Crece 7% el consumo de fármacos para dormir en Argentina mientras expertos advierten sobre automedicación

La crisis de sueño afecta desproporcionadamente a mujeres, adultos mayores y sectores de menores ingresos, impactando su salud integral y calidad de vida.
Dormir bien debería ser un derecho, no un lujo farmacéutico
Un médico clínico reflexiona sobre cómo la crisis de sueño en Argentina se resuelve cada vez más con medicamentos en lugar de estrategias integrales.
Mark

¿Por qué crecen tanto los hipnóticos si los tranquilizantes bajan?

Mimi

Porque la gente está buscando soluciones específicas para dormir, no solo para calmarse. El zolpidem y la sertralina crecen porque responden a una demanda muy concreta: noches sin descanso.

Mark

¿Pero eso no debería ser una buena noticia? Que la gente busque ayuda.

Mimi

Solo si esa ayuda viene de un médico. El problema es que muchos acceden a estos fármacos sin diagnóstico, por recomendación de un amigo o porque leyeron algo en internet. Eso es lo que asusta a los especialistas.

Mark

¿Qué tan grave es la automedicación en este caso?

Mimi

Grave porque estos medicamentos generan dependencia. Usarlos sin supervisión durante meses o años puede crear una adicción real. Y además, muchas veces se receta mal: se dan ansiolíticos para insomnio leve cuando deberían darse antidepresivos.

Mark

¿Y si la gente simplemente no pudiera acceder a estos medicamentos sin receta?

Mimi

Eso sería un extremo. El verdadero problema es que hay alternativas que funcionan y que casi no se usan: terapia cognitivo-conductual, cambios en las rutinas, ejercicio. Pero requieren tiempo y paciencia, no una pastilla.

Mark

¿Quién sufre más por esta crisis de sueño?

Mimi

Las mujeres, los adultos mayores y los pobres. Son los grupos donde el estrés económico y la inseguridad afectan más el descanso. Para ellos, una pastilla es más accesible que una terapia.

Mark

¿Entonces Argentina está eligiendo la solución fácil?

Mimi

Parcialmente. Pero también hay esperanza: aquí el tratamiento psicológico no tiene el estigma que tiene en otros países. Si se aprovecha eso y se invierte en campañas reales, se puede cambiar el patrón.

  • Casi 1,6 millones de unidades de fármacos para dormir fueron vendidas entre enero y mayo de 2025, un alza del 6,9% que no se detiene.
  • Seis de cada diez argentinos reportan dificultades para conciliar el sueño, una cifra que crece desde la pandemia impulsada por el miedo, la precariedad económica y la inseguridad.
  • La automedicación se ha convertido en una práctica extendida y silenciosa: muchos acceden a estos compuestos sin diagnóstico ni supervisión médica, elevando el riesgo de dependencia.
  • Mujeres, adultos mayores y personas de bajos ingresos cargan con el peso desproporcionado de esta crisis, viendo deteriorada su salud integral y su calidad de vida.
  • Especialistas señalan que la terapia cognitivo-conductual y cambios de hábitos son la primera línea de respuesta, pero el sistema aún no logra llegar a quienes más lo necesitan.

En los primeros meses de 2025, Argentina registró un aumento sostenido en la venta de hipnóticos y sedantes, reflejo de una sociedad que ha perdido, de manera colectiva, la capacidad de descansar. Detrás de cada pastilla despachada en una farmacia porteña o provincial hay una historia de estrés económico, incertidumbre y noches fragmentadas que la pandemia instaló y el tiempo no ha curado. El fenómeno invita a preguntarse si una nación que no duerme puede, verdaderamente, sanar.

En los primeros cinco meses de 2025, las farmacias argentinas despacharon cerca de 1,6 millones de unidades de hipnóticos y sedantes, un incremento del 6,9% respecto al año anterior. Esa cifra no es solo estadística: es el retrato de una población que ha dejado de dormir bien. El Observatorio de Psicología Social de la UBA estima que el 60% de los argentinos tiene dificultades para conciliar el sueño, proporción que creció de forma sostenida desde la pandemia.

El mapa del consumo muestra transformaciones. Medicamentos como el clonazepam y el alprazolam pierden terreno, mientras el zolpidem y la sertralina ganan protagonismo. Los tranquilizantes en general registran una leve caída, pero su volumen total sigue siendo muy superior al de los hipnóticos. Lo que subyace es una búsqueda desesperada de descanso que, con frecuencia, evita el paso por el consultorio médico.

Cristian Garay, psicólogo y doctor en filosofía que participó en el relevamiento de la UBA, advierte que el problema central no es solo el insomnio clásico, sino la reducción sistemática de las horas de sueño y su impacto sobre la salud integral. Las mujeres, los adultos mayores y los sectores de menores ingresos son quienes más sufren esta crisis. Ramiro Heredia, médico del Hospital de Clínicas, alerta sobre la automedicación: muchas personas acceden a estos fármacos por recomendación de terceros o por convicción propia, sin diagnóstico certero, lo que multiplica el riesgo de dependencia.

Facundo Nogueira, jefe del Laboratorio del Sueño del mismo hospital, recuerda que la alteración del sueño no solo enferma, sino que empobrece la vida. Sin embargo, los expertos coinciden en que la respuesta no pasa exclusivamente por los fármacos. La terapia cognitivo-conductual, la reducción del uso de pantallas, el ejercicio y rutinas nocturnas estables son herramientas eficaces que el sistema debería ofrecer antes de llegar a la medicación. Argentina cuenta con una ventaja cultural: el acceso al tratamiento psicológico no enfrenta grandes estigmas. Aprovecharla, dicen los especialistas, es el camino para que los medicamentos lleguen solo donde son estrictamente necesarios.

En los primeros cinco meses de 2025, las farmacias argentinas despacharon casi 1,6 millones de unidades de hipnóticos y sedantes, un aumento del 6,9% respecto al mismo período del año anterior. Detrás de esa cifra hay una población que no duerme. Según datos del Observatorio de Psicología Social de la Universidad de Buenos Aires, el 60% de los argentinos reporta dificultades para conciliar el sueño, una proporción que ha crecido de manera sostenida desde la pandemia.

Los números revelan un cambio en los patrones de consumo. Mientras que medicamentos como el clonazepam y el alprazolam registran caídas en sus ventas, otros como el zolpidem y la sertralina están entre los de mayor crecimiento. Los tranquilizantes en general muestran una leve retracción del 4%, pero su volumen total sigue siendo considerablemente mayor que el de los hipnóticos. Lo que está sucediendo es que la población argentina está buscando soluciones para dormir, y muchas veces las encuentra sin pasar por un consultorio.

Las causas son claras para quienes estudian el fenómeno. El estrés económico, el miedo a la inseguridad y los desafíos sociales contemporáneos están robando horas de sueño a millones de personas. Cristian Garay, psicólogo y doctor en filosofía que participó en el relevamiento de la UBA, señala que el problema más preocupante no es solo el insomnio clásico, sino la reducción en la cantidad de horas de descanso. Ese acortamiento del sueño tiene un impacto directo sobre la salud integral. Las mujeres, los adultos mayores y las personas de menores ingresos son los grupos más afectados por esta crisis.

Pero aquí está el riesgo: un segmento significativo de quienes consumen estos fármacos no lo hace bajo indicación médica. La automedicación se ha instalado como un hábito preocupante. Ramiro Heredia, médico clínico del Hospital de Clínicas José de San Martín, explica que muchas personas acceden a drogas para dormir por recomendación de terceros o simplemente porque creen que las necesitan, sin un diagnóstico certero. El uso prolongado y sin supervisión de estos compuestos multiplica el riesgo de desarrollar dependencia y adicción. Además, existe un problema de prescripción inadecuada: se recetan ansiolíticos para casos leves de insomnio cuando la evidencia internacional recomienda antidepresivos en esos casos.

Facundo Nogueira, jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas, subraya que la alteración del sueño no solo aumenta el riesgo de enfermedades, sino que disminuye la calidad de vida de manera significativa. El desafío, sin embargo, no requiere únicamente de fármacos. La terapia cognitivo-conductual, la reducción en el uso de pantallas y el establecimiento de rutinas nocturnas estables son herramientas que los especialistas recomiendan. Medidas simples como mantener la habitación oscura, silenciosa y fresca, evitar comidas pesadas antes de dormir y hacer ejercicio durante el día pueden actuar como un antídoto frente al abuso de medicamentos.

Argentina tiene una ventaja: el acceso al tratamiento psicológico no enfrenta grandes estigmas sociales, algo que la distingue de otros países de la región. Heredia afirma que dormir bien debería ser un derecho, y que gran parte de los problemas de sueño pueden atenuarse con estrategias de manejo del estrés y la ansiedad. Los expertos coinciden en que el desafío sanitario de fondo requiere campañas de concientización para evitar la automedicación y facilitar el acceso a consultas médicas especializadas. Solo así las soluciones farmacológicas llegarán donde sean estrictamente necesarias.

La automedicación se instaló como un hábito preocupante en los últimos años, y muchas personas acuden a fármacos para dormir sin un diagnóstico certero
— Ramiro Heredia, médico clínico del Hospital de Clínicas José de San Martín
La alteración de la cantidad y la calidad del sueño no solamente afecta nuestra salud en términos de que aumenta el riesgo de enfermedades, sino que a su vez disminuye la calidad de vida
— Facundo Nogueira, jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas
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