En los márgenes de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump y Delcy Rodríguez se reunieron a puerta cerrada en Nueva York, sellando el primer diálogo presidencial directo entre Estados Unidos y Venezuela desde 1999. El encuentro no fue entre iguales: un acuerdo firmado en septiembre entrega a Washington acceso privilegiado a más del veinte por ciento de las reservas petroleras venezolanas. Lo que durante casi tres décadas fue enemistad declarada y retórica antiimperialista se transforma ahora en una rendición negociada, consumada en el mismo escenario donde Hugo Chávez alguna vez proclamó q
Trump y Delcy Rodríguez sellan deshielo entre Caracas y Washington en encuentro privado en Nueva York
Al vencedor le corresponde el botín
¿Por qué este encuentro importa tanto? Parecería que es solo una reunión más en la ONU.
Porque es la primera vez en casi treinta años que un presidente estadounidense se sienta con un líder chavista. Eso marca un quiebre histórico.
Pero hay que ser precisos: Rodríguez no es presidenta. Es la líder del régimen después de que Maduro fuera sacado del poder. ¿Eso cambia cómo leemos esto?
Sí, lo hace. Significa que Trump está negociando con quien controla el aparato estatal, no con quien tiene legitimidad electoral.
¿Y qué obtiene cada lado del acuerdo?
Trump consigue acceso a más del veinte por ciento de las reservas petroleras venezolanas. Venezuela obtiene el reconocimiento de facto de su nuevo gobierno y el levantamiento de sanciones.
Pero el acuerdo ya fue anunciado en septiembre. ¿Qué es nuevo en esta reunión de septiembre?
La reunión sella públicamente lo que ya estaba hecho. Es el abrazo que confirma el cambio de régimen.
¿Cómo reaccionó Rodríguez a que Trump llamara a Maduro "dictador criminal" en la ONU?
No reaccionó. Asistió impertérrita al discurso. Eso dice todo sobre dónde está el poder ahora.
Aunque hay que notar que el artículo no reporta qué se dijo en la reunión privada. Solo sabemos que ocurrió.
Cierto. La puerta cerrada significa que no sabemos los detalles de lo que negociaron.
¿Qué representa esto para la historia de Venezuela?
El fin de la era Chávez. La revolución que prometía desafiar a Estados Unidos ahora le entrega sus recursos.
Le Pouls
- Nicolás Maduro duerme en una cárcel de Brooklyn mientras su sucesora se sienta frente al hombre que lo derrocó, en una imagen que condensa la magnitud del colapso del chavismo.
- Rodríguez escuchó sin inmutarse cómo Trump se jactaba ante la ONU de una operación militar 'masiva' contra el 'dictador criminal' Maduro, minutos antes de reunirse con él en privado.
- El acuerdo petrolero, que Trump describió como 'el mayor jamás realizado', entrega a Estados Unidos más del veinte por ciento del petróleo venezolano bajo la lógica explícita del vencedor y el botín.
- La misma diplomática que en 2019 denunció desde la tribuna de la ONU el 'terrorismo de Estado' de Washington llega ahora a Nueva York prometiendo 'respeto, cooperación y entendimiento'.
- El deshielo no es una reconciliación entre pares, sino la consumación pública de una derrota: la revolución bolivariana acepta su subordinación a la potencia que juró combatir durante más de dos décadas.
En los márgenes de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump y Delcy Rodríguez se reunieron a puerta cerrada en Nueva York, sellando el primer diálogo presidencial directo entre Estados Unidos y Venezuela desde 1999. El encuentro no fue entre iguales: un acuerdo firmado en septiembre entrega a Washington acceso privilegiado a más del veinte por ciento de las reservas petroleras venezolanas. Lo que durante casi tres décadas fue enemistad declarada y retórica antiimperialista se transforma ahora en una rendición negociada, consumada en el mismo escenario donde Hugo Chávez alguna vez proclamó que el aire olía a azufre.
El martes por la tarde, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump y Delcy Rodríguez se reunieron a puerta cerrada en el hotel Lotte New York Palace. Fue el primer diálogo presidencial directo entre un líder estadounidense y un gobernante chavista desde que Bill Clinton recibiera a Hugo Chávez en 1999. Junto a Trump estaban el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent y otros altos funcionarios. La reunión se desarrolló sin prensa.
El contexto lo decía todo. Horas antes, Rodríguez había declarado que llegaba a Estados Unidos 'de pie, frente en alto'. Poco después, escuchó sin inmutarse cómo Trump se jactaba ante la ONU de haber derrocado a Maduro mediante una operación militar 'masiva'. El expresidente venezolano dormía a veinte minutos en coche, en la cárcel de Brooklyn, donde permanece desde el 3 de enero.
Lo que hizo el momento aún más cargado fue el acuerdo anunciado en septiembre: Estados Unidos obtiene acceso privilegiado a más del veinte por ciento de las reservas petroleras venezolanas. Trump lo celebró sin ambages: 'Al vencedor le corresponde el botín'. No era un pacto entre socios, sino los términos de una rendición.
El peso histórico del lugar era imposible de ignorar. Dos décadas atrás, en esa misma sede, Chávez había pronunciado su frase más célebre tras escuchar a George W. Bush: 'Aquí huele a azufre'. Ahora su sucesora estaba en la misma sala, bajo un acuerdo que entregaba los recursos del país al poder que el chavismo había jurado combatir.
El giro en el lenguaje de Rodríguez era la señal más elocuente del cambio de era. En 2019 había acusado a Trump de estirar sus 'garras imperiales' y denunciado las sanciones como 'terrorismo de Estado'. Esta vez llegó a Nueva York escribiendo sobre 'respeto, cooperación y entendimiento'. Eran las palabras de alguien que había aceptado la derrota y buscaba hacer las paces con el vencedor.
El martes por la tarde, en los márgenes de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Donald Trump y Delcy Rodríguez se encontraron a puerta cerrada en el hotel Lotte New York Palace. El encuentro, confirmado por la Casa Blanca, marcó el primer diálogo presidencial directo entre un líder estadounidense y un gobernante chavista desde que Bill Clinton recibiera al entonces presidente electo Hugo Chávez en 1999. Fue un momento cargado de simbolismo: dos países que se han considerado enemigos acérrimos durante casi tres décadas sellaban lo que ambas partes llamaban un deshielo, aunque bajo términos que dejaban clara la nueva realidad de poder.
La reunión no fue entre iguales. Altos funcionarios estadounidenses acompañaban a Trump: el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent, la jefa de gabinete Susie Wiles y el subjefe de gabinete Stephen Miller. El encuentro se desarrolló sin presencia de prensa, lo que permitió a ambas delegaciones hablar sin registro público de lo que se dijo. Horas antes, Rodríguez había llegado a la sede de la ONU y declaró que aterrizaba en Estados Unidos "de pie, caminando, frente en alto", palabras que sonaban a desafío pero que pronto contrastarían con el tono de sumisión que caracterizaría el encuentro.
Lo que hizo más notable el momento fue el contexto inmediato. Rodríguez asistió, sin inmutarse, a un discurso de Trump en el que el presidente estadounidense se jactaba de una operación militar "masiva" contra lo que llamó el "dictador fuera de la ley y auténtico criminal, Nicolás Maduro". El expresidente venezolano estaba durmiendo a apenas veinte minutos en coche, en la cárcel de Brooklyn, donde permanece desde su salida forzada del poder el 3 de enero. Maduro, quien fuera sucesor de Chávez tras la muerte de este en 2013, ahora estaba encarcelado mientras su sucesora en el régimen se reunía con el hombre que lo había derrocado.
Pero Trump reservó su mayor entusiasmo para otro logro: el acuerdo anunciado en septiembre que otorgaba a Estados Unidos acceso privilegiado a más del veinte por ciento de las reservas petroleras venezolanas. "Si sumamos a Estados Unidos y a Venezuela, tenemos más del sesenta por ciento del petróleo del mundo. Así que es, tal vez, el mayor acuerdo. Fue una guerra, pero es, quizás, el mayor acuerdo jamás realizado. Al vencedor le corresponde el botín", declaró. Las palabras eran claras: esto no era un acuerdo entre socios, sino el botín del vencedor.
El lugar donde ocurría todo esto no podía ser más cargado de historia. Veinte años atrás, en esa misma sede de la ONU, Hugo Chávez había pronunciado su frase más célebre después de que George W. Bush hablara antes que él: "Aquí huele a azufre". Chávez había llegado al poder en 1998 con una revolución que prometía desafiar la hegemonía estadounidense. Ahora, su sucesora estaba en la misma sala, bajo un acuerdo que entregaba los recursos naturales del país al poder que Chávez había jurado combatir.
La transformación en el lenguaje de Rodríguez era particularmente notable. En 2019, desde la misma tribuna de la ONU, había calificado las sanciones estadounidenses como "terrorismo de Estado", había acusado a Trump de estirar sus "garras imperiales" contra Cuba, y había denunciado la arrogancia de Washington hacia las naciones libres. Ahora, al llegar el domingo anterior a Nueva York, escribía sobre la "firmeza y la esperanza de un pueblo que cree en el encuentro y la unión entre las naciones", prometiendo una agenda basada en "respeto, cooperación y entendimiento". Las palabras eran las de alguien que había aceptado la derrota y buscaba hacer las paces con el vencedor.
El giro era radical. Maduro, quien había retomado el tono belicoso de Chávez durante el primer mandato de Trump en 2018, ahora estaba en prisión. Su régimen, que había gobernado Venezuela durante más de dos décadas con la retórica de la resistencia antiimperialista, ahora negociaba su supervivencia entregando acceso a sus mayores recursos. El encuentro en Nueva York no era simplemente una reunión diplomática; era la consumación de un cambio de era, el momento en que la revolución bolivariana aceptaba su subordinación a la potencia que siempre había prometido desafiar.
Citations marquantes
Si sumamos a Estados Unidos y a Venezuela, tenemos más del sesenta por ciento del petróleo del mundo. Así que es, tal vez, el mayor acuerdo jamás realizado.— Donald Trump, durante su discurso en la ONU
Llegamos a Nueva York con la firmeza y la esperanza de un pueblo que cree en el encuentro y la unión entre las naciones.— Delcy Rodríguez, al llegar a Nueva York