En el estrecho que conecta el Golfo Pérsico con el mundo, una vieja rivalidad ha encontrado nuevo combustible. Donald Trump ha intensificado sus amenazas contra Irán y respaldado esas palabras con acciones militares concretas —incluyendo un ataque a la isla iraní de Larak— en una pugna por el control de una de las rutas energéticas más vitales del planeta. Lo que podría haber sido una presión bilateral se ha convertido en un tablero de ajedrez global, con Rusia y China moviéndose activamente para sostener a Teherán y desafiar la estrategia de asfixia económica de Washington.
Trump reitera amenaza a Irán de golpear "con fuerza" mientras tensiones escalan en Ormuz
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