AfD arrasó en Sajonia-Anhalt con el 44% de votos, primera oportunidad de gobernar la extrema derecha alemana desde la II Guerra Mundial. A diferencia de Le Pen y Meloni, AfD no se ha moderado sino radicalizado, manteniendo posiciones racistas, revisionistas y pro-Putin sin suavizar su mensaje.
AfD, el socio díscolo que se radicaliza mientras otros ultras se moderan
Donde otros partidos esconden sus aristas, el AfD las afila
¿Por qué el AfD es tan diferente de Le Pen o Meloni si todos son ultras?
Porque los otros aprendieron que para gobernar necesitaban parecer menos extremistas. Le Pen lo hizo antes de llegar al poder, Meloni después. Pero el AfD nunca tuvo que hacerlo. Le funciona siendo exactamente lo que es.
¿Funciona o simplemente aún no ha tenido que gobernar? Sajonia-Anhalt es una victoria electoral, no un gobierno nacional.
¿Qué los conecta internacionalmente si tienen problemas con otros ultras europeos?
Estados Unidos. Trump, Musk, Thiel. Esa es su red real. Los tecnooligarcas les dan dinero, amplificación en redes, ideas. Es distinto a cómo otros populistas se conectan entre sí.
¿Cuánto dinero exactamente? El artículo dice que Thiel aportó decenas de millones a Stark Defence, pero ¿cuánto va directamente al AfD? Eso no está claro.
¿Por qué el apoyo a Rusia no los aleja de Trump si Trump también es impredecible con Rusia?
Porque el AfD es oportunista. Apoyan a Putin porque les da votos en el este de Alemania. Apoyan a Trump porque les da financiación y amplificación. No hay ideología coherente, hay cálculo electoral.
Eso es una interpretación. El artículo dice que tienen "alineamiento oportunista con potencias autoritarias", pero también podría ser que vean a Rusia y China como contrapesos a Occidente. No es lo mismo.
¿Qué significa que se radicalicen mientras otros se moderan? ¿No debería ser al revés?
Normalmente sí. Los partidos extremistas suavizan su mensaje cuando se acercan al poder para no asustar a votantes moderados. El AfD no lo hace. Sigue siendo racista, revisionista, prorruso. Y la gente vota igual.
Pero aún no gobierna a nivel nacional. Es posible que se moderen si llegan al poder. Sajonia-Anhalt es un estado del este, no toda Alemania. El contexto importa.
¿Qué tan real es la amenaza de que gobiernen Alemania?
Los sondeos los ponen como el primer partido con el 30 por ciento. La gran coalición se desmorona. Pero el cordón sanitario aún existe: otros partidos dicen que no gobernarán con ellos. Eso es lo que mantiene la puerta cerrada por ahora.
Aunque el PP europeo ya ha roto ese cordón en Bruselas, según el artículo. Si el centroderecha empieza a legitimarlos en Europa, ¿cuánto tiempo aguanta el cordón en Alemania?
Le Pouls
- AfD ganó el 44% en Sajonia-Anhalt, primera oportunidad de gobernar la extrema derecha alemana desde 1945
- Lidera sondeos nacionales con el 30% del electorado y en ascenso
- Mantiene vínculos fuertes con Trump, Elon Musk y Peter Thiel; débiles con otros ultras europeos
- Promete reapertura de oleoductos Nordstream y rechazo a apoyo a Ucrania
AfD arrasó en Sajonia-Anhalt con el 44% de votos, primera oportunidad de gobernar la extrema derecha alemana desde la II Guerra Mundial. A diferencia de Le Pen y Meloni, AfD no se ha moderado sino radicalizado, manteniendo posiciones racistas, revisionistas y pro-Putin sin suavizar su mensaje.
El partido alemán AfD se distingue de otros ultras europeos por radicalizarse sin moderarse, ganando el 44% en Sajonia-Anhalt y liderando sondeos nacionales con alianzas con Trump y tecnooligarcas estadounidenses.
Alemania enfrenta un momento de ruptura histórica. El Alternativa para Alemania (AfD) acaba de ganar las elecciones en Sajonia-Anhalt con el 44 por ciento de los votos, marcando la primera ocasión desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en que la extrema derecha tiene la posibilidad real de gobernar en territorio alemán. Los sondeos nacionales la colocan como la primera fuerza política del país, con un 30 por ciento del electorado y en ascenso, mientras que la gran coalición entre la CDU y el SPD se desmorona. Este no es un fenómeno aislado: forma parte de la ola conservadora que recorre Europa y el mundo. Pero el AfD representa algo distinto en ese panorama, algo que desafía las reglas que otros partidos ultras han aprendido a seguir.
La trayectoria del AfD es la de una metamorfosis política acelerada. Nació hace poco más de una década de la mano de economistas euroescépticos preocupados por el euro, soñando con restaurar el marco alemán. Luego llegó 2015 y la crisis de los refugiados. En ese momento, el alma antieuro del partido se transmutó en algo más radical: un nacionalismo étnico, una obsesión con el islam que recuerda la que los nazis sintieron por los judíos hace un siglo, un revisionismo histórico que minimiza el Tercer Reich como una mota de polvo en un pasado glorioso. Sus bases descabezaron la dirección dos veces hasta encontrar la pareja actual: Alice Weidel, exgoldman Sachs, atlantista, residente en Suiza y casada con una mujer nacida en Sri Lanka, pero que defiende la familia tradicional como un bastión; y Tino Chrupalla, de orientación euroasiática, lo que es otra forma de decir prorruso. El partido que emergió de esa transformación es abiertamente racista, revisionista y una enmienda a la totalidad del orden occidental.
Lo que distingue al AfD de sus homólogos europeos no es su extremismo, sino su negativa a moderarlo. Marine Le Pen suavizó su mensaje para llegar al poder. Giorgia Meloni lo hizo ya instalada en la presidencia italiana, ajustando su política exterior para resultar más aceptable a nivel nacional y europeo. El AfD ha tomado el camino opuesto: donde otros partidos esconden sus aristas más extremistas, el AfD las afila. No ha necesitado moderarse porque le funciona. Según académicos como Francesca Bria de la UCL, es el único partido de extrema derecha europeo que se radicaliza y se legitima simultáneamente. Cas Mudde, otro estudioso del fenómeno, matiza que Le Pen y Meloni sí han ajustado su política exterior para ser más aceptables, pero que tanto las bases como las élites del AfD se han radicalizado juntas, mostrando poco interés en ser aceptadas por el establishment.
Esa radicalización sin moderación se sostiene en parte sobre una red internacional que otros ultras no poseen o no cultivan con la misma intensidad. El AfD tiene vínculos débiles con Nigel Farage y Marine Le Pen, probablemente por razones históricas. Meloni desconfía del partido alemán. Su relación con el polaco Ley y Justicia es tensa. Pero donde el AfD ha construido alianzas sólidas es en Estados Unidos, específicamente con Trump, J.D. Vance y Elon Musk. Mantiene contactos con populistas latinoamericanos como Jair Bolsonaro, Javier Milei y José Antonio Kast, principalmente a través de Beatrix Von Storch. Cultiva relaciones con la Rusia de Putin, especialmente en el este de Alemania, y con China a través de Chrupalla, lo que ha sido descrito como un alineamiento oportunista con potencias autoritarias.
Los tecnooligarcas estadounidenses son el corazón de esa red internacional. Antes de las elecciones federales alemanas, el algoritmo de X mostraba una cantidad desproporcionadamente mayor de contenido del AfD a cuentas supuestamente neutrales que las de otros partidos. Los vínculos llegan hasta la Casa Blanca, con especial cercanía a Peter Thiel, el multimillonario e ideólogo de origen alemán que ha aportado decenas de millones de dólares a Stark Defence, un fabricante de drones vinculado a simpatizantes del AfD que tiene contratos con la Bundeswehr. Thiel es autor de una frase que ha dejado huella en círculos reaccionarios: ya no cree que la libertad y la democracia sean compatibles. Axel Springer, editor de diarios ultraconservadores como Bild y Die Welt, acaba de otorgarle su principal galardón anual.
La posición prorrusa del AfD la diferencia de otros populistas europeos, pero le ha permitido capturar un segmento electoral significativo, especialmente en el este de Alemania. Junto con mensajes antimigración, la cercanía a Putin—que incluye promesas de reapertura de los oleoductos Nordstream y un rechazo tajante a apoyar a Ucrania—ha generado montones de votos. El partido suele revestir estas posiciones alegando que las medidas de Bruselas conllevan grandes costos para el ciudadano alemán común. Fue expulsada de los grupos de ultraderecha del Parlamento Europeo después de que su cabeza de cartel en Bruselas, Maximilian Krah, declarara públicamente que no todo quien vistió un uniforme de las SS es automáticamente un criminal.
La radicalización del AfD ha comenzado a contagiar a otros populistas. Steven Forti, historiador de la Autónoma de Barcelona, observa que el AfD ha convertido su extremismo en una moda: Vox también radicaliza su mensaje, y lo mismo hacen Trump, Milei o el colombiano De la Espriella. El nacionalismo, dice Forti, come nacionalismo, lo que ha dificultado la colaboración internacional, pero el AfD ha logrado construir relaciones sólidas con Trump y comienza a tenerlas con otros grupos. Desde dentro del partido, Hans Thomas Tillschneider, ideólogo en Sajonia, sostiene que la receta del éxito no es el radicalismo sino dar a la gente líderes con carácter, sin pulir, porque saben que solo ellos van a defender sus convicciones. Mientras el centroderecha europeo legitima estas posiciones pactando con los ultras—el canciller Merz resiste presiones en casa, pero el PP europeo ya ha roto el cordón sanitario en Bruselas—, el AfD continúa su ascenso sin necesidad de suavizar nada.
Citations marquantes
AfD es el único partido de extrema derecha europea que se está radicalizando y legitimando al mismo tiempo— Francesca Bria, UCL
Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles— Peter Thiel