Las vacunas contra el cáncer entrenan el sistema inmunitario para reconocer células cancerosas, diferenciándose de vacunas clásicas al tratar tumores existentes en lugar de prevenir infecciones futuras. Existen vacunas preventivas aprobadas contra el VPH y hepatitis B, y terapéuticas para vejiga, próstata y melanoma; la nueva fórmula utiliza tecnología de ARN mensajero personalizada según mutaciones tumorales.
Vacunas contra el cáncer: cómo funcionan y qué tumores tratan
No es un tratamiento estándar, sino dirigido contra las alteraciones particulares de cada paciente
¿Por qué se llama vacuna si no previene nada?
Porque entrena el sistema inmunitario, que es exactamente lo que hacen las vacunas. La diferencia es que aquí el enemigo ya está dentro del cuerpo.
Entonces, ¿por qué no funciona para todos los cánceres?
Porque cada tumor es único. La vacuna se fabrica específicamente para las mutaciones de ese tumor concreto. No hay dos melanomas idénticos.
¿Cuál es el verdadero obstáculo?
Las células cancerosas son células del propio cuerpo. El sistema inmune no las reconoce como enemigas porque son suyas. Y además, el cáncer debilita las defensas.
¿Esto significa que pronto no necesitaremos cirugía ni quimioterapia?
No. Estas vacunas son un complemento, no un reemplazo. El tumor primario se opera. La vacuna previene que vuelva.
¿Cuánto tiempo hasta que esté disponible?
La del melanoma está en fase de aprobación. Otras están en ensayos clínicos. Algunos tratamientos podrían llegar en años, otros en una década.
El Pulso
- Seis vacunas oncológicas disponibles o en aprobación: dos preventivas (VPH y hepatitis B) y cuatro terapéuticas (vejiga, próstata, melanoma)
- La vacuna anunciada para melanoma requiere nueve dosis, una cada tres semanas, y es completamente personalizada
- Utiliza ARN mensajero para codificar hasta 34 neoantígenos específicos del tumor de cada paciente
- Ensayos en fase 3 en marcha para cáncer de pulmón; datos preliminares en páncreas y colorrectal
Las vacunas contra el cáncer entrenan el sistema inmunitario para reconocer células cancerosas, diferenciándose de vacunas clásicas al tratar tumores existentes en lugar de prevenir infecciones futuras. Existen vacunas preventivas aprobadas contra el VPH y hepatitis B, y terapéuticas para vejiga, próstata y melanoma; la nueva fórmula utiliza tecnología de ARN mensajero personalizada según mutaciones tumorales.
Expertos explican el funcionamiento de las vacunas oncológicas tras el anuncio de una nueva fórmula contra el melanoma basada en ARN mensajero, diferenciando entre tratamientos preventivos y terapéuticos.
Esta semana se anunció una vacuna contra el melanoma que, de ser aprobada, se convertiría en la sexta disponible para tratar a pacientes con cáncer. Pero para entender qué significa realmente este avance, hay que empezar por desmontar una idea equivocada: estas no son vacunas como las que conocemos contra la gripe o el covid.
La doctora María Alameda, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica y oncóloga del Hospital Universitario La Paz de Madrid, lo explica con claridad. Las vacunas contra el cáncer entrenan el sistema inmunitario para que reconozca fragmentos específicos de las células cancerosas y genere una respuesta defensiva contra ellas. Las vacunas infecciosas tradicionales se administran a personas sanas para prevenir una infección que podría llegar después. Estas, en cambio, se aplican a pacientes que ya tienen un tumor presente. El doctor Francisco Fernández Ruiz, oncólogo de la Clínica IMQ Zorrotzaurre, añade otro detalle crucial: no son tratamientos de por vida. La vacuna anunciada para el melanoma requiere una dosis cada tres semanas durante nueve ocasiones. Y es completamente personalizada: lo que funciona para un paciente no sirve para otro. Además, se acompaña de un adyuvante, un medicamento que refuerza la reacción de las defensas.
Existen dos categorías principales. Las vacunas preventivas no atacan directamente un tumor, sino que protegen contra la infección que lo causa. Hay dos aprobadas actualmente: una contra el virus del papiloma humano, disponible desde 2006, y otra contra la hepatitis B, aprobada en 1986. La versión más eficaz contra el VPH se llama Gardasil 9 y protege contra las cepas responsables del 90 por ciento de los cánceres de cuello uterino y verrugas genitales. Las vacunas terapéuticas funcionan de manera distinta: no previenen el cáncer, sino que tratan un tumor ya presente. Tres están disponibles en la actualidad. La primera recibió aprobación en 1990 y combate el cáncer de vejiga en etapa temprana utilizando el bacilo de Calmette-Guérin, una bacteria debilitada que también se usa como vacuna contra formas graves de tuberculosis en niños. Esta bacteria estimula una respuesta inmunitaria que ataca tanto a la bacteria como a cualquier célula cancerosa cercana. En 2010 se aprobó Sipuleucel-T, comercializado como Provenge, para tratar cáncer de próstata avanzado. Funciona estimulando células inmunitarias del paciente para atacar una proteína llamada PAP que estos tumores producen en grandes cantidades. Antes del anuncio de esta semana, ya existía un tratamiento para el melanoma aprobado en 2015 que, aunque no es una vacuna clásica, activa el sistema inmunitario mediante un virus modificado inyectado en lesiones de melanoma avanzado.
La vacuna anunciada por Moderna y Merck pertenece a una categoría más prometedora: las vacunas personalizadas contra neoantígenos basadas en ARN mensajero, la misma tecnología que permitió las primeras fórmulas contra el covid. El proceso es complejo pero lógico. Se analiza el tumor del paciente mediante secuenciación genómica para identificar sus mutaciones específicas. Luego se seleccionan algunos neoantígenos, fragmentos de proteínas derivados de esas mutaciones que el sistema inmune podría reconocer. Con esa información se fabrica una vacuna de ARN mensajero que codifica varios de esos neoantígenos. El objetivo es activar linfocitos T específicos, un tipo de célula defensiva, para que circulen por el organismo, reconozcan células tumorales microscópicas que conserven los neoantígenos seleccionados y las destruyan. No se trata de eliminar el tumor primario, que ya ha sido operado, sino de reducir el riesgo de que la enfermedad residual microscópica cause una recaída.
La gran ventaja, según Alameda, es que no es un tratamiento estándar sino dirigido contra las alteraciones particulares del tumor de cada paciente. Al permitir incluir hasta 34 neoantígenos en una misma vacuna, podría reducir el riesgo de que el cáncer escape del tratamiento y potenciar la terapia con otros fármacos de inmunoterapia. Se están explorando estas mismas tecnologías en otros tumores. Hay datos preliminares interesantes en algunos tipos de cáncer de páncreas y colorrectal. En cáncer de pulmón hay ensayos en fase 3, la última antes de la comercialización, mientras que en vejiga y renal el desarrollo clínico se encuentra en fases más tempranas.
Pero no espere una vacuna universal contra el cáncer. Cada tratamiento dependerá de que el tumor contenga neoantígenos adecuados, de que se expresen y presenten correctamente, y de que exista un entorno inmunológico capaz de responder. Probablemente las vacunas ocupen un lugar importante en el arsenal terapéutico futuro, no como sustituto de los tratamientos actuales sino como complemento. Las células cancerosas presentan un desafío particular: aunque se hayan rebelado contra el cuerpo, siguen siendo células propias del organismo, por lo que pueden pasar inadvertidas a las defensas. Además, pueden debilitar esas defensas. A esto se suma que las personas enfermas o de edad avanzada tienen sistemas inmunes debilitados, por lo que no reaccionan con suficiente fuerza a las inoculaciones. Estos obstáculos biológicos son los que los investigadores deben superar para que estas vacunas alcancen su potencial completo.
Citas Notables
Las vacunas contra el cáncer entrenan al sistema inmunitario para reconocer antígenos y generar una respuesta inmune frente a ellas— Doctora María Alameda, Sociedad Española de Oncología Médica
Las células cancerosas consiguen engañar al sistema inmune porque, aunque se hayan rebelado, siguen siendo células del propio organismo— Doctor Francisco Fernández Ruiz, Clínica IMQ Zorrotzaurre