Björn Borg, el tenista sueco que conquistó once Grand Slams antes de retirarse abruptamente a los veintiséis años, rompe décadas de silencio para revelar que detrás de su legendaria frialdad se escondían años de adicciones, soledad y dos encuentros cercanos con la muerte. A los sesenta y nueve años, habiendo sobrevivido también a un cáncer de próstata, Borg publica su autobiografía 'Latidos' como un acto de reconciliación consigo mismo y con quienes lo admiraron sin conocerlo. Su historia es la de un hombre que alcanzó la cima del mundo antes de saber cómo vivir en ella, y que tardó décadas en
Björn Borg: «Tuve que lidiar yo solo con todo y me equivoqué. Pero sobreviví»
Tuve que lidiar yo solo con todo. Para sobrevivir, fui muy fuerte.
¿Qué fue lo más difícil de escribir en el libro? ¿Revivir esos momentos oscuros?
No fue revivir exactamente. Fue nombrarlos. Mientras estaba en ello, podía mantenerlo todo dentro, guardado. Escribirlo, permitir que mi esposa lo escribiera, significaba que ya no podía pretender que no había sucedido.
Dice que tuvo que resolver todo solo. ¿Nunca consideró pedir ayuda en ese momento?
¿A quién? No existía la infraestructura que existe ahora. Y además, cuando eres joven y estás en pánico, no siempre ves las opciones que tienes. Crees que tienes que arreglártelas solo.
Pero sobrevivió. ¿Cree que esa soledad forzada lo hizo más fuerte, o simplemente lo hirió?
Ambas cosas. Me hizo más fuerte mentalmente, sí. Pero también me hirió de formas que tardé décadas en entender. La fuerza y el daño no son opuestos. Pueden existir juntos.
Cuando regresó al tenis en 1991, ¿fue un regreso o fue algo completamente diferente?
Fue un acto de supervivencia disfrazado de regreso. No volví para competir. Volví porque necesitaba sentir que estaba vivo de nuevo. El tenis fue la herramienta, no el objetivo.
¿Qué le diría al Björn de veintiséis años que se retiró?
Le diría que espere. Que hable con alguien. Que no se corte de todo lo que construyó. Pero también sé que no me habría escuchado. Estaba demasiado asustado.
¿Ha encontrado paz ahora?
Sí. Pero no es la paz de quien nunca tuvo que luchar. Es la paz de quien se enfrentó a sus demonios y decidió vivir de todas formas.
The Pulse
- Borg se retiró del tenis en 1981 sin red de contención emocional ni apoyo profesional, dejando atrás no solo el deporte sino toda la estructura de su vida.
- Los años que siguieron fueron devastadores: una sobredosis de tranquilizantes en Milán en 1989 y un período de alcohol, drogas y pastillas en Holanda a mediados de los noventa lo pusieron al borde de la muerte en dos ocasiones.
- Sin psicólogos ni equipo de apoyo, Borg tuvo que enfrentar sus demonios completamente solo, una soledad que describe como el núcleo de su caída.
- El regreso al tenis en 1991 no fue un intento de recuperar la gloria, sino una búsqueda desesperada de rutina y sentido: algo que hacer cada día para sentirse vivo.
- Hoy, tras veintiséis años sin recaídas y con la autobiografía publicada, Borg transmite la paz serena de quien sufrió profundamente y logró, finalmente, sobrevivirse a sí mismo.
Björn Borg, el tenista sueco que conquistó once Grand Slams antes de retirarse abruptamente a los veintiséis años, rompe décadas de silencio para revelar que detrás de su legendaria frialdad se escondían años de adicciones, soledad y dos encuentros cercanos con la muerte. A los sesenta y nueve años, habiendo sobrevivido también a un cáncer de próstata, Borg publica su autobiografía 'Latidos' como un acto de reconciliación consigo mismo y con quienes lo admiraron sin conocerlo. Su historia es la de un hombre que alcanzó la cima del mundo antes de saber cómo vivir en ella, y que tardó décadas en encontrar el camino de regreso.
Björn Borg se conecta desde Estocolmo con la luz nórdica iluminando su rostro y gafas de montura metálica. Después de una vida entera de muros emocionales —el apodo IceBorg no era solo un juego de palabras—, ha decidido abrirse a través de 'Latidos', una autobiografía escrita por su esposa Patricia Östfeldt. Lo que lo empujó a hablar fue haber sobrevivido a un cáncer de próstata diagnosticado en 2023.
Los logros son conocidos: cinco Wimbledon consecutivos, seis Roland Garros, once Grand Slams en total. Pero lo que vino después del retiro a los veintiséis años permaneció en la sombra durante décadas. Borg no simplemente dejó el tenis; lo dejó todo. Cortó amistades, abandonó contactos, se aisló por completo. Y no había nadie para ayudarlo: ningún psicólogo, ningún equipo de apoyo. Fue el primero en tener entrenador, pero nada más. Nadie le dijo que se tomara un tiempo para reflexionar.
La presión había sido asfixiante desde que llegó a Wimbledon a principios de los setenta. Chicas gritando, fotógrafos en todas partes, incapacidad de salir a la calle. Su rutina era ir a las pistas, jugar, volver al hotel y encerrarse. Año tras año. Cuando a los veintiséis ya no sentía motivación, simplemente se fue. Pero se fue sin red.
En Milán, en 1989, una sobredosis de tranquilizantes casi acaba con su vida. A mediados de los noventa, en Holanda, el alcohol, las drogas y las pastillas lo pusieron de nuevo al borde. Borg describe esos años como llenos de demonios, y se describe a sí mismo como Dr. Jekyll y Mr. Hyde: uno duerme mientras el otro intenta destruirse.
Lo que lo rescató fue volver a Montecarlo en 1991, no para competir, sino para recuperar una rutina. Cinco años sin tocar una raqueta, y de pronto viajó a Londres a entrenar. Poco a poco, algo se recompuso. Hoy, veintiséis años después de su última recaída, dice haber sido feliz durante mucho tiempo. Observa a Sinner y Alcaraz con admiración genuina, reconoce su propio legado en el tenis moderno, y siente que publicar el libro lo ha liberado. Solo una pregunta quedó sin respuesta: hasta dónde habría llegado si hubiera seguido compitiendo. Quizá sea la única que aún no está listo para responder.
Björn Borg, ahora con casi setenta años, se sienta frente a una pantalla en Estocolmo mientras la luz nórdica ilumina su rostro. Lleva gafas de montura metálica. Su agente Linda ha tenido que resolver problemas técnicos durante diez minutos antes de que el micrófono funcione. Cuando por fin habla, su voz se quiebra conforme avanza la conversación, como si cada palabra fuera una pequeña penitencia. Después de una vida entera de silencio, de muros emocionales cuidadosamente construidos, el hombre al que llamaban IceBorg —ese juego de palabras entre el hielo sueco y su apellido— ha decidido abrirse. Lo ha hecho a través de un libro, Latidos, escrito por su esposa Patricia Östfeldt, con quien lleva veinticinco años.
Los hechos de su carrera son conocidos: cinco Wimbledon consecutivos, seis Roland Garros, cuatro de ellos seguidos. A los veintiséis años, convertido ya en icono pop y estrella internacional, se retiró de la noche a la mañana. Lo demás fue enigma durante décadas. Pero ahora, después de haber sobrevivido a un cáncer de próstata diagnosticado en 2023, Borg ha decidido contar qué pasó en realidad. No fue simplemente que dejara el tenis. Fue que lo dejó todo. Abandonó a sus amigos en todo el mundo, los torneos, los contactos que había construido. Se cortó de raíz. Y luego vinieron los años oscuros.
En Milán, en 1989, estuvo muy cerca de la muerte por una sobredosis de tranquilizantes. Años después, en Holanda, a mediados de los noventa, volvió a estarlo: alcohol, drogas, pastillas. Borg describe esos períodos como terribles, llenos de demonios internos. Pero lo que lo mantiene vivo en su relato es que tuvo que resolver todo aquello por sí solo. No había equipo de profesionales a su alrededor, no había psicólogos, no había la estructura de apoyo que rodea a los tenistas modernos. Estaba completamente solo. Cuando se retiró a los veintiséis años, ni siquiera tenía eso. Fue el primero en tener un entrenador, pero nada más. Nadie le dijo que descansara tres meses, que reflexionara, que quizá cambiara de opinión. Tuvo que lidiar con todo él mismo.
La presión había sido sofocante. A principios de los años setenta, cuando llegó a Wimbledon, algo cambió en el tenis. De repente había chicas gritando, fotógrafos en todas partes, gente persiguiéndolo constantemente. No podía salir a ningún sitio. Iba a las pistas, jugaba, volvía al hotel, se encerraba en la habitación y pedía servicio de habitaciones. Año tras año. Describe la sensación con palabras fuertes: pánico, claustrofobia. Se preguntaba si su vida sería así durante los próximos diez o quince años. Así que a los veintiséis, cuando ya no le divertía jugar, cuando no tenía motivación, simplemente se fue. Pero se fue mal. Se fue sin red de contención.
Lo que lo salvó fue volver a Montecarlo en 1991. No era que quisiera volver a jugar al tenis competitivamente —llevaba cinco años sin coger una raqueta—. Lo que necesitaba era una rutina, algo que hacer cada día, una estructura que le devolviera la sensación de estar vivo. Fue a Londres a entrenar. Poco a poco, empezó a recuperarse. Describe su propia vida como la de un superviviente que tomó el camino equivocado, giró a la izquierda cuando debería haber girado a la derecha, pero logró rectificar. Ahora, veintiséis años después de su última fiesta, dice que ha sido feliz durante muchos años.
Habla de sí mismo como si fuera dos personas: Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Es Géminis, nacido el 6 de junio, y ve en ese símbolo de los gemelos una representación perfecta de su dualidad: uno duerme mientras el otro intenta destruirse a sí mismo. Esa fue su peor enemiga durante años. Pero ya no. Ha aprendido a vivir con ello, a gestionarlo. Cuando reflexiona sobre por qué tomó decisiones tan estúpidas en aquellos años oscuros, siente que publicar el libro lo ha liberado. Transmite paz. No es la paz de quien nunca sufrió, sino la de quien sufrió profundamente y logró sobrevivir a ello.
Ahora observa el tenis moderno con admiración. Ve a Jannik Sinner y Carlos Alcaraz y se maravilla. Sinner es más agresivo desde el fondo, pero Alcaraz tiene mano, sabe hacer muchas cosas con la pelota. Borg cree que fue importante para el deporte, que ayudó a que creciera. Revolucionó la forma de jugar, sembró conceptos que hoy son estándar. Pero cuando se le pregunta si se ha replanteado hasta dónde hubiera llegado de haber continuado compitiendo, la entrevista se corta. La pregunta queda sin respuesta. Quizá sea la única pregunta que Borg aún no está listo para responder completamente.
Notable Quotes
Cuando me retiré ni siquiera tenía 26 años, pero me dije: 'Me alejo del tenis'. No tenía motivación para seguir jugando, ya no me divertía.— Björn Borg
Si hubiera tenido un equipo antes de tomar la decisión, quizá me hubieran dicho que descansara y reflexionara. Pero yo estaba solo, no tenía ayuda.— Björn Borg