivencia en COVID-19. El ensayo Solidarity continúa activo, con capacidad para incorporar o descartar tratamientos a medida que avanza la evidencia. Por ahora, la lección es clara: la urgencia de la crisis no puede sustituir a la rigurosidad de la ciencia.

A massive clinical trial spanning eleven thousand patients has dealt a significant blow to one of the pandemic's most closely watched treatments. The Solidarity study, conducted by the World Health Organization and released on Thursday, found that Remdesivir—the antiviral drug that had been administered to President Donald Trump after his positive COVID-19 test in early October—does not substantially improve survival rates in hospitalized coronavirus patients.

The trial examined four potential therapies across hospitals worldwide between March and early October. Remdesivir, along with hydroxychloroquine, lopinavir, and interferon, showed little effect on hospital mortality or on reducing the need for mechanical ventilation. Of the four drugs tested, none meaningfully altered the course of the disease in ways that mattered most: keeping people alive or reducing their time in intensive care. The researchers were direct in their assessment: these combinations appeared to have minimal impact on who lived and who died.

The findings represent a reversal of earlier optimism. Remdesivir, developed by the American pharmaceutical company Gilead Sciences originally as an Ebola treatment, had received conditional approval in the United States and European Union after a spring trial by the U.S. National Institutes of Health suggested it could shorten recovery time from fifteen days to eleven. In July, Gilead released additional data hinting the drug might reduce mortality risk. But those results had never been validated through a randomized controlled trial—the gold standard required before any medication can claim real therapeutic benefit. The WHO study was designed to provide exactly that kind of rigorous evidence.

Gilead responded swiftly to the WHO findings, arguing they were inconsistent with other controlled trials that demonstrated clinical benefit. The company's statement carried an implicit criticism: the Solidarity data had been made public before peer review, before publication in a medical journal. Yet the scale of the WHO trial—2,750 patients received Remdesivir over ten days in the study—should have been large enough to detect a survival benefit if one truly existed, according to Andrew Hill, a senior research fellow in pharmacology at the University of Liverpool.

The economic stakes are substantial. Gilead priced a five-day course of Remdesivir at $2,340, a figure that drew criticism from public health experts who questioned whether such a cost was justified for a drug that had not proven it could reduce the risk of death. The European Union had recently signed an agreement with Gilead to supply up to 500,000 doses to European countries, with options to order more. That commitment now faces uncomfortable scrutiny.

The WHO study also clarified which treatments actually work. Dexametasone, a cheap steroid that can be taken orally and is widely available globally, emerged as the only drug tested that demonstrably increased survival rates. It is the opposite of Remdesivir in almost every way: inexpensive, accessible, proven. The Solidarity trial remains ongoing, with the flexibility to add or remove drugs as evidence accumulates. For now, the message is clear: the expensive antiviral that captured headlines and presidential attention has not lived up to its promise.

Estos cócteles de remdesivir, hidroxicloroquina, lopinavir e interferón parecieron tener poco efecto sobre la mortalidad hospitalaria
— Investigadores del estudio Solidarity de la OMS
Un ensayo tan grande como Solidarity debería mostrar un beneficio de supervivencia si el medicamento realmente lo tuviera
— Andrew Hill, investigador de la Universidad de Liverpool
Quieres la nota completa? Lee el original en infobae ↗
Contáctanos FAQ