En las páginas amarillentas de un periódico republicano de 1881 dormía una verdad que la ciencia tardaría 145 años en confirmar: los antiguos benahoaritas de La Palma practicaban la decapitación post mortem como ritual de culto a sus antepasados. Un equipo de bioarqueólogos ha certificado ahora, mediante análisis de siete cráneos datados entre los siglos IX y XV, que esta práctica funeraria única en Canarias formaba parte de una sofisticada memoria colectiva. El hallazgo nos recuerda que el conocimiento no siempre avanza en línea recta: a veces, el pasado ya supo lo que el presente apenas comi
Un periódico de 1881 ya documentó la decapitación post mortem de aborígenes palmeros
Veneración y respeto hacia los restos de sus antepasados
¿Cómo es posible que un periódico de 1881 haya documentado algo que los arqueólogos modernos acaban de descubrir?
No es que lo hayan descubierto ahora. Los cráneos siempre estuvieron en los museos. Lo que es nuevo es la interpretación científica: confirmar que fue decapitación post mortem, no trofeos de guerra, y que formaba parte de un culto a los antepasados.
Pero entonces, ¿por qué nadie lo sabía?
Porque la noticia de El Iris se perdió en el tiempo. Un periódico que solo circuló dos años en una isla pequeña del siglo XIX simplemente desapareció de la memoria colectiva. Los cráneos estaban catalogados en los museos, pero sin contexto claro.
¿Qué cambió para que ahora lo entendamos diferente?
La tecnología. El carbono 14 nos dice cuándo ocurrió. El análisis de las marcas en los huesos nos dice cómo. Y la investigación sistemática sobre violencia en comunidades indígenas nos da el marco para interpretar qué significa todo esto.
¿Esto era violencia o era religión?
Ambas cosas. Pero no como las entendemos hoy. Era un acto ritual que involucraba manipulación de cuerpos, pero con un propósito ceremonial muy específico: mantener viva la conexión con los antepasados, reforzar la identidad del grupo.
¿Qué nos dice esto sobre los benahoaritas?
Que eran una sociedad sofisticada con prácticas culturales complejas. No eran salvajes ni primitivos. Tenían un sistema ritual estandarizado, cuidadosamente ejecutado, que servía funciones sociales profundas. Eso es lo opuesto a la barbarie.
¿Y el periódico de 1881? ¿Por qué los arqueólogos aficionados lo entendieron tan bien?
Porque estaban mirando. Vieron lo que había: cráneos perforados, varas de pino, tejidos vegetales, un patrón claro. No tenían la teoría científica, pero tenían los ojos abiertos y respeto por lo que estaban viendo.
Le Pouls
- Siete cráneos adultos benahoaritas revelan una práctica ritual de decapitación post mortem sin precedentes en todo el archipiélago canario, sacudiendo la comprensión establecida sobre las culturas indígenas de las islas.
- El descubrimiento genera una tensión fascinante entre disciplinas: lo que la arqueología moderna certifica con carbono 14, un periódico progresista de vida efímera ya lo había narrado con precisión asombrosa hace siglo y medio.
- Los investigadores trabajan para distinguir estas manipulaciones craneales de los trofeos de guerra, argumentando que la meticulosidad del ritual —varas de pino, ataduras vegetales, perforaciones deliberadas— apunta a veneración, no a violencia bélica.
- El hallazgo se posiciona como el descubrimiento arqueológico más relevante en Canarias desde el templo de Risco Caído, abriendo nuevas vías para entender los vínculos culturales amaziges del primer milenio.
En las páginas amarillentas de un periódico republicano de 1881 dormía una verdad que la ciencia tardaría 145 años en confirmar: los antiguos benahoaritas de La Palma practicaban la decapitación post mortem como ritual de culto a sus antepasados. Un equipo de bioarqueólogos ha certificado ahora, mediante análisis de siete cráneos datados entre los siglos IX y XV, que esta práctica funeraria única en Canarias formaba parte de una sofisticada memoria colectiva. El hallazgo nos recuerda que el conocimiento no siempre avanza en línea recta: a veces, el pasado ya supo lo que el presente apenas comienza a comprender.
En mayo de este año, un equipo de bioarqueólogos publicó en African Archaeological Review un hallazgo que reescribe la historia ritual de los antiguos habitantes de La Palma: siete adultos benahoaritas fueron decapitados después de su muerte como parte de un culto a los antepasados, práctica sin equivalente conocido en el resto del archipiélago canario. Teresa Delgado, conservadora del Museo Canario, junto a Javier Velasco y Verónica Alberto Barrosa, localizaron seis de los cráneos en el Museo Benahoarita de Los Llanos de Aridane y un séptimo en Tenerife. Las dataciones de carbono 14 sitúan estas prácticas entre los siglos IX y XV, con mayor concentración en los dos últimos siglos de ese período.
Lo que convierte el descubrimiento en algo verdaderamente singular es su eco histórico. El Iris, un periódico republicano fundado en Santa Cruz de La Palma en 1880 y desaparecido apenas dos años después, ya había publicado en 1881 una descripción precisa de estos hallazgos: arqueólogos aficionados narraban una abertura natural con tres cráneos alineados sobre varas de pino de dos metros, los huesos de extremidades atados con tallos vegetales y corteza, todo conectado mediante un elaborado entramado orgánico. Fue Jorge Pais, director del Museo Benahoarita, quien alertó al equipo investigador sobre aquella crónica olvidada.
Los bioarqueólogos subrayan que estas manipulaciones no responden a lógicas de violencia bélica ni trofeos de guerra, sino a un ritual estandarizado de culto a los antepasados que reforzaba la memoria colectiva y las identidades sociales de la comunidad. La sofisticación del proceso —preparación craneal meticulosa, exhibición ceremonial controlada— sugiere conexiones con prácticas amaziges del primer milenio aún por explorar. Considerado el hallazgo arqueológico más importante en Canarias desde el templo astronómico de Risco Caído, el descubrimiento nos deja una lección adicional: la información esencial ya existía, guardada en las páginas de un periódico republicano, esperando que la ciencia moderna llegara a darle la razón.
En mayo de este año, un equipo de bioarqueólogos publicó en la revista African Archaeological Review un descubrimiento que reescribe lo que sabemos sobre los rituales de los antiguos habitantes de La Palma: siete adultos benahoaritas fueron decapitados después de su muerte como parte de un culto a los antepasados, una práctica ritual única en todo el archipiélago canario. Lo sorprendente no es solo el hallazgo en sí, sino que esta ceremonia funeraria ya había sido documentada con precisión por un periódico local hace casi siglo y medio.
Teresa Delgado, conservadora del Museo Canario, junto con Javier Velasco y Verónica Alberto Barrosa, descubrieron los restos mientras investigaban la violencia en las comunidades indígenas canarias. Encontraron seis cráneos en el Museo Benahoarita de Los Llanos de Aridane y un séptimo en el Museo de Naturaleza y Arqueología de Tenerife. Todos mostraban evidencia clara de manipulación post mortem. Las dataciones de carbono 14 situaban estas prácticas entre el siglo IX y el XV, con mayor concentración entre los siglos XIV y XV, coincidiendo con cambios culturales significativos en la isla.
Lo extraordinario es que El Iris, un periódico republicano de tendencia progresista fundado en Santa Cruz de La Palma en 1880, ya había publicado una descripción detallada de estos hallazgos en 1881. El medio, que solo circuló durante dos años, recogió el relato de una expedición de arqueólogos aficionados que describían con precisión lo que habían encontrado: una abertura natural con tres cráneos alineados sobre varas de pino de aproximadamente dos metros de altura, con los huesos de brazos y piernas atados cuidadosamente con tallos vegetales y corteza de árbol, todo conectado mediante un entramado vegetal elaborado con gran cuidado. Los cráneos estaban perforados en la parte superior, especialmente el del centro, que conservaba seis molares y un canino.
Fue Jorge Pais, director del Museo Benahoarita, quien informó a los bioarqueólogos sobre la noticia de 1881 cuando ya estaban investigando los cráneos decapitados. Los arqueólogos aficionados del siglo XIX habían quedado impresionados por la veneración y el respeto que los antiguos palmeros mostraban hacia los restos de sus antepasados. Describieron también otros cráneos perforados de manera similar, cuidadosamente atados pero sin varas, cubiertos con piedras, todos indicando un patrón ritual estandarizado y deliberado.
El equipo de Delgado, Velasco y Alberto Barrosa explica que estas manipulaciones craneales no se asemejan a los trofeos de guerra conocidos en otros contextos de violencia pública. En cambio, la evidencia arqueológica sugiere que en La Palma formaban parte de un culto a los antepasados, un comportamiento ritual inédito en Canarias que reforzaba la memoria colectiva e identidades sociales. La combinación de violencia controlada, preparación craneal meticulosa y exhibición ceremonial señala una sofisticación cultural que puede iluminar prácticas relacionadas en el contexto amazige del primer milenio.
Este descubrimiento se considera el hallazgo arqueológico más significativo en Canarias desde el templo astronómico de Risco Caído en Gran Canaria. Lo que hace aún más notable es que la información esencial ya existía en el registro histórico, dormida en las páginas de un periódico republicano de hace 145 años, esperando a que la ciencia moderna confirmara lo que los arqueólogos aficionados del siglo XIX ya habían visto con sus propios ojos.
Citations marquantes
Todos quedamos impresionados por la veneración y el respeto que los antiguos habitantes de La Palma mostraban hacia los restos de sus antepasados— Arqueólogos aficionados, El Iris, 1881
Un comportamiento inédito en Canarias, que puede arrojar luz sobre prácticas culturales relacionadas en el contexto amazige continental del primer milenio— Equipo bioarqueológico (Delgado, Velasco, Alberto Barrosa)