Enfermera de Urgencias advierte contra la automedicación infantil ante repunte de infecciones

No se debe automedicar a un niño en casa como norma general
Abuín advierte contra el uso de medicamentos sin prescripción médica en menores, especialmente antibióticos.
Mark

¿Por qué exactamente sube tanto el número de infecciones en septiembre? ¿Es solo porque los niños se juntan?

Mimi

Sí, básicamente. Pasan el verano en espacios más abiertos, con menos contacto constante. Cuando vuelven al colegio, están ocho horas en una sala cerrada con treinta otros niños. Es matemática pura.

Luke

Pero esos datos del 71 por ciento—¿eso es comparado con qué exactamente? ¿Con agosto? ¿Con junio? Porque si es solo con agosto, cuando muchos niños están fuera, el número podría ser menos impresionante.

Mark

¿Cómo sabe un padre si su hijo tiene una infección vírica o bacteriana?

Mimi

No puede saberlo solo por los síntomas. Ni siquiera los médicos pueden estar seguros sin pruebas. Por eso es importante no asumir que una fiebre alta significa que necesita antibióticos.

Luke

Abuín dice que los profesionales sí ven patrones que los orientan. ¿Qué patrones? Porque eso suena importante pero no queda claro.

Mark

Entonces, ¿nunca hay que dar nada a un niño enfermo en casa?

Mimi

No, se pueden dar cuidados básicos: hidratación, reposo, comida ligera. Si das algo para bajar la fiebre o calmar la tos, tiene que ser con dosis correctas según peso y edad. Pero no antibióticos sin receta.

Luke

¿Y qué pasa si un padre ya ha dado antibióticos sin receta? ¿Hay daño inmediato o es más a largo plazo?

Mark

¿A qué edad los niños empiezan a tener menos infecciones?

Mimi

No hay una edad exacta. Pero después de los primeros años en guardería, cuando ya han estado expuestos a muchos virus, el sistema inmunitario está más entrenado.

Luke

Abuín menciona que los lactantes tienen sistemas inmunitarios inmaduros, pero no dice hasta qué edad se considera lactante. ¿Hasta los seis meses? ¿Hasta el año?

Mark

¿Funcionan realmente esas vacunas nasales contra la gripe?

Mimi

Según Abuín, sí. La Xunta las está expandiendo a setenta y cinco colegios este año. Y la vacuna contra el virus respiratorio sincitial ha reducido ingresos en más del 8 por ciento.

Luke

Pero ¿eso es en Galicia específicamente o son datos nacionales? ¿Y ese 8 por ciento es significativo o es dentro del margen de error?

  • Las visitas a urgencias por infecciones virales pueden aumentar más del 71% entre septiembre y diciembre
  • Las infecciones respiratorias de vías altas representan alrededor del 70% de consultas por problemas infecciosos pediátricos
  • La mayoría de infecciones en niños son víricas, no bacterianas
  • La vacunación contra el virus respiratorio sincitial ha reducido ingresos en lactantes en más del 8%

Las infecciones respiratorias pueden aumentar más del 71% entre septiembre y diciembre, siendo los catarros, gripe y bronquiolitis las más frecuentes en edad pediátrica. La mayoría de infecciones en niños son víricas y no requieren antibióticos; los padres deben vigilar signos de alarma como dificultad respiratoria o cambios bruscos en el estado general.

Una supervisora de Urgencias advierte sobre el aumento esperado de infecciones respiratorias y gastrointestinales en niños tras la vuelta al cole, recomendando evitar la automedicación y hacer un uso responsable de los servicios de emergencia.

Cuando suena la campana de septiembre y los niños vuelven a las aulas, los servicios de urgencias se preparan para lo que ya saben que vendrá: una ola de infecciones. Ana Beatriz Abuín, supervisora de Urgencias del Hospital do Salnés y portavoz de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, ha visto este patrón repetirse año tras año. Los datos lo confirman: entre septiembre y diciembre, las visitas a urgencias por infecciones virales y respiratorias pueden crecer más del 71 por ciento comparadas con los cuatro meses anteriores. No es sorpresa, sino consecuencia predecible de que cientos de niños vuelvan a compartir espacios cerrados, a tocarse, a respirar el mismo aire.

Las infecciones respiratorias de vías altas dominan este repunte, representando alrededor del 70 por ciento de las consultas por problemas infecciosos en edad pediátrica. Los catarros, la gripe y la bronquiolitis son los protagonistas. Pero no son los únicos: también llegan las gastrointestinales, el rotavirus y el norovirus, alimentados por el mismo mecanismo que propaga todo lo demás en una escuela—el contacto estrecho, el juego compartido, las manos que tocan todo. Los síntomas son los que cualquier padre reconoce: secreción nasal, dolor de garganta, tos, estornudos, fiebre. En los más pequeños, además, una apatía que preocupa, una pérdida de apetito que hace pensar que algo no anda bien. En las infecciones gastrointestinales, la diarrea y los vómitos vienen acompañados de ese mismo cansancio, y con ellos viene una preocupación adicional: la deshidratación, que los padres deben vigilar observando si la boca está más seca, si el niño orina menos, si está más decaído.

Ahí es donde muchas familias cometen su primer error. Ante una fiebre alta o una tos intensa, la tentación es actuar de inmediato, abrir el botiquín, dar lo que funcionó la última vez. Abuín es clara al respecto: como norma general, no se debe automedicar a un niño en casa. La mayoría de estas infecciones son víricas, no bacterianas, y los antibióticos no sirven contra virus. Además, usarlos sin prescripción médica genera un problema mayor: las resistencias antimicrobianas, bacterias que aprenden a sobrevivir a los medicamentos, y daños en la flora intestinal del niño. Lo que sí se puede hacer es lo básico: reposo, buena hidratación, adaptar la comida a lo que el niño pueda tolerar. Si se decide dar algo para el confort, las dosis deben ser exactas según la edad y el peso.

La fiebre en sí misma no es el enemigo. Abuín insiste en que no hay que fijarse solo en el número del termómetro, que es lo que alarma a los padres. Lo que importa es el cuadro completo: la edad del niño, su estado general, los síntomas que acompañan esa fiebre. Las señales reales de alarma son otras: dificultad para respirar, somnolencia excesiva, un llanto continuo, rigidez de nuca, cualquier cambio brusco en el estado del niño. Eso sí debe preocupar. Eso sí requiere urgencias.

Los niños más pequeños, especialmente los que entran por primera vez en una guardería, sufren más episodios infecciosos de repetición porque es su primer encuentro masivo con microorganismos. Los lactantes merecen atención especial porque su sistema inmunitario aún es inmaduro, aunque la lactancia materna actúa como factor protector importante. Para reducir la transmisión—porque prevenirla del todo es imposible—hay medidas concretas: lavarse las manos frecuentemente, enseñar a los niños a estornudar en el antebrazo o el codo, ventilar las aulas y los hogares, no compartir vasos ni cubiertos, y no llevar al niño a la escuela si tiene fiebre. El calendario vacunal debe estar al día. Este año, la Xunta de Galicia amplía la campaña de vacunación intranasal contra la gripe a setenta y cinco colegios, y comienza la vacunación contra el virus respiratorio sincitial, que en años recientes ha reducido en más del 8 por ciento los ingresos de lactantes por este virus.

Lo que Abuín pide, al final, es un uso responsable de urgencias. Que las familias aprendan a distinguir entre lo que pueden manejar en casa y lo que requiere atención inmediata. Que no llenen las salas de espera con cuadros leves cuando hay niños con dificultad respiratoria, con labios azulados, con cambios en la conciencia. Y que reconozcan el trabajo de los enfermeros que, desde el triaje, detectan esos signos de alarma y ofrecen a los padres preocupados no solo evaluación médica, sino tranquilidad y acompañamiento en un momento de incertidumbre.

Como norma general, no se debe automedicar a un niño en casa
— Ana Beatriz Abuín, supervisora de Urgencias del Hospital do Salnés
Más que fijarnos solamente en el número que aparece en el termómetro, hay que valorar globalmente la edad del niño, su estado general y los síntomas que acompañan a la fiebre
— Ana Beatriz Abuín
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