En Beijing, dos superpotencias que no pueden ignorarse se sentaron a negociar no la paz ni la victoria, sino los límites de su rivalidad. La visita de Trump a China fue un ejercicio de contención: un intento de mantener la competencia dentro de cauces manejables antes de que derive en algo irreversible. Xi Jinping puso a Taiwán como condición absoluta de cualquier cooperación futura, invocando incluso la trampa de Tucídides para recordar que las grandes potencias, cuando no se gestionan con cuidado, terminan en guerra. El mundo asiste, por primera vez en décadas, a una relación entre iguales q
Trump en Beijing: contención de tensiones entre superpotencias con Taiwán como línea roja
Taiwán no es negociable, y la paz en el estrecho es incompatible con la independencia
¿Por qué importa que Xi haya puesto a Taiwán como línea roja si ambos líderes ya saben que es un tema sensible?
Porque Xi no solo lo dijo, lo condicionó. Dijo que toda cooperación futura depende de que se respete eso. Es una forma de decir: no podemos avanzar en nada si ustedes no aceptan esto primero.
Pero ¿qué significa "respetar" la posición de China sobre Taiwán? ¿Cambiar la política estadounidense? ¿Solo no provocar? Eso sigue siendo vago.
¿Entonces la visita fue un fracaso?
No, fue exactamente lo que se esperaba. No se suponía que resolvieran Taiwán en dos días. Se suponía que bajaran la temperatura.
Aunque la temperatura siga siendo muy alta. Xi advirtió sobre una "situación extremadamente peligrosa". Eso no suena a contención exitosa.
¿Qué cambió desde 2017, cuando Trump visitó China la última vez?
China creció. Ahora es una superpotencia establecida, no emergente. Eso significa que negocia desde una posición mucho más fuerte.
¿Y eso qué significa para Taiwán? ¿Que China tiene más poder para actuar?
Podría significar eso. O podría significar que China está más segura de su posición y puede permitirse ser más clara sobre sus líneas rojas.
¿Puede China realmente usar a Irán como palanca para presionar sobre Taiwán?
Carrasco sugiere que sí, que China podría condicionar su cooperación en Medio Oriente a que Estados Unidos respete su posición sobre Taiwán.
Pero eso es especulación. No hay evidencia de que China haya hecho eso explícitamente en esta visita.
Il Polso
- Xi Jinping advirtió que Taiwán es una línea roja absoluta: sin respeto a la posición china sobre la isla, toda cooperación bilateral queda en entredicho.
- La invocación de la trampa de Tucídides no fue un gesto académico sino una advertencia directa: la historia muestra que las potencias en ascenso y las establecidas suelen terminar en conflicto.
- Irán y el estrecho de Ormuz emergieron como posible moneda de cambio, con China dispuesta a presionar a Teherán solo si Washington respeta sus condiciones sobre Taiwán.
- El secretario de Estado Rubio insistió en que la política estadounidense sobre Taiwán no ha cambiado, pero esa afirmación choca con la nueva realidad de una China que ya no negocia desde una posición inferior.
- La próxima visita de Xi a la Casa Blanca en septiembre se perfila como un nuevo capítulo de esta rivalidad entre iguales, donde ninguna de las dos naciones puede ya dictar los términos al otro.
En Beijing, dos superpotencias que no pueden ignorarse se sentaron a negociar no la paz ni la victoria, sino los límites de su rivalidad. La visita de Trump a China fue un ejercicio de contención: un intento de mantener la competencia dentro de cauces manejables antes de que derive en algo irreversible. Xi Jinping puso a Taiwán como condición absoluta de cualquier cooperación futura, invocando incluso la trampa de Tucídides para recordar que las grandes potencias, cuando no se gestionan con cuidado, terminan en guerra. El mundo asiste, por primera vez en décadas, a una relación entre iguales que ninguno de los dos sabe del todo cómo navegar.
La visita de Trump a Beijing no buscaba grandes acuerdos ni soluciones definitivas. Era, ante todo, un ejercicio de contención: dos superpotencias condenadas a coexistir durante décadas, intentando mantener su rivalidad dentro de límites que no deriven en catástrofe.
El momento más revelador llegó con la advertencia de Xi Jinping: si Taiwán no se gestiona con cuidado, ambos países podrían colisionar de forma devastadora. Xi fue más lejos aún al invocar la trampa de Tucídides, el concepto que describe cómo las potencias emergentes y las establecidas tienden históricamente hacia el conflicto armado. No era teoría política; era un encuadre deliberado del escenario. Para China, la paz en el estrecho de Taiwán es incompatible con cualquier idea de independencia de la isla, y esa posición se ha convertido en la condición fundamental de toda relación bilateral futura.
El profesor Marco Carrasco, de la Universidad San Marcos, señala que estas cumbres no resuelven los conflictos de fondo —aranceles, Irán, tecnología— sino que crean espacios para bajar la temperatura sin alterar la dinámica de competencia. En ese marco, Irán apareció como posible palanca: China podría presionar a Teherán si Washington respeta su posición sobre Taiwán. Tiene interés económico en mantener abierto el estrecho de Ormuz, pero toda cooperación está condicionada.
Lo que más destaca Carrasco es el cambio estructural desde 2017, cuando China era aún una potencia emergente y Estados Unidos negociaba desde una posición de mayor fuerza. Hoy ambas naciones llegan a la mesa como iguales. La visita de Xi a la Casa Blanca prevista para septiembre podría ser un intento de Washington de proyectar dominio, pero la realidad es que ya no existe una potencia claramente superior. Eso cambia todo lo que sigue.
La visita de Trump a Beijing no fue diseñada para producir grandes acuerdos comerciales ni para resolver de un golpe la rivalidad que define la relación entre Washington y Pekín. Fue, en cambio, un ejercicio de contención: dos superpotencias condenadas a coexistir durante las próximas décadas, buscando mantener las tensiones dentro de límites manejables mientras compiten en casi todos los frentes que importan.
El segundo día de la cita transcurrió sin anuncios significativos. Lo que sí ocurrió fue una advertencia clara de Xi Jinping al presidente estadounidense: si Taiwán no se gestiona con cuidado, los dos países podrían chocar de manera catastrófica. Fue el pronunciamiento más severo de toda la visita, un contraste marcado con los elogios que Trump había dirigido a su homólogo chino. Marco Carrasco, profesor de Desarrollo y Estudios de Asia en la Universidad San Marcos, explica que este tipo de reuniones no buscan resolver los conflictos de fondo, sino crear espacios donde las dos potencias puedan reducir la temperatura sin que ello altere la dinámica inexorable de su competencia. Los aranceles seguirán siendo un punto de fricción. Irán seguirá siendo un asunto donde sus intereses divergen. Pero estas citas permiten que ambas naciones eviten que la rivalidad se transforme en algo más peligroso.
Taiwán, sin embargo, ocupa un lugar distinto. Xi lo ha convertido en la piedra angular de toda relación futura entre China y Estados Unidos. No es simplemente un tema más en la agenda. Es la condición fundamental. Según Carrasco, el líder chino ha dejado claro que cualquier cooperación, cualquier estabilidad en la relación bilateral, depende de que el mundo respete lo que China considera su posición sobre Taiwán: una única China, sin excepciones. Si eso no se respeta, advirtió Xi, las cosas pueden colisionar. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, respondió que la política de Washington sobre Taiwán no ha cambiado con esta visita. Pero la pregunta que queda flotando es qué significa esa política cuando China la ha puesto como línea roja absoluta.
Xi incluso invocó la trampa de Tucídides, el concepto geopolítico que describe los conflictos entre una superpotencia establecida y una emergente. En la mayoría de los casos históricos, esos conflictos terminan en guerra. Al mencionar esto, Xi estaba haciendo algo más que citar teoría política: estaba enmarcando el escenario, poniendo a Taiwán en el centro de una advertencia sobre lo que podría ocurrir si las cosas se salen de control. Los chinos, observa Carrasco, son expertos en mostrar empatía y cercanía con sus visitantes. Pero al mismo tiempo, dejaron claro que Taiwán no es negociable. Incluso fueron más lejos: dijeron que la paz en el estrecho de Taiwán es incompatible con la idea de una Taiwán independiente.
Trump afirmó que Xi le ofreció ayuda para desbloquear el estrecho de Ormuz, donde Irán ha sido un factor de inestabilidad. Washington había pedido a Pekín un papel más activo en la región. Pero China tiene una filosofía geopolítica distinta a la de Estados Unidos: prefiere la menor injerencia posible. Sin embargo, Carrasco sugiere que China podría usar el tema de Irán como una palanca. Si Washington quiere que Pekín presione a Teherán, China puede recordar que esa cooperación depende del respeto a su posición sobre Taiwán. China ya ha declarado estar de acuerdo en que Irán no tenga armas nucleares, y tiene un interés económico claro en mantener abierto el estrecho de Ormuz. Pero todo eso está condicionado.
Lo que más llama la atención a Carrasco es el cambio en la dinámica desde la última visita presidencial estadounidense a China, que ocurrió en 2017, hace casi diez años. En aquel momento, China era una superpotencia emergente y Estados Unidos tenía mayor capacidad de negociación. Ahora, la situación es casi equiparada. Ambas naciones son superpotencias establecidas que se miden de igual a igual. Eso es algo que Washington debe reconocer. La próxima visita de Xi a la Casa Blanca, prevista para septiembre, podría servir como un intento de Estados Unidos de proyectar dominio, de condicionar la relación. Pero en la práctica, ya no hay una potencia claramente superior. Trump llevó a empresarios estadounidenses a Beijing, pero no desplegó todo el poderío tecnológico que podría haber mostrado. Hay puntos donde Estados Unidos podría intentar ejercer ventaja: tecnología, inversiones, acceso a mercados. Pero la realidad es que ambas naciones llegan a la mesa como iguales, y eso cambia todo lo que sigue.
Citazioni salienti
Es una suerte de mecanismo de contención de una circunstancia en la cual ambas superpotencias están destinadas a coexistir en las próximas décadas— Marco Carrasco, profesor de Desarrollo y Estudios de Asia, Universidad San Marcos
Xi ha condicionado todo tipo de relación posterior entre China y Estados Unidos a tener el asunto de Taiwán como la piedra angular— Marco Carrasco