En vísperas de unas elecciones presidenciales cargadas de incertidumbre, Francia contempla cómo la fragmentación de su izquierda abre paso a fuerzas que prosperan en el vacío que otros no logran llenar. La precariedad económica —expresada en el pesimismo de cuatro de cada cinco empresarios— y las fracturas internas de los partidos progresistas configuran un terreno fértil para la ultraderecha. Es una historia antigua: cuando quienes comparten valores no logran compartir estrategia, el espacio político no permanece vacío.
La división en la izquierda francesa allana el camino a la ultraderecha
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