Tovar defiende a Costa Rica como país vanguardista en derechos humanos pese a giro conservador

Nicaragua sufre represión bajo el presidente Ortega, según la posición oficial del Gobierno costarricense expresada en foros internacionales.
Para un país desarmado, el multilateralismo es existencial
Tovar explica por qué Costa Rica seguirá apostando por el sistema internacional a pesar de sus erosiones.
Mark

¿Cómo se defiende la imagen de un país que dice defender derechos humanos mientras su gobierno se acerca a sectores conservadores que cuestionan esos mismos derechos?

Mimi

La pregunta asume una contradicción que el gobierno no ve así. Para Tovar, Costa Rica puede tener gobiernos con agendas diferentes sin abandonar su compromiso fundamental con derechos humanos. Es una separación entre la política interna y la política exterior.

Mark

Pero ¿no es la política interna la que define cómo un país se ve a sí mismo internacionalmente?

Mimi

Claro que sí. Por eso Tovar insiste tanto en que Costa Rica sigue siendo vanguardista. Está tratando de convencer tanto a los costarricenses como al mundo de que el cambio es adaptación, no abandono.

Mark

¿Por qué es tan importante que Rebeca Grynspan sea candidata a dirigir la ONU?

Mimi

Porque es una forma de demostrar que Costa Rica sigue siendo relevante en el multilateralismo, que sigue aportando líderes a instituciones globales. Es una afirmación de continuidad en medio del cambio.

Mark

¿Y por qué el gobierno no financia su campaña?

Mimi

Porque eso permitiría a los críticos decir que Costa Rica está comprando influencia, que su compromiso con el multilateralismo es transaccional. Al mantener distancia, el gobierno puede decir que apoya a una persona, no a una candidata del estado.

Mark

¿Qué tan frágil es realmente la posición de Costa Rica en la región?

Mimi

Muy frágil. Depende del multilateralismo porque no tiene ejército. Depende del comercio porque es pequeña. Y ahora depende de mantener equilibrio entre Trump, China, y un vecino que cataloga como dictadura. Tovar lo sabe, por eso cada respuesta es tan cuidadosa.

  • Manuel Tovar Rivera, 52 años, es canciller desde mayo de 2026
  • Costa Rica no ha tenido representación presidencial en la Asamblea General de la ONU en cinco años
  • El gobierno respalda la candidatura de Rebeca Grynspan para dirigir la ONU
  • Costa Rica cataloga a Nicaragua como dictadura y condena la represión de Ortega

Costa Rica atraviesa un momento político disruptivo que cuestiona sus valores tradicionales de pacifismo y derechos humanos, pero el Gobierno sostiene que sigue siendo vanguardista en estas materias. El canciller defiende el multilateralismo renovado, rechaza financiar campañas de candidatos a la ONU y niega que el sector evangélico determine la política exterior del país.

El canciller Manuel Tovar afirma que Costa Rica mantiene su compromiso con derechos humanos y democracia a pesar de transformaciones internas, mientras cataloga a Nicaragua de dictadura y respalda a Rebeca Grynspan para la ONU.

Manuel Tovar Rivera se sienta en la oficina del canciller costarricense con una tarea que describe como fundamentalmente defensiva: proteger la reputación internacional de un país que durante décadas ha construido su identidad sobre los pilares del pacifismo, la democracia y los derechos humanos, justo cuando esos mismos valores enfrentan cuestionamientos internos sin precedentes. A los 52 años, Tovar ocupa el mismo ministerio que su tío Roberto ocupó hace casi un cuarto de siglo, pero en circunstancias radicalmente distintas. Mientras que en 2002 Costa Rica podía presentarse al mundo como un modelo estable de institucionalidad, hoy el país atraviesa lo que el canciller llama un "momento disruptivo" iniciado hace cuatro años con la llegada de Rodrigo Chaves al poder, un giro que ha incluido un acercamiento al sector evangélico y un estilo político que rompe con las formas tradicionales costarricenses.

La pregunta central que flota sobre la entrevista es si Costa Rica puede mantener su imagen internacional de defensor de derechos humanos mientras su gobierno interno experimenta transformaciones conservadoras que sus críticos ven como una erosión de esos mismos principios. Tovar responde con una defensa matizada: sí, dice, Costa Rica sigue siendo vanguardista en estas materias, pero también está atravesando un proceso de "reacomodo" político que es normal en muchos países. No niega el cambio, sino que lo contextualiza como parte de un debate político más franco y a veces más duro de lo que Costa Rica ha experimentado históricamente. Su rol como canciller, explica, es tanto resguardar esa percepción internacional como ser honesto sobre las transformaciones internas que el país vive.

En materia de multilateralismo, Tovar defiende una posición que llama pragmática: Costa Rica seguirá apostando por el sistema internacional, pero no por cualquier multilateralismo. Reconoce que el orden global se ha erosionado y que el sistema luce agotado, pero argumenta que para un país desarmado como Costa Rica, el multilateralismo es una cuestión existencial. Cuando se le señala que Costa Rica no ha tenido representación presidencial en la Asamblea General de Naciones Unidas en cinco años, Tovar atribuye esto a contratiempos de última hora más que a un desdén por el sistema. En cambio, enfatiza que el gobierno ha apoyado la candidatura de Rebeca Grynspan, costarricense, para dirigir la ONU. Cuando se le pregunta quién financia los viajes de Grynspan, Tovar es claro: no es el gobierno. Ella se organiza y financia su propia campaña, aclara, aunque el gobierno respalda su candidatura.

La cuestión de la influencia del expresidente Chaves en la política exterior genera una respuesta defensiva. Tovar insiste en que él es el canciller y que la presidenta Laura Fernández define la política exterior junto con él, aunque reconoce que se deja asesorar por otros miembros del gabinete. Sobre la relación con China, evita comentar declaraciones específicas de Chaves pero reafirma el respeto al principio de una sola China y describe la relación como amigable pero con altibajos normales en cualquier vínculo bilateral. Respecto a la alianza con la administración Trump, Tovar adopta un tono de realismo: Costa Rica no es la única víctima de los aranceles estadounidenses, que afectan incluso a socios estratégicos como Israel y Japón. El gobierno continúa con sus esfuerzos, dice, pero no se toma personalmente una política comercial que considera parte de la estrategia más amplia de Trump.

La pregunta sobre si la alianza evangélica influye en la política exterior toca un nervio. Tovar responde que la presidenta Fernández fue elegida con una agenda conservadora, y que es democrático aceptar eso, así como ha habido gobiernos con tendencias progresistas. Hay coincidencias con sectores conservadores, admite, pero la política exterior la define la Cancillería con la Presidencia. Es una respuesta que intenta separar lo que el gobierno hace internamente de cómo se proyecta al mundo.

La posición sobre Nicaragua es donde Tovar es más directo. Cuando se le pregunta si Costa Rica considera a Nicaragua una democracia, responde con una palabra: no. ¿Qué es entonces? "Es una dictadura." Condena la represión del presidente Ortega y aboga por el restablecimiento inmediato del cauce democrático, posición que dice ha expresado en foros internacionales como la Asamblea General de la OEA en Panamá. Cuando se le cuestiona sobre una declaración anterior de la presidenta Fernández sugiriendo que los nicaragüenses tienen el gobierno que eligieron, Tovar dice que fue descontextualizada y reitera que la posición oficial del gobierno es la que él expresó en Panamá. La tensión con Nicaragua, sin embargo, permanece delicada: un vecino con el poder de bloquear el comercio centroamericano si lo desea, un factor que complica la diplomacia regional incluso cuando Costa Rica toma posiciones claras sobre la represión política.

Costa Rica sigue siendo un país vanguardista y un coherente ejemplo de políticas como el respeto a los derechos humanos, la paz, la democracia y la institucionalidad
— Manuel Tovar, canciller de Costa Rica
Es una dictadura
— Manuel Tovar, al ser preguntado qué es Nicaragua
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