Contra todo pronóstico, la esperanza perdura
Los terremotos causaron 1.450 muertes confirmadas, 3.150 heridos y 12.721 damnificados, con 764 edificaciones afectadas, 189 colapsadas completamente. La ONU estima que 6,76 millones de personas podrían verse afectadas y calcula daños físicos de 6.700 millones de dólares, equivalentes al 6% del PIB venezolano.
- Dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 el 24 de junio de 2026
- 1.450 muertos confirmados, 50.000 desaparecidos según la ONU
- 6.700 millones de dólares en daños, equivalentes al 6% del PIB venezolano
- 764 edificaciones afectadas, 189 colapsadas completamente
- 6,76 millones de personas potencialmente afectadas según estimaciones de la ONU
Dos terremotos simultáneos de magnitudes 7.2 y 7.5 devastaron la costa central de Venezuela el 24 de junio, dejando casi 1.500 muertos, más de 50.000 desaparecidos y afectando a millones de personas según estimaciones de la ONU.
El miércoles 24 de junio, dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron la costa central de Venezuela con apenas segundos de diferencia, desencadenando una de las peores catástrofes naturales del país en décadas. Los temblores devastaron especialmente el estado de La Guaira, ubicado a unos 40 kilómetros al noreste de Caracas, dejando un panorama de ruinas que se extendería durante días mientras rescatistas, voluntarios y familias excavaban entre montañas de concreto en busca de sobrevivientes.
Las cifras del desastre son abrumadoras. Según el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, se confirmaron 1.450 personas fallecidas, 3.150 heridas recibiendo atención en hospitales y 12.721 damnificados. Pero estos números oficiales apenas rasguñan la magnitud real de la tragedia. Las Naciones Unidas estimó que alrededor de 50.000 personas continuaban desaparecidas días después del sismo, mientras que una lista no oficial que circulaba en redes sociales registraba más de 60.000 nombres. De las 764 edificaciones afectadas, 189 colapsaron completamente y 585 sufrieron daños parciales. La ONU calculó que hasta 6,76 millones de personas podrían verse afectadas por el desastre, incluyendo dos millones en la capital.
Más allá de las vidas perdidas, el costo económico fue devastador. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estimó el daño físico en 6.700 millones de dólares, equivalentes al 6 por ciento del producto interno bruto del país. Esta evaluación preliminar, basada en modelos sísmicos, imágenes satelitales y datos de población, incluía pérdidas en viviendas y activos pero no capturaba la perturbación más amplia que el desastre provocaría en una economía ya sumida en crisis política y económica.
Los primeros días después del terremoto revelaron no solo la magnitud de la destrucción física sino también las fracturas sociales que la catástrofe expuso. En La Guaira, mientras rescatistas trabajaban día y noche para extraer sobrevivientes de los escombros, reportes de saqueos y robos comenzaron a proliferar. Habitantes denunciaron que otros ciudadanos les robaban ropa, zapatos, ollas, tazas y vasos de sus viviendas destruidas. Los robos se extendieron a combustible de vehículos y a estafas perpetradas por personas que se hacían pasar por rescatistas. Un testigo describió la escena: mientras sacaban cuerpos de entre los escombros, la gente saqueaba sin control, llevándose todo lo que encontraba. Manifestantes en La Guaira exigieron a los militares que bajaran las armas y ayudaran a remover escombros y buscar sobrevivientes, reflejando la desesperación y la sensación de abandono que muchos sentían.
La respuesta internacional fue rápida. Veinticuatro países enviaron ayuda directa, incluyendo 521 toneladas de insumos, 86 equipos caninos y más de 2.741 integrantes de personal de búsqueda, rescate y apoyo. Avianca Cargo incorporó dos vuelos adicionales para movilizar cerca de 150 toneladas de ayuda humanitaria. Los equipos de rescate estadounidenses lograron extraer a un bebé con vida de los escombros, un momento que uno de los rescatistas describió como prueba de que "contra todo pronóstico, la esperanza perdura". Hasta el domingo, los equipos habían localizado a 33 personas con signos vitales bajo los escombros.
La tragedia también tuvo dimensión internacional. Portugal reportó 28 ciudadanos fallecidos y 85 desaparecidos. China confirmó siete muertes. España registró seis muertos y 133 desaparecidos, con 14 españoles localizados bajo los escombros. Brasil reportó dos fallecidos, Chile uno, e Italia un ciudadano italo-venezolano. Estas cifras reflejaban que Venezuela albergaba a decenas de miles de extranjeros: 147.000 españoles residían en el país según datos de enero de 2026, mientras que Italia estimaba unos 170.000 ciudadanos con pasaporte italiano.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció la creación de una comisión especial para evaluar la habitabilidad de las viviendas afectadas y determinar su infraestructura. El Gobierno también restringió el acceso al estado de La Guaira a partir del viernes 26 de junio para facilitar las operaciones de rescate. Sin embargo, cuando Rodríguez visitó uno de los edificios colapsados en un sector exclusivo de Caracas, fue recibida con abucheos y reclamos de residentes y familiares que acusaban a las autoridades de utilizar la tragedia con fines políticos. "Ya está bueno de hacer campaña política en una tragedia como la que estamos viviendo", gritó una persona desde detrás del perímetro de seguridad.
Mientras los rescatistas continuaban excavando entre los escombros más de 90 horas después de los terremotos, la esperanza de encontrar más sobrevivientes disminuía. Una plataforma digital, desaparecidosterremotovenezuela.com, fue habilitada para centralizar reportes de desaparecidos, registrando más de 60.000 casos con 51.681 personas aún sin localizar. El papa León XIV expresó su solidaridad con los venezolanos y agradeció la labor de los rescatistas. La tragedia había fracturado no solo la superficie del país sino también su normalidad, dejando a millones enfrentando un futuro incierto mientras las operaciones de búsqueda continuaban en las zonas más devastadas.
Notable Quotes
Hemos recibido apoyo de 24 países de la comunidad internacional, que han enviado 521 toneladas de insumos, 86 equipos caninos y más de 2.741 integrantes de personal de búsqueda, rescate y apoyo— Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela
Se trata de una operación de rescate extremadamente compleja— Tom Fletcher, jefe de ayuda humanitaria de la ONU
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Cómo es posible que después de casi cuatro días todavía haya 50.000 personas desaparecidas cuando ya se han recuperado 33 con vida?
Porque desaparecido no significa necesariamente atrapado bajo los escombros. Algunos simplemente no pueden comunicarse, están en hospitales sin identificar, o sus familias no saben dónde buscar. La cifra de la ONU incluye a todos aquellos cuyo paradero se desconoce completamente.
¿Por qué el Gobierno reporta solo 1.450 muertos cuando hay 50.000 desaparecidos? ¿No debería ser al revés?
Esa es la pregunta que muchos se hacen. Los muertos confirmados son cuerpos que han sido identificados y contabilizados. Los desaparecidos son personas de las que nadie sabe nada. En una catástrofe así, muchos cuerpos quedan bajo los escombros sin ser encontrados aún, y muchas personas simplemente se pierden en el caos.
Los saqueos durante el rescate parecen particularmente crueles. ¿Qué explica eso?
La desesperación. Cuando todo se desmorona, cuando la gente lo pierde todo en segundos, algunos recurren a lo que pueden. No es justificación, pero es la realidad de una sociedad ya frágil que enfrenta un colapso total. Mientras sacaban cadáveres, otros saqueaban porque no tenían nada.
¿Por qué se restringió el acceso a La Guaira si se necesitaban más rescatistas?
Oficialmente para facilitar las operaciones. Pero también para controlar la narrativa. Cuando la presidenta fue abucheada en un edificio colapsado, quedó claro que el Gobierno temía que la tragedia se convirtiera en un acto de protesta política.
¿Qué significa que 6,76 millones de personas "podrían verse afectadas"?
Significa que la ONU no solo cuenta muertos y desaparecidos. Cuenta a todos los que perdieron vivienda, acceso a servicios, empleos. Incluye a quienes dependen de infraestructura que fue destruida. Es el costo humano total, no solo el inmediato.
¿Por qué fue tan importante que un bebé fuera rescatado con vida?
Porque después de 90 horas, las probabilidades de encontrar gente viva disminuyen drásticamente. Ese bebé fue un símbolo de que la esperanza no había muerto completamente, de que todavía era posible salvar vidas.