El viernes, la tierra reclamó su poder bajo la península de Azuero cuando un sismo de magnitud 7,7 sacudió Panamá, dejando al pequeño pueblo de Tonosí sin agua, sin luz y sin caminos transitables. Más de cien réplicas han prolongado el miedo más allá del temblor inicial, convirtiendo el parque central en refugio colectivo donde los vecinos duermen en sillas de plástico y comparten lo poco que tienen. En la historia larga de las comunidades que aprenden a sostenerse mutuamente en la adversidad, Tonosí escribe hoy uno de sus capítulos más duros.
Tonosí, sin agua ni luz tras terremoto de 7,7: cientos de réplicas aterrorizan a damnificados
La tierra no para de temblar bajo sus pies
¿Por qué Tonosí fue tan golpeado si el terremoto fue de 7,7 en una escala que va hasta 9?
La proximidad al epicentro lo cambió todo. Tonosí fue literalmente el pueblo más cercano. No es solo la magnitud inicial, sino que quedó aislado: las carreteras se cerraron por deslizamientos, sin agua ni luz, y luego vinieron más de cien réplicas.
Espera. El USGS dijo 7,7, pero la Universidad de Panamá lo rebajó a 7,5. ¿Cuál es la cifra correcta? Y esos "más de cien" réplicas, ¿de qué magnitud fueron?
Buena pregunta. El reportaje usa "más de cien" pero no especifica las magnitudes de las réplicas. Eso es importante porque una réplica de 5,0 es muy diferente a una de 3,0.
¿Cuánta gente perdió su casa?
El reporte oficial dice 426 viviendas afectadas albergando a 2.130 personas. Pero "afectadas" es vago. Algunos daños fueron estructurales, otros parciales.
Exacto. ¿Cuántas están completamente destruidas versus dañadas? El reportaje no lo dice. Sabemos que Cristal Reyes vio su casa en el piso, pero eso es un caso, no una cifra.
¿Y los heridos? Dice 27 personas, ninguna de gravedad.
Eso es lo que reportó el gobierno. Pero en un pueblo aislado sin electricidad ni agua, es difícil saber si hay heridos graves que no llegaron a un hospital.
Ese es el punto. Las cifras oficiales son lo que el gobierno reportó en ese momento. No sabemos si cambiarán cuando se acceda completamente a la zona.
¿Cuándo se espera que se restablezcan los servicios?
El reportaje no lo dice. Solo menciona que las autoridades están distribuyendo ayuda humanitaria y que se declaró emergencia nacional.
Eso es un vacío importante. ¿Cuándo tendrán agua de nuevo? ¿Cuándo la electricidad? Sin eso, es difícil entender la escala real de la crisis.
Le Pouls
- Un sismo de 7,7 de magnitud golpeó Panamá el viernes al mediodía con una violencia que derribó personas, destruyó viviendas y cortó de golpe el acceso a servicios básicos en Tonosí.
- Más de cien réplicas continúan sacudiendo la región sin tregua, renovando el pánico cada vez que la tierra vuelve a moverse bajo los pies de quienes ya no se atreven a dormir en sus casas.
- Los deslizamientos de tierra bloquearon las carreteras de acceso, obligando al gobierno a llegar en helicóptero para evaluar un panorama de 426 viviendas dañadas y 2.130 personas afectadas.
- El parque central de Tonosí se transformó en campamento improvisado: vecinos cocinan sobre fuego lento con donaciones propias y atienden a más de cien personas entre colchones y sillas de plástico.
- Panamá declaró emergencia nacional y habilitó hasta 100 millones de dólares para la respuesta humanitaria, mientras la reconstrucción de caminos, servicios y confianza apenas comienza.
El viernes, la tierra reclamó su poder bajo la península de Azuero cuando un sismo de magnitud 7,7 sacudió Panamá, dejando al pequeño pueblo de Tonosí sin agua, sin luz y sin caminos transitables. Más de cien réplicas han prolongado el miedo más allá del temblor inicial, convirtiendo el parque central en refugio colectivo donde los vecinos duermen en sillas de plástico y comparten lo poco que tienen. En la historia larga de las comunidades que aprenden a sostenerse mutuamente en la adversidad, Tonosí escribe hoy uno de sus capítulos más duros.
El viernes al mediodía, un terremoto de magnitud 7,7 sacudió Panamá con epicentro cerca de Tonosí, un pueblo pequeño en la península de Azuero. Lo que siguió fue, en muchos sentidos, más agotador que el golpe inicial: más de cien réplicas se sucedieron durante las siguientes 24 horas, manteniendo a los sobrevivientes en un estado de alerta y miedo que no les permitía descansar.
Tonosí quedó aislado. Los deslizamientos de tierra cerraron las carreteras, y el gobierno tuvo que llegar en helicóptero para evaluar los daños: 426 viviendas afectadas, 2.130 personas sin hogar o con sus casas comprometidas, y 27 heridos, ninguno de gravedad. Sin agua ni electricidad desde el primer momento, el parque central del pueblo se convirtió en el corazón de la respuesta comunitaria.
Bajo dos toldas viejas, trabajadoras del centro de salud local atendían casos de ansiedad y golpes. En un rincón, Argelis Ortega y otras dos mujeres cocinaban en una olla sobre fuego lento y servían desayuno, almuerzo y cena a más de cien personas, todo con ingredientes donados por los propios vecinos. La solidaridad llenó el vacío que dejó el Estado en las primeras horas.
Cristal Reyes estaba en su trabajo cuando el sismo la tiró al suelo. Su esposo le envió un video de su casa: todo estaba destruido. Esa noche no regresó. Se quedó en el parque con su familia, sentada en una silla de plástico, intentando calmar a sus hijos mientras dormían sobre colchones, y sobresaltándose cada vez que una nueva réplica interrumpía el silencio.
La península de Azuero, árida y de tradición colonial, con una población envejecida y una economía agrícola y ganadera, enfrenta ahora semanas de reconstrucción. El gobierno panameño declaró emergencia nacional y habilitó hasta 100 millones de dólares para la respuesta. Pero mientras las cifras se negocian, Tonosí espera que la tierra deje de temblar.
El viernes al mediodía, la tierra se movió bajo Panamá con una fuerza que el Servicio Geológico de Estados Unidos midió en 7,7 de magnitud. El epicentro quedó cerca de Tonosí, un pueblo pequeño en la península de Azuero, al sur del país, lejos de las rutas principales. Lo que vino después fue peor que el temblor inicial: más de cien réplicas sacudieron la región durante las siguientes 24 horas, manteniendo a los sobrevivientes en un estado de terror constante.
Tonosí quedó sin agua ni electricidad. Las carreteras que conducen al pueblo se cerraron por deslizamientos de tierra, grietas profundas, árboles caídos y piedras esparcidas. El gobierno llegó en helicóptero para evaluar los daños porque no había otra forma de entrar. Lo que encontraron fue un pueblo destrozado: 426 viviendas dañadas en distintos grados, 2.130 personas afectadas, muchas de ellas sin hogar. En total, 27 personas resultaron heridas, aunque ninguna de gravedad.
El parque central de Tonosí se convirtió en un campamento de emergencia improvisado. Bajo dos toldas viejas, el personal del centro de salud local atendía a pacientes con ansiedad y golpes causados por las caídas durante el terremoto. En un rincón del parque, tres mujeres del centro de salud cocinaban en una olla sobre fuego lento. Una de ellas, Argelis Ortega, servía comida en recipientes desechables a los vecinos que hacían fila. Durante el sábado, prepararon desayuno, almuerzo y cena para más de cien personas. La comida provenía de donaciones de los propios vecinos.
Cristal Reyes, que trabaja cerca del parque y del centro médico, estaba en el trabajo cuando comenzó el terremoto. La magnitud fue tan grande que la tiró al suelo junto a sus compañeros. Cuando pudo comunicarse con su esposo, él le envió un video de su casa: todo estaba en el piso. Esa noche, Reyes no se atrevió a regresar a su hogar. En cambio, se sentó en una silla de plástico en el parque con su familia, intentando calmar a sus hijos mientras dormían sobre colchones. Cada vez que llegaba una réplica, la tierra se movía de nuevo bajo sus pies, interrumpiendo conversaciones, cortando el sueño, renovando el miedo.
La península de Azuero, donde se ubica Tonosí, es una región árida cerca del Pacífico caracterizada por pueblos pequeños con arquitectura colonial, una población envejecida y una economía que depende de la agricultura y la ganadería. Los edificios históricos en las plazas centrales sufrieron daños estructurales. Las autoridades acordonaron las zonas más dañadas mientras esperaban distribuir ayuda humanitaria.
El gobierno panameño declaró un estado de emergencia nacional para canalizar hasta 100 millones de dólares en respuesta a la crisis. Las autoridades aún no han publicado un cálculo final de las pérdidas materiales. Lo que sí está claro es que Tonosí y sus alrededores enfrentan semanas de reconstrucción, con servicios básicos interrumpidos, caminos cortados y una población traumatizada por el terremoto inicial y las réplicas que no cesan. Los vecinos duermen en sillas de plástico en un parque, comiendo lo que otros pueden donar, esperando que la tierra deje de temblar.
Citations marquantes
Han sido bastantes. Desayuno, almuerzo y cena para más de cien personas— Argelis Ortega, personal del centro de salud de Tonosí, sobre las comidas servidas a damnificados
Ni me atreví a ir a mi casa. Me mandó un video y está todo en el suelo— Cristal Reyes, residente de Tonosí, sobre el estado de su hogar tras el terremoto