En la intersección entre la tecnología cotidiana y la salud íntima, un estudio publicado en Plos One revela que el hábito de llevar el celular al baño —practicado por dos tercios de los adultos estudiados— incrementa en un 46% el riesgo de desarrollar hemorroides. Lo que parece un gesto inocente de entretenimiento se convierte, minuto a minuto, en presión sostenida sobre tejidos vulnerables. La medicina nos recuerda que incluso los hábitos más invisibles dejan huella en el cuerpo.
Usar celular en el baño aumenta 46% el riesgo de hemorroides, según estudio
El siguiente reel se reproduce automáticamente. Eso hace que permanezcan demasiado tiempo sentadas.
¿Por qué un estudio sobre hemorroides y celulares? Parece un tema menor.
No es menor. Afecta a dos tercios de las personas que fueron estudiadas. Es un hábito tan normalizado que nadie lo cuestiona, pero tiene consecuencias reales en el cuerpo.
¿Entonces el problema es solo el tiempo sentado, o hay algo más?
Es el tiempo sentado, pero amplificado por la tecnología. Sin el teléfono, la mayoría de las personas evacúa rápido. Con él, se quedan veinte minutos sin darse cuenta. Las redes sociales están diseñadas para eso: para mantenerte enganchado.
¿Y la contaminación bacteriana es realmente un riesgo?
No causa brotes infecciosos documentados, pero es real. Las bacterias fecales terminan en tu teléfono, y luego lo tocas, lo llevas a la cara, lo compartes. Es desagradable más que peligroso, pero desagradable cuenta.
¿Qué edad tiene la gente que hace esto?
Eso es lo interesante: no es solo jóvenes. El estudio encontró que los usuarios de teléfono en el baño eran un poco más jóvenes en promedio, pero la práctica cruza todas las edades. Es un comportamiento moderno, no generacional.
¿Entonces la solución es simplemente no llevar el teléfono?
Eso sería lo ideal, pero los médicos saben que no va a pasar. Por eso dan reglas prácticas: cinco minutos máximo, espalda recta, y si no funciona, consulta a un especialista. Es reducción de daño, no prohibición.
Il Polso
- Un estudio con 125 pacientes sometidos a colonoscopias descubrió que quienes usan el celular en el baño permanecen sentados más de cinco minutos con una frecuencia cinco veces mayor que quienes no lo hacen.
- Las plataformas digitales, diseñadas para enganchar, convierten una visita breve al baño en sesiones de diez, quince o veinte minutos de presión ininterrumpida sobre los tejidos rectales.
- El riesgo no es solo circulatorio: las bacterias fecales migran fácilmente al teléfono durante la limpieza y se dispersan en el aire, recontaminando las manos incluso después de lavarlas.
- Los médicos responden con una regla concreta —no más de cinco minutos en el inodoro— y advierten que el esfuerzo prolongado puede derivar en prolapso rectal, una afección que requiere intervención especializada.
- El fenómeno no distingue generaciones: afecta a adultos de mediana edad y mayores por igual, señalando que la adicción al scroll es un comportamiento transversal, no exclusivo de los jóvenes.
En la intersección entre la tecnología cotidiana y la salud íntima, un estudio publicado en Plos One revela que el hábito de llevar el celular al baño —practicado por dos tercios de los adultos estudiados— incrementa en un 46% el riesgo de desarrollar hemorroides. Lo que parece un gesto inocente de entretenimiento se convierte, minuto a minuto, en presión sostenida sobre tejidos vulnerables. La medicina nos recuerda que incluso los hábitos más invisibles dejan huella en el cuerpo.
Llevar el teléfono al baño se ha convertido en un reflejo tan automático que pocos lo cuestionan. Sin embargo, un estudio reciente publicado en Plos One, realizado con 125 adultos en el Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston, pone cifras concretas a las consecuencias: el 66% de los participantes admitió usar el celular en el inodoro, y quienes lo hacían permanecían sentados más de cinco minutos con una frecuencia muy superior a quienes no lo usaban. El hallazgo central es alarmante: el uso de dispositivos electrónicos en el baño aumenta en un 46% el riesgo de desarrollar hemorroides.
El mecanismo es sencillo pero acumulativo. Sentarse sin apoyo ejerce presión constante sobre los tejidos rectales; si esa posición se prolonga por culpa de un video que se reproduce solo o de un feed interminable, los vasos sanguíneos del recto se debilitan, se dilatan y se inflaman. En casos más graves, el esfuerzo sostenido puede provocar un prolapso rectal. La gastroenteróloga Trisha Pasricha, coautora del estudio, señaló que las redes sociales están diseñadas precisamente para impedir que el usuario se detenga, lo que convierte cada visita al baño en una trampa de tiempo.
A esto se suma una dimensión higiénica que los investigadores no pasan por alto: durante la limpieza, las bacterias fecales pasan de las manos al teléfono, y las partículas en el aire se depositan sobre la pantalla. Aunque no hay evidencia de brotes infecciosos asociados, el riesgo de recontaminación al volver a tocar el dispositivo es real.
Los médicos proponen soluciones directas: mantener la espalda recta, no encorvarse sobre la pantalla y aplicar la regla de los cinco minutos, es decir, levantarse si transcurrido ese tiempo aún no se ha evacuado o se requiere esfuerzo. Persistir más allá de ese umbral no resuelve el problema; lo agrava. La recomendación final es consultar a un gastroenterólogo si el estreñimiento o el esfuerzo al evacuar son recurrentes, porque el baño no debería ser un lugar de entretenimiento prolongado, sino una pausa breve en la jornada.
Millones de personas llevan el teléfono al baño como si fuera un accesorio más del cuerpo. Es un hábito tan normalizado que casi nadie se detiene a pensar en lo que está haciendo. Pero los médicos empiezan a sonar la alarma: ese tiempo que pasas desplazándote por redes sociales o leyendo noticias mientras estás sentado en el inodoro podría estar dañando tu salud de formas que no imaginabas.
Un estudio reciente publicado en Plos One analizó a 125 adultos que se sometieron a colonoscopias de rutina en el Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston. Los investigadores les pidieron que completaran cuestionarios sobre sus hábitos con el teléfono en el baño, junto con preguntas sobre el esfuerzo al evacuar, consumo de fibra y actividad física. Los números fueron reveladores: el 66% de los participantes admitió usar el celular mientras estaba en el inodoro, y de ese grupo, el 37,3% permanecía sentado más de cinco minutos por visita. Entre quienes no usaban el teléfono, solo el 7,1% se quedaba tanto tiempo. El resultado fue contundente: usar un dispositivo electrónico en el baño aumenta en un 46% el riesgo de desarrollar hemorroides. De los 125 pacientes estudiados, el 43% presentaba hemorroides visibles durante el procedimiento.
Lo que sucede es simple pero inquietante. Cuando te sientas en el inodoro sin apoyo, tu peso ejerce presión constante sobre los tejidos rectales. Normalmente, esto no es un problema si el tiempo es breve. Pero cuando el teléfono entra en juego, todo cambia. Las redes sociales están diseñadas para mantenerte enganchado: un video se reproduce automáticamente, luego otro, y otro más. Pasas diez, quince, veinte minutos sin darte cuenta. La gastroenteróloga Trisha Pasricha, coautora del estudio, explicó el mecanismo: "El siguiente reel o TikTok se reproduce automáticamente. Eso hace que las personas permanezcan demasiado tiempo sentadas, ejerciendo presión prolongada sobre los tejidos rectales". Con el tiempo, ese tejido que sostiene los vasos sanguíneos del recto se debilita. Las venas se dilatan e inflaman. El esfuerzo al evacuar puede incluso provocar un prolapso rectal, una afección en la que la parte final del intestino grueso se desplaza y sobresale por el ano, según explicó la doctora Lynn O'Connor, jefa de cirugía colorrectal en Nueva York.
Pero el problema no termina en el sistema circulatorio. Hay otra dimensión más desagradable: la contaminación bacteriana. Cuando te limpias después de evacuar, las bacterias presentes en las heces pasan fácilmente de tus manos al teléfono. Además, si presionas botones con la tapa abierta, las partículas fecales se dispersan en el aire y terminan sobre el dispositivo. Incluso después de lavarte las manos, cuando vuelves a tocar el celular te reexpones a esos gérmenes. No hay evidencia de que esto cause brotes infecciosos, pero como señaló Pasricha con cierta crudeza, "es asqueroso".
Los investigadores notaron algo interesante en los datos: los usuarios frecuentes de teléfono en el baño eran, en promedio, más jóvenes que quienes no lo usaban (55 años frente a 62). Las actividades más comunes mientras estaban sentados eran leer noticias (54,3%) y revisar redes sociales (44,4%). Es decir, no se trata de una generación específica, sino de un comportamiento que atraviesa edades.
Los médicos tienen recomendaciones prácticas. El gastroenterólogo Eamonn Quigley sugiere mantener la espalda recta en lugar de encorvarse sobre la pantalla. Pasricha propone la "regla de los cinco minutos": no permanecer sentado en el inodoro más de ese tiempo consecutivo. Si después de cinco minutos aún no has evacuado o necesitas hacer esfuerzo, es momento de levantarse y consultar a un gastroenterólogo. Podría tratarse de estreñimiento o heces demasiado duras, problemas que requieren atención médica, no más tiempo en el baño.
El hábito de llevar el teléfono al baño no desaparecerá. Es demasiado cómodo, demasiado accesible, demasiado adictivo. Pero ahora tienes la información. La próxima vez que sientas la tentación de abrir una aplicación mientras estás sentado, recuerda que cada minuto extra que pases allí es presión sobre tus venas, es exposición a bacterias, es un paso más hacia las hemorroides. Cinco minutos. Eso es todo lo que deberías permitirte.
Citazioni salienti
El siguiente reel o TikTok se reproduce automáticamente. Eso hace que las personas permanezcan demasiado tiempo sentadas, ejerciendo presión prolongada sobre los tejidos rectales.— Dra. Trisha Pasricha, gastroenteróloga y coautora del estudio
El inodoro es básicamente un hueco abierto: no hay nada que te sostenga, no hay una fuerza de contrapeso.— Dra. Trisha Pasricha