Starmer lucha por su cargo mientras renuncias clave sacuden al Gobierno británico

Ha habido demasiados errores. No puede continuar.
Anas Sarwar, líder del Partido Laborista Escocés, explicando por qué pidió la dimisión de Starmer.

En el corazón de Westminster, un nombramiento diplomático ha desatado una crisis que pone en cuestión no solo el liderazgo de Keir Starmer, sino la capacidad de la política británica para renovarse tras años de turbulencia. La amistad entre Peter Mandelson y Jeffrey Epstein, y los documentos que sugieren un uso indebido de información confidencial, han convertido una decisión aparentemente rutinaria en una herida abierta para el Partido Laborista. Lo que comenzó como una promesa de estabilidad y transformación nacional se enfrenta ahora a su prueba más severa, apenas diecinueve meses después de una victoria electoral histórica.

  • Dos de los asesores más cercanos a Starmer renunciaron en menos de veinticuatro horas, señalando que el escándalo ha perforado el núcleo mismo del Gobierno.
  • Los documentos del caso Epstein publicados por el Departamento de Justicia estadounidense revelan que Mandelson habría filtrado información confidencial de mercados mientras ejercía como secretario de negocios, lo que desencadenó una investigación penal y el registro de dos propiedades.
  • Anas Sarwar, líder laborista en Escocia, se convirtió en la primera voz prominente del partido en exigir públicamente la dimisión de Starmer, abriendo la puerta a que otros legisladores sigan su ejemplo.
  • El gabinete respondió con una defensa coordinada en redes sociales, pero la percepción de fragilidad persiste mientras Reform UK lidera las encuestas y las elecciones locales de mayo se acercan como un posible veredicto ciudadano.
  • Starmer buscará el lunes el respaldo de casi cuatrocientos diputados laboristas en una reunión crucial para demostrar que aún controla su partido y su destino político.

Keir Starmer atraviesa la peor crisis de su mandato cuando apenas han transcurrido diecinueve meses desde que el Partido Laborista conquistara el poder con la mayoría parlamentaria más amplia del siglo. El detonante fue el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos, una decisión que ignoró la conocida amistad del veterano político con Jeffrey Epstein, condenado en 2008 por delitos sexuales contra menores.

Morgan McSweeney, jefe de gabinete y asesor más cercano de Starmer, renunció el domingo asumiendo la responsabilidad de haber recomendado ese nombramiento. Reconoció que la decisión había dañado al partido, al país y a la confianza en la política. Menos de un día después, Tim Allan, director de comunicaciones desde hacía apenas cinco meses, anunció también su salida. Las renuncias sucesivas alimentaron la sensación de que el escándalo era incontrolable.

El golpe definitivo llegó con la publicación de millones de documentos del caso Epstein por parte del Departamento de Justicia estadounidense. Algunos parecen demostrar que Mandelson compartió información confidencial sobre mercados con Epstein mientras era secretario de negocios en 2009. La Policía británica abrió una investigación penal y registró dos propiedades vinculadas a Mandelson. Starmer, que ya había despedido a Mandelson en septiembre, lo calificó de comportamiento vergonzoso e incompatible con el servicio público, pero sus palabras no lograron apagar el incendio.

Anas Sarwar, líder laborista en Escocia, se convirtió en la primera figura relevante del partido en pedir públicamente la dimisión del primer ministro. Argumentó que demasiados errores habían acumulado y que los logros del Gobierno eran inaudibles bajo el ruido de la crisis. Mientras tanto, miembros del gabinete salieron en defensa coordinada de Starmer en redes sociales, aunque la percepción de debilidad persistía.

La ironía es profunda: Starmer llegó al poder prometiendo estabilidad y renovación tras años de caos político, pero sus índices de aprobación han caído a mínimos históricos y Reform UK lleva más de un año liderando las encuestas. Las elecciones locales de mayo se perfilan como un referéndum sobre su liderazgo, y una reunión con los casi cuatrocientos diputados laboristas de base podría ser el momento decisivo para saber si su mandato tiene futuro.

El primer ministro británico Keir Starmer se encuentra en la peor crisis de su mandato, apenas diecinueve meses después de que su Partido Laborista ganara las elecciones con la mayoría parlamentaria más amplia del siglo. En cuestión de días, dos de sus asesores más cercanos han renunciado, y figuras prominentes dentro de su propio partido han comenzado a pedir públicamente su dimisión. El detonante es un nombramiento que parecía rutinario pero que se ha convertido en un escándalo político de proporciones históricas: la decisión de nombrar a Peter Mandelson, un veterano político laborista, como embajador británico en Estados Unidos, a pesar de su amistad de larga data con Jeffrey Epstein.

Morgan McSweeney, jefe de gabinete de Starmer y su asesor más cercano, fue el primero en caer. Renunció el domingo asumiendo toda la responsabilidad por haber aconsejado al primer ministro que hiciera el nombramiento de Mandelson. En una declaración, McSweeney reconoció que la decisión había sido errónea y que había dañado al partido, al país y a la confianza en la política misma. Menos de veinticuatro horas después, Tim Allan, director de comunicaciones de Starmer desde hacía apenas cinco meses, anunció su propia renuncia en un comunicado breve. Dijo que se retiraba para permitir la formación de un nuevo equipo en Downing Street. Las dos salidas sucesivas alimentaron la percepción de que el escándalo no podía contenerse y que el mandato de Starmer podría estar llegando a su fin.

La crisis se profundizó cuando Anas Sarwar, líder del Partido Laborista Escocés, se convirtió en la primera figura importante del partido en pedir públicamente la dimisión de Starmer. Sarwar dijo que aunque la decisión le había causado dolor y sufrimiento personal, sentía que era necesario un cambio de rumbo antes de las elecciones locales de mayo, que se esperaba que funcionaran como un referéndum sobre el liderazgo de Starmer. Sus palabras fueron contundentes: había demasiados errores, demasiadas cosas habían salido mal, y aunque había habido logros, nadie podía escucharlos porque estaban siendo ahogados por la crisis.

El problema central es Mandelson y su relación con Epstein. Los dos hombres fueron amigos durante años, una amistad que continuó después de que Epstein fuera condenado en 2008 por solicitar servicios de prostitución a una menor de edad. Starmer despidió a Mandelson en septiembre después de que correos electrónicos revelaran detalles incómodos sobre sus vínculos. Pero el verdadero daño llegó cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó el mes pasado millones de documentos relacionados con Epstein. Algunos de esos documentos parecían demostrar que Mandelson, mientras se desempeñaba como secretario de negocios del Reino Unido en 2009, había compartido información confidencial sobre mercados con Epstein. La Policía del Reino Unido abrió una investigación penal por mala praxis en cargos públicos y registró dos propiedades vinculadas a Mandelson la semana pasada.

Starmer ha intentado contener el daño. La semana pasada dijo que Mandelson había mentido sobre el alcance de su amistad con Epstein y que las revelaciones eran más que exasperantes. El lunes por la mañana, en un discurso ante su personal, volvió a criticar a Mandelson, diciendo que su comportamiento vergonzoso era totalmente incompatible con el servicio público. Pero estas declaraciones no han sido suficientes. El lunes por la tarde, miembros de su gabinete salieron en defensa coordinada del primer ministro a través de redes sociales. David Lammy, viceprímer ministro, afirmó que Starmer había obtenido un mandato de cinco años para cumplir el programa laborista y que no debían permitir que nada los distrajera. Yvette Cooper, secretaria de Asuntos Exteriores, dijo que el liderazgo de Starmer era necesario no solo a nivel nacional sino también mundial.

La ironía es que Starmer llegó al poder con una promesa de renovación nacional después de años de caos político. El Partido Laborista prometió una década de transformación que requeriría ganar dos elecciones. Pero una serie de errores políticos y cambios en la cúpula del Gobierno han llevado sus índices de aprobación a mínimos históricos. El público británico se desencantó casi inmediatamente después de elegirlo en 2024. Mientras tanto, el partido populista Reform UK ha liderado las encuestas durante más de un año, aprovechando el descontento.

Ahora Starmer enfrenta una batalla ardua para convencer a su partido de que sigue siendo la persona idónea para dirigir el país. Se espera que hable el lunes con los casi cuatrocientos diputados laboristas de base en un intento de apuntalar su menguante apoyo. La decisión de Sarwar de pedir su dimisión podría animar a legisladores inquietos a hacer lo mismo. Lo que comenzó como un nombramiento controvertido se ha convertido en una amenaza existencial para su Gobierno, con las elecciones locales de mayo perfilándose como un posible punto de quiebre.

La decisión de nombrar a Peter Mandelson fue errónea. Ha perjudicado a nuestro partido, a nuestro país y la confianza en la política misma.
— Morgan McSweeney, jefe de gabinete de Starmer
Ha habido demasiados errores. Prometieron que serían diferentes, pero han sucedido demasiadas cosas.
— Anas Sarwar, líder del Partido Laborista Escocés
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Cómo es posible que un nombramiento de embajador se convierta en una crisis que amenaza con derrocar a un primer ministro?

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Porque no se trataba solo del nombramiento. Era lo que el nombramiento revelaba: que Starmer había elegido a alguien con vínculos profundos a Epstein, y que esos vínculos eran más oscuros de lo que se sabía inicialmente. Cuando salieron los documentos, quedó claro que Mandelson no solo era amigo de Epstein, sino que posiblemente le había pasado información confidencial mientras ocupaba un cargo público.

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Pero Starmer despidió a Mandelson en septiembre. ¿Por qué el escándalo no terminó ahí?

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Porque los documentos del Departamento de Justicia llegaron después, en enero. Mostraron cosas que nadie sabía. Y para entonces, el daño ya estaba hecho. Starmer había nombrado a alguien con esos vínculos. La pregunta que la gente se hacía era: ¿cómo no lo supo? ¿O lo supo y lo hizo de todas formas?

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¿Y por qué renunciaron sus asesores?

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Porque se dieron cuenta de que no podían salvarlo. McSweeney fue quien aconsejó el nombramiento. Cuando vio que la situación era insalvable, asumió la responsabilidad y se fue. Allan vino después, probablemente viendo que el equipo se estaba desmoronando. A veces, los asesores se retiran cuando entienden que seguir adelante solo hará más daño.

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¿Qué significa que un líder de su propio partido le pida que renuncie?

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Significa que ha perdido el control de la narrativa dentro de su propio bando. Sarwar no pidió la dimisión por capricho. Lo hizo porque cree que Starmer es un lastre para el partido en las elecciones locales de mayo. Es una señal de que otros podrían seguir.

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¿Cuál es el verdadero problema aquí?

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El verdadero problema es que Starmer llegó al poder prometiendo cambio y renovación, pero en diecinueve meses ha cometido errores que lo han hecho tan impopular como sus predecesores. El escándalo de Mandelson es solo el catalizador. Lo que la gente ve es incompetencia, falta de juicio, y un Gobierno que no es diferente a los anteriores.

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