Desde sus orígenes, la diplomacia europea ha cargado con una tensión irresuelta: la de servidores públicos que representan a Europa pero piensan en sus capitales. Bruselas ha dado un paso inédito al aprobar el estudio de una Escuela Diplomática de la UE, la primera institución concebida para formar funcionarios del Servicio Europeo de Acción Exterior con una lealtad genuinamente comunitaria. La iniciativa, nacida en el Parlamento Europeo y respaldada por la Comisión con la máxima calificación posible, abre en 2022 un proceso que podría redefinir qué significa ser diplomático europeo, aunque el
Bruselas aprueba estudiar una escuela diplomática europea para superar sesgos nacionales
Los diplomáticos siguen pendientes de sus ministerios nacionales porque es donde continúa su carrera
¿Por qué ahora? ¿Qué ha cambiado para que Bruselas considere seriamente esta idea?
La vulnerabilidad de cada Estado miembro por sí solo ha crecido. La pandemia lo demostró cuando necesitaron coordinar repatriaciones. Pero también está el cambio de liderazgo: Von der Leyen quiere una UE con peso geopolítico real, no solo económico.
Entonces el problema no es nuevo, sino que finalmente hay voluntad política.
Exacto. El SEAE lleva diez años funcionando como un híbrido incómodo. Nadie se ha atrevido a cuestionar seriamente por qué los diplomáticos siguen pensando como franceses, alemanes o españoles en lugar de como europeos.
¿Qué resistencia espera encontrar?
La más obvia: Francia y Alemania no quieren perder influencia. Pero hay otra más profunda. Los cuerpos diplomáticos son clubes muy cerrados, con tradiciones familiares. Pedirles que formen a sus sucesores en Bruselas es pedirles que renuncien a parte de su identidad.
¿Puede una escuela realmente cambiar eso?
Una escuela sola, no. Pero si logra crear una generación de diplomáticos que se ven a sí mismos como europeos primero, podría cambiar la cultura del SEAE desde dentro. El riesgo es que termine siendo un adorno sin poder real.
¿Y si fracasa?
Entonces la UE seguirá siendo lo que es: una potencia económica que no puede hablar con una sola voz cuando importa. Sánchez Amor ya está pensando en el siguiente paso: un servicio de inteligencia propio. Porque sin información propia, sin análisis independiente, la diplomacia es ciega.
The Pulse
- Diez años después de su creación, el SEAE sigue siendo un cuerpo fragmentado donde españoles miran hacia América Latina, franceses hacia África, y todos mantienen un ojo puesto en sus ministerios nacionales.
- La Comisión Europea otorgó en julio la máxima calificación al proyecto de escuela diplomática, un filtro que solo superó el 10% de los 353 proyectos piloto presentados en 2020.
- Con hasta dos millones de euros de financiación inicial, los estudios previos arrancarían en 2022, aunque el verdadero desafío será convencer a Alemania y Francia de ceder terreno en un ámbito que consideran soberanía nacional.
- El eurodiputado Nacho Sánchez Amor, impulsor del proyecto, ya anticipa la próxima batalla: crear un servicio de inteligencia europeo propio para evitar errores como no anticipar la anexión rusa de Crimea en 2014.
- La UE despliega más de ocho mil personas en 148 países, pero su peso diplomático real sigue siendo inferior a su envergadura económica, síntoma de una visión común que todavía no existe.
Desde sus orígenes, la diplomacia europea ha cargado con una tensión irresuelta: la de servidores públicos que representan a Europa pero piensan en sus capitales. Bruselas ha dado un paso inédito al aprobar el estudio de una Escuela Diplomática de la UE, la primera institución concebida para formar funcionarios del Servicio Europeo de Acción Exterior con una lealtad genuinamente comunitaria. La iniciativa, nacida en el Parlamento Europeo y respaldada por la Comisión con la máxima calificación posible, abre en 2022 un proceso que podría redefinir qué significa ser diplomático europeo, aunque el camino estará sembrado de las mismas resistencias nacionales que siempre han frenado la ambición exterior de la Unión.
Bruselas ha aprobado estudiar la creación de una Escuela Diplomática europea, la primera institución de la UE dedicada exclusivamente a formar funcionarios del Servicio Europeo de Acción Exterior desde una perspectiva comunitaria. La iniciativa, impulsada por el eurodiputado socialista Nacho Sánchez Amor, recibió la máxima calificación en la evaluación de la Comisión, abriendo el camino para estudios previos en 2022 con una financiación inicial de hasta dos millones de euros.
El proyecto responde a un problema estructural que arrastra el SEAE desde su fundación hace una década. El servicio se nutre en partes iguales de funcionarios de la Comisión, diplomáticos nacionales en comisión temporal y empleados del Consejo, una mezcla que nunca ha logrado fusionarse en un cuerpo unificado. Los españoles tienden a ser destinados a América Latina, los franceses a África, cada uno reproduciendo los esquemas y lealtades de su país de origen. Pol Morillas, del centro CIDOB, señala que esta falta de cohesión ha impedido que emerja una visión diplomática verdaderamente europea.
La aprobación inicial no fue sencilla: de 353 proyectos piloto presentados en 2020, solo el 10% recibió la calificación máxima y únicamente 59 prosperaron. El respaldo refleja también el compromiso de Ursula von der Leyen y del Alto Representante Josep Borrell con una Europa de mayor peso en la escena global.
Sin embargo, las resistencias serán considerables. Alemania y Francia han preferido históricamente mantener su propia voz en asuntos internacionales, y los cuerpos diplomáticos nacionales son instituciones profundamente elitistas con tradiciones arraigadas. La batalla se anticipa similar a la que acompañó la propia creación del SEAE, cuando las capitales temieron que Bruselas invadiera competencias nacionales.
Sánchez Amor ya mira más lejos: tras la escuela diplomática, no descarta impulsar un proyecto piloto para crear un servicio de inteligencia europeo independiente, convencido de que su ausencia ha costado errores graves, como no anticipar la anexión rusa de Crimea en 2014. La construcción de una diplomacia europea verdaderamente unificada, concluye, apenas acaba de comenzar.
Bruselas ha dado luz verde a un ambicioso proyecto que podría transformar la forma en que la Unión Europea recluta y entrena a sus diplomáticos. La Comisión Europea aprobó en julio estudiar la creación de una Escuela Diplomática europea, una institución que, de prosperar, sería la primera en la historia de la UE dedicada exclusivamente a formar funcionarios del Servicio Europeo de Acción Exterior desde una perspectiva comunitaria en lugar de nacional. La iniciativa, impulsada por el eurodiputado socialista Nacho Sánchez Amor, recibió la máxima calificación en la evaluación comunitaria, lo que abre el camino para que los estudios previos comiencen en 2022 con una financiación inicial de hasta dos millones de euros.
El proyecto responde a un problema que ha aquejado al SEAE desde su creación hace una década: la persistencia de lealtades nacionales entre sus funcionarios. El servicio exterior europeo se nutre actualmente de tres fuentes distintas en partes iguales: empleados de la Comisión, diplomáticos de los gobiernos nacionales asignados temporalmente, y funcionarios del Consejo. Esta mezcla nunca se ha amalgamado en un cuerpo verdaderamente unificado. Sánchez Amor señala que el SEAE ha sido arrastrado por lógicas nacionales que reproducen los esquemas de las embajadas tradicionales sin cuestionarse un interés europeo genuino. Los españoles tienden a ser destinados a América Latina, los franceses a África, cada uno llevando consigo los condicionantes y tendencias de su país de origen.
Pol Morillas, director del centro de estudios CIDOB, explica que esta falta de cohesión ha impedido que se genere una visión unificada de la diplomacia europea. Los funcionarios comunitarios nunca se han acostumbrado plenamente a trabajar en un órgano híbrido como el SEAE, que depende de la Comisión pero donde los gobiernos retienen la última palabra en política exterior. Mientras tanto, los diplomáticos nacionales trasladados a Bruselas mantienen la vista puesta en sus ministerios de Exteriores, sabiendo que allí continuarán sus carreras. Una escuela diplomática europea podría romper este ciclo, formando desde el primer día a diplomáticos con una perspectiva comunitaria compartida.
La aprobación inicial de Bruselas es significativa considerando el rigor del proceso de evaluación. De los 353 proyectos piloto presentados en 2020, la Comisión otorgó la máxima calificación solo al 10 por ciento. El resto recibió calificaciones menores que prácticamente los condenan al fracaso. Solo 59 proyectos finalmente prosperaron. La escuela diplomática superó este filtro exigente, reflejando el apoyo de la presidenta Ursula von der Leyen a una Unión Europea con una voz más potente en la escena mundial, objetivo que también comparte el Alto Representante de Política Exterior, Josep Borrell.
Sin embargo, el proyecto enfrentará resistencias considerables. Los grandes países, particularmente Alemania y Francia, han preferido históricamente mantener su propia voz en asuntos internacionales de envergadura. Además, los cuerpos diplomáticos nacionales son instituciones altamente elitistas con tradiciones familiares profundas, lo que generará oposición entre diplomáticos de cualquier tamaño de país. La batalla será similar a la que ocurrió hace una década cuando se creó el propio SEAE, enfrentando reticencias de las capitales que temían que Bruselas invadiera una competencia nacional como la política exterior.
A pesar de su infraestructura considerable—cuatro edificios en Bruselas, más de dos mil empleados locales, presencia en 148 países con otros dos mil trescientos empleados, y tres mil ochocientos funcionarios de apoyo—la UE aún no ha logrado un peso internacional acorde con su importancia económica y estratégica. La necesidad de unanimidad en decisiones de política exterior y la diversidad de intereses entre los 27 Estados miembro alimentan una imagen de lentitud. Aunque ha habido éxitos notables, como la repatriación coordinada de más de 625 mil europeos durante la pandemia en 2020, los observadores coinciden en que falta una visión verdaderamente común.
Sánchez Amor va más allá, argumentando que la mayor carencia del SEAE es la ausencia de un servicio de inteligencia propio. Señala que esta debilidad llevó a errores significativos, como la gestión de Ucrania en 2014, cuando Bruselas no percibió el movimiento ruso para anexionarse Crimea. Tras el éxito inicial de la escuela diplomática, no descarta impulsar otro proyecto piloto para crear un servicio de inteligencia europeo independiente. La batalla por una diplomacia europea verdaderamente unificada apenas comienza.
Notable Quotes
Es necesario que haya una carrera diplomática europea que se forme desde una perspectiva europea desde el primer minuto— Nacho Sánchez Amor, eurodiputado socialista e impulsor del proyecto
Los diplomáticos nacionales trasladados a Bruselas siguen pendientes de sus ministerios de Exteriores porque es donde continuarán los siguientes pasos de su carrera— Pol Morillas, director del CIDOB