Trump amenaza con suspender su viaje a China si no coopera en Ormuz

China no tiene incentivos para arriesgar sus activos militares
Pekín mantiene su doctrina de no injerencia mientras Trump intenta presionarla sobre el estrecho de Ormuz.
Mark

¿Por qué Trump está vinculando un viaje diplomático con una operación militar en el Golfo Pérsico? Parece una estrategia extraña.

Mimi

Porque necesita que China ayude a mantener abierto el estrecho de Ormuz, que es vital para el comercio mundial de petróleo. Trump cree que puede presionar a Pekín con la amenaza de cancelar la reunión.

Luke

Pero aquí hay un problema: Trump dice que China depende del 90 por ciento de su petróleo del estrecho, cuando en realidad es mucho menos. ¿Cómo presionas a alguien con un argumento que es factualmente incorrecto?

Mimi

Exacto. China cubre la mayoría de sus necesidades energéticas con recursos propios y tiene oleoductos alternativos. No está en la posición de desesperación que Trump describe.

Mark

¿Entonces China simplemente rechazará cooperar?

Mimi

Parece que sí. Ha mantenido su doctrina de no injerencia y no ha mostrado urgencia por resolver nada. No tiene incentivos para arriesgar activos militares por Estados Unidos.

Luke

Y hay otra capa: si Trump cancela el viaje, eso podría dañar la tregua comercial que acordaron hace cinco meses. ¿Quién sale perdiendo más?

Mimi

Probablemente ambos, pero Estados Unidos está gastando 12.000 millones de dólares por semana en la guerra iraní. Algunos legisladores advierten que eso podría dejar a EE.UU. vulnerable si China decide actuar sobre Taiwán.

Mark

Así que Trump está jugando un juego de póquer con fichas que no tiene.

Luke

O al menos con fichas cuyo valor no entiende completamente.

  • Trump condiciona su visita a Xi Jinping a que China despliegue buques militares en el estrecho de Ormuz, convirtiendo una cumbre diplomática en una exigencia de guerra.
  • La amenaza llega mientras el Pentágono contabiliza 12.000 millones de dólares gastados solo en la primera semana del conflicto iraní, y el costo político y financiero sigue escalando.
  • Pekín responde con frialdad calculada: su doctrina de no injerencia y su menor dependencia energética del estrecho de lo que Trump afirma le dan margen para ignorar la presión.
  • La contradicción interna en Washington es visible: Bessent negocia en París con su homólogo chino mientras atribuye el posible aplazamiento a 'cuestiones logísticas', no a las exigencias sobre Ormuz.
  • Analistas advierten que el desgaste bélico podría dejar a Estados Unidos debilitado ante un eventual enfrentamiento con China por Taiwán, justo cuando más necesita proyectar fortaleza.

En el tablero de las grandes potencias, Donald Trump ha convertido el estrecho de Ormuz en una condición diplomática: si China no envía buques militares para escoltar petroleros a través de esas aguas en conflicto, el viaje previsto a Pekín el 31 de marzo podría no realizarse. La exigencia revela la paradoja de un líder que, habiendo iniciado una guerra costosa sin plan de contingencia, acude ahora a su principal rival geopolítico en busca de auxilio. En el fondo, lo que se dirime no es solo una ruta marítima, sino el equilibrio de fuerzas entre dos civilizaciones que apenas hace cinco meses habían acordado una tregua.

Donald Trump ha lanzado una advertencia que sacude la diplomacia global: si China no coopera militarmente para reabrir el estrecho de Ormuz, su viaje a Pekín del 31 de marzo podría posponerse. En declaraciones al Financial Times, el presidente señaló que aún quedan dos semanas —«mucho tiempo»— y que espera que Pekín envíe buques de guerra para escoltar petroleros por el estrecho, convertido en zona de conflicto tras la guerra que él y Netanyahu lanzaron contra Irán.

La tensión llega en un momento delicado: el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se encontraba en París negociando con el homólogo chino He Lifeng cuando Trump hizo sus declaraciones. Bessent confirmó que el aplazamiento está sobre la mesa, aunque lo atribuyó a razones logísticas —Trump quiere permanecer en Washington para coordinar la guerra— y no a las exigencias sobre Ormuz. Desde Pekín, el portavoz Lin Jian respondió con cautela, subrayando el papel «estratégico insustituible» de la diplomacia entre jefes de Estado.

Trump argumenta que China debería tener interés en reabrir el estrecho porque depende del petróleo que pasa por él. Sin embargo, sus cifras son inexactas: China cubre el 85 por ciento de sus necesidades energéticas con recursos propios, y para el resto recurre en gran medida a oleoductos de Rusia, Irán y Kazajistán. Su apuesta por vehículos eléctricos y renovables reduce aún más esa vulnerabilidad. Pekín, fiel a su doctrina de no injerencia, no ha mostrado ninguna urgencia por resolver una crisis que no creó.

El costo de la guerra para Estados Unidos crece de forma preocupante. El Pentágono estimó 12.000 millones de dólares solo en la primera semana. Trump ha minimizado la cifra y presume de haber destruido más de 7.000 objetivos, incluyendo buques capaces de minar el estrecho, y afirma que la fuerza aérea y naval iraní han «desaparecido». Pero la ausencia de un plan de contingencia ante la represalia iraní en Ormuz lo ha llevado a la situación paradójica de pedir ayuda a su principal rival geopolítico.

Analistas y legisladores advierten que el desgaste bélico podría dejar a Estados Unidos vulnerable ante un eventual enfrentamiento con China por Taiwán. Si Trump viaja a Pekín, será el primer presidente en hacerlo desde su primer mandato en 2017. Si no lo hace, la tregua comercial alcanzada en Busan hace apenas cinco meses podría resquebrajarse, abriendo una nueva crisis entre las dos potencias en el peor momento posible.

Donald Trump ha condicionado su viaje a China a que Pekín coopere militarmente en la reapertura del estrecho de Ormuz, amenazando con postergar la reunión prevista para el 31 de marzo con el líder chino Xi Jinping si no obtiene claridad sobre el tema. En una conversación con el Financial Times, Trump señaló que quedan dos semanas hasta el encuentro —"mucho tiempo"— y que podría retrasarse si China no envía buques militares para escoltar petroleros a través del estrecho, convertido en zona de conflicto tras la guerra que él y Benjamín Netanyahu lanzaron contra Irán.

La amenaza abre una nueva grieta diplomática entre las dos potencias mundiales, que hace apenas cinco meses habían acordado una tregua comercial temporal de un año tras reunirse en Busan. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, se encontraba en París negociando con su homólogo chino He Lifeng cuando Trump hizo sus declaraciones. Bessent confirmó esta mañana que la suspensión del viaje está siendo considerada, aunque contradijo al presidente al atribuir un posible aplazamiento a "cuestiones logísticas" —Trump quiere permanecer en Washington para coordinar la guerra— en lugar de exigencias sobre Ormuz. Desde Pekín, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores Lin Jian respondió con cautela, limitándose a señalar que mantienen comunicación directa con Washington y que la diplomacia entre jefes de Estado juega un papel "estratégico insustituible" en las relaciones bilaterales.

Trump argumenta que China debería estar interesada en reabrir el estrecho porque depende del petróleo iraní, del cual importa más del 80 por ciento. Sin embargo, sus cifras sobre la dependencia energética china son inexactas. Durante una mesa redonda en la Casa Blanca sobre el Trump-Kennedy Center, afirmó que China obtiene el 90 por ciento de su petróleo del estrecho de Ormuz, comparándolo con Japón (95 por ciento) y Corea del Sur (35 por ciento). La realidad es distinta: China cubre el 85 por ciento de sus necesidades energéticas con recursos propios, dos tercios del petróleo que consume procede de sus propios yacimientos, y para el resto depende en gran medida de oleoductos de Rusia, Irán y Kazajistán, además de proveedores en África y América. Su apuesta por vehículos eléctricos y energías renovables está reduciendo su vulnerabilidad energética, mientras continúa quemando carbón.

China, cuya doctrina geopolítica tradicionalmente evita inmiscuirse en asuntos de otros países, ha decidido no involucrarse en el conflicto iraní. Ha limitado su respuesta a llamadas genéricas para que las partes cesen las acciones militares y eviten mayor escalada, sin mostrar urgencia alguna por resolver la situación creada por Trump y Netanyahu. Nada indica que Pekín esté dispuesta a poner en riesgo sus activos militares para ayudar a Estados Unidos a salir de esta guerra. Su posición refleja que, contrariamente a lo que Trump sugiere, China no tiene incentivos inmediatos para cooperar.

Mientras tanto, el costo de la guerra para Estados Unidos crece de manera preocupante. El Pentágono estimó que solo en la primera semana el gasto fue de 12.000 millones de dólares. Trump ha minimizado estas cifras, declarando que son "insignificantes" después de años de amenaza iraní y prediciendo que los precios del petróleo caerán en picada cuando termine el conflicto. Ha actualizado la cifra de objetivos atacados a 7.000 en las últimas dos semanas, incluyendo más de cien embarcaciones navales, entre ellas 30 barcos con capacidad para colocar minas en el estrecho. Afirmó que la Fuerza Aérea y la Marina iraní han "desaparecido" y que muchos barcos de combate han sido hundidos.

Cuando se le preguntó sobre su falta de previsión respecto a la represalia iraní en Ormuz, Trump respondió que ya había predicho que el estrecho sería usado como arma, incluso comparando su capacidad predictiva con su supuesta predicción de que Osama bin Laden atacaría el World Trade Center un año antes de que ocurriera. Sin embargo, sus predicciones no vinieron acompañadas de un plan de contingencia para la situación actual, lo que lo ha llevado a buscar ayuda incluso de China, su principal rival geopolítico.

Analistas y legisladores en el Capitolio han señalado que el elevado costo de la guerra podría dejar a Estados Unidos vulnerable ante un posible enfrentamiento con China, por ejemplo sobre la isla de Taiwán. Si Trump finalmente viaja a Pekín, sería el primer presidente en hacerlo desde su primer mandato en 2017. Si no lo hace, se abrirá una nueva crisis entre las dos potencias que apenas hace meses habían logrado desescalar sus disputas arancelarias.

Dos semanas es mucho tiempo. Quiero claridad sobre la cuestión de Ormuz y, si no la tengo, puede que retrasemos el encuentro.
— Donald Trump al Financial Times
La diplomacia entre jefes de Estado desempeña un papel estratégico insustituible en las relaciones entre China y EE.UU.
— Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino
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