Cinco jueces del Supremo brasileño deciden si Bolsonaro será juzgado por golpismo

El asalto a Brasilia del que se acusa a Bolsonaro causó daños al patrimonio estatal y movilizó a miles de personas, con varios condenados a penas de cárcel.
Cinco jueces decidirán si Bolsonaro será juzgado y condenado
Si aceptan la denuncia, como se espera, estos magistrados serán jueces y jurado en el mismo proceso.
Mark

¿Por qué es tan importante que estos cinco jueces específicos sean los que decidan?

Mimi

Porque si aceptan la denuncia, ellos mismos serán los que lo juzguen y condenen. No es una decisión preliminar; es prácticamente el juicio completo.

Luke

Pero espera, ¿está confirmado que aceptarán la denuncia? El artículo dice "como casi se da por supuesto", pero eso no es lo mismo que estar seguro.

Mimi

Tienes razón. Es una expectativa muy generalizada en Brasil, pero no es un hecho consumado.

Mark

¿Qué pasa con los intentos de Bolsonaro de cambiar los jueces?

Mimi

Fracasaron. Quería apartar a los dos que nombró Lula y que lo juzgara el pleno, donde tendría dos aliados. Ambas peticiones fueron rechazadas.

Luke

¿Quién rechazó esas peticiones? ¿La misma corte, otro tribunal?

Mimi

El artículo no lo especifica. Parece que fue rechazado en el proceso, pero no está claro por quién exactamente.

Mark

¿Hay algo que sugiera que alguno de estos cinco jueces podría votar a favor de Bolsonaro?

Mimi

Luiz Fux es considerado moderado, pero incluso eso es vago. El artículo no sugiere que ninguno sea simpatizante del bolsonarismo.

Luke

Exacto. Tenemos perfiles políticos, pero no tenemos sus posiciones públicas sobre este caso específico. Eso es importante.

Mark

¿Qué significa que su hijo se haya ido a Estados Unidos?

Mimi

Probablemente una estrategia para distanciarse de lo que viene, aunque el artículo no lo dice explícitamente.

  • Bolsonaro enfrenta cinco cargos penales que suman hasta 43 años de cárcel, incluyendo el de haber liderado una organización criminal para derrocar al gobierno electo.
  • Sus intentos de apartar a los magistrados designados por Lula y de trasladar el caso al pleno del tribunal fracasaron uno tras otro, dejando a su defensa sin recursos procesales.
  • Siete colaboradores cercanos —seis militares y un policía— también están en el banquillo, lo que convierte el proceso en un juicio colectivo al núcleo duro del bolsonarismo.
  • Mientras su hijo Eduardo se instala en Estados Unidos como enlace con la derecha populista internacional, el expresidente encabeza mítines pidiendo amnistía para los condenados por el asalto a Brasilia.
  • La decisión está prevista para el miércoles y, si los jueces aceptan la denuncia —como casi nadie en Brasil duda que harán—, ellos mismos serán quienes juzguen y sentencien al expresidente.

En los salones del Tribunal Supremo de Brasil, cinco magistrados deliberan esta semana sobre si el expresidente Jair Bolsonaro deberá responder ante la justicia por intentar torcer el destino democrático de su país. La acusación formal, presentada en febrero, acumula hasta 43 años de posible prisión por delitos que van desde liderar una organización criminal hasta el intento de golpe de Estado contra Lula da Silva. Lo que se dirime no es solo el futuro de un hombre de 70 años, sino la pregunta que toda democracia frágil debe hacerse: ¿puede la ley alcanzar al poder cuando el poder intenta destruirla?

Desde este martes, cinco magistrados de la primera sala del Tribunal Supremo de Brasil deliberan en sesión televisada sobre si Jair Bolsonaro debe ser juzgado por intento de golpe de Estado. El expresidente, de 70 años, enfrenta una acusación formal presentada en febrero por el fiscal general: cinco delitos que incluyen liderar una organización criminal, intentar derrocar a Lula da Silva y causar daños al patrimonio estatal, con penas que suman hasta 43 años de prisión. Junto a él, siete hombres de su círculo más cercano —seis militares y un policía que ocuparon ministerios y altos cargos— aguardan también la decisión del tribunal.

La defensa de Bolsonaro agotó sus movimientos sin éxito: pidió apartar a los magistrados nombrados por Lula, alegando parcialidad, y luego intentó que el caso pasara al pleno de la corte, donde habrían participado los dos jueces que él mismo designó en su momento. Ambas maniobras fueron rechazadas. Su hijo Eduardo, mientras tanto, ha renunciado temporalmente a su escaño y se ha instalado en Estados Unidos.

Los cinco jueces que decidirán el caso son figuras de trayectorias muy distintas. Alexandre de Moraes, instructor del caso y figura central del proceso, fue designado por Michel Temer y se ha convertido en el enemigo número uno del bolsonarismo tras cerrar la plataforma X en Brasil. Cristiano Zanin llegó al tribunal de la mano de Lula, a quien defendió en el caso Lava Jato hasta conseguir la anulación de sus condenas. Flávio Dino era ministro de Justicia el día del asalto a Brasilia. Carmen Lúcia, la única mujer del tribunal, tiene fama de dureza en causas penales. Y Luiz Fux, considerado moderado, pidió esta semana una pausa para revisar el caso de una peluquera que se convirtió en símbolo del bolsonarismo tras escribir con pintalabios un lema en la estatua de la Justicia durante el asalto.

Si los magistrados aceptan la denuncia —como casi todos en Brasil anticipan—, serán ellos mismos quienes juzguen y sentencien al expresidente. La decisión está prevista para el miércoles, y con ella Brasil sabrá si un exjefe de Estado responderá ante la justicia por haber intentado quebrar el orden democrático.

A partir de este martes, cinco magistrados de la primera sala del Tribunal Supremo de Brasil se sientan a deliberar en una sesión televisada que podría marcar el fin de la carrera política de Jair Bolsonaro. El expresidente de 70 años enfrenta una acusación formal presentada en febrero por el fiscal general: cinco delitos que incluyen liderar una organización criminal, intentar un golpe de Estado contra Luiz Inácio Lula da Silva, y daños al patrimonio estatal. Las penas acumuladas suman hasta 43 años de cárcel. Los jueces no solo decidirán sobre Bolsonaro, sino también sobre siete hombres que lo acompañaban en los escalones del poder: seis militares y un policía que ocupaban ministerios o cargos de alto rango en las Fuerzas Armadas.

La defensa de Bolsonaro ha intentado dos movimientos desesperados para inclinar la balanza a su favor. Primero, pidió apartar a los dos magistrados que Lula designó durante su actual mandato, argumentando que no podían ser imparciales. Esa solicitud fue rechazada. Luego intentó que el caso fuera juzgado por el pleno de la corte, lo que habría incluido a los dos jueces que él mismo había nombrado cuando era presidente. Ese esfuerzo también fracasó. Mientras tanto, su hijo Eduardo, quien actúa como enlace con la internacional nacionalpopulista, ha renunciado temporalmente a su escaño de diputado y se ha instalado en Estados Unidos.

Alexandre de Moraes, de 53 años, es el juez instructor y la figura más poderosa del momento en Brasil. Conservador designado por Michel Temer en 2017, antes fue secretario de Seguridad Pública de São Paulo. Se ha convertido en el enemigo público número uno del bolsonarismo, especialmente tras su enfrentamiento con Elon Musk y el cierre de la plataforma X en el país. Para sus defensores, salvó la democracia brasileña; para sus críticos, es un dictador que abusa de sus poderes.

Cristiano Zanin, de 49 años, llegó a la corte gracias a Lula. Fue el abogado que, junto a su esposa Valeska Martins, defendió al presidente cuando estaba condenado en el caso Lava Jato. Su estrategia legal consiguió que el Supremo anulara esas condenas, dándole a Lula una segunda vida política. En retribución, Lula lo colocó en el tribunal cuando regresó al poder. Ha resultado menos progresista de lo que muchos esperaban, y le quedan más de 25 años en el cargo antes de jubilarse a los 75.

Flávio Dino, de 56 años, era ministro de Justicia el día del asalto bolsonarista a los tres poderes en Brasilia. Antes de entrar en política fue juez, militó en el Partido Comunista, y fue gobernador de Maranhão. Su trayectoria lo marca como un magistrado de orientación progresista. Carmen Lúcia Rocha, de 70 años, es la única mujer entre los 11 jueces del Supremo. Llegó a la corte de la mano de Lula en 2006 y preside el Tribunal Superior Electoral. Antigua abogada y profesora de derecho constitucional, tiene fama de ser dura en causas penales, como las que afectaron al propio Lula. Todos en Brasil la conocen simplemente como Carmen Lúcia.

Luiz Fux, de 71 años, es considerado un moderado. Fue nombrado por Dilma Rousseff en 2011 y presidió la corte durante la pandemia, período en el que tuvo varios enfrentamientos con Bolsonaro. Este lunes pidió una pausa en el juicio para considerar el caso de una peluquera que se ha convertido en figura mártir del bolsonarismo. Ella formaba parte de la turba que asaltó Brasilia y escribió con pintalabios el lema "Perdiste, hermano" en la estatua de la Justicia que preside la entrada del Supremo. Varios jueces ya han pedido 14 años de cárcel para ella.

Si los cinco magistrados aceptan la denuncia, como casi todos en Brasil dan por supuesto que ocurrirá, serían ellos mismos quienes juzgarían a Bolsonaro y dictarían sentencia. Recientemente, el expresidente encabezó una concentración en Río de Janeiro para reclamar una amnistía para todos los condenados por el asalto a Brasilia. La decisión de la corte está prevista para el miércoles, y con ella se definirá si Brasil enfrenta el juicio de un expresidente por intento de golpe de Estado o si la justicia encuentra un camino alternativo.

Para una parte de los brasileños, salvó la democracia; el bolsonarismo lo ve como un dictador que abusa de los poderes de su cargo
— Descripción de las percepciones sobre Alexandre de Moraes
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