Los internistas son médicos de todos los órganos que atienden pacientes con múltiples enfermedades complejas, especializándose en diagnóstico de enfermedades minoritarias y cuidados paliativos. Muchas personas de 55 años desconocen que padecen hipertensión, colesterol alto o problemas renales porque estas enfermedades no presentan síntomas iniciales, requiriendo prevención activa.
Cristina Barbagelata: «Hay gente de 55 años que desconoce su hipertensión o colesterol alto»
Hay que poner remedio ahora para que dentro de veinte años sigas como hoy
¿Por qué cree que la gente tardó tanto en entender qué hace un internista?
Porque no tenemos un órgano que nos defina. Un cardiólogo es del corazón, un gastroenterólogo del estómago. Nosotros somos de todo y de nada a la vez. Eso descoloca. Pero el covid nos puso en el mapa porque de repente la gente vio que necesitaba médicos que vieran el cuadro completo.
Menciona que muchas personas de 55 años no saben que tienen hipertensión. ¿Cómo es posible en 2026?
Porque estas enfermedades no duelen. No avisan. La gente se siente bien, así que no consulta. Cuando llegan al hospital por otra cosa, descubrimos que llevan años con factores de riesgo sin control. Por eso insistimos en que hay que actuar ahora, aunque no duela nada.
¿El internista entra en la prevención o eso es trabajo de otros?
Entra completamente. Cuando un paciente ingresa, aprovechamos para poner todo en objetivos. Si vemos que tiene la tensión alta, el colesterol disparado, el riñón tocado, lo controlamos. Queremos evitar que en veinte años sufra un infarto o tenga que entrar en diálisis.
Habla de la trilogía del riesgo. ¿Son tres enfermedades distintas o la misma?
Es la misma enfermedad manifestándose en tres sistemas. Hipertensión, diabetes, obesidad, colesterol, tabaco, sedentarismo: todo eso se une y produce riesgo cardiovascular, renal y metabólico. Aunque muchos especialistas los separen, realmente están conectados.
¿Qué pasa con los pacientes mayores en una ola de calor como la actual?
Los mayores de 80 años son frágiles. El calor extremo puede descompensarlos. Necesitan hidratación, ambientes frescos, vigilancia de la tensión. Si toman medicamentos, el calor puede cambiar cómo actúan. Los cuidadores tienen que estar muy atentos.
¿El acompañamiento psicosocial es realmente medicina?
Completamente. Un paciente desanimado no hace ejercicio, entra en una rueda de deterioro. En crónicos complejos, especialmente mayores, el apoyo emocional y familiar es tan importante como el medicamento. A veces alertamos a las familias de que necesitan estar más encima.
El Pulso
- Cristina Barbagelata lleva dos décadas como internista en el Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña
- Muchas personas de 55 años desconocen que tienen hipertensión, colesterol alto o problemas renales
- La trilogía del riesgo conecta corazón, riñón y metabolismo a través de hipertensión, diabetes, obesidad y sedentarismo
- Los mayores de 80 años requieren vigilancia especial durante olas de calor extremo
Los internistas son médicos de todos los órganos que atienden pacientes con múltiples enfermedades complejas, especializándose en diagnóstico de enfermedades minoritarias y cuidados paliativos. Muchas personas de 55 años desconocen que padecen hipertensión, colesterol alto o problemas renales porque estas enfermedades no presentan síntomas iniciales, requiriendo prevención activa.
La internista Cristina Barbagelata explica cómo su especialidad atiende al paciente de forma global, integrando múltiples enfermedades y enfatizando la prevención de factores de riesgo cardiovascular, renal y metabólico que afectan a millones de personas.
Cristina Barbagelata nació en Monforte de Lemos en 1973 en el seno de una familia de médicos. Su padre era internista, su hermano es urólogo, y ella lleva dos décadas ejerciendo medicina interna en el Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña. Hace poco asumió la presidencia de la Sociedade Galega de Medicina Interna, una responsabilidad que refleja su trayectoria en una especialidad que, durante años, ha permanecido en la sombra de disciplinas más visibles. Barbagelata reconoce que la pandemia de covid cambió esa percepción. Cuando los internistas se vieron en primera línea atendiendo a pacientes graves, la sociedad comenzó a entender qué hacen realmente estos médicos.
La medicina interna no se define por un órgano específico ni por una enfermedad concreta. Eso es precisamente lo que la confunde. Un cardiólogo atiende el corazón, un nefrólogo los riñones. El internista, en cambio, atiende al paciente en su totalidad. Cuando alguien llega con síntomas complejos que no encajan en una sola especialidad, cuando múltiples órganos están implicados, cuando el cuadro clínico es difícil de descifrar, el internista es quien integra todas esas piezas. Barbagelata lo explica así: son los médicos de todos los órganos. Su trabajo consiste en ajustar el tratamiento a cada persona considerando su situación global, no solo la enfermedad que la trae a la consulta. Esto incluye diagnóstico de enfermedades minoritarias, cuidados paliativos, atención al paciente crónico y complejo, e incluso asistencia a pacientes quirúrgicos. Durante la pandemia, esa capacidad de ver el cuadro completo los llevó a ser protagonistas en el manejo del covid como patología infecciosa que afectaba a múltiples sistemas.
La especialidad ha evolucionado dramáticamente en las últimas décadas. Hace treinta años, los pacientes eran más simples. Vivían menos años, pero cuando llegaban al hospital, generalmente padecían una o dos enfermedades. Hoy, la realidad es distinta. La gente vive más, pero convive con múltiples dolencias simultáneamente. Un paciente puede tener hipertensión, diabetes, problemas renales, obesidad y enfermedad cardiovascular al mismo tiempo. Esa complejidad ha transformado el trabajo del internista. Las herramientas también han cambiado. Si bien la buena historia clínica y la exploración física siguen siendo fundamentales, ahora disponen de tecnología como la ecografía clínica. Áreas enteras de conocimiento han crecido, especialmente el diagnóstico de enfermedades minoritarias, que hace dos décadas eran prácticamente desconocidas.
Esa capacidad de conectar síntomas dispares y encontrar la enfermedad subyacente es lo que Barbagelata compara con el trabajo del doctor House. Los pacientes a menudo le hacen esa pregunta, y ella sonríe: parecido. Las enfermedades minoritarias son infrecuentes, a veces hay que estudiar mucho para diagnosticar a pocos enfermos, y requieren que el médico junte todas las piezas del rompecabezas. Por eso los internistas llevan las consultas de enfermedades minoritarias en casi todos los hospitales, y por eso muchos de estos pacientes necesitan que alguien coordine la atención de múltiples especialistas.
Pero la medicina interna no es solo diagnóstico de lo raro. Una de sus funciones más importantes es la prevención. Barbagelata habla de la trilogía del riesgo: corazón, riñón y metabolismo. Estos tres sistemas están conectados por un conjunto de factores que afectan a millones de personas: hipertensión, diabetes, obesidad, colesterol alto, tabaco, sedentarismo. Aunque muchos especialistas los tratan por separado, en realidad es la misma enfermedad la que genera riesgo en los tres ámbitos. El objetivo del internista es adelantarse, controlando esos factores antes de que aparezcan el infarto, el ictus o la insuficiencia renal.
Aquí está el problema que Barbagelata señala con claridad: hay personas de 55 años que desconocen completamente que tienen la tensión alta, el colesterol elevado o que sus riñones ya están dañados. Estas enfermedades no duelen. No avisan. La gente ingresa por una neumonía y, en el transcurso de la hospitalización, descubre que lleva años con factores de riesgo sin control. El internista aprovecha esos momentos para intervenir, para poner objetivos de salud y evitar que en veinte años esa persona sufra un evento cardiovascular grave. Hay estrategias: hábitos cardiosaludables como ejercicio y dieta, y medicamentos que han demostrado reducir no solo la enfermedad sino también la mortalidad. Lo fundamental es que la gente entienda que debe actuar ahora para estar bien dentro de dos décadas.
Barbagelata también subraya el papel del acompañamiento. En pacientes crónicos complejos, especialmente en personas mayores, la esfera psicosocial es crucial. El desánimo puede llevar al sedentarismo, que a su vez agrava la enfermedad. Los internistas detectan eso y alertan a las familias. En pacientes frágiles, el movimiento es vital, y a veces necesitan más apoyo del que reciben. Con la ola de calor extremo que atraviesa Europa y Galicia, esa vigilancia se vuelve aún más importante. Los ancianos, los bebés, las embarazadas, los obesos, los diabéticos y quienes padecen enfermedad cardiovascular son poblaciones vulnerables. Los mayores de 80 años deben evitar la exposición prolongada al sol, mantenerse hidratados y, si es posible, permanecer en ambientes frescos durante las horas de mayor calor. Los cuidadores deben vigilar cambios en la presión arterial y ajustar medicamentos si es necesario. La prevención, en medicina interna, no es un lujo: es la esencia del trabajo.
Citas Notables
Nosotros somos los médicos de todos los órganos. Hacemos una integración de todas las enfermedades para ajustar el tratamiento a cada paciente— Cristina Barbagelata
Son enfermedades que no duelen. Muchas veces, la gente ingresa por otra cosa y con 55 años no se han enterado de que tienen la tensión alta o el colesterol alto— Cristina Barbagelata