En la Patagonia argentina, donde el tiempo se mide en milenios y no en décadas, dos incendios forestales amenazan el Parque Nacional Los Alerces, hogar de árboles que han sobrevivido más de dos mil años de historia climática y humana. Más de cuarenta mil hectáreas han ardido ya, poniendo en jaque un ecosistema declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, cuya pérdida —parcial o total— sería irreversible para las generaciones venideras. Lo que está en juego no es solo un bosque, sino la memoria viva del continente y la pregunta urgente sobre si las sociedades modernas son capaces de custodiar lo
El alerzal milenario de Los Alerces, en riesgo por incendios forestales en Chubut
No alcanza con poner títulos a los lugares, hay que acompañarlos con presupuesto
¿Por qué importa tanto este bosque en particular? Hay muchos bosques en la Patagonia.
Porque estos árboles tienen dos mil años. Son testigos de milenios de clima, de cambios ambientales. No es solo un bosque, es un archivo vivo de la historia de la Tierra.
Pero el fuego no ha entrado completamente aún. ¿Por qué hablan de daño irreversible si los árboles más antiguos todavía están en pie?
Porque el daño no es solo lo que quema. Un árbol de cuatrocientos años que se pierde es varias generaciones de bosque que no volverán. Y el fuego es impredecible. Hace diez días hablaban de fuego controlado y ayer veían pobladores llorando por su ganado perdido.
¿Qué falta entonces para proteger un lugar así?
Presupuesto. Recursos. Guardaparques con herramientas adecuadas, salarios que permitan trabajar sin descanso. Se puede tener el título de Patrimonio Mundial, pero sin dinero y gestión real, es solo un nombre.
¿Cree que la región puede recuperarse de esto?
Sí, pero tiene que ser un antes y un después. No se trata solo de apagar el fuego esta vez. Se trata de estar preparado para la próxima, porque vendrá. El verdadero valor no está en los nombres que le ponemos, sino en la responsabilidad de cuidar lo que representan.
O Pulso
- Dos frentes de fuego simultáneos consumen más de cuarenta mil hectáreas en Chubut, avanzando sin control hacia zonas de altísimo valor ambiental dentro y fuera del parque.
- El daño ya es irreversible en sectores donde el fuego arrasó árboles de cuatrocientos años; los especialistas advierten que incluso sin llegar al alerzal milenario, el ecosistema entero está siendo destruido.
- Brigadistas oficiales y voluntarios trabajan sin descanso en condiciones impredecibles, mientras pobladores evacúan ganado y viviendas en un escenario que cambia hora a hora.
- El árbol más emblemático, 'El Abuelo', de más de dos mil seiscientos años, quedó momentáneamente fuera de peligro directo, pero las autoridades advierten que la situación sigue siendo volátil.
- Especialistas denuncian años de subfinanciamiento, guardaparques sin recursos suficientes y una gestión que no estuvo a la altura de proteger un Patrimonio de la Humanidad ante incendios cada vez más frecuentes e intensos.
En la Patagonia argentina, donde el tiempo se mide en milenios y no en décadas, dos incendios forestales amenazan el Parque Nacional Los Alerces, hogar de árboles que han sobrevivido más de dos mil años de historia climática y humana. Más de cuarenta mil hectáreas han ardido ya, poniendo en jaque un ecosistema declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, cuya pérdida —parcial o total— sería irreversible para las generaciones venideras. Lo que está en juego no es solo un bosque, sino la memoria viva del continente y la pregunta urgente sobre si las sociedades modernas son capaces de custodiar lo que heredaron.
En la cordillera de Chubut, dos incendios forestales avanzan sobre el Parque Nacional Los Alerces, uno de los ecosistemas más antiguos y frágiles del planeta. El parque alberga ejemplares de Fitzroya cupressoides —una conífera de crecimiento extraordinariamente lento— con más de dos mil años de antigüedad, los árboles más viejos de América del Sur. Reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2017, el parque se extiende sobre casi ciento ochenta y ocho mil hectáreas de bosque andino-patagónico casi prístino, con lagos glaciares y pinturas rupestres milenarias.
El primer incendio lleva más de un mes y medio activo dentro del propio parque, impulsado por vientos fuertes que lo han acercado a localidades como Cholila y Villa Lago Rivadavia. El segundo, iniciado en Puerto Patriada, ya arrasó más de veintidós mil hectáreas y rodea poblaciones y campos productivos. Brigadistas de todo el país trabajan sin descanso mientras comunidades locales evacúan ganado y protegen sus hogares en un escenario que cambia constantemente.
Para Claudia Tabares, exsecretaria de Turismo de Esquel y especialista en áreas protegidas, la crisis representa algo más que una emergencia ambiental: es el síntoma de un fracaso colectivo. Señala que el daño no se limita a donde llegan las llamas directamente —un árbol de cuatrocientos años que arde hoy es también una pérdida irreversible para varias generaciones futuras. Cuestiona la falta estructural de recursos: guardaparques sin combustible, herramientas inadecuadas, salarios insuficientes. 'No alcanza con poner títulos a los lugares', afirmó, 'hay que acompañarlos con presupuesto y gestión'.
Con todo, Tabares mantiene una mirada de largo plazo: la región ya ha sobrevivido cenizas volcánicas y otros incendios, y volverá a reconstruirse. Pero exige que esta crisis sea un punto de inflexión real en la forma en que Argentina gestiona sus áreas naturales protegidas. Por ahora, 'El Abuelo', el ejemplar más antiguo del parque con más de dos mil seiscientos años, quedó fuera de peligro inmediato gracias a un giro inesperado del viento. La batalla, sin embargo, continúa en la incertidumbre.
En la cordillera de Chubut, mientras el fuego avanza sin control por más de cuarenta mil hectáreas, un ecosistema de valor incalculable se encuentra en la cuerda floja. El Parque Nacional Los Alerces, ubicado al oeste de la provincia en plena frontera con Chile, alberga uno de los patrimonios naturales más antiguos del planeta: un bosque de árboles que han permanecido en pie durante más de dos mil años, testigos silenciosos de milenios de historia climática y ambiental.
El alerzal milenario está compuesto por la Fitzroya cupressoides, una conífera endémica de crecimiento extraordinariamente lento cuya longevidad es prácticamente única en el continente. Algunos ejemplares superan los dos mil años de edad, lo que los convierte en los árboles más antiguos de América del Sur. El parque en su totalidad, reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2017, se extiende sobre más de ciento ochenta y ocho mil hectáreas de bosque andino-patagónico casi prístino, modelado por sucesivas glaciaciones que dejaron morrenas, circos glaciares y lagos de aguas cristalinas. Dentro de este entramado natural también se encuentran pinturas rupestres con miles de años de antigüedad.
La amenaza actual no es nueva. Ya en 2024, la UNESCO había advertido sobre la vulnerabilidad del sitio frente a incendios cada vez más frecuentes e intensos. Esa preocupación se ha materializado ahora en dos frentes de fuego simultáneos. El primero comenzó hace más de un mes y medio dentro del parque mismo y continúa descontrolado, impulsado por vientos fuertes y condiciones extremas que lo han llevado hacia zonas cercanas a Cholila y Villa Lago Rivadavia. El segundo, iniciado en Puerto Patriada en Epuyén, ya ha arrasado más de veintidós mil hectáreas y ha generado nuevos focos que rodean poblaciones, campos productivos y áreas de alto valor ambiental. Brigadistas oficiales y voluntarios trabajan casi sin descanso mientras pobladores evacúan ganado y protegen viviendas en un escenario que cambia constantemente.
Para Claudia Tabares, licenciada en Turismo y exsecretaria de Turismo de Esquel, la amenaza al alerzal representa algo que trasciende lo meramente ambiental. "Significa el fracaso como sociedad para cuidar áreas naturales", afirmó a La Nación. Tabares, quien también fue exdelegada regional de la Secretaría de Turismo y Áreas Protegidas y docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, describe una mezcla de tristeza e impotencia ante lo que se está perdiendo. "No es solo la amenaza al alerzal milenario, es todo un ecosistema natural que se está quemando", señaló. Lo que preocupa a los especialistas no se limita al avance directo del fuego. El daño ya existe incluso en sectores donde las llamas aún no han ingresado de lleno. "Si se quema un árbol de cuatrocientos años, como los que se están quemando ahora, es igual de preocupante, ya que son varias generaciones que no van a volver a ver ese bosque", explicó Tabares.
La emergencia también expone las fragilidades en la gestión de un ecosistema extremadamente frágil que debe convivir con la actividad turística. Miles de visitantes recorren senderos, lagos y campings del parque durante la temporada alta de verano, atraídos por un paisaje hoy amenazado. Para Tabares, el equilibrio no pasa solo por restringir accesos. "Se logra con gestión y control, como en todos los patrimonios naturales que se abren al turismo. No alcanza con prohibir y poner reglas. Al usuario hay que concientizarlo mediante la interpretación ambiental, y contar con los recursos humanos y de equipamiento que estén a la altura de cuidar un Parque Nacional y Patrimonio de la Humanidad". Cuestiona las limitaciones estructurales que quedan expuestas ante cada incendio: guardaparques sin combustible suficiente, herramientas inadecuadas, salarios insuficientes. "No alcanza con poner títulos a los lugares, hay que acompañarlos con presupuesto y gestión".
La especialista plantea una mirada de largo plazo para la región. "Como región ya atravesamos cenizas volcánicas y otros incendios, y de esto también vamos a salir adelante. Las empresas locales deberán incorporar en sus relatos lo que se vivió, el trabajo en los frentes del fuego, la cantidad de brigadistas de todo el país que participaron". Para ella, los incendios deberían marcar un punto de reflexión profundo sobre cómo se gestionan las áreas naturales. "Esto tiene que ser un antes y un después. Durante años se dijo que se las cuidaba, pero no se estuvo preparado para defenderlas ante un incendio".
Desde la subsecretaría de Turismo de Esquel confirmaron que el fuego tomó una dirección opuesta a la esperada, lo que permitió que el árbol conocido como "El Abuelo", con más de dos mil seiscientos años de antigüedad, quedara fuera de peligro inmediato. Sin embargo, las autoridades remarcaron que la situación sigue siendo cambiante y depende en gran medida de la posible aparición de nuevos focos ígneos dentro del parque y de la dirección del viento. La batalla por preservar este patrimonio milenario continúa en la incertidumbre.
Citações Notáveis
Significa el fracaso como sociedad para cuidar áreas naturales— Claudia Tabares, exsecretaria de Turismo de Esquel
Si se quema un árbol de cuatrocientos años, es igual de preocupante, ya que son varias generaciones que no van a volver a ver ese bosque— Claudia Tabares