Un químico de Daimiel reproduce en Hawái las condiciones del espacio para desvelar cómo se forman las moléculas

Hay mucha química en el espacio, y eso cambió mi vida
González descubrió durante su formación que el cosmos no es solo vacío, sino un laboratorio químico complejo.
Mark

¿Cómo se te ocurre reproducir el espacio en un laboratorio? Parece casi imposible.

Mimi

Lo es, casi. Pero los astrónomos ven moléculas en el espacio y necesitan saber cómo se forman. Nosotros intentamos recrear esas condiciones: temperaturas de 260 grados bajo cero, un vacío casi perfecto. No es el espacio real, pero es lo suficientemente cercano para que las reacciones químicas ocurran como ocurrirían allá arriba.

Mark

¿Y qué descubres cuando logras recrear esas condiciones?

Mimi

Vemos qué moléculas se generan, qué productos salen de esas reacciones. Los astrónomos detectan moléculas en nebulosas y nos preguntan: ¿cómo llegó esto aquí? Nosotros experimentamos y les damos respuestas. Es un diálogo constante entre dos disciplinas.

Mark

Suena como si fuera un trabajo que podría hacerse en cualquier lugar. ¿Por qué Hawái?

Mimi

El laboratorio del profesor Kaiser es uno de los mejores equipados para esto. Pero tienes razón, podría hacerse en otros sitios. Lo que me preocupa es que en España hay investigadores de gran nivel y no hay suficientes recursos para mantenerlos allí.

Mark

¿Entonces te irás cuando termine tu contrato?

Mimi

No lo sé. Me gustaría volver a España o a Europa, estar más cerca de casa. Pero también sé que encontrar una posición estable será difícil. Muchos colegas pasan años fuera sin poder regresar. Es frustrante porque el talento está ahí, solo que no hay dónde ponerlo a trabajar.

  • En una cámara de reacción con una presión diez millones de veces inferior a la atmosférica, González reproduce el silencio químico del espacio interestelar para observar cómo nacen moléculas que ningún telescopio puede ver formarse.
  • La astroquímica exige una colaboración constante entre dos mundos: los astrónomos señalan las moléculas que detectan y los químicos experimentales como González intentan explicar, en el laboratorio, cómo pudieron llegar a existir.
  • La NASA financió su primer año postdoctoral, reconociendo que entender la química básica del universo es tan estratégico como construir cohetes.
  • Con contrato hasta enero de 2027, González mira hacia España o Europa con nostalgia, pero advierte que el sistema investigador español expulsa talento por falta de estabilidad y de inversión suficiente.
  • Mientras trabaja en Oahu rodeado de playas paradisíacas, lo que más echa de menos es la sobremesa, la conversación sin prisa y la cercanía de los suyos —una tensión que define la vida del investigador emigrado.

Desde un laboratorio en la Universidad de Hawái, el químico manchego Daniel González Pérez recrea las condiciones más extremas del universo —temperaturas de -260°C y vacíos casi perfectos— para descifrar cómo nacen las moléculas que flotan entre las estrellas. Su trabajo, financiado en parte por la NASA, sitúa a un investigador de Daimiel en la frontera entre la química y la astronomía, en una disciplina llamada astroquímica que intenta responder preguntas tan antiguas como la propia materia. Su historia es también la de muchos científicos españoles que persiguen sus vocaciones lejos de casa, atrapados entre el deseo de regresar y la escasez de oportunidades que los retiene en el extranjero.

Daniel González Pérez llegó a Hawái cargando una pregunta que lo perseguía desde sus años en Ciudad Real: ¿cómo nacen las moléculas que existen entre las estrellas? Hoy trabaja en la Universidad de Hawái reproduciendo, dentro de cuatro paredes, las condiciones más extremas del universo.

Su trayectoria comenzó en la Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas de la UCLM, donde sus dos pasiones —el cosmos y la química— convergieron en un trabajo de fin de grado. Ese primer paso lo llevó a un doctorado en Ciudad Real y, finalmente, al otro lado del mundo, donde lleva dos años como investigador postdoctoral bajo la dirección del profesor Ralf I. Kaiser.

En su laboratorio, González trabaja a temperaturas de -260°C y logra vacíos cuya presión es diez millones de veces inferior a la atmosférica, condiciones que imitan las regiones más frías del espacio interestelar donde nacen estrellas y sistemas planetarios. El objetivo es claro: entender qué reacciones químicas producen las moléculas que los astrónomos detectan desde sus telescopios. «Es una ciencia multidisciplinar en la que nos vamos ayudando unos a otros», explica.

Su primer año fue financiado por la NASA, lo que subraya el valor que la agencia otorga a la investigación fundamental. Permanecerá en Hawái hasta enero de 2027, pero su futuro es incierto. Aunque siente la llamada de regresar, sabe que el sistema investigador español ofrece pocas posiciones estables. «Hay mucha gente que termina el doctorado y no sabe qué hacer con su vida», señala, describiendo una fuga de talento que considera frustrante y evitable.

Vive en Oahu con su mujer, entre paisajes paradisíacos, pero echando de menos la sobremesa y el ritmo de vida español. Cuando su contrato termine, deberá elegir entre seguir persiguiendo sus preguntas desde lejos o encontrar la manera de hacerlo desde casa.

Daniel González Pérez llegó a Hawái con una pregunta que lo ha perseguido desde que era estudiante en Ciudad Real: ¿cómo nacen las moléculas que flotan entre las estrellas? Hoy, en un laboratorio de la Universidad de Hawái, trabaja para responderla reproduciendo las condiciones más extremas del universo dentro de cuatro paredes.

El camino de este químico de Daimiel comenzó en la Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas de la Universidad de Castilla-La Mancha, donde descubrió que el espacio no es solo vacío y polvo, sino un lugar donde ocurre una química tan compleja como la que sucede en cualquier laboratorio terrestre. Cuando llegó el momento de elegir tema para su trabajo de fin de grado, sus dos pasiones convergiron: la fascinación por el cosmos y la precisión de la química. Esa decisión lo llevó primero a un doctorado en el Departamento de Química Física de la UCLM, y luego al otro lado del mundo.

Desde hace dos años, González trabaja como investigador postdoctoral bajo la dirección del profesor Ralf I. Kaiser, continuando una línea de investigación que comenzó en tierras manchegas pero que ahora ha alcanzado una escala completamente diferente. Su objetivo es ambicioso: recrear dentro de un laboratorio las condiciones que existen en las regiones más frías del espacio interestelar, donde nacen las estrellas y los sistemas planetarios. Durante sus años en Ciudad Real, realizó experimentos a 260 grados bajo cero, temperaturas similares a las de las nebulosas. En Hawái, el desafío es aún mayor: lograr un vacío tan extremo dentro de la cámara de reacción que la presión sea diez millones de veces inferior a la presión atmosférica. Aunque ninguna bomba terrestre puede reproducir el vacío perfecto del espacio, este nivel de precisión permite estudiar cómo se forman exactamente las moléculas que los astrónomos detectan desde sus telescopios.

La astroquímica, el campo en el que trabaja González, es una disciplina que vive en la frontera entre dos ciencias. Los astrónomos observan moléculas en el espacio y se hacen una pregunta fundamental: ¿cómo llegaron allí? Los químicos como González intentan responder experimentando en laboratorio qué reacciones podrían producir esas moléculas bajo condiciones espaciales. Es un trabajo colaborativo donde cada descubrimiento abre nuevas preguntas. «Los astrónomos detectan esas moléculas y entonces surge la pregunta de cómo se pueden formar», explica. «Es una ciencia multidisciplinar en la que nos vamos ayudando unos a otros».

Su primer año de investigación postdoctoral fue financiado por la NASA, lo que subraya la importancia que la agencia espacial estadounidense otorga a la investigación fundamental. González reconoce que la NASA hace mucho más que lanzar cohetes: financia proyectos como el suyo, que buscan entender los procesos químicos básicos del universo. Permanecerá en Hawái al menos hasta enero de 2027, pero su futuro es incierto. Aunque Estados Unidos sigue siendo una opción, siente la llamada de regresar a casa. «A corto plazo me veo volviendo a España o, por lo menos, a Europa, para estar un poco más cerca», dice.

Esa incertidumbre refleja un problema más amplio que aqueja a la investigación española. González es consciente de que muchos científicos como él abandonan el país después de completar sus doctorados, no por falta de talento sino por falta de oportunidades. La inversión en investigación es insuficiente y las posiciones estables son escasas. «Hay mucha gente que termina el doctorado y no sabe qué hacer con su vida, que pasa años fuera sin encontrar oportunidades para volver a España, y eso es frustrante», señala. Mientras tanto, vive en Oahu con su mujer, disfrutando de playas de agua cristalina y paisajes paradisíacos, pero echando de menos a su familia, sus amigos y la forma de vida española. La sobremesa y la conversación sin prisa en una terraza son lujos que la vida estadounidense no parece permitir. Cuando su contrato termine, González deberá decidir si continuar persiguiendo sus preguntas sobre las moléculas del espacio desde lejos, o si regresar a casa y buscar la manera de hacerlo desde aquí.

Los astrónomos detectan esas moléculas y entonces surge la pregunta de cómo se pueden formar. Es una ciencia multidisciplinar en la que nos vamos ayudando unos a otros
— Daniel González Pérez
Hay mucha gente que termina el doctorado y no sabe qué hacer con su vida, que pasa años fuera sin encontrar oportunidades para volver a España, y eso es frustrante
— Daniel González Pérez
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