El exludópata que visita estadios con camisetas rivales para advertir sobre apuestas

Melchior perdió su libertad, trabajo, familia y amigos por adicción al juego, considerando el suicidio antes de su encarcelamiento.
Cuando me pusieron las esposas, fue cuando sentí que era libre
Melchior describe el momento en que fue arrestado como el punto de quiebre que lo liberó de su adicción al juego.
Mark

¿Por qué cree que ponerse una camiseta rival es más efectivo que simplemente hablar en la calle?

Mimi

Porque la gente no quiere escuchar. Pero si los haces sentir algo —ira, confusión, curiosidad— entonces se detienen. Entonces preguntan. Y entonces puedo hablar.

Mark

¿No tiene miedo de que lo lastimen?

Mimi

Claro que tengo miedo. Pero pasé cinco años en prisión por dinero que no tenía. Pasé trece años destruyendo todo lo que amaba. El miedo es pequeño comparado con eso.

Mark

¿Cree que la federación de fútbol realmente escucha a gente como el sindicato de jugadores?

Mimi

No lo sé. Pero sé que el dinero habla más fuerte que cualquier advertencia. Mientras las casas de apuestas paguen, seguirán patrocinando. Mientras patrocinen, más gente como yo aparecerá.

Mark

¿Qué espera lograr con todo esto?

Mimi

Que alguien vea mi camiseta, escuche mi historia, y piense dos veces antes de hacer su primera apuesta. Si salvo a una persona, valió la pena.

Mark

¿Se arrepiente de haber comenzado con esa primera apuesta?

Mimi

Cada día. Pero no puedo cambiar eso. Solo puedo intentar que otros no cometan el mismo error.

  • Melchior ingresa a estadios rivales con camisetas enemigas sabiendo que recibirá insultos, cerveza encima y amenazas — ese es exactamente el anzuelo que necesita para que alguien le pregunte por qué lo hace.
  • Detrás de la provocación hay una historia devastadora: fraude, robo, cinco años y medio de prisión, y pensamientos de suicidio antes de que las esposas le devolvieran, paradójicamente, una sensación de alivio.
  • El sindicato de jugadores alemán (VDV) exige que la federación (DFB) deje de vender espacios publicitarios a casas de apuestas mientras proclama en sus estatutos que combate las adicciones — una contradicción que afecta especialmente a menores.
  • Sus videos en TikTok e Instagram acumulan seguidores, pero su historial criminal le impide cruzar fronteras: el clásico de Manchester que planeaba infiltrar quedó cancelado, y su campaña permanece confinada a Alemania por ahora.

Desde el fondo de una celda de prisión, Thomas Melchior encontró un propósito que pocos elegirían: convertir su propia destrucción en advertencia pública. Este exadicto alemán, que perdió 800.000 euros, su familia y su libertad en trece años de apuestas compulsivas, recorre ahora los estadios de la Bundesliga con la camiseta del rival más odiado, provocando conflicto deliberado para abrir conversaciones sobre una adicción que el fútbol europeo, paradójicamente, sigue financiando con millones en patrocinios.

Thomas Melchior entra a los estadios de la Bundesliga con una camiseta del equipo más odiado escondida bajo el abrigo. Cuando se la muestra al público rival, los insultos y la cerveza vuelan — y eso es exactamente lo que busca. En ese momento de tensión, despliega un cartel que dice "Wette verloren" —Perdí una apuesta— y comienza a contar lo que le costó descubrirlo.

Fue cajero de banco hasta que un anuncio televisivo durante un partido de Champions League lo llevó a su primera apuesta. Trece años después, había perdido 800.000 euros, su empleo, su familia y sus amigos. En 2019 fue condenado a cinco años y medio de prisión por fraude y robo cometidos para financiar su adicción. Contempló el suicidio. Pero cuando le pusieron las esposas, sintió, por primera vez en años, algo parecido a la libertad.

Desde su liberación, Melchior filma cada confrontación en los estadios y la publica en redes sociales. Las reacciones son mixtas: selfies, curiosidad, pegatinas rivales pegadas sobre su camiseta, y también agresiones verbales. La policía lo ha interrogado más de una vez. "Sí, es peligroso. No se lo recomendaría a nadie", admite, pero insiste en que el riesgo vale la pena si evita que alguien más llegue donde él llegó.

Su campaña coincide con una disputa más amplia dentro del fútbol alemán. El sindicato de jugadores (VDV) acusa a la federación (DFB) de hipocresía: proclama en sus estatutos que apoya la prevención de adicciones mientras vende enormes espacios publicitarios a casas de apuestas. La Copa de Alemania lleva el nombre de una empresa internacional de apuestas. Bayern Múnich, Dortmund y Leverkusen las anuncian en sus camisetas. Maik Franz, vicepresidente del VDV, denunció que la DFB se enriquece a expensas de adictos y sus familias, y que esa publicidad omnipresente ya está llegando a niños. La DFB no respondió.

Melchior quería llevar su mensaje al clásico de Manchester, pero su historial criminal le impide viajar. Así que sigue en los estadios alemanes — incómodo, provocador, insistente — tratando de convertir su ruina en una advertencia que alguien escuche antes de que sea demasiado tarde.

Thomas Melchior camina hacia la entrada del estadio con una camiseta de Hertha Berlin debajo de su abrigo. Está a punto de entrar al terreno del Union Berlin, su rival más feroz, en un partido de la Bundesliga. Cuando se la quita y la exhibe, sabe exactamente lo que va a pasar: insultos, cerveza arrojada, demandas de que se la quite. Pero eso es el punto. Melchior quiere que lo vean, que lo reconozcan, que le pregunte alguien por qué está haciendo esto. Cuando lo hagan, sostendrá un cartel que dice "Wette verloren" —Perdí una apuesta— y comenzará a contar su historia.

Hace poco más de cinco años, Melchior estaba en una celda de prisión. Había sido cajero de banco, un hombre con una vida ordenada, hasta que vio un anuncio de apuestas deportivas en la televisión durante un partido de la Liga de Campeones. Esa primera apuesta fue el comienzo de trece años de caída. Perdió 800.000 euros. Perdió su trabajo. Perdió a su familia, sus amigos, su sentido de quién era. En 2019, fue condenado a cinco años y medio de prisión por fraude y robo —delitos cometidos contra extraños y personas que conocía, todos para financiar su adicción. Pensó en suicidarse. Pero cuando le pusieron las esposas, dice, fue la primera vez en años que sintió algo parecido a la libertad.

Dentro de la cárcel, Melchior tomó una decisión. Cuando saliera, dedicaría su vida a advertir a otros sobre lo que le había sucedido. No quería que nadie más perdiera lo que él había perdido. Así que ahora, varios años después de su liberación, recorre los estadios de fútbol alemanes con una estrategia que es tan incómoda como efectiva: usa la camiseta del rival más odiado, genera conflicto, atrae atención, y luego convierte esa atención en una conversación sobre la adicción al juego. Filma las interacciones —algunos aficionados lo insultan, otros lo golpean verbalmente, algunos incluso lo amenazan— y publica los clips en TikTok e Instagram. Ha acumulado un número significativo de seguidores. El domingo pasado, antes del partido entre Union Berlin y Hamburgo, la respuesta fue mixta: algunos aficionados se detuvieron para tomarse selfies con él, otros lo miraron con curiosidad o diversión, algunos cubrieron su camiseta de Hertha con pegatinas de Union Berlin. Pero muchos escucharon su mensaje.

"Sí, es peligroso. No se lo recomendaría a nadie", le dijo Melchior a la agencia AP. Sabe que está jugando con fuego. En el fútbol alemán, los aficionados rivales rara vez se mezclan en los estadios, y la policía hace esfuerzos enormes para mantenerlos separados. Melchior ha sido interrogado por la policía más de una vez. Pero continúa, porque cree que el riesgo vale la pena si puede evitar que alguien más termine donde él estuvo.

Su campaña llega en un momento en que el fútbol alemán enfrenta preguntas incómodas sobre su relación con las apuestas deportivas. La semana pasada, el sindicato de jugadores alemán (VDV) pidió a la federación de fútbol alemana (DFB) que dejara de aceptar dinero de patrocinadores de apuestas y que hiciera más para prevenir la adicción. Maik Franz, vicepresidente de la VDV y exjugador de la Bundesliga, fue directo: es inaceptable que la DFB proclame en sus estatutos que apoya "la prevención efectiva de adicciones" mientras simultáneamente vende enormes cantidades de espacio publicitario a proveedores de apuestas. La Copa de Alemania está patrocinada por una empresa internacional de apuestas. Los equipos de tercera división llevan su logo en las mangas. Muchos de los clubes más grandes —Bayern Múnich, Borussia Dortmund, Bayer Leverkusen— anuncian proveedores de apuestas en sus camisetas y vallas publicitarias. Las casas de apuestas dominan la televisión.

Franz acusó a la DFB de "dañar la reputación del fútbol y enriquecerse a expensas de las personas con adicciones al juego y sus familias". Señaló que la publicidad omnipresente ya está afectando a niños y jóvenes. La DFB no respondió a las solicitudes de comentarios. Melchior, por su parte, quiere llevar su campaña más allá de Alemania. Planeaba asistir al clásico de Manchester a principios de este mes, con la intención de usar una camiseta de Manchester United en el Etihad Stadium del City. Pero su historial criminal le dificulta viajar, y ese plan se derrumbó. Aún así, continúa en los estadios alemanes, incómodo, provocador, insistente, tratando de convertir su propia ruina en una advertencia que otros puedan escuchar antes de que sea demasiado tarde.

Es inaceptable que la DFB proclame apoyar la prevención de adicciones mientras vende espacio publicitario a proveedores de apuestas
— Maik Franz, vicepresidente del sindicato de jugadores alemán
Vi un anuncio de apuestas en la televisión y no pensé que fuera un problema. Así comenzó todo y 13 años después, fui arrestado
— Thomas Melchior
Quieres la nota completa? Lee el original en La Nacion ↗
Contáctanos FAQ