En el mismo día en que Estados Unidos lanzó un misil balístico intercontinental desarmado desde California como señal de poderío estratégico, Vladimir Putin ordenó a su gobierno preparar propuestas para reanudar ensayos nucleares a gran escala en el Ártico ruso. Esta sincronía de gestos militares entre las dos mayores potencias nucleares del mundo evoca los ritmos más tensos de la Guerra Fría, y plantea una pregunta que la humanidad creía haber dejado atrás: ¿estamos ante el fin de casi tres décadas de silencio nuclear? Lo que se mueve hoy no son solo misiles, sino el frágil equilibrio de norm
Putin ordena preparar ensayos nucleares mientras EEUU prueba misil intercontinental
Preparar propuestas para ensayos nucleares a gran escala en Nueva Zembla
¿Por qué lanzar un misil desarmado ahora? ¿Qué mensaje intenta enviar Trump?
Es una demostración de capacidad. El Minuteman III puede llevar tres cabezas nucleares. Al lanzarlo, dice: tenemos esto, funciona, y estamos listos. Es parte de su estrategia de «paz a través de la fuerza».
Pero el misil estaba desarmado. ¿Es realmente una demostración de fuerza o es más bien una demostración de que puede hacer una demostración?
¿Y Putin qué hace exactamente en respuesta?
Ordena a su gobierno que prepare propuestas para ensayos nucleares a gran escala. Su ministro de Defensa dice que pueden comenzar inmediatamente en Nueva Zembla.
Espera. ¿Ordena preparar propuestas o ordena preparar los ensayos? Hay una diferencia. El ministro propone comenzar los preparativos, pero eso no es lo mismo que Putin diciendo «hagan esto ahora».
¿Cuándo fue la última vez que alguien hizo un ensayo nuclear real?
China en 1996. Rusia en 1990. Estados Unidos en 1992. Hace casi treinta años.
Y eso es importante porque romper ese silencio sería un cambio enorme. Pero todavía no sabemos si realmente lo harán.
¿Cuánto tiempo tardaría Estados Unidos en hacer un ensayo si Trump lo ordena?
Entre 24 y 36 meses, según un informe del Congreso de agosto.
Eso es una estimación de un servicio de investigación. No es como si tuvieran un calendario exacto. Y además, el secretario de Energía dice que no habría explosiones, así que ni siquiera está claro qué tipo de «ensayo» estaríamos viendo.
¿Cuál es el riesgo real aquí?
Que ambas potencias reanuden una carrera armamentística nuclear que se había detenido. Que normalicen los ensayos nucleares de nuevo.
Sí, pero también está el hecho de que Putin dice que está esperando aclaraciones de Trump. Eso sugiere que todavía hay comunicación, todavía hay espacio para que esto no escale. No es inevitable.
Le Pouls
- EE.UU. lanzó un Minuteman III desarmado desde Vandenberg horas antes de que Putin respondiera con una orden de preparar ensayos nucleares, creando una peligrosa cadena de acción y reacción.
- El ministro de Defensa ruso propuso iniciar 'inmediatamente' los preparativos en Nueva Zembla, argumentando que las fuerzas ya están en posición para actuar en un plazo relativamente corto.
- Moscú justifica su postura señalando la modernización acelerada del arsenal estadounidense: el misil Sentinel, el submarino Columbia, el bombardero B-21 y el programa de defensa antimisiles Cúpula Dorada.
- La ambigüedad rodea los términos del debate: el Kremlin aclara que sus propias pruebas recientes no son ensayos nucleares técnicos, mientras Washington sugiere que los suyos tampoco incluirían explosiones convencionales.
- Un informe del Congreso estima que EE.UU. podría realizar pruebas nucleares reales entre 24 y 36 meses tras una orden presidencial, lo que sitúa el umbral de ruptura peligrosamente cerca.
En el mismo día en que Estados Unidos lanzó un misil balístico intercontinental desarmado desde California como señal de poderío estratégico, Vladimir Putin ordenó a su gobierno preparar propuestas para reanudar ensayos nucleares a gran escala en el Ártico ruso. Esta sincronía de gestos militares entre las dos mayores potencias nucleares del mundo evoca los ritmos más tensos de la Guerra Fría, y plantea una pregunta que la humanidad creía haber dejado atrás: ¿estamos ante el fin de casi tres décadas de silencio nuclear? Lo que se mueve hoy no son solo misiles, sino el frágil equilibrio de normas internacionales construido desde 1996.
Un misil Minuteman III sin carga explosiva fue lanzado el miércoles desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California, en el primer ensayo de este tipo bajo la presidencia de Donald Trump. El Pentágono lo calificó de «prueba operativa» enmarcada en la estrategia de «paz a través de la fuerza» de la administración. Horas después, desde Moscú, Vladimir Putin respondió ordenando a sus principales funcionarios que prepararan propuestas para reanudar los ensayos nucleares a gran escala.
El ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, fue el más explícito: propuso comenzar «inmediatamente» los preparativos en Nueva Zembla, el archipiélago ártico donde Rusia mantiene sus instalaciones de prueba. Su justificación apuntó directamente a Washington: la modernización del arsenal estratégico estadounidense, los ejercicios de simulación de ataques nucleares preventivos como el Global Thunder de octubre, y programas como el misil Sentinel, el submarino Columbia, el bombardero B-21 Raider y el sistema de defensa antimisiles Cúpula Dorada.
Trump, por su parte, ha citado pruebas rusas recientes —el misil Burevestnik y el supertorpedo Poseidón— para justificar su interés en reanudar ensayos. Sin embargo, el Kremlin ha precisado que esas armas no portaban cabezas nucleares ni generaron explosiones nucleares, por lo que no constituyen ensayos en sentido técnico. El portavoz Dimitri Peskov dijo esperar «aclaraciones» de Washington, mientras el secretario de Energía Chris Wright sugirió que los ensayos estadounidenses tampoco incluirían «explosiones» tradicionales.
Lo que está en juego trasciende la retórica: ninguna de las tres grandes potencias nucleares ha realizado un ensayo real desde 1996, cuando China llevó a cabo el último. Rusia se detuvo en 1990 y EE.UU. en 1992. Un informe del Congreso estima que Washington podría estar listo para hacerlo entre 24 y 36 meses después de una orden presidencial. La posibilidad de que ambas potencias rompan ese silencio de casi tres décadas representa una fractura profunda en el orden nuclear que definió la posguerra fría.
Un misil Minuteman III sin carga explosiva fue lanzado desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg en California el miércoles por la mañana, marcando el primer disparo de prueba de este tipo bajo la presidencia de Donald Trump. El Departamento de Defensa lo describió como una «prueba operativa» de un arma capaz de transportar hasta tres cabezas nucleares, parte de lo que la administración llama su estrategia de «paz a través de la fuerza». El lanzamiento ocurrió horas antes de que Vladimir Putin respondiera desde Moscú con una orden de su propio gobierno: preparar propuestas para reanudar los ensayos nucleares a gran escala.
La secuencia de eventos refleja una escalada en la retórica y la postura militar entre las dos potencias nucleares más grandes del mundo. Putin instruyó a sus principales funcionarios que presentaran planes para pruebas nucleares, citando lo que describió como una amenaza creciente de Estados Unidos. El ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, fue más específico durante una reunión del gobierno: propuso comenzar «inmediatamente» los preparativos para ensayos nucleares de gran escala en Nueva Zembla, un archipiélago en el Ártico ruso donde Moscú mantiene instalaciones de prueba. Beloúsov argumentó que las fuerzas y los medios ya están en posición para llevar a cabo tales pruebas en un plazo relativamente corto.
La justificación que ofreció Beloúsov se basó en una evaluación de las capacidades militares estadounidenses en desarrollo. Señaló que Washington está modernizando aceleradamente su arsenal estratégico ofensivo, realizando regularmente maniobras que incluyen simulaciones de ataques nucleares preventivos contra territorio ruso, como los ejercicios Global Thunder realizados en octubre. Enumeró varios programas estadounidenses en curso: el nuevo misil balístico intercontinental Sentinel con cabeza nuclear de nueva generación, con un alcance de 13.000 kilómetros; el submarino atómico Columbia; el bombardero pesado B-21 Raider; y misiles de crucero con carga nuclear. También mencionó el programa Cúpula Dorada, que combina capacidades de defensa antimisiles e interceptación previa al lanzamiento dirigidas contra misiles rusos y chinos.
Trump ha justificado su interés en reanudar los ensayos nucleares citando pruebas armamentísticas recientes de Rusia, incluyendo el lanzamiento del misil Burevestnik y el supertorpedo de propulsión nuclear Poseidón. Sin embargo, el Kremlin ha aclarado que esas pruebas no constituyen ensayos nucleares en el sentido técnico, ya que no llevaban cabezas nucleares ni involucraban explosiones nucleares. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, indicó que Moscú está esperando «aclaraciones» de la administración Trump sobre los ensayos nucleares anunciados recientemente. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, ha declarado que tales pruebas no incluirían «explosiones», lo que sugiere un enfoque diferente al de los ensayos nucleares tradicionales.
Un informe del Servicio de Investigación del Congreso presentado en agosto estimó que Estados Unidos podría llevar a cabo pruebas con armas nucleares entre 24 y 36 meses después de que el presidente diera la orden. Esto es significativo porque ninguna de las tres potencias nucleares principales ha realizado ensayos nucleares desde 1996, cuando China llevó a cabo el último. Rusia realizó su último ensayo en 1990 y Estados Unidos en 1992. La posibilidad de que ambas potencias reanuden esta práctica después de casi tres décadas representa un cambio fundamental en la dinámica nuclear global y marca un alejamiento de las normas internacionales que han prevalecido desde el final de la Guerra Fría.
Citations marquantes
La preparación de fuerzas y medios en el polígono central en el archipiélago de Nueva Zembla permite garantizar su realización en un plazo corto de tiempo— Andréi Beloúsov, ministro de Defensa ruso
Moscú está esperando aclaraciones por parte de la Administración Trump respecto a las pruebas nucleares anunciadas recientemente— Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin